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Shabat Shalom


Nueva La Nueva Hoja Parashat Haazinu
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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¡El miedo que mata!

“Por fuera, la espada exterminará,

por dentro, el miedo…”

(Devarim 32,25)

 

Explicó Rashi: fuera de la ciudad estará esperando la espada de los ejércitos. Y cuando escapamos de la espada, cuando nuestra mente olvida que la espada nos acechaba, las paredes de los corazones golpean muy fuerte debido al miedo, que termina matando…

Para mostrarnos esta situación, rabenu Iaacov Culei ztz”l nos contó un hecho real, que protagonizó rabenu Harambam ztz”l.

Como es sabido, el Rambam era el doctor del rey de Egipto, y era muy respetado por su sabiduría, pero, todos los ministros del rey lo odiaban.

Un doctor egipcio, que envidiaba de sobremanera al Rambam, le dijo al rey: ¿qué tiene en especial ese iehudi? Si es un gran doctor, yo estoy dispuesto a enfrentarlo y demostrar quién es el mejor.

Y no sólo eso, hasta demostrar quién puede ser más malvado. Prepararé y traeré frente al rey un veneno de mi creación. Si el Rambam lo toma y puede seguir con vida, será la señal de que no existe ningún doctor mejor que él.

Y yo también estoy dispuesto a probar cualquier bebida que el Rambam traiga, y demostrar al mundo que tengo la fuerza de anular cualquier veneno, y seguir con vida…

El Rambam escuchó la propuesta y expresó su deseo de afrontar la prueba (tal vez no quería hacer algo así, el Rambam jamás haría algo malo a nadie, pero no podía negarse, porque una negación mostraría debilidad y falta de conocimientos).

No podía ponerse en contra del rey, después de que al rey le pareció bien realizar ese enfrentamiento. Debía aceptar todo, a pesar de la sospecha de poner la vida en peligro, ya que nunca hemos visto que una persona que tome veneno, no muera.

Llegó el día del examen. El Rambam debería tomar una droga que le destruiría el intestino, y trataría de tomar un antídoto o un medicamento para evitarlo. De todas formas, instruyó a sus alumnos para que, después de tomar el veneno preparado por el malvado egipcio, lo lleven a su casa y le hagan tomar una droga para expulsar todo lo ingerido.

El Rambam se presentó frente al rey, y el doctor egipcio le entregó la bebida que debía tomar. El Rambam la bebió y su rostro se puso blanco.

Los alumnos se apuraron a llevarlo a su casa, y le hicieron beber lo que el Rambam había preparado contra el veneno. Así, el Rambam vomitó todo lo bebido, y se reincorporó totalmente sano.

Ahora llegó el turno del doctor egipcio. El Rambam debía entregarle su veneno al doctor egipcio, que se puso blanco antes de tomar nada. De todas formas, no tenía alternativa, y estaba convencido de que había llegado su fin, después de que el Rambam pudo afrontar la prueba y seguir con vida.

Pero, como todos podemos suponer, el Rambam jamás mataría a una persona, ni siquiera a las personas que lo odiaban, ni siquiera a un hombre como éste, que deseaba su muerte.

¿Qué hizo?

Le dijo al rey que su deseo era hacer probar su veneno a un hombre que traicionó al reino y que ya estaba condenado a muerte.

El condenado a muerte se presentó ante el rey.

El Rambam descubrió una botella que contenía el brebaje que supuestamente había preparado para la contienda. Antes de abrirlo tomó un pañuelo y se cubrió la nariz, y le pidió al rey que haga lo mismo, y que además, se aleje del lugar, porque hasta los vapores que emanaba el veneno podían provocar la muerte.

El doctor egipcio escuchó y también se tapó la nariz con sus dedos.

El Rambam le dijo al condenado que abra la botella y se tome el contenido, anticipando que morirá de inmediato, sin sentir ningún dolor ni sufrimiento.

El hombre abrió la botella y cayó al piso, muerto.

El rostro del doctor egipcio empalideció, y todo su cuerpo comenzó a temblar.

