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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Beshalaj
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

ATANDO  ZAPATOS

“…allí Hashem le puso al pueblo las leyes y los juicios, y allí los probó”

(Shemot 16,25)

 

En Egipto, los hijos de Israel estaban sumergidos en una terrible impureza. Si graduamos en una escala del cero al cincuenta, valuando el estado de máxima pureza con cero, y el de máxima impureza con cincuenta, diremos que los iehudim estaban calificados con “cuarenta y nueve”. O sea, un punto más y caían en el abismo…

Allí, en Egipto, no cumplían preceptos ni tampoco hacían buenas acciones. Y todo cambió cuando el Rey, Rey de Reyes, los liberó de la esclavitud, con favor y misericordia. No fue gracias a sus méritos que fueron redimidos con milagros y maravillas. Hakadosh Baruj Hu demostró Su Poder, cambiando la naturaleza como nunca antes lo había hecho, y hasta con un broche de oro: la partición del mar…

Después de todos los milagros que se sucedieron hasta que los iehudim salieron de Egipto, al llegar al mar de Suf, los milagros se multiplicaron por cinco, como leemos en la Hagada de Pesaj. Resulta imposible imaginar la cantidad y la calidad de los milagros que se producían uno tras otro. Y preguntamos, ¿por qué?, ¿con qué méritos? Solamente el favor y la misericordia, que provienen de un amor sin medida…

Sabemos que nuestros Avot Hakedoshim, Abraham, Itzjak y Iaacov, siempre se rehusaron a recibir un “pan de favor” (un regalo, algo que no merecieron). Nosotros mismos, que no llegamos ni a los talones de nuestros Avot, tampoco aceptamos algo así.

La naturaleza del hombre lo hace trabajar y esforzarse, obtener ganancias para poder comprar su pan por sus propios medios. Desde luego, intentamos no esforzarnos demasiado, y trabajar poco y con tranquilidad…, pero honradamente, con justicia…

¿Qué hizo Hakadosh Baruj Hu? Inmediatamente después de la partición del mar, llevó a los iehudim a “Mara”, allí comenzó a darles las leyes del Shabat Kodesh, y algunas otras leyes, como está escrito: “allí, Hashem les puso leyes y juicios, y allí los probó”, y el versículo muestra un lenguaje de elevación: cuando llegaron a ese lugar, Hakadosh Baruj Hu los elevó, los puso en una categoría espiritual más alta. Al llegar a un punto más alto, pueden tener méritos, y no diremos que están recibiendo o que están necesitados del pan de caridad, que viene acompañado por impresionantes milagros. Ellos ahora pueden obtener ganancias, y adquirir los méritos suficientes para que los milagros no sean gratuitos sino merecidos… Si cumplen el Shabat, si cuidan la Tora… Cada vez que los iehudim cumplen con la Voluntad de Hashem, aumentan sus méritos y obtienen ganancias espirituales…

Cuentan sobre un Abrej (un estudiante de Tora) de Bnei Brak que viajó a Ierushalaim, y volvía a su casa cuando faltaba poco más de una hora y media para la entrada del Shabat.

Entrando en la ruta, en la salida de Ierushalaim, vio a un soldado que hacía señas para que alguien lo lleve a su destino. Con muy buena voluntad, el estudiante detuvo su automóvil y le preguntó: ¿Hacia dónde te diriges?

Yo vivo en el norte, contestó, más allá de Tiberias.

El Abrej pensó: es imposible, el Shabat se acerca y Tiberias está muy lejos. Entra al vehículo y te acercaré hasta la ruta que va hacia el norte, así estarás más cerca.

Durante el viaje, los pensamientos continuaron, y el Abrej tenía miedo de que el soldado profane el Shabat. Finalmente encontró la solución: le pidió al soldado que sea el invitado de la familia y se quede a pasar Shabat con ellos.

El soldado le dijo: yo no soy observante, no cuido el Shabat y además fumo mucho.

El Abrej intentó cortar el hielo: la comida y la cama para dormir van por mi cuenta, no voy a obligarte a nada ni a molestarte.

Aceptó, pero con una condición: que no le pidan que concurra al Beit Hakneset. Muy bien. Llamó a su madre y le informó que se quedaría a dormir en Bnei Brak.

El Abrej le dijo: a la salida del Shabat, después de recitar la Havdala, te llevaré a la parada de autobuses más cercana.

Llegaron a Bnei Brak muy rápido, faltando casi una hora para Shabat. En la casa todo estaba listo, la mesa preparada, los niños vestidos con ropas de Shabat. El Abrej corrió hacia la Mikve (para sumergirse en honor al Shabat, como todas las vísperas de Shabat y fiestas), volvió a la casa y vio que la esposa le había servido al soldado unas masitas con algo para beber. El soldado, que se llamaba Ofer, vio que todos salían hacia el Beit Hakneset y dijo: si me dan una “Kipa”, iré al Beit Hakneset con ustedes…

Llegaron al Beit Hakneset, rezaron el Kabalat Shabat y a posterior la oración de la noche de Shabat. Volvieron a la casa, recitaron el Kidush, comieron, intercalando palabras de Tora y las Zemirot de Shabat (canciones). El soldado estaba tranquilamente sentado, y escuchaba con atención.

