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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Vaieshev
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

¿PARA QUE USAMOS LA CABEZA?

“…así es la interpretación…”

(Bereshit 40,12)

 

Disertó el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l: es conocida la pregunta. El ministro de las bebidas y el ministro de las panificaciones soñaron sueños relacionados con sus trabajos.

El ministro de las bebidas soñó que exprimía uvas para volcar en la copa del faraón. El segundo, el ministro de las panificaciones, soñó que llevaba una bandeja de panes sobre su cabeza.

Iosef escucha los sueños y le interpretó al ministro de las bebidas para bien, que en tres días, como la cantidad de racimos de uva que vio en el sueño, el faraón lo devolvería a su cargo. Y al ministro de panificados, le interpretó su sueño para el mal, que en tres días, como la cantidad de fuentes llenas de panes que había visto, el faraón lo enviaría a la horca. ¿Cómo supo Iosef interpretar a uno para el mal y al otro para el bien?

Como ya dijimos, es conocida la pregunta, y está llena de respuestas. Pero nosotros, como de costumbre, buscaremos la respuesta que pueda hacernos mejorar, que nos sacuda un poco el cuerpo, o que nos haga vibrar (no poco sino mucho) el alma. Una respuesta que pueda atravesar ese escudo que tenemos, que muchas veces nos hace tan indiferentes…

Para no perder la costumbre, comenzaremos con un relato.

Un agricultor juntó su producción en sacos. Tomó uno de los sacos, lo subió al hombro y emprendió el camino para venderlo en la ciudad más cercana. Así podría obtener una ganancia equivalente a algunas moneditas.

Durante el camino soplaba una suave brisa, y el ancho sombrero de paja le proporcionaba una sombra agradable protegiéndolo de los rayos solares, que quemaban demasiado.

El camino se extendía frente a él, tenía una fantástica visión del paisaje, y ahora, tenía tiempo para meditar y pensar. Y así se hacía ver, como un muchacho que tenía una gran capacidad para pensar…

Se dijo a sí mismo: soy tan dichoso al tener piernas para poder viajar por mi cuenta a la ciudad.

Y soy tan dichoso porque tengo el hombro para poner sobre él mi pesado saco lleno de granos.

Y soy tan dichoso ya que tengo mis manos para sostener bien fuerte el nudo que cierra mi saco de granos, por lo cual, no se caerá de mi hombro.

Y soy tan dichoso que tengo una buena espalda, que puede soportar el peso del pesado saco de granos.

Pero, la cabeza, ¿para qué la tengo?

Pensó y pensó. Y fue dichoso, porque el camino era muy largo…, eso le daba mucho tiempo que podía dedicar sólo para pensar más….

Dio vuelta el pensamiento hacia uno y otro lado. Se esforzó y finalmente encontró la respuesta: con seguridad, ¿cuál es la pregunta? La cabeza me sirve para poner sobre ella este sombrero tan ancho, que me protege de los rayos del sol, que están tan fuertes.

Habíamos, en un principio, elogiado a este muchacho, hablando de él como un gran pensador. Pero si esta fue su gran deducción, después de pensar sobre el tema durante mucho tiempo, aquí vemos que hay un problema…

Si esa fue la conclusión a la que llegó, en verdad, no había en su cabeza otra forma de usarla. Nosotros, sabemos, o creo que sabemos para qué está nuestra cabeza…

“Shir Hamaalot”, dichoso todo el que teme a Hashem, y que se conduce por sus caminos. Cuando comas del fruto del esfuerzo de tus manos, serás dichoso y palparás el bien (Tehilim 128,1-2). Y nuestros sabios explicaron las palabras del salmo.

Está escrito el esfuerzo de tus manos y no el esfuerzo de tu mente. Y sobre esto ya habló rabenu Israel Misalant ztz”l (Or Israel, carta 15), que es normal en una persona, que su cuerpo se ocupe de un trabajo o de hacer negocios, mientras su cabeza sigue ocupada en su estudio.

Y así ocurrió una vez:

A un estudiante que vivía en un ascenso espiritual permanente, muy ordenado y muy constante en su estudio, le llegó el momento en que formaría un hogar.

Su suegro le aseguró una buena “dote”, acompañada con cinco años de sustento para la familia que se estaba formando.

El muchacho aprovechó muy bien esos años de tranquilidad, para profundizar y adquirir toda la Tora que le fuera posible. Así aumentó sus conocimientos y los afirmó.

Mientras tanto, la familia comenzó a crecer, y los años con el sustento asegurado se terminaron. El muchacho fue a visitar a su suegro para pedirle la “dote”, y buscó un trabajo “limpio” y sencillo, para que pudiera seguir estudiando en la medida de lo posible.

Buscó, buscó y consiguió. Compraría un caballo y un carruaje, y se convertiría en un cochero. Transportaría personas de un lugar a otro, y también equipajes o cargas. No hizo esto de una manera apresurada, antes de tomar la decisión final, debía viajar a ver a su rab, para recibir el permiso y su bendición.

El rab escuchó, aceptó y lo bendijo.

Compró el caballo, compró el carruaje, adquirió un poco de experiencia, y tuvo éxito en su trabajo.

Mientras viajaba o transportaba cargas, aprovechaba los largos caminos para repasar algunos Salmos del Tehilim, capítulos de Mishnaiot, o las hojas de la Guemara.

Pasó un tiempo, y volvió a visitar a su rab. Pero cuando el rab lo vio, le dijo: ya mismo deberás dejar este trabajo, debes vender el caballo y el carruaje, y buscar otro tipo de trabajo.

Su rostro mostraba un gran signo de pregunta: ya estuve frente al honorable rab, explicándole sobre el trabajo, y recibí la aceptación y la bendición, ¿qué ha pasado?

Sí, es cierto, contestó el rab. En ese momento no hice ningún comentario porque no había pensado que comprando un caballo y un carruaje, tu mente podía transformarse.

Ay!!!, cuántos Abrejim, estudiantes de Tora, tienen en sus cabezas un desparramo de Guemajim (servicios prestados a la comunidad sin fines de lucro), o tal vez, tienen una disminución de tiempo de estudio debido a que aconsejan o se aconsejan en inversiones. Catálogos de amueblamientos o distintos “paquetes” para la compra de cualquier cosa…

¡Ojo!, que todo esto lo hacen “Leshem Shamaim”, con una buena y pura intención, para ayudar a los que lo rodean, trayendo una pequeña ayuda a la casa. Pero, lamentablemente, todo eso le quita claridad al estudio, y terminan apartando su mente de la Tora, algunos en mayor medida, otros no tanto, pero el promedio asusta.

Hicimos una pregunta y aquí está la respuesta…

El ministro de las bebidas trabajaba con sus manos, exprimía las uvas, producía vinos y jugos, y luego los volcaba en la copa del faraón. Eso está bien…

Pero el ministro de los panificados usaba su cabeza como si fuera una mesa, tres fuentes de panes agujereaban su cabeza…

¿Acaso para eso tenemos la cabeza?

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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