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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Ajarei Mot - Kedoshim
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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LA IZQUIERDA ALEJA Y LA DERECHA ACERCA

“Y Hashem le habló a Moshe…”
(Vaikra 16,1)

Y Hashem le habló (Vaidaber) a Moshe… Y Hashem le habló (Vaiomer) a Moshe, dile (Daber) a Aharon, tu hermano, que no venga en cualquier momento al lugar sagrado.

Así comienza nuestra perasha. Y es sabido, que cuando la Tora usa la palabra “Dibur” (Vaidaber o Daber), se trata de un lenguaje duro, enérgico. En cambio, al usar la palabra “Amira” (Vaiomer), se está utilizando un método de conversación más suave. Aquí encontramos que Hashem le habla a Moshe duramente, después le habla con mayor suavidad, y finalmente le ordena hablar duramente con Aharon, para hacerle notar que debe sentir temor hacia la Santidad.

El gaon rabi Iosef Mashaash ztz”l, de Talmasan, explica la diferencia con un hecho ocurrido en los días del reino de Austria.

Un rey tenía un consejero “secreto”, que a su vez era el primer ministro. El rey se aconsejaba con él en todos los asuntos y le encargaba misiones muy delicadas y de gran responsabilidad, que siempre realizaba según la voluntad del rey.

El hijo del rey, futuro heredero de la corona, veía el acercamiento que existía entre el rey y su consejero, y pensaba: no es digno de un reino que el consejero del rey se comporte como si fuera su amigo. El hijo reconocía la capacidad del consejero y su honestidad, su entrega y su trabajo, pero pensaba que el rey debía infundirle un poco de temor.

Pasó el tiempo, el rey murió, y su hijo heredó el trono. Cuando el consejero se ubicó en su función, el nuevo rey mostró su autoridad, infundiendo temor a todos sus ministros. Cuando el rey escuchó a su consejero, le agradeció y le indicó que podía retirarse de su presencia. El consejero volvió a su casa, con tristeza…

¿Por qué tienes hoy esa cara?, preguntó la esposa.

Han llegado tiempos modernos, le dijo. El nuevo rey no es mi amigo, como el anterior. Debo respetarlo más y hasta temerle.

Pocas palabras, concretas, y retirarme de inmediato. Pobre de mí si el rey me pide algo y no entiendo lo que me pide. Cuando le diga que no entendí y le pida que me lo explique, seguramente dirá: ¿este es el grande y sabio consejero de mi padre? En cambio, si cuando no entiendo le digo que sí entendí, después se enojará conmigo porque hice algo indebido…

La mujer sintió mucho miedo, y llamó a su padre para pedirle un consejo. El suegro escuchó y también temió. Algo malo estaba por pasarle a su hija. Se encerró en sus pensamientos, de pronto se levantó. Le preguntaron: ¿a dónde te diriges?

Tengo un amigo iehudi, dijo, muy sabio y astuto. El sabrá aconsejarme…

El suegro fue a ver al iehudi y le contó todo lo que le ocurría a su yerno. El sabio escuchó y dijo: el consejo es simple, y la salvación está garantizada…

¿Qué?, ¿cómo?

Muy simple, dijo el sabio, se correrá la voz que el temor que el nuevo rey infundió a su consejero, lo dejó mudo. Traerán médico tras médico para curarlo. También pueden llevarme a mí, pero nada ayudará. El rey mismo tendrá que curarlo, y de ahí en más todo volverá a la normalidad.

Maravilloso, dijo el suegro, pero qué será de su vida, si el rey no se decide a darle la curación…

Sonrió el sabio: no entiendes, un rey no puede quedarse sin consejero. Traerá un consejero nuevo, olvidará al anterior. Pero al final volverá…

El suegro puso en marcha el plan. El consejero se alegró con la esperanza de que todo se arregle en un futuro cercano. Se corrió la voz de que el consejero quedó mudo por el miedo que sentía hacia el rey. Trajeron médicos y brujos, que no pudieron curarlo. El rey también lo visitó, vio su sufrimiento y hasta lloró junto a él.

Tres días después nombró a otro consejero. El rey se hizo temer y le pidió un consejo hablando muy brevemente sobre el tema.

El consejero no entendió. Al otro día el rey le pidió la respuesta y el consejero argumentó no haber entendido el pedido.

¿Qué clase de consejero eres tú?, ¿te estás burlando de mí?

De buenas a primeras el rey ordenó enviarlo a la horca…

El ministro mudo escuchó lo sucedido y supo que salvó su vida gracias al sabio iehudi.

Al día siguiente, el rey nombró un nuevo consejero.

Nuevamente el temor y las órdenes breves, inexplicables. Este consejero ya supo sobre la suerte de los dos anteriores: uno quedó mudo y el otro murió ahorcado. Le pidió al rey que tenga piedad de él, porque no había entendido sus palabras. Le dijo que si le hablaba con tranquilidad, sabría qué hacer.

El rey se enfureció. ¿Acaso soy el maestro de los ignorantes?, ¿o la maestra de un jardín de infantes? Si tú eres un tonto, ¿cómo pretendes ser el consejero del rey?

Ordenó que lo arrojen a un pozo, dentro de la cárcel y confiscaron todas sus posesiones a favor del tesoro real.

Otra vez, el consejero mudo agradeció al sabio iehudi por haberlo salvado de la muerte.

Al día siguiente, le comunicaron al rey que el rey de Sefarad mandó un representante para hablar sobre temas secretos y del reinado. Este hombre era iehudi. El rey lo recibió con todos los honores, lo escuchó, y después lo invitó a comer con él.

El iehudi le dijo: es un honor para mí sentarme con el rey, pero solamente puedo comer de las frutas, por cuestiones de Kashrut.

En la comida el rey le comentó que buscaba un consejero, ya que los últimos tres le trajeron sólo problemas…

Cierto, los rumores llegaron hasta nuestras tierras, dijo el iehudi.

¿Y qué han dicho?, preguntó el rey.

Todos los que hablaron dijeron la misma cosa, que la culpa de todo es del honorable rey.

El rey se incorporó muy enojado: ¿culpa mía?, ¿por qué?

Sí, señor rey, contestó el iehudi con tranquilidad. Tu furia y tu enojo causaron todos estos problemas. Escucha, por favor, señor rey. Nuestros sabios dijeron que existen tres reyes: el león, es el rey de las bestias, el toro es el rey de los animales, y el águila, es el rey de las aves. ¿Por qué Hashem no creó un rey entre los hombres, que sea elegido por todas las creaciones?

El rey no sabía qué contestar, puso cara de interrogante…

Porque todo hombre puede ser rey, siempre y cuando esté preparado para serlo.

Lo mismo cuando uno es el hijo del rey, sugirió el rey.

¡No! Muchos de ellos subieron al trono, y también perdieron su poder, porque no estaban preparados para gobernar, y puedo darte muchos ejemplos…

¿Y cuáles son las condiciones para ser un buen rey?

El rey no debe dejarse llevar por su enojo. Debe querer a sus ministros y a su pueblo. Y cuidar del honor de todo el reino, no sólo del honor del rey. Tu forma de gobernar sólo puede traer destrucción…

¿Qué quieres decir?, preguntó el rey, ya casi arrepentido.

Tú no puedes mostrarte tan enérgico y dar miedo. Y menos dar órdenes inentendibles.

Pero, ¿y el respeto a la investidura real?

No te preocupes, sonrió el iehudi. Ningún esclavo quiere ser rey.

¿Por qué no aprendes de la forma en que Hakadosh Baruj Hu gobierna al mundo?

Cuando Hashem nos entregó Su Tora, nos dijo: “Vaidaber”, y dijo Hashem (con justicia y energía) todas estas palabras, “Leemor”, diciendo (en forma suave).

Comenzó con palabras fuertes, para infundir temor. Y después repitió con palabras suaves, con calidez, para que podamos entender sus explicaciones.

Muchas gracias, dijo el rey, abriste mis ojos.

Ahora, una cosa más, dijo el iehudi. La sabiduría de tu primer ministro, el que fue ministro de tu padre, es conocida en todo el mundo. Todos los reyes lo alaban…

Es cierto, también mi padre lo alababa, pero por mi culpa está mudo…

Creo, que eso también es fruto de su sabiduría.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom




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