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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Vaera 2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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B"H

MILAGROS GRANDES Y PEQUEÑOS

“Y cada hombre lanzó su vara y se convirtieron en víboras, y la vara de Aharon se tragó todas las varas”
(Shemot 7,12)

Un iehudi subió a Ierushalaim por asuntos de trabajo. Viajaba solo en una “minibús” de doce o catorce asientos.

En la “trampiada” (el lugar donde mucha gente se para esperando que alguien los lleve, o haciendo “dedo”) vio un soldado. Llevaba una gran mochila sobre la espalda, el arma colgada del hombro, un cinturón repleto de pequeños bolsitos colgados. Estaba todo encorvado por el peso. Se detuvo y le preguntó: ¿a dónde?

A Ierushalaim.

El soldado subió, y de su boca salían sólo agradecimientos.. Se acomodó en el asiento trasero y el automóvil continuó su camino. Al cabo de unos minutos, el conductor miró por el espejo, y vio al soldado todo doblado, con todas sus pertenencias sobre él.

Le dijo: puedes ponerte cómodo, poner el arma a un costado, la mochila en otro asiento. Todo este gran espacio es solamente para ti.

El soldado sonrió: no hay problema, seguiré cargando mis cosas. En verdad, no quiero darle más carga al automóvil...

Parece una broma, ¿cierto? Pero esto tiene que despertar nuestros pensamientos. ¿De qué lugar nosotros conocemos a este soldado? En algunas circunstancias, nosotros nos comportamos igual que él. Hace falta una pista para descubrirlo... Tal vez haciendo una introducción lograremos relacionarlo con un versículo de la perasha.

Moshe y Aharon se presentan frente al faraón y le informan que le harán ver algunas demostraciones de sus poderes. Aharon deja caer su vara al suelo, y ésta se convierte en una serpiente.

El faraón sonríe: ¿ustedes pretenden venir a mostrarme sus actos de brujería?, ¿aquí, en Egipto? Egipto es la cuna de la brujería.

Aquí tenemos los mejores brujos del mundo, se enorgullece el faraón.

Llama a sus brujos, y ellos se preparan para hacer sus demostraciones. Cada uno de ellos lanza al suelo su vara, y cuando la vara toca el piso, se convierte en una víbora.

El faraón disfruta de su éxito. Felicita a sus brujos por representarlo como él se merece. Pero, en ese momento, sucede algo inesperado, sorprendente y extraño: la vara de Aharon se traga las varas de los brujos.

Tenemos que prestar mucha atención a las palabras de la Tora.

Porque en cada uno de los milagros que Hashem le hace al pueblo de Israel, hay algo muy importante para aprender.

Dice la Guemara (Shabat 97a) que debemos estudiar muy bien las palabras de la Tora. Está escrito que la vara de Aharon se tragó a las varas de los brujos. Y no está escrito que la serpiente de Aharon se tragó a las serpientes de los brujos.

De aquí aprendemos, como primera medida, que la serpiente volvió a convertirse en vara, y así, siendo nuevamente una vara, se tragó las varas de los brujos.

De las palabras de la Guemara aprenderemos que es un milagro dentro de otro...

Y surge una pregunta: ¿para qué Hakadosh Baruj Hu necesita hacer algo así?, ¿un milagro dentro de otro?

Me parece, que rabenu Abraham Ibn Ezra ztz”l contesta a esa pregunta con su estilo tan particular, con una descripción muy sutil, como es su costumbre.

Estas fueron sus palabras: es algo maravilloso, que la vara de Aharon se trague a las varas de los brujos. Y rabi Ieshaia dijo: que después de haberse convertido nuevamente en un trozo seco de madera, que se trague a las otras varas, ¡ya es una gran maravilla!

¿Qué quiere decirnos el Ibn Ezra?

Vamos a pensar en estas palabras. Una vara se convierte en víbora y se traga las varas de otras personas. Esto es maravilloso, un milagro...

Pero decir que la víbora vuelva a convertirse en la vara original, y que esa vara de repente se trague otras varas, esto pasa a ser algo muy extraño, hasta misterioso. Podría llegar a considerarse un “Midrash Hagada”: y decir que es una gran maravilla...

Ahora podríamos decir: es verdad, esta es una gran maravilla, pero la maravilla más pequeña, ¿esa sí podemos entender?

¿Podemos decir que existe alguna diferencia entre una gran maravilla y una pequeña maravilla?

Así es la forma de pensar de las personas, hasta somos capaces de hacer una graduación entre los milagros, una escala en la que nosotros decimos: este es un milagro grande, este otro es un milagro pequeño... ¿acaso no son todos milagros?

Decidimos que un milagro es entendible y el otro no, y al no entenderlo lo llamamos maravilloso. Lo que en verdad no entendemos, es que todo milagro escapa de nuestro entendimiento, por eso lo llamamos milagro, sea grande o chico a nuestro parecer...

Nuestra naturaleza, nuestra forma de pensar nos hace equivocar, y ya desde la generación del desierto, la generación del conocimiento, comenzamos a cometer ese tipo de errores. Ellos vieron las diez plagas, palparon la partición del mar de Suf, tomaron del agua que brotaba de la piedra. Ellos hablaron con Hashem y le dijeron: ¿Hashem puede servir una mesa en el desierto? Seguramente, Moshe golpeó la piedra y brotó el agua, se formaron surcos de agua, ¿también puede darnos el pan? (Tehilim 78,19-20).

Ahora es el momento de pensar, y hacer un examen a nuestros corazones, ¿acaso no somos iguales a ellos?

Nosotros somos creyentes, hijos de creyentes. Estamos seguros de que Hakadosh Baruj Hu alimenta a todo el mundo con todo lo mejor, y reconocemos en todo momento que hace con nosotros milagros cada día, cada hora, a cada instante. También sabemos que la salud y la vida están en Su Mano, como así la riqueza y las satisfacciones que nos da la vida.

¿Qué más podemos decir? Gracias, muchas gracias, alabar y agradecer permanentemente. Pero, nos hacemos un lugar para preguntar: “¿también puede darnos el pan?” Y como esa duda nos molesta tanto, intentamos ayudarlo, ayudar a Hashem para obtener un poco más de sustento, y no siempre por caminos recomendables... ¿acaso no somos como ese soldado, que no quiere apoyar su carga en los asientos para alivianar el peso del automóvil? Prefiere llevar él mismo la carga y no cargar los asientos con ese peso. Creemos que si dejamos de estudiar para hacer un “trabajito extra”, ayudaremos a Hashem a que nos alimente con más soltura...

¿Cuándo podremos entender que no existen milagros grandes y milagros pequeños? ¿Cuándo entrará en nuestra cabeza que cada instante de nuestra vida es un milagro dentro de otro milagro?

De la boca para afuera, creemos con fe completa que Hashem nos da todo lo que poseemos, de la boca hacia adentro, pensamos que tal vez, confiamos en Hashem en un noventa por ciento (aunque con seguridad el porcentaje es mucho más bajo).

Pero así como donde comen dos, comen tres, si confiamos en un noventa por ciento, ¿por qué no podemos confiar en un cien por cien?

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom




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