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Shabat Shalom


La nueva hoja Parashat Ki Tisa
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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EL PADRE DE LOS PROFETAS
“...las que rompiste...”
(Shemot 34,1)

El día en que se cumplió el primer año de la desaparición física del Saba Minovardok ztz”l, los alumnos más fieles, los “Rashei Ieshivot Novardok”, que continuaron con su tradición, organizaron una reunión para el fortalecimiento espiritual, en vistas a las pruebas que se les presentarían en un futuro no muy lejano.

El Saba fue un hombre que, con una entrega total, estableció una red de Ieshivot, conocida por mantenerse en condiciones extremas, con pobreza y persecuciones. No existía nada que impida la enseñanza de la Tora para los alumnos del Saba. En tiempos en que era tan peligroso estudiar Tora, cualquier sótano era propicio para “abrir” una Ieshiva. Corría la primera guerra mundial, y recordamos los Pogroms. No era sencillo mantener una red de decenas de Ieshivot en esa Rusia llena de furia, donde la pelea no era sólo entre ejércitos, también intentaban destruir cualquier rastro de inteligencia, haciendo que todos tengan una misma creencia.

El alumno más “grande” del Saba, el rab hagaon Shmuel Vaintrov ztz”l, Rosh Ieshivat Berdichov, abrió el evento y trató de describir la grandeza del Saba, su rab tan querido y venerado.

Se levantó y comenzó a decir: si tratáramos de describir la grandeza de Moshe Rabenu, darle un valor o un puntaje a su categoría espiritual, con seguridad nos faltarían las palabras adecuadas, y hasta tendríamos miedo de decir alguna cosa, ya que nunca alcanzaría una alabanza. Pero, la Tora nos allanó el camino. La Tora Hakedosha se tomó ese trabajo, y lo describió con pocas palabras, aunque increíbles...

Son exactamente las últimas palabras de la Tora, cuando estamos pensando más en gritar “Jazak, Jazak, Jazak” que en lo que leemos. Y debemos prestar atención a la exaltación de grandeza y esplendor: “y por la mano fuerte, y por el gran temor, por todo lo que hizo Moshe a la vista de todo Israel”, y explica Rashi: porque entregó su corazón cuando rompió las primeras Tablas de la Ley frente a los ojos del pueblo. Y así, textualmente está escrito, que las rompió a la vista de todos. Y hasta Hakadosh Baruj Hu estuvo de acuerdo con la intención de Moshe Rabenu, como dice la Tora: “las que rompiste”, y la Guemara explica estas palabras (Menajot 99b): las que rompiste, “hiciste muy bien en romperlas”. Hakadosh Baruj Hu felicita a Moshe por hacer algo que nosotros, en primera instancia, pensaríamos que fue un error de Moshe. Esta es la alabanza más grande que recibió Moshe, Hashem alaba a su siervo más honesto, que no hace solamente cosas grandes y misteriosas, y tampoco se queja por su trabajo o su dedicación.

Lo único que piensa Moshe Rabenu es cómo cumplir con la Voluntad de su Creador...

Y resulta apropiado aquí insertar un relato sobre el Saba Minovardok, cuando envió a dos de sus alumnos a una lejana ciudad de Rusia, para establecer allí una Ieshiva. Ellos hicieron un gran esfuerzo, buscaron y reunieron a los alumnos, consiguieron un edificio para allí hacer funcionar la Ieshiva, se preocuparon para conseguir alimentos y enseñaron la Tora.

Levantaron una hermosa Ieshiva. Cuando la Ieshiva estuvo firmemente establecida y se veía en ella un futuro de gran prosperidad, los dirigentes de la congregación, que se llamaban dirigentes sólo porque mantenían económicamente el lugar y no por sus estudios de Tora, pretendieron dirigir también los estudios de la Ieshiva. Si los rabanim no aceptaban, la Ieshiva no podría seguir utilizando el edificio que era propiedad de

Los dos jóvenes no sabían qué hacer. Le hicieron saber de la situación al Saba, que envió a tres de sus alumnos, entre ellos a rabi Shmuel. El viaje duró tres días y rabi Shmuel intentaría convencer a los dirigentes de la congregación a que dieran un paso atrás.

Y cuando no lo logró, y tampoco pudo hacer que los padres de los alumnos envíen a sus hijos a otras Ieshivot, no se movió de allí hasta que cerró la Ieshiva...

