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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Vaetjanan
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

NUESTRA MISION: DAR MERITOS

Zikui Harabim, dos palabritas casi imposibles de traducir del hebreo. Y cuyo significado es tan amplio. En pocas palabras, trabajar y luchar para que nuestro esfuerzo llegue al corazón de la gente y todos, ellos y nosotros, podamos mejorar en el cumplimiento de los preceptos, elevando nuestro nivel espiritual.

“y amarás a Hashem, Tu D-s” