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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Pinjas
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



EL PASTOR Y SU REBAÑO

“el hombre, en el que está su espíritu” (Bamidvar 27,18)

 

En nuestra perasha, Moshe Rabenu Alav Hashalom, el pastor honesto, le pide a Hakadosh Baruj Hu, que nombre a una persona sobre la congregación, para que lo suceda cuando deje este mundo. Y Hashem le ordena apoyar su mano sobre Iehoshua Bin Nun, para nombrarlo su sucesor, el próximo conductor del pueblo.

¿Cuáles son las exigencias para ser un conductor? ¿Cómo debe ser su forma de ser? Iehoshua era “un hombre en el cual se posa el espíritu”, así lo describe Hashem Itbaraj. Y rabenu Abraham Ibn Ezra ztz”l se pregunta: ¿acaso en todo hombre vivo no existe el espíritu? Sí, todo hombre tiene espíritu, pero aquí la intención se refiere a otro espíritu, a la elevación del espíritu.

Siempre hemos escuchado sobre conductores (para no decir políticos en campaña) que garantizan o aseguran la paz y la seguridad en el país, que crearán puestos de trabajo para que no exista el desempleo, que los hospitales serán modernizados y ampliados para que ninguna persona enferma se prive de su curación, etc., etc., etc.

Todas esas cosas son importantes. Pero todavía no hablamos sobre la capacidad de dicha persona para convertirse en conductor. Garantizar cosas buenas no es lo mismo que conducir. Puede ser que necesitemos un buen ministro de defensa o del tesoro o de salud. Pero para que un hombre esté sobre la congregación, para ser capaz de gobernarla, necesita otras características, conocer a su pueblo, sus necesidades, sus sentimientos…

¿Quién fue el conductor hasta ese momento? El pastor honesto, Moshe Rabenu.

Decía el gaon, rabi Abraham Iafen ztz”l, Rosh Ieshivat Novardok: hace cien años, en la guerra entre Rusia y Japón, las Ieshivot se abstuvieron de enviar personas al exterior para reunir donaciones, porque tenían el temor de que los enviados fueran acusados de terrorismo o espionaje, ya que recorrían varios países, y algunos eran del bando opuesto al lugar donde habían nacido, con lo cual, no sería muy difícil acusarlos. Los gobiernos corruptos buscaban “chivos emisarios” para volcar la culpabilidad de sus derrotas en los campos de batalla, y las Ieshivot no podían entregar iehudim para que se cumplan los fines de los gobernantes. Las donaciones descendieron hasta desaparecer, y muchas Ieshivot ya estaban en crisis…

Las deudas subían y los comerciantes ya no querían dar más crédito. Los estudiantes estaban hambrientos, ni siquiera había pan, sin exagerar. Era tanta la escasez, que por las noches estudiaban a oscuras, de memoria, porque no tenían la forma de comprar un poco de kerosén para encender las lámparas…

Los Rashei Ieshivot convocaron a una reunión de urgencia, para tomar una decisión respecto a esa situación desesperante. Decidieron, que al no poder enviar gente para recaudar fondos en el exterior, deberían intentar juntar dinero allí mismo, dentro del país, entre los iehudim de Rusia.

Mientras tanto, el país continuaba en guerra, y estaba enrolando en las filas del ejército a todos los ciudadanos aptos para el trabajo, con lo cual toda la estructura económica del país estaba distorsionada.

La situación empeoraba, y ningún empresario se arriesgaba a tomar decisiones, simplemente, se cruzaron de brazos, ya que no sabían qué nuevo sufrimiento podía nacer ese mismo día.

Los Rashei Ieshivot resolvieron que para salvar las Ieshivot había que hacer “algo”: que ellos mismos sean los enviados hasta las puertas de los donantes. Solamente ellos, podían sentir lo que sentían sus alumnos hambrientos y transmitir ese sentimiento a los hombres con posibilidades de realizar donaciones. Ellos podrían convencerlos, porque las palabras que salen del corazón, llegan al corazón.

Prepararon un listado de los Rashei Ieshivot, y fueron agrupados de dos en dos. Ellos serían los encargados de salvar a las Ieshivot, en un momento tan difícil como ese. La decisión fue recibida con una aprobación general, al menos, eso parecía.

De pronto, se levantó el Saba Minovardok ztz”l, quien fue el promotor que estableció la red de Ieshivot tan renombrada, y dijo: Es verdad, la situación de las Ieshivot es muy comprometedora, no podía ser peor. Los estudiantes han llegado al punto de que les falta hasta el pan, ¡Hashem nos guarde! Pero, yo pienso, que si los Rashei Ieshivot salen a juntar dinero, puede ser que vuelvan con bolsas de pan…, pero ¡no encontrarán a sus alumnos! Ustedes hagan lo que les parezca, yo volveré con mis alumnos… Y abandonó la reunión…

Desde luego, las palabras del Saba llegaron a los oídos de todos los presentes, y por varios minutos reinó un silencio terrorífico. Llegó una carta a Novardok, escrita por el gaon, rabi Iser Zalmen Meltzer ztz”l, Rosh Ieshivat Slotzk, diciendo que las palabras tan exactas y punzantes del Saba Minovardok salvaron el mundo de las Ieshivot.

Este es el ejemplo del conductor de Israel, aquí vemos al hombre en el que se posó el espíritu. El hombre que está por sobre la congregación. Y cuando a todos nos duele, a él, el dolor, le llega hasta lo más profundo del corazón. El hambre y las privaciones… El sabe que la harina es lo accesorio y la Tora lo principal. Desde luego, necesitamos comer para vivir. Sabemos que la parte material es el instrumento para llegar al fin espiritual. Y así como todos se preocuparon por lo material, por el alimento y la comodidad de sus alumnos, él también se asoció a la reunión, preocupado por la situación. Y aportó su consejo, porque cuando vio que todos saldrían a buscar el pan, él no aceptó que la recaudación se realice a cuenta de lo principal. No podrían salir a buscar el pan dejando abandonados a sus alumnos, no podían salir dejando el rebaño sin pastor. Aquí podemos ver al pastor honesto…

Y en verdad, en la práctica, cada uno de nosotros, cada padre de familia, es el conductor de su pequeño rebaño. Se preocupa por el sustento, y de traer el pan a la casa. Y debemos aprender del relato, para saber si movemos nuestras piernas en busca del sustento a cuenta de la espiritualidad de nuestras ovejitas, que fueron puestas en nuestras manos. Tenemos que analizar muy bien si la harina no llega en desmedro de la Tora, Jalila. Y tal vez, si necesitamos santificar más tiempo para la familia, para nuestros niños…

Es un punto fundamental, que requiere meditación y acción.

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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