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Shabat Shalom


Nueva La Hoja Parashat Ki Tavó
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

HAGAMOS “ALGO”

“…de hambre y de sed…”

(Devarim 23,48)

 

Esto ocurrió en los Estados Unidos de América. Un iehudi alquiló un pequeño hotel en las cercanías de Filadelfia, con aproximadamente cien habitaciones (al parecer en ese país un hotel de cien habitaciones es un hotel pequeño).

El hotel estaba ubicado en un lugar estratégico, apto tanto para turistas como para gente que viajaba de una ciudad a otra, o simplemente para los que estaban de paso por la ciudad. El valor del alquiler era razonable, comparado con las grandes posibilidades y el potencial del negocio.

Durante varios años el negocio dio muy buenas ganancias, pero, después llegaron los años de recesión y toda la economía del país comenzó a sacudirse.

Muchas de las “grandes” empresas se presentaron en quiebra, los bancos fueron cayendo, uno tras otro, y miles de empleados quedaron en la calle. La desocupación creció a gran escala y muchas de las empresas líderes tuvieron que soportar la situación con dificultades, en especial, las fábricas que venden artículos que no son de primera necesidad, o que no son indispensables. Es de imaginar, que en un hotel, los ingresos bajaron más que considerablemente. Y cada mes, la situación empeoraba.

Uno de esos meses, cuando llega el día en que el inquilino debe pagar el alquiler mensual, estaba sin dinero… Pidió que le extendieran el plazo, pero el dueño del hotel era un hombre muy duro, y no aceptó esperar ni siquiera un día. El iehudi fue al banco, y se vio obligado a romper el sistema de ahorro que durante años fue formando esperando el momento en que sus hijos se casen. Así, pudo pagar el valor del alquiler…

El mes siguiente, se repitió la misma “fotografía”. Los escasos ingresos no permitieron cubrir los gastos de alquiler, y lo mismo ocurrió en los meses siguientes.

El hombre, utilizó todos los ahorros para pagar los alquileres, y todavía no era visible el fin de la crisis económica. Los hijos escuchaban las conversaciones telefónicas entre los padres y vieron la impotencia y un poco de desesperación sobre los rostros de los progenitores. Si este mes no logramos pagar en término, el dueño nos desalojará de su hotel, le dijo una noche el iehudi a su esposa, y nos quedaremos sin trabajo y sin casa. En verdad, no sé lo que podemos hacer…

Al día siguiente, por la mañana, el hombre salió del hotel, y para su sorpresa, vio desde muy lejos a su hijo más pequeño, de ocho años, parado detrás de una mesa apoyada sobre el piso, junto a la autopista, y sobre la mesa había varias botellas de limonada.

Sobre un trozo de cartón, escrito a mano, se podía leer, en letras grandes, y a simple vista, escritas por un niño pequeño: “Ayúdenme a salvar a mi familia. El dueño del hotel nos amenaza y pretende desalojarnos. Compren aquí un vaso de limonada casera, por sólo dos dólares, para que no seamos lanzados de nuestra casa”.

El padre sintió escalofrío al ver lo que hacía su hijo más pequeño. Le besó la frente y con lágrimas en sus ojos, le dijo: ve a jugar con tus amigos, mamá y yo, encontraremos la solución, con la Ayuda de Hashem.

Pero, el niño decidió seguir con su “empresa”. Su éxito no fue escandaloso. De los miles de automóviles que pasaron por la ruta, sólo seis le compraron un vaso de limonada. La recaudación del día ascendió a la suma de doce dólares. Para un niño de ocho años, es una suma considerable, pero todavía no se acercaba a los miles de dólares que el padre debía reunir al final del mes.

Al día siguiente, el niño volvió a pararse detrás de la mesa con sus vasos de limonada. En ese segundo día, sólo logró vender tres vasos. Entonces, se detuvo una mujer, que le compró el cuarto vaso del día, y comenzó a hablar con el niño. El joven no sabía que estaba conversando con una periodista del semanario más prestigioso de América.

En la edición del fin de semana, en la portada del semanario, apareció la foto del niño, con su cartel donde pide que salven a la familia. La periodista escribió una historia muy extensa donde trata de entrar en el corazón del pequeño que intenta salvar a su familia.

El resultado: durante ese fin de semana, se detuvieron junto al niño, cientos de automóviles que pasaban por la zona, y otros cientos adicionales que llegaron especialmente, para ayudar al niño y a la familia.

La cantidad de clientes fue aumentando con el correr de los días, a tal punto que el niño tuvo que pedir la ayuda de los hermanos mayores para poder cumplir con los pedidos de limonada. En pocos días consiguieron vender más de tres mil vasos, obteniendo una ganancia de seis mil dólares.

Los padres no sabían qué decir, pero supieron reconocer el milagro que se presentaba frente a sus ojos.

El pequeño consiguió recaudar, en un tiempo muy corto, la mitad de las grandes deudas del padre. Y no todo terminó aquí, hay más…

El dueño del hotel también vio la nota del semanario, y eso pudo aflojar su duro corazón. Llamó al inquilino y le informó que decidió bajar el monto del alquiler, con el agregado de que no le exigiría pagar en un determinado día. De ahora en adelante, sería más flexible.

Esta historia nos deja muchas enseñanzas.

Para empezar, y porque es efectivo y necesario, nosotros somos los hijos de Hashem Itbaraj, y vemos, con impotencia, y con dolor en el alma, como existen personas que viven pura y exclusivamente para destruir el mundo de nuestro Bore Olam.

¿Cómo lo destruyen?

Corriendo detrás de sus deseos, derramando sangre, transgrediendo la santidad y el recato, permitiendo que la tecnología los utilice, en lugar de ser nosotros los “gobernadores”, que usamos la tecnología, sólo para cumplir más Tora y cumplir más preceptos.

Y seguimos destruyendo, leyendo periódicos que dicen ser para “religiosos”, cuando en realidad, contienen chismes casi en exclusiva. O corremos detrás de dinero que fue obtenido pecando contra la Tora…, y podríamos continuar con una lista que puede ser interminable…

Llenamos nuestras casas con suciedad, con barro, hasta poner en peligro nuestra vida y la de nuestras familias…

¿Y qué podemos hacer?

Detenernos y gritar, el que esté con Hashem, que venga conmigo, y expandir y enseñar el judaísmo y la Tora en todo lugar en que nos sea posible.

Y en especial, hacer todo esto sólo para engrandecer el Nombre de Hashem, sin intereses personales, sin querer figurar, sin mostrarnos. En ese momento, tenemos que hacer que todos vean un gesto de humildad, y tratar de pasar desapercibidos.

Una nueva clase de Tora, acercar más iehudim a nuestras fuentes. Un poco más de luz para erradicar esta terrible oscuridad en la que vivimos.

Y cuando nosotros hagamos todo lo que está a nuestro alcance, Hakadosh Baruj Hu enviará Su Ayuda desde el Cielo, como está escrito: y Hashem, Tu D-s, te bendecirá en todo lo que emprendas.

Y nuestros sabios agregaron (Sifri): Hashem te bendecirá, ¿inclusive cuando no hagamos absolutamente nada?

No, por eso está escrito, que nos bendecirá en todo lo que hagamos. ¿Cuándo vamos a recibir la Bendición de Hashem? Cuando nos levantemos y pongamos “manos a la obra”, cuando “hagamos”, Hashem nos enviará Su Ayuda, y el éxito, lo tendremos asegurado.

 

Traducido del libro Barji Nafshi.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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