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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Shlaj Lejá
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

 

¿12 ESPIAS?

“un hombre, un hombre, enviarán de cada tribu”

(Bamidvar 13,2)

 

Contaba el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l, sobre el gaon rabi Efraim Zalmen Margaliot ztz”l, rab de la ciudad Brodi, donde cada persona que quería hablar en el Beit Hakneset, necesitaba el permiso especial del rab.

Un día se le presentó un estudiante, y le pidió permiso para dictar una conferencia. El rab le preguntó cómo se llamaba.

Shlomo Kluguer, contestó.

¿Y qué es lo que usted quiere hacer?

Obtener su permiso para hablar en el Beit Hakneset.

¿Sobre qué y para qué?

La pregunta no turbó al estudiante, ni lo hizo dudar, y le dijo: primeramente fui rab en la ciudad de Kolkov, y de allí me llamaron para ejercer como rab en la ciudad de Iuzaf. Allí, tuve que desplazar al Shojet (quien degollaba los animales para el consumo) de sus funciones, y todos los habitantes de la ciudad se levantaron contra mí.

Me cansé de ser rab, llegué a esta ciudad, para enseñar la Tora a los niños de Israel. Pero aquí nadie me conoce. Por eso, le pido permiso al rab para hablar delante de la congregación, así me conocerán y enviarán a sus niños para que yo les enseñe…

El rab le dio su permiso.

Rabi Shlomo Kluguer agregó que se sentiría muy honrado si el rab de la ciudad estaba presente en su disertación. De esa forma entraría en lo que dicen nuestros sabios, que debemos hacer “negocios” con un Talmid Jajam, y así la recompensa será mayor (Berajot 34b).

Dijo el rab: usted hablará entre Minja y Arvit, con seguridad estaré allí y escucharé sus palabras.

La conferencia se desarrolló en la semana de la perashat Shelaj, y rabi Shlomo Kluguer planteó una discusión muy fuerte y extensa sobre el tema de los espías. Los estudiantes no podían sostenerse en sus asientos por la tensión y la profundidad del estudio planteado. La exposición fue brillante, todo el mundo se sentía satisfecho de haber presenciado una charla con tanta diversidad de opiniones, ordenada con gran claridad. Al terminar la conferencia, el nivel de ruido en el Beit Hakneset era muy alto, todos felicitaban en voz alta al disertante, estaban realmente asombrados.

Pero al bajar del estrado, rabi Shlomo notó un gesto duro en el rab de la ciudad. Se acercó: ¿acaso al honorable rab no le agradó la disertación?

Contestó el rab: sus palabras fueron tan brillantes, excelentes, que hasta nuestros más grandes estudiantes quedaron perdidos de tanta profundidad, ya que de acuerdo a sus deducciones, los espías fueron veinticuatro, y no doce…

Rabi Shlomo Kluguer se sorprendió: seguro que fueron veinticuatro, está escrito explícitamente en el Talmud Ierushalmi, y los Tosafot lo confirman.

Al instante, rabi Efraim Zalmen Margaliot lo recordó, y dijo: entonces, no enseñarás a los niños de nuestra ciudad, sino que ¡serás el encargado de disertar para nuestra congregación!, ya que los Tosafot se basan en las palabras de rabi Akiva sobre el versículo: “un hombre, un hombre, enviarán de cada tribu”, lo que nos indica que de cada tribu enviarán dos hombres, el príncipe, y su ayudante, y juntos podrán cargar los frutos de la tierra y traerlos frente a Moshe Rabenu…

¡Qué final! Lo normal sería mandar un espía o dos, como envió Iehoshua Bin Nun. Y a Moshe Rabenu, Hashem le ordena mandar doce, con sus ayudantes. Un grupo de veinticuatro personas, y nadie prestó atención a esto, un maravilloso milagro!

Y cuando analizamos el tema, nos sorprende el gran Favor de Hashem. Porque en verdad, ellos eran príncipes. “Todos eran hombres”, importantes, “cabezas de los hijos de Israel”. ¿Y quién les iba a cargar el Talit y los Tefilin?, ¿quién iba a llevar el bolsito para ir a la Mikve (el baño ritual)?, ¿quién iba a cargar con la comida para el camino? Además de ser príncipes, eran ancianos, sabios, no era digno para estas personas llevar cosas a cuestas, por eso se preocuparon para que alguien se encargue de transportar sus objetos personales. Desde el Cielo llegó la orden para que ellos tengan ayuda…

¡Cuánto necesitaban agradecer, reconocer el bien que les hicieron!

¿Cómo, entonces, cómo pudieron renegar al agradecimiento? Tenían muchas más razones para agradecer y fueron desagradecidos…

Hasta nosotros estamos asombrados de su proceder, pero, ¿por qué nos asombramos?

¿Cuántos ayudantes tenemos nosotros?, ¿cuánto tenemos que agradecer, reconocer el bien que recibimos?

“Un toro de un día se llama toro” (Baba Kama 65b), ya es un ser independiente, que puede arreglarse por sí solo. Y un bebé, veamos a qué atención especial se hace merecedor desde que nace, una atención que lo acompañara durante toda su niñez.

Podemos decir que un bebé, desde que nace, está tan bien atendido como lo fue, sin comparaciones, Adam Harishon en el Gan Eden (Sanhedrin 59b). O como la Generación del Desierto (que Hakadosh Baruj Hu cuidaba y protegía), sobre la que está dicho “no faltaba ninguna cosa” (Devarim 2,7).

Y no sé si se puede decir que sea por casualidad, pero al Angel y a las Nubes de Honor que acompañaban al pueblo en el desierto, los llamaron “mamá”.

Y dijeron después, que la Tora fue dada exclusivamente a los que comieron el Man, y dos entre ellos comieron Teruma (Mejilta), entonces, la tercera parte estudiaron en Ieshivot!

Y cuando Hakadosh Baruj Hu dio su Ayuda para encontrarle al hombre a su “ayuda en contra” (a su esposa)… El hombre trae el trigo del mercado, ¿el trigo se come? Trae algodón del mercado, ¿nos vestimos con algodón?

Es la mujer, la que comienza moliendo el trigo y termina horneando el pan, pasando por una gran cantidad de tareas entre el principio y el fin. La mujer tomará el algodón, lo hará hilo, le dará color y quién sabe cuántas otras cosas hasta obtener prendas para vestir (Berajot 58a).

Eso era antes, ¿y en nuestra generación?

En nuestra generación, mientras el hombre estudia, es la mujer la que también trae a la casa el trigo y el algodón. No en todas las casas, pero sí en muchas…

Claro, diremos que nosotros sí sabemos reconocer el bien que recibimos. ¿Sabemos? A nuestros padres, a la dirección de la Ieshiva o de la escuela, a nuestras esposas… Todos ellos fueron, son y serán nuestros ayudantes, los que llevan nuestros objetos…

A todos los que se han preocupado por nosotros, con tanto amor hacia nosotros…

Pero tal vez, nosotros somos… ¿iguales a los espías?!

Ya mismo cambiamos el título del estudio:

EL ESPIA QUE LLEVAMOS DENTRO…

Un punto más.

Ellos, los espías, tenían ayudantes, pero el gran racimo de uvas y los frutos de la tierra, los llevaron ellos mismos. No permitieron que los ayudantes los transporten. Porque Moshe Rabenu les ordenó: “se fortalecerán y tomarán los frutos de la tierra”. Esta fue la orden que recibieron de Moshe Rabenu, y no podían pasarle el paquete a otro. Dieciséis hombres llevaron sobre los hombros el racimo que pesaba diez toneladas, y caminaron cientos de kilómetros.

Ellos fueron ordenados, y nosotros también fuimos ordenados. Puede ser, nosotros también ayudamos, y no poco, pero, ¿ayudamos a las madres a transportar los “racimos” pesados?, o por lo menos, deberíamos tratar de no hacer que sean más pesados para ellas. Nosotros, los que somos esposos, ¿ayudamos a nuestras esposas? Vamos, a poner el hombro y llevar parte de la carga.

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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