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Shabat Shalom


Nueva La Nueva Hoja Pekude
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

JUICIO Y CALCULO

“Y el oro utilizado sumó veintinueve monedas…”

(Shemot 38,24)

Nuestra perasha, es una perasha maravillosa (en realidad, todas lo son).

La Sagrada Tora, que se cuida tanto en cada palabra, jamás tendrá una letra de más o una letra de menos. La Tora en la que cada letra, cada punto y cada borde o cada punta de letra está en el lugar correcto, donde cada cosa nos trae una enseñanza y todo tiene un por qué. Nuestra Tora, tan perfecta y concreta, santifica cuatro perashiot completas en el establecimiento del Mishkan: Teruma, Tetzave, Vahiakel y Pekude.

Una perasha donde se describe la orden de construir el Mishkan. Otra dedicada a la construcción en sí. Y una perasha donde se rinden las cuentas, los cálculos al detalle, para saber a dónde fue cada moneda…

Una cuenta precisa, rigurosa, sobre cada moneda, oro, plata y cobre…

El rab hagaon, rabi Meir Shapira ztz”l, Rosh Ieshivat Jajme Lublin, siempre se preguntaba con mucho asombro, maravillado: cuando los hijos de Israel pecaron con el becerro de oro, está escrito allí: “y todo el pueblo se desprendió de los aretes de oro que colgaban de sus orejas”. Todo el pueblo, seiscientos mil hombres de veinte a sesenta años. Esto quiere decir, que en conjunto, eran más de un millón, aparte de los egipcios que escaparon junto a los iehudim.

El solo hecho de pensar en un millón de aretes, anillos, pulseras, collares, en fin, todo tipo de adornos. Y está escrito que con esa gran cantidad hicieron el becerro.

Y en la Guemara está escrito sobre el versículo “vedi zahav”, que así dijo Moshe frente a Hakadosh Baruj Hu: todo se debió a la gran cantidad de oro y plata que le diste a los hijos de Israel hasta que tuvieron que decir “basta” (dai). Moshe está acusando a Hashem y le dice que si no fuera porque salimos de Egipto con tanto oro y plata, esto no habría pasado.

Ahora veamos, con toda esa gran cantidad de oro, plata y cobre, solamente salió de allí un becerro. Y no fue porque donaron pequeños aretes, o un simple anillo de oro. Más de un millón de hombres, trajeron una montaña de oro. Y de toda esa montaña de oro salió… un becerro, ni siquiera podemos llamarlo un toro…

Y nadie se preguntó nada, nadie hizo cálculos. No hubo rumores. Nadie pidió una revisión de cuentas.

En cambio, cuando Moshe Rabenu pide donaciones para el Mishkan, los que recaudaban vieron que había suficiente y podían ya interrumpir la campaña de recaudación.

Con lo recaudado debían levantar un candelabro, la Menora, que tendría la altura de una persona, y debería fundirse en una sola pieza de oro puro.

Para poder obtener el oro puro, cuenta la Guemara (Menajot 29a), que debían traer mil piezas de oro e ingresarlas mil veces dentro del horno, hasta que, de las mil piezas, obtendrían una pieza de oro puro.

Y en cada lugar donde la Tora nos dice “oro puro”, se trataba del oro preparado de esta forma, que necesitaba una cantidad de materia prima multiplicada por mil, además de todo el trabajo de preparación.

Como vemos, imposible calcular la cantidad de oro puro que era necesario, y mucho menos la cantidad de oro en estado natural, mil veces más que la cantidad de oro puro!!!

Y Moshe Rabenu, justo él, el más humilde de todos los hombres, está rindiendo cuentas, no sólo por la cantidad de oro y a dónde fue cada parte del oro recaudado, sino que rinde cuentas por cada moneda que se utilizó…

Resulta impresionante, y tan real en nuestros días…

La cantidad de dinero que hoy en día se derrama como el agua en las cosas que los gobiernos llaman cultura.

Los payasos y los cómicos se burlan y desprecian nuestros valores sagrados, degradan el valor y pretenden exterminar la Santidad de Israel.

Pero ellos son apoyados por el estado, que les paga muy bien, para que sigan destruyendo.

Otros muchos millones son distribuidos entre los grupos que representan el deporte. Ya que estamos obligados a cuidar la salud de nuestro cuerpo, hay que hacer ejercicio. Eso no lo negamos, pero, ¿a cuenta de qué?

¿Y acaso hay algo más sano y saludable que miles y miles de personas se sienten a ver con comodidad, en sus casas, como los jugadores americanos de un equipo de Tel Aviv, se enfrentan con los jugadores americanos de un equipo de Haifa?

Ya vemos que ese es el deporte y el ejercicio que el estado paga. ¿El ejercicio que se suponía que era salud para nuestros cuerpos? Somos nosotros los que debemos hacer deporte y cuidar nuestros cuerpos, en lugar de pagar para que un equipo de profesionales extranjeros se conviertan en millonarios…

Estos jugadores firman contratos multimillonarios, y el país debe aportar para que esto se lleve a cabo, para aumentar el progreso y la belleza de nuestro país…

Y si vemos cuánto dinero se destina a mantener los Kibutzim (las granjas agrícolas o industriales), que por cuanto que no producen lo suficiente debemos apoyarlos para que no se desmoronen, y puedan seguir viviendo allí la gente que se identifica con los pioneros del estado, que en el pasado levantaron los Kibutzim, en esos tiempos, sin ayuda de nadie…

El dinero se desparrama por todas partes…, pero es necesario hacerlo, para la “imagen” del país dentro del mundo. Y nadie pregunta, nadie investiga, nadie hace cuentas…

¿Y por qué debemos investigar? Ese dinero se destina a la cultura, a la elevación del país. Se llama progreso, se llama…, no importa cómo se llame, pero es necesario…

Pero cuando alguien pide una cuota para una actividad “viva”, que embellecerá la tradición y la herencia de nuestros padres, la entrega y el sacrificio de cada una de las generaciones anteriores, la transmisión de la Tora, la enseñanza de nuestras raíces, se produce un escándalo.

¿Cómo se atreven a pedir cuotas para ese tipo de actividades?

Cursos de Tora, seminarios de estudio, actividades para niños y jóvenes…

Ahora gritan: “los datim nos exprimen, ellos quieren entretenimiento y que nosotros paguemos…”

Entonces aparecemos en los titulares de todos los periódicos, y todo el mundo habla del derroche de dinero que el estado distribuye entre los “parásitos”.

¿A quién se le ocurre que se puede dar… para el Mishkan? Jalila, ya dimos para el becerro, ¿también debemos donar para el Mishkan?

Todo esto es cierto. Pero, ¿qué podemos hacer para modificar el orden de prioridades del destino del dinero, cuando la escala de valores está invertida? Hay una cosa que podemos hacer: empezar por nosotros y por nuestro interior. Recordar nuestro orden de prioridades. ¿Cuánto tiempo podemos hablar de dinero? ¿Cuánto nos dedicamos al cuerpo y cuánto al alma? ¿Cuánto tiempo desperdiciamos en vano y cuánto aprovechamos para crecer?

Y fundamentalmente, calcular la cantidad que entregamos para el becerro y la cantidad que ofrecemos para construir nuestro Mishkan…

Traducido del libro Maian Hashavua.

 


Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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