Así pasaron un Shabat muy agradable. Y el Abrej intentó, durante casi todo el tiempo y con mucho entusiasmo, influir algo en su alma, darle un poco de iahadut.

Al finalizar el Shabat, Ofer agradeció: me han atendido excelentemente, disfruté mucho de este Shabat. Me enseñaron cosas que jamás había escuchado, cantamos Zemirot. Te diré la verdad, es muy “pesado”, siento que no es para mí. De todas formas, quisiera hacer algo, adoptar un precepto y hacerlo mío, una ley o una buena acción. Quiero elegir algo…, ¡y cumplirlo!

¿Tienes algún libro que compile todos los preceptos de la Tora?, preguntó Ofer.

Seguro, contestó el dueño de casa, tengo un libro así, como tú dices, se llama “Kitzur Shuljan Aruj”.

Juntos abrieron el libro, y mientras el soldado ojeaba y leía, el Abrej leía al azar algunos capítulos del Tehilim, pidiéndole a Hashem para que la elección del precepto a cumplir sea la más apropiada. El Abrej pensaba: espero que elija alguna ley sobre el Shabat y que tenga la necesidad de preguntarle a los rabanim para poder cumplirla, para que de esa forma se mantenga conectado con los rabinos.

Pero, los ojos de Ofer se detuvieron en la ley que nos enseña a colocar los zapatos y sujetar los cordones: colocamos primero el zapato derecho y luego el izquierdo, y para atarlos, al revés, primero el izquierdo y más tarde el derecho. Esa “Halaja”, sencilla, le cayó bien, y se dispuso a cumplirla desde ese mismo momento…

Cuando le contó al Abrej sobre su elección, éste se puso muy triste, y pensó hacia adentro: ¿estos son los frutos de todo nuestro esfuerzo? Eligió una Halaja tan separada del sentimiento o de la fe. Así jamás podrá acercarse a nuestras fuentes…

Durante el camino hacia la parada de autobuses, cualquiera que mirara al interior del automóvil podría ver a un soldado muy feliz. Estaba contento debido al precepto que había adoptado. Se separaron con un cálido abrazo y, a los pocos días, todo este asunto quedó en el olvido para el Abrej.

Después de casi medio año, un día escucharon que alguien golpeaba a la puerta de la casa del Abrej. Al abrir, vieron a un hombre que aparentaba cuidar la Tora y sus preceptos. Pidió hablar con el dueño de casa. Este se acercó, lo saludó, y le preguntó qué deseaba…

Yo soy Ofer, dijo, y estalló en llanto. ¡Tú me has salvado la vida!

Ofer entró a la vivienda, y contó lo ocurrido: hace unas dos semanas, me enviaron a una base militar desde donde despegan y aterrizan helicópteros. De pronto, dieron la orden de salir en sólo cinco minutos para realizar una operación “sorpresa” contra la organización terrorista Hezbolla, en el norte del país.

En el ejército, cinco minutos son… precisamente, cinco minutos, inflexibles. Me apresuré, y cuando estaba a unos metros del helicóptero, recordé “mi precepto”, que todavía, hasta ese momento, no había comenzado a cumplir. En mi corazón se declaró una pequeña “guerra”, y mi precepto fue el vencedor. Resolví que debía cumplir con lo que me había propuesto. Corrí velozmente a mi cuarto, me quité las botas que me había puesto sin pensar en mi precepto y volví a colocármelas, ahora como dice la Halaja. Cuando terminé, corrí con toda mi fuerza sintiendo que mi alma quería desprenderse del cuerpo. Pero llegué tarde, el helicóptero había levantado vuelo. Un oficial me vio e inmediatamente me aplicó un castigo. Fui encarcelado…

Al cabo de media hora, todo el país se estremeció por la tragedia. Dos helicópteros chocaron en el aire, muriendo todos los  tripulantes. ¡Setenta y tres soldados!, Hashem nos guarde. Yo fui el único que quedó con vida, y todo fue gracias al mérito del precepto que comencé a cumplir.

Ofer, después de esos sucesos, retornó a nuestras fuentes, y hoy en día cumple todos los preceptos, los simples y los no tan simples. Y ustedes se apegarán a Hashem, vuestro D-s, y vivirán (Devarim 4,4). Sepamos que, cuando nos aferramos a un precepto, cuando aumentamos en un precepto, un precepto más, no importa si es grande o pequeño, fácil o difícil, siempre será un precepto más. Y debemos cumplirlo con toda el alma, sacrificamos por cumplirlo.

La prueba, es Ofer, que sigue con vida gracias al mérito de ese precepto “alejado de la fe”, como pensó en un principio el Abrej.

 

 

Traducido del libro Emuna Shlomo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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