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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Vaieji
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

EL SECRETO OFICIAL

 “Zevulun vivirá en la orilla del mar…”

(Bereshit 49,13)

Escribió el Sforno: es imposible para un hombre ocuparse de la Tora sin que antes consiga la forma de sustentar a su familia. Como ya dijeron nuestros sabios: si no hay harina no hay Tora. Así, la tribu de Zevulun trabajaba para ayudar a la tribu de Issajar, que se ocupaba de estudiar la Tora y cumplir los preceptos, que serían considerados como cumplidos por los integrantes de las dos tribus…

Este es también el mérito de la mujer que, con su trabajo, permite que su esposo y sus hijos puedan estudiar. Así ella tendrá su parte en esa sociedad familiar que estudia la Tora.

Un Talmid Jajam muy temeroso de Hashem, llamado Iaacov, que dedicaba día y noche al estudio de la Tora, tenía una gran carga sobre sus hombros. De todas formas, seguía estudiando, pero su casa estaba vacía… Pasaron los años, los niños crecieron, y las niñas llegaron a la edad de casarse. La esposa, de vez en cuando, le recordaba ese tema, en especial, cuando su marido viajaba a visitar a su rebe. Pero cuando él llegaba a la ciudad de Lelcovich, olvidaba todo.

La esposa recordó a un hermano adinerado que vivía muy lejos. Le sugirió a su marido visitarlo, con seguridad brindaría su ayuda. Pero rabi Iaacov tenía miedo de que semejante viaje anulara sus estudios de Tora, serían dos semanas de ida y dos de vuelta…

Tanto insistió la mujer hasta que el esposo aceptó. Le pidió a la esposa que prepare su equipaje y que contrate una carreta que lo lleve hasta allí.

Por la mañana todo estaba listo. La carreta lo esperaba en la puerta de la casa. El hombre se despidió de la familia, llegó a la puerta y se detuvo frente a la Mezuza. Meditó un instante y finalmente dio la vuelta y le dijo a la esposa: hay que avisarle al conductor que no viajaré.

Por la forma en que lo dijo, la esposa entendió que no había lo que hacer. No viajaría. Ella seguía llorando en la cocina, y él volvió a su estudio. Por la noche, cuando rabi Iaacov terminó su estudio, escuchó el triste llanto de su esposa. Se acercó a ella y le dijo: no pienses que soy frío e indiferente a las necesidades de la familia. Te contaré qué fue lo que ocurrió.

Parado frente a la Mezuza, me dije: ¿qué pasa Iaacov?, ¿acaso no eres creyente? Allí comenzó todo. Hashem puede darnos todo lo que necesitamos, estamos seguros de esto. Ahora veamos nuestras dudas, ¿estamos seguros de que mi cuñado está con vida? Y si está vivo, ¿cómo sabemos si todavía sigue siendo un hombre rico? Y en el caso de que sí lo fuera, ¿quién puede afirmarnos que nos brindará su ayuda?

Vemos entonces que tenemos una seguridad, que Hashem puede hacerlo todo y quiere hacerlo todo, contra una triple duda.

La esposa era una mujer muy justa, y entendió. Esperaría la Salvación proveniente del Cielo.

Pasó un tiempo, una de esas noches, rabi Iaacov seguía estudiando como siempre, y escuchó que golpeaban a la puerta de la casa. Era un oficial del ejército, un hombre ya anciano, que le dijo que quería contarle un secreto. Lo hizo entrar a su casa.

Estoy en el ejército desde joven, comenzó su relato, estoy solo, sin familia, y mi salario es muy alto para mis necesidades. Durante todos estos años ahorré mucho dinero, tengo monedas de plata y oro, que siempre llevo encima, inclusive cuando salgo a la guerra. Pero esta vez, no sé por qué, siento la necesidad de dejar el dinero en un lugar seguro.

Pensé que si vuelvo con vida, volveré con mi fortuna, pero si me llegaran a matar, ¿por qué debo dejar mi dinero en manos de mi enemigo? Por eso, porque vi en ti un iehudi que no duerme para seguir ocupándose de su estudio, un hombre con espiritualidad, un hombre santo que muestra su honestidad, estoy seguro que puedo depositar mi fortuna en tu casa. Y si no vuelvo, podrás utilizarla para tus necesidades.

Pasaron varios meses, y el oficial no volvió. La guerra terminó, y rabi Iaacov volvió a visitar a su rebe, para preguntarle qué hacer. Ni bien entró, el rebe, con una sonrisa, le dijo: rabi Iaacov, es cierto, tienes a Hashem, que puede y quiere darte… el tesoro ya está en tu casa…

Así dijo una vez rabi Aharon Mikarlin ztz”l: todo tiempo que el Bore Itbaraj Shemo está vivo y presente, no tengo de qué preocuparme…

Por eso, cuando rabi Iaacov y su esposa se pusieron en “Manos” de Hashem, como el Sforno explicó el versículo, se hicieron merecedores del milagro.

 

Traducido del libro Barji Nafshi.

 

 

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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