El Rambam tomó la botella de las manos del hombre muerto, se acercó al rey, y le pidió que él mismo, el rey, tome del líquido.

Dijo el rey: ¿cómo puedes pensar que yo voy a tomar lo mismo que le diste de beber al hombre que acaba de morir?, ¿cómo te atreves a darme a tomar veneno?

El Rambam sonrió, y le dijo al rey: mi señor rey no tiene nada que temer. Puede ser que este hombre, que traicionó al rey, haya muerto con los vapores del líquido. Seguramente, si le hago beber lo mismo al doctor egipcio, también va a morir. Pero si yo lo tomo, no me hará ningún daño. Lo mismo si lo bebe mi señor rey, este líquido no le provocará ningún mal.

Tienes que aclararme tus palabras, dijo el rey. ¿Acaso nuestros cuerpos son diferentes a los de ellos?

No, contestó el Rambam. Los cuerpos no son diferentes, los pensamientos son diferentes. Lo que ocurre es que yo no preparé ningún veneno. Lo que yo traje es, simplemente, un néctar de flores, muy sabroso, saludable y natural. El hombre que murió, murió solamente por el miedo que sintió. Lo mismo habría ocurrido con el doctor egipcio, mi señor rey pudo comprobar como temblaba cuando vio morir a este hombre.

Pero, tuve piedad, y no le di de tomar del néctar. Me alcanzó con que vea el final del pecador que murió a causa de su gran temor.

Algo parecido, ocurrió entre un grupo de iehudim en Libia, lamentablemente jóvenes que no cuidan la Tora, frecuentando los bares, vacíos y libres de toda ocupación. Hablaban de cualquier cosa en el medio de la noche, burlándose de la gente…

Uno de ellos, se quiso elevar sobre los demás, y con mucha soberbia dijo que él no sabía lo que era el miedo. Que no sentía temor por ninguna cosa.

Le dijeron sus compañeros: vamos a probarte, veremos si en realidad no tienes miedo a nada. Y sabremos qué tan fuerte de espíritu eres.

Si eres tan valiente, nada te pasará si vas al cementerio en medio de la noche, en el momento en que las almas de los muertos pasean entre las tumbas.

Seguro, contestó, estoy dispuesto a ir cuando ustedes quieran…

¿Y cómo sabremos que en verdad estuviste allí?, argumentaron.

Pensaron y llegaron a una conclusión: llevarás una estaca, y la dejarás clavada junto a la tumba de tal difunto.

Se separaron, y el “valentón” se dirigió al cementerio. El silencio y la oscuridad provocaban un gran temor, el brillo de los mármoles blancos de los monumentos agrandaba la oscuridad.

El muchacho respiró profundo, para darse confianza, y caminaba entre las tumbas, buscando la que le indicaron.

Ahora, sólo debía clavar la estaca a un costado. El corazón lo tenía casi paralizado. Ir al cementerio en el medio de la noche es un tema, pero molestar a los muertos con golpes de martillo y clavar una estaca junto a uno de ellos, ya es otra cosa…

Pero, no podía volver atrás, ya que mostraría su debilidad, que por cierto, tenía. Debería que demostrar su valentía, pero el precio era muy alto, molestando a los muertos…

Había llevado una estaca pero no tenía martillo. Se puso a buscar en el suelo, una piedra apropiada para usarla a modo de martillo y así clavar la estaca. Golpeó la estaca con la piedra, y en su corazón retumbó el golpe haciendo “eco”…

El apuro y el miedo, no le dejaron ver que su abrigo estaba desparramado sobre la tierra, y cuando clavó la estaca, su abrigo fue atravesado por la estaca.

Al terminar de clavar la estaca, escuchó ruidos y murmullos, hasta le pareció escuchar un suspiro. Tal vez sea un animalito que está escondido bajo la tierra, o tal vez un alma perdida…

Se levantó a toda velocidad, quiso salir corriendo, pero su abrigo estaba clavado con la estaca y lo empujó hacia atrás. Alguien me está agarrando, ¡los muertos están cobrando venganza por haberlos molestado!

Por la mañana, lo encontraron sin vida, a los pies de la tumba y al lado de la estaca…

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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