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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Bejukotai
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



 

בס"ד

LA BENDICION DESPRECIADA

“si se conducen en mis leyes”

(Vaikra 26,3)

 

Este es el relato de un hombre, al que el destino le jugó una amarga pasada. Hizo una revisión sobre sus negocios, y pudo comprobar que el estado era desesperante. Por lo visto, la economía dio un vuelco en su perjuicio, destruyendo toda posibilidad de continuar en su negocio. La mercadería que tenía acumulada perdió todo su valor.

Y si todo esto no fuera suficiente, su esposa se enfermó. Ya no tenía la posibilidad de pagar los honorarios de los médicos ni los costos de las medicinas. Lo más grave, que su esposa empeoraba y la enfermedad se volvía incontrolable y muy peligrosa.

Todo se asociaba para el mal…

Los proveedores empezaron a presionarlo para que pague la mercadería que había retirado. Mercaderías que no pudo vender, que perdieron su valor, pero que las compró a valores muy altos, cuando todo era prosperidad y abundancia. Ante la imposibilidad de pagar, lo amenazaron con embargarle la casa y su negocio…

Lo que faltaba… Su hija estaba a punto de casarse…

Enhorabuena, pero no había un centavo…

Destrozado y en la ruina, pidió dinero prestado para comprar un pasaje de tren hacia Vilna. Bajó en la parada llamada “Baston” y desde allí caminó hasta la ciudad de Radin, para llegar a la casa del justo, del Santo, el Jafetz Jaim ztz”l.

Rabi, ayúdeme, por favor, le suplicó con voz amarga. Le contó en detalle sobre sus penurias, y en los ojos del justo se podían ver las lágrimas…

Rabi, ¿qué puedo hacer?, preguntó llorando.

¿Y cómo puedo ayudarte?, contestó el justo. El sustento lo obtengo con la venta de mis libros, y eso apenas me alcanza para vivir…

¡Jalila, Rabi! No vine a pedirle dinero, dijo el hombre aclarando. Lo que yo quiero es una bendición, vine a pedir su bendición…

Trataré de brindarte la bendición de un Cohen, dijo el Jafetz Jaim, y espero que pueda ayudarte así: que Hashem te ayude y tengas éxito en todo lo que hagas… Pero, tienes que tener un gran cuidado, y aprovechar esta oportunidad con inteligencia.

El hombre salió de la casa del Jafetz Jaim, alegre y lleno de esperanza. Estaba contento con su bendición, a pesar de que al final, escuchó del Jafetz Jaim una advertencia muy clara, debía aprovechar la oportunidad con inteligencia.

Se despidió del Jafetz Jaim y durante todo el camino de vuelta iba pensando: ¿Qué cosa será más conveniente para hacer? Debo buscar algo que merezca la pena hacer para recibir la bendición del Jafetz Jaim. Tengo en mi mano una bendición muy preciada, y tengo que aprovecharla. Y además, usar la inteligencia…

De pronto, una idea brillante pasó por su cabeza: lo primero que hará cuando vuelva a su ciudad, será comprar un billete de la lotería estatal… Entró al negocio, y por supuesto, no tenía dinero para pagar el billete. De todas formas lo llevó, asegurando que lo pagaría un rato más tarde. Pidió prestado dinero y lo pagó…

Tenía confianza absoluta en la bendición del justo, que le dio semejante bendición: tener éxito en cualquier cosa que haga…

Y en verdad, así fue, la bendición surtió efecto completamente: ¡ganó el primer premio de la lotería! Miles y miles de rublos, una gran fortuna…

En un instante, se convirtió en multimillonario. Lo primero que hizo fue pagar sus deudas y traer a los mejores médicos para curar a su esposa. El segundo paso, preparar una generosa “dote” para su hija.

Durante todo el día tenía gente proponiéndole hacer nuevos negocios. Todos querían ser socios del nuevo millonario y le ofrecían negocios increíbles. En su cabeza había una mezcla de inversiones de todos los tipos. Tenía que elegir qué hacer con tantas propuestas.

Finalmente después de mucho análisis, se inclinó por la Bolsa, haciendo inversiones futuras, comprando acciones y valores empresariales. Los valores en juego eran muy altos, con esperanza de grandes ganancias, pero también con mucho peligro.

Sin tener el menor conocimiento sobre finanzas, puso en juego una gran cantidad de dinero, y en un tiempo muy corto, perdió toda su fortuna, y otra vez, pero ahora en una escala mucho mayor, estaba envuelto en grandes deudas, con demandas penales, juicios, y solamente le quedaba esperar las resoluciones que le impondrían pesados castigos…

Pero esta vez era diferente, sabía muy bien cuál era el camino a seguir para no continuar con las penurias. De inmediato emprendió el camino hacia Radin, a la casa del justo. Otra vez iría para recibir su bendición, para comprar otro billete de lotería…

Llegó a Radin, y le contó al Jafetz Jaim su nueva historia…

Para su sorpresa, el justo le contestó: estoy muy apenado, pero no puedo ayudarte otra vez…

¿Por qué?, preguntó con desesperación, ¿el Rabi tiene una sola bendición para dar?

El Rabi ya me dio una bendición, puede darme ahora otra bendición…

Con mucho dolor, el Jafetz Jaim le dijo: te hice una advertencia muy importante, que cuides la bendición con inteligencia.

Ven, hijo mío, yo te voy a explicar: antes del nacimiento de cada persona, está decretado su destino. Queda establecido si será pobre o rico, sabio o ignorante. También sobre ti hubo un decreto, sea cual fuere. Cuando viniste a mí, sentí una gran piedad por ti, y le pedí al Bore Olam con toda mi fuerza, que te dé de una sola vez todo el sustento que fue decretado para toda tu vida.

Por eso te pedí que fueras inteligente, y que aproveches la bendición, y en lugar de aprovecharla, la despreciaste…

Y esto puede compararse con un barril de vino. Se puede sacar vino del barril con una caña delgada, en su parte inferior, o se puede quitar la tapa superior y volcar todo el contenido en un segundo. Yo tenía la esperanza de que uses tu inteligencia, y no solamente para utilizar el dinero con cuidado, sino también estaba seguro de que podrías multiplicarlo, duplicarlo o triplicarlo, aportando Tzedaka, caridad, o realizando obras de favor, apoyando a las instituciones de Tora y a los estudiantes. Cuando realizamos este tipo de acciones tenemos la garantía del Bore Olam, que nos asegura que se abrirán los Portones del Cielo para entregar una Bendición sin límite. De esta forma, si el barril se vacía, vuelve a llenarse, con abundancia.

Pero no hiciste nada de esto, permitiste que el barril se vacíe por completo, ¿cómo puedo ayudarte ahora?...

Y así es en nuestra realidad, de nuestra perasha aprendemos el mismo mensaje del relato, con respecto a las bendiciones para los que cuidan los preceptos, tanto en lo personal como para la comunidad entera. Vivimos en un mundo donde nos inundan con publicaciones, la propaganda nos ahoga, ¿cómo podemos mejorar nuestra situación sin que toda esa información, que intenta torcernos, nos empuje a equivocarnos? Y si nos detenemos a pensar, veremos que todos esos consejos quieren tirar por tierra nuestra elevación, tratan de esconder el verdadero camino a seguir, el más seguro, y la garantía de éxito que nos da el Bore Olam: volver al camino de la Tora, para recibir las Bendiciones del Cielo, hasta llenar nuestros barriles de bendición…

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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