Esa es la verdadera grandeza, la grandeza de poder “romper las tablas”, ya que con esa fuerza podrán recibir las “segundas tablas”, sin haber perdido nada...

Cuando el malvado gobierno intentó reformar el programa de estudios de la Ieshivat Voloshin, introduciendo algunas horas de materias ajenas a la Tora, muchos de los rabanim más grandes de la generación pensaron en responder enérgicamente al gobierno, ya que la Ieshivat Voloshin era la principal, además de ser la Ieshiva más antigua del país.

Sin embargo, el Rosh Ieshiva, el Netziv Mivoloshin ztz”l, se inclinaba a la “ruptura de las Tablas”, o sea, a cerrar la Ieshiva. Y logró convencer a todos...

Y ocurrió algo increíble y a su vez maravilloso: los mayores de la Ieshiva, abrieron Ieshivot en las ciudades donde vivían, decenas de Ieshivot se abrieron cuando se cerró Voloshin, la Tora floreció como nunca y aumentó su estudio...

Cuando el Saba Mikelem ztz”l le hizo una pregunta a su rab, el gaon rabi Israel Misalant ztz”l, sobre la apertura de su Ieshiva, éste contestó: ¡si puedes cerrarla, entonces también puedes abrirla!...

¿Qué pretendemos decir con todo esto?

Si pensamos bien podremos entender, que la mayoría de nuestras acciones son cosas que hacemos sin pensar, o mejor dicho, sin la preparación necesaria. Como diciendo: que salga como salga..., y así estará bien...

Hacemos las cosas improvisadamente, utilizando la inercia de un pequeño impulso, en lugar de preocuparnos, de poner el alma... Porque, de todas formas, tenemos la intención de conseguir algo bueno de nuestras manos, entonces, ¿qué pretendemos? Si queremos ganar hace falta invertir. Y si no invertimos...

Y resulta increíble, ya que si no estamos conformes con lo que hacemos, sabemos bien que somos nosotros los culpables de la inconformidad, porque desde un principio no hemos hecho lo necesario. Y sin embargo, parecemos presos de nuestra incongruencia, no tenemos la fuerza necesaria para detenernos, cambiar la dirección, o simplemente, “romper las Tablas”. Y además tenemos una gran excusa: ¡yo no soy Moshe Rabenu!

Por este motivo, fallamos frente a iehudim que no cumplen con la Tora y con los preceptos, aunque nosotros y ellos sabemos dónde está la verdad. Y nosotros, con nuestra inercia, no somos capaces de detenernos y darles lo que ellos necesitan para cambiar sus caminos. Ellos saben que hay que cumplir los preceptos, cuidar el Shabat, el Kashrut, la pureza familiar. Pero no tienen la fuerza para levantarse y transformar esos pensamientos en la acción. Y cuando nosotros deberíamos estar allí para ayudarlos, para enseñarles a temer a Hashem, para convencerlos de concurrir a un seminario..., no estamos.

Los padres envían a sus hijos, a sus posesiones más preciadas, a una escuela para que los hagan inteligentes, porque piensan que de otra manera (estudiando Tora) no lo serán, piensan que de otra forma pueden perderlos, cuando la realidad es todo lo contrario. Y nosotros seguimos en silencio...

¡Por favor! Cambien la dirección, ¿qué es lo que sienten? Piensan que pueden perder a sus hijos, y así seguro que los perderán. Otra vez, hay que “romper las Tablas”. Cuando lleven a sus hijos a un Beit Sefer donde les enseñen a tener fe en el Creador, donde los hagan seguir con una tradición que comenzó con Abraham Avinu, verán que “ganarán” a sus hijos. Porque aprenderán buenas cualidades, sabrán que deben “honrar a su padre y a su madre”, conduciéndose con valores, con respeto.

No es una garantía, pero las posibilidades son muy grandes, y, comparadas con la otra opción donde no existe ninguna posibilidad, la diferencia es abismal.

¡Salven a sus hijos! Y la salvación será para todos...

Cada uno debe pensar dónde está, qué corriente o qué vientos lo están llevando y hacia dónde. Como una estampilla que viaja hacia la dirección que está escrita en el sobre. Veamos cómo hacer para manejar nuestros caminos, con una nueva fuerza, sin dejarnos llevar, cada uno rompiendo sus Tablas, esa es la cima de la grandeza, con la que recibiremos una felicitación proveniente del cielo.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom




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