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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Koraj
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

COMPARACIONES

“toda su casa llena de oro y plata”

(Bamidvar 22,18)

Esto frente a esto. La Mishna, en el Pirke Avot, compara (algo incomparable) la imagen de Abraham Avinu, el padre de toda una nación, frente a la presencia de Bilam, el malvado. Y así los describe: todo el que tenga estas tres virtudes, se cuenta entre los alumnos de Abraham Avinu, y quien tenga otras tres cosas (que no podemos llamar virtudes), será contado entre los alumnos (si puede decirse alumnos) de Bilam, el malvado. Un buen ojo, la humildad y una tranquilidad del alma, son de las cualidades de los alumnos de Abraham Avinu. El mal ojo, la altanería y la voracidad, son las características que encontramos entre los alumnos de Bilam Harasha (Pirke Avot 5,19).

¿Qué diferencias encontramos entre Abraham Avinu y Bilam Harasha? (si es que puede preguntarse).

Abraham Avinu tiene un buen ojo. Hakadosh Baruj Hu le dio ganado, plata y oro, y Abraham no tomó todo esto para sí mismo, sino que abrió una posada para albergar a las personas que viajaban por el desierto, gratuitamente.

¿Y Bilam?

No solamente que no compartió sus posesiones con ningún hombre, no solamente que siempre usó sus poderes para el mal y no para el bien, poniendo su ojo para hacer el mal, tirando maldiciones aquí y allá, enviando sufrimientos. Además, por si fuera poco, todo el mal que hizo y provocó, no lo hizo gratuitamente…, con su único ojo buscaba el dinero de los demás: si Balak me diera toda su casa llena de plata y oro. Su casa llena, no menos de eso. No un cuarto lleno, no una casa llena, sino el palacio del rey. Y el palacio del rey, además, debería estar lleno de oro y plata, nada menos. Esos son “grandes ojos”. Pura soberbia, y deseos de llevarse todo lo que esté a su paso…

Y esta característica, dice la Mishna, es como un examen, para validar cierta posición, de acuerdo a esto diremos si el hombre se cuenta entre los alumnos de Abraham Avinu, o si debemos dictaminar que su camino es como el de Bilam Harasha. Si tiene buen ojo, y está dispuesto a dar de lo propio para sus semejantes, o si su inclinación lo lleva a desear el dinero de los demás, y así aumentar y aumentar sus posesiones… (Tosafot Iom Tov)

Y esto nos recuerda un relato. Cuatro generaciones más atrás, un reino malvado quiso confundir los caminos del pueblo de Israel, introduciendo ideas extrañas. Levantaron un instituto, llamado “Beit Midrash Larabanim”, casa de estudio para rabinos, una especie de establecimiento de estudios superiores del que saldrían rabinos para Israel. Se entiende, que se produjo una gran oposición al cambio de nuestras tradiciones, aceptadas en Israel durante tantas generaciones. Pero, el emperador no entendía la causa de las quejas y por qué debían hacer tanto ruido en contra del ambicioso proyecto. ¿Cuál es el problema si estudian de acuerdo a un nuevo programa de estudio en una especie de universidad?, preguntaba el emperador. ¿Acaso no es lo mismo que para un doctor o un abogado?

Tratemos de explicarle esto al emperador que no es iehudi…

El gaon, rabi Israel Salanter ztz”l encontró un paralelo muy especial, y pensaba que el emperador también podría comprenderlo.

El rab le hizo una pregunta al emperador: estamos ante una situación muy especial.

Cuando recurrimos a un doctor, debemos pagarle con dinero, con mucho dinero. Y no sólo por el tratamiento, sino también por sus consejos. Y cuanto más grande es el doctor, cuando se especializa más, el precio sube y sobrepasa las nubes. Y si hay que realizar una operación, deberemos llenar sus manos, sus bolsillos, su mente, de dinero. Pero siempre, a medida que nuestro pago es más grande, mejora nuestra relación con el doctor, que se convierte, sin dudas, en un “aceite puro de oliva”.

Algo parecido ocurre con los abogados. Si el pago es suficiente para él, se entregará con todo su ser en nuestro juicio, buscará todas las posibilidades para defendernos, y obtendremos brillantes resultados. Pero, si un hombre pobre contrata sus servicios, su trabajo dejará mucho que desear. Y si el dinero no alcanza, tampoco habrá soluciones…

En cambio con los rabanim, la relación es a la inversa. Un hombre va a hacerle una pregunta, a aconsejarse en determinado asunto, y es recibido de la mejor forma, sin que tenga que desembolsar ni un centavo. “El que cobra por un juicio, hace nulo el juicio”, dice la Mishna (Bejorot 4,6).

Y hay más: además el rab es considerado como la “vela de mis pasos”, porque para el rab, un juicio sobre una moneda es como un juicio por muchas monedas. No hará diferencia entre un pobre y un rico, siempre su juicio será sin preferencias, objetivo… Como cuando se presenta un hombre pobre delante de un rab para preguntar si su gallina está permitida para comer, porque si está prohibida, será para el pobre una gran pérdida. O en el caso de una mujer que no sabe de la suerte de su marido, y que está buscando un permiso para poder casarse, ya que no tiene cómo saber si su marido está o no con vida, después de esperarlo durante años y años, sin tener noticias sobre su existencia.

El corazón del rab está “abierto” ante la necesidad del pobre o el sufrimiento o el dolor de las personas. Y las puertas de su casa, abiertas día y noche. Pero se hizo necesaria una advertencia: no favorecerás al pobre (Shemot 23,3).

Y no solamente que no desean ni el oro ni la plata, sino que ellos, los rabanim, reparten caridad en la medida de sus posibilidades.

Dígame, por favor, señor emperador, ¿qué significa esta diferencia entre un rab y un abogado, o entre un justo y un doctor?

El emperador pensó, pensó, y no encontró ninguna respuesta.

Yo le voy a contestar, con su permiso, señor emperador, dijo el gaon, respondiendo a su misma pregunta. El doctor estudia en una universidad para alcanzar su objetivo. Y su objetivo es, su profesión, ser un especialista. Y la finalidad por la cual debe ser un especialista, es, simplemente, la riqueza. Cuanto más se especialice, más será el dinero que podrá hacer llegar a sus bolsillos. Si durante sus años de estudio tiene que soportar problemas o sufrimientos, todo será en pos de su finalidad, la riqueza que espera tener cuando pueda ejercer su profesión. Y cuando tenga dinero, sentirá que consiguió lo que buscaba.

Pero el rab, estudia en una Ieshiva, luego en un Colel, por el solo hecho de estudiar, porque Hakadosh Baruj Hu nos ordena ocuparnos de Su Tora. Y este es el camino de la Tora: comerás pan con sal, y te esforzarás en la Tora. Por eso, el corazón del rab siempre estará junto al pobre y junto al que padece sufrimientos. Solamente cuando no tenga alternativa, el rab puede salir del Colel, pero su espíritu, permanecerá siempre junto a los que tienen padecimientos…

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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