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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Devarim
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



¡CUIDADO! CAMPO MINADO…

“estas son las palabras” (Devarim 1,1)

Cinco semanas antes de su partida hacia el Mundo de la Verdad, Moshe Rabenu comienza a recitar frente a todo el pueblo el “Sefer Devarim”, el libro de Devarim, el libro de los reproches. Y nos viene a enseñar que no reprochó al pueblo hasta que se aproximó su muerte, así escribió Rashi, en nombre del Sifri.

Por este motivo, cuando Hakadosh Baruj Hu envía al profeta Irmiahu a reprochar al pueblo de Israel, el profeta le contesta: Hashem Elokim, yo no sé ninguna cosa, porque soy muy joven (Irmiah 1,6). Explica Rashi: yo no soy digno para reprochar a Israel. Moshe Rabenu reprochó al pueblo cuando se aproximaba su muerte. Yo, ahora, estoy sólo al comienzo de mi misión, ¿cómo podría reprocharlos?

Pero, de todos modos, Irmiahu fue enviado a reprochar al pueblo. Su objeción no fue aceptada.

¿Por qué?

Porque hay una diferencia abismal entre el reproche de Moshe Rabenu y el reproche del profeta Irmiahu. No es posible compararlos. Moshe Rabenu pone sobre la mesa los pecados que el pueblo cometió, se los recuerda, y los utiliza como enseñanza para el futuro. Para que el pueblo piense y medite sobre lo que hizo y mejore su comportamiento. Este tipo de reproche puede esperar el momento oportuno para que sus resultados sean óptimos. Y también puede esperar a la persona correcta en el lugar adecuado…

Pero, el profeta Irmiahu es enviado para advertir al pueblo, con urgencia, y decirles: ¡Deténganse! ¡No sigan! Están parados al borde del precipicio, a punto de caer. Si siguen por el mismo camino ocurrirá una catástrofe, lo alenu. No creo que ustedes quieran traer la destrucción del Beit Hamikdash.

En un caso de esta índole, no se puede esperar, hay que actuar según la urgencia del momento. Una persona que ve a su compañero que avanza sin prestar atención en un campo minado, no puede decir: estoy libre de advertirlo, porque todavía soy un joven, sin experiencia, yo no soy como Moshe Rabenu, que esperó hasta la proximidad de su muerte… Esta persona está obligada, sin importar edad, sin importar su posición. Tiene que gritar y salvarlo, advertirle sobre el peligro inminente…

¡Qué exactas son estas palabras para nuestra generación y para nuestra situación! La persona que tiene en su mano la posibilidad de ayudar y de influir sobre otras personas, de enseñar y trabajar por la espiritualidad de nuestro pueblo…, no puede cruzarse de brazos con la excusa: yo no sé de qué se trata, porque soy muy joven. Frente a nuestros ojos, muchas personas están entrando en un campo minado, y no se dan cuenta. Nosotros lo sabemos, ¿podemos quedarnos callados, cruzados de brazos? Debemos correr e iluminar el camino correcto, para que vean por dónde caminan, hacia dónde los lleva ese transitar con los ojos cerrados. Y por sobre todo, debemos apurarnos, antes de que sea tarde…

Este Shabat, leemos la Haftara de “Jazon Ieshaiahu”. Es sabido, que se pararon frente a Israel, un millón doscientos mil profetas, pero no todas las profecías fueron escritas, sino sólo las que serían necesarias para las generaciones.

Esta profecía, “Jazon Ieshaiahu”, también fue escrita para nosotros, por lo cual, debemos buscarnos dentro de la profecía, para encontrar qué debemos aprender. Y, lamentablemente, no es difícil encontrar las palabras que el profeta quiere trasmitirnos.

“Escuchen los cielos, escuche la tierra… Tengo hijos, los hice crecer y elevarse, y ellos pecaron hacia Mí”. ¿Qué les dice a ellos el profeta, en ese tiempo? Ustedes tienen un país, son independientes, tienen gobierno, ejército, economía. Grandeza y esplendor… Y ahora le dan la espalda a Quien les dio todo esto…

Sigamos adelante: “El toro conoce a su dueño y el burro sabe que después del trabajo lo espera una montaña de comida. Israel no sabe, Mi Pueblo no piensa”. En el libro “Rashei Besamim”, del gaon, rabi Janina Zohar ztz”l de Maroco, encontramos una explicación maravillosa.

Sobre el Midrash (Pesikta Rabati 14), dijeron nuestros maestros:

Un iehudi tenía una vaca para arrastrar el arado y preparar su campo para la siembra. Se empobreció, y tuvo que vender su vaca a un no iehudi.

El nuevo dueño, tomó la vaca y la puso a sembrar su campo durante los seis días de la semana. En Shabat, sacó a su vaca al campo para seguir sembrando, pero la máquina de arar se le cayó encima. Trató de levantarla y poner al animal en su lugar, y nada. La golpeó, le gritó, pero la vaca no se movía de su lugar.

El iehudi vio lo que estaba pasando y entendió de inmediato: su antigua vaca estaba acostumbrada a descansar en Shabat.

Se acercó al no iehudi, y le dijo: ven conmigo, yo haré que tu vaca se levante.

Fueron juntos y el iehudi le habló al oído a la vaca: ¡Vaca, vaca! Tú sabes, que mientras estabas bajo mi mano, sembrábamos los seis días de la semana y en Shabat, todos descansábamos. Ahora, que debido a mis pecados me empobrecí y tuve que venderte, estás bajo el dominio de un no iehudi. Por eso te pido, levántate y trabaja para tu nuevo dueño. Y de inmediato la vaca se levantó…

El no iehudi le dijo: ¡yo te pido, llévate tu vaca, ella está embrujada! Pero, no te dejaré ir hasta que me digas qué fue lo que le hablaste al oído. Porque yo enloquecí, le grité, la empujé, le di golpes, y nada, no se quiso levantar…

El iehudi se disculpó y le dijo: yo no hice ninguna brujería, solamente le hablé y le expliqué que ahora ya no podrá descansar en Shabat como cuando estaba bajo mi dominio. Entonces se levantó y comenzó a hacer su trabajo.

El no iehudi sintió un gran temor. Y dijo: Una vaca, es sólo una vaca, que no puede hablar ni tiene entendimiento. Sin embargo, reconoce a su dueño y a Su Creador. Yo, que fui creado a Su Imagen y Semejanza. Hashem me dio inteligencia, ¿y no puedo reconocer a Mi Creador?

De inmediato se convirtió al judaísmo y se sentó a estudiar Tora con gran constancia. Fue llamado “Ionatan Ben Torta” (Ionatan, el hijo de la vaca), y hasta el día de hoy, nuestros sabios dicen las leyes en su nombre…

Y estudiamos más (Julin 7b), que rabi Pinjas Ben Iair estaba en camino a realizar un precepto. Por la noche, llegó a una hostería, y puso a su burro a descansar. Lo colocó frente a una montaña de cebada, y el burro no quiso comer. Lo llevó a otro lugar, donde había otra comida, y tampoco comió.

Dijo rabi Pinjas Ben Iair: seguramente, a estas espigas no le han sacado el diezmo (el Maaser). Separaron el diezmo, y el burro se dispuso a comer.

Ellos dijeron: ya pudieron ver, a un animal como éste, que tiene un dueño pobre y la comida no está siempre frente a él, sin embargo, hace la Voluntad de su Creador, ¿y ustedes pretenden darle de comer “Tevel” (un alimento al que no se le separó el diezmo)?

Por todo esto, el profeta nos quiso indicar: “el toro conoce a su dueño”, como esa vaca que sabía que su dueño no le exigiría trabajar en Shabat. “el burro sabe que tiene su comida frente a él”, como el burro que entendía, si no se separaron las Trumot Umasrot (Teruma y Maaser) como indica la Halaja (la ley), no se puede comer.

En cambio, “Israel no sabe, Mi Pueblo no piensa”. ¿Son peores que estos animales?, hemos perdido la sensibilidad natural frente al pecado.

Pobre la persona que ha perdido el sentido natural, que perdió la necesidad de hacer el bien y apartarse del mal. Es peor que el toro y el burro, que conocen a su dueño y a su comida, mientras que “Israel, no sabe”.

Está bien. ¿Pero por qué? “Mi Pueblo no piensa”. Podemos pensar en lo que ocurre, pensar en los sucesos que pasan delante de nuestros ojos, pero, ¡debemos abrir los ojos!

Y aquí, nosotros estamos viendo que cuando abandonamos, lo alenu, a Hashem, e intentamos andar por otros caminos, peleamos, corremos, vamos de un lado a otro, sin detenernos…, y además, sin conseguir nada. Se nos cierran todas las puertas. Tenemos que retirarnos, volver atrás, y toda nuestra seguridad se va al piso, junto con la economía. Entonces, los cielos se cierran, deja de llover, el Kineret sigue bajando su nivel, y todo el funcionamiento del país se estremece y no puede funcionar en su normalidad. ¿Por qué tenemos que soportar todo esto? Simplemente porque no abrimos los ojos, porque no rectificamos nuestros caminos. Simplemente, si nos acercamos a escuchar, la tierra nos dará sus frutos. Pero si queremos pelear contra la realidad, la espada nos comerá, Hashem nos guarde…

La Haftara resulta demasiado actual, y tenemos la posibilidad de corregirnos y traer la “Salvación”: ¡Tzion será rescatada con justicia, y saldrá del cautiverio con Tzedaka!

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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