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Shabat Shalom


Nueva La Hoja Parashat Ki Tetze
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

BLI  NEDER

“Cuando hagas una promesa…”

(Devarim 23,22)

 

Siendo un muchacho joven, el “Jatam Sofer” se unió fuertemente a su rab, rabi Natan Adler. Eso fue en el tiempo en que rabi Natan era el rab de la ciudad de Frankfurt.

Cuando rabi Natan fue recibido como rab de la ciudad de Voskovich, no quiso llevarse con él a su joven alumno, Moishe Soifer, porque la distancia entre las dos ciudades, Frankfurt y Voskovich, era muy grande.

Antes de partir hacia Voskovich, el rab le preguntó a su alumno qué desearía pedirle en ese momento, cuando estaban por separarse. El Jatan Sofer contestó: yo quiero sólo una cosa, estar con mi rab y ver su rostro también en Voskovich…

Rabi Natan, al escuchar el pedido del joven Moishe, le dio su bendición.

Cuando el joven salió de la casa de su rab, recordó que cuando le dijo que quería ver el rostro de su rab en la ciudad de Voskovich, olvidó decir “Bli Neder”, “sin prometer”. Por su corazón comenzaban a pasar las palabras del “Shlah Hakadosh”, que afirma que es necesario decir, a cada cosa que queremos hacer, “Bli Neder”.

Se sentía mal, porque no había hablado como indica la Halaja. Decidió salir detrás de su rab y comenzó a correr detrás del carruaje, que ya había salido al camino. Y sucedió, que a pesar de que rabi Natan viajaba en un carruaje arrastrado por caballos muy rápidos, cuando llegaron la primera noche, a descansar en un hotel, se encontraron con el joven que los esperaba, ya que apresuró tanto la marcha, que llegó al hotel antes que el carruaje.

¿Cómo hiciste para llegar antes que el carruaje?

Estoy seguro, dijo rabi Natan, que Hashem te acortó el camino, no existe otra posibilidad.

Rabi Natan pudo comprobar que el amor y la necesidad del alumno, de servir a su rab y de aprender de él eran extremadamente grandes, lo que le hizo decidir llevar a su alumno a Voskovich, en ese mismo carruaje. Pudo ver que era el deseo de su alma…

Desde ese momento, la mano del alumno jamás se separó de la mano del rab.

El Jatam Sofer le contó a sus alumnos, que en una oportunidad viajaba con su rab, en los días de invierno. Rabi Natan expresó el deseo de comer algo de lo que habían traído para el viaje, pero no encontraban agua para la “Netilat Iadaim”, ya que debido al frío, todas las aguas estaban congeladas.

El Jatan Sofer entendió el sufrimiento de su rab, y decidió que él conseguiría el agua, a cualquier precio. ¿Qué hizo? Lo primero fue decirle a su rab que debido al frío, sentía las piernas congeladas, y prefería bajar y seguir caminando junto a la carreta, de forma que la caminata, podría darle un poco más de calor a su cuerpo y mejoraría su situación.

Cuando bajó del carruaje, llevó consigo un recipiente para volcar el agua de Netilat Iadaim, y con la otra mano cargó un trozo de hielo. Con la caminata y con su cuerpo, el hielo se irá derritiendo, hasta completar todo el recipiente con agua.

Hizo tal cual como lo pensó, y cuando el recipiente estuvo lleno de agua, volvió a subir al carruaje y le entregó el recipiente a rabi Natan.

Cuando el Jatan Sofer contaba esto a sus alumnos, siempre les decía: yo fui un alumno honesto, porque pude verter (no en forma metafórica sino real) aguas en las manos de mi rab.

Y además de otras cualidades, el Jatan Sofer tuvo el mérito de ser muy cuidadoso con las promesas.

Existen situaciones, en las que un hombre, a pesar de haber hecho una promesa, intenta ser más inteligente que el Bore Olam, Hashem nos guarde. Tiene que saber, que no tendrá éxito en esa misión, no sólo que no podrá engañar a nuestro Creador, sino que también será castigado por esto, con toda la severidad.

Contaremos ahora un hecho real, en el cual un iehudi, de nombre Azriel, poseedor de una gran fortuna, era tan pero tan avaro, que recibió un apodo con el que era llamado en toda la ciudad: “Azriel, el amarrete”.

Una vez se enfermó. La enfermedad era muy grave y peligrosa. Azriel hizo una promesa, que cuando Hashem lo curara de su enfermedad, vendería al elegido entre sus toros, y repartiría el dinero recibido en caridad.

El valor del toro era muy elevado, y a pesar de eso, el miedo que le causaba la enfermedad era mucho mayor, verdaderamente sentía que podía morir, y por eso fue capaz de prometer y comprometerse a repartir tanto dinero en Tzedaka.

Y, Baruj Hashem, que tuvo piedad de este iehudi, y le trajo la curación completa. El milagro fue de tal magnitud, que hasta los doctores más importantes del hospital, que estuvieron tratándolo, no entendieron cómo este hombre logró sanar…

Bien, cuando el millonario se levantó de su lecho de enfermo, renegó a la promesa que realizó. Pero, sentía un temor en su alma, no podía faltar a su promesa. En su pensamiento, desarrolló un programa macabro, que le ayudaría a salvar casi todo el dinero que había prometido repartir, sin faltar a su promesa…

¿Qué fue lo que pensó?

Azriel tomó al elegido entre sus toros, valuado en aproximadamente cuatrocientos rublos, además de una gallina, que apenas costaba dos monedas de oro.

Fue al negocio del carnicero con los dos animales, y le preguntó si quería comprarle el toro.

Cuando el carnicero le preguntó cuánto dinero pretendía por el toro, Azriel le contestó: solamente dos monedas de oro…

El carnicero sonrió. Estaba seguro que el millonario que tenía delante, había enloquecido. Pero Azriel le insistía, y quería convencerlo de que le compre el toro a ese precio ridículo.

El carnicero puso en la mesa las dos monedas de oro, y solicitó “su toro”. Entonces, el hombre rico dijo, que no podía vender únicamente al toro, sino que la venta era conjunta. Con el toro debía vender también a la gallina… ¿y cuál era el precio de esa gallina?, preguntó el carnicero.

El precio de la gallina es de cuatrocientos rublos!!!

Y no hay ningún descuento, el precio es fijo, y sin la gallina el toro no se vende…

La única forma de comprar este magnífico toro en sólo dos monedas de oro, es comprando, al mismo tiempo, esta increíble gallinita que solamente cuesta cuatrocientos rublos.

¿Cómo quedó todo?

Finalmente, el carnicero pagó el importe solicitado, ya que, de todas formas, no perdía nada, porque el dinero que pagó por los dos animales juntos, es el valor real de los dos animales, solamente que sus valores aparecían invertidos.

Cuando recibió el dinero, Azriel, el avaro, volvió alegremente a su casa, y repartió entre los pobres, dos monedas de oro, y los cuatrocientos rublos que recibió por la gallina, los guardó para él.

El, con su tonto pensamiento, creyó que podría salvar el dinero que había prometido repartir entre los pobres, sin entender que Hakadosh Baruj Hu puede ver todo, absolutamente todo.

No pasaron muchos días de este engaño, y el avaro volvió a enfermarse, pero esta vez la enfermedad era mucho más grave.

¿Qué hizo ahora? En este momento de sufrimiento, volvió a prometer dar dinero en Tzedaka… Mucho más de lo que prometió dar la primera vez.

Pero, lamentablemente, su tiempo “pasó”, y a los pocos días la enfermedad llegó a su punto máximo y el hombre dejó este mundo.

 

Traducido del libro Barji Nafshi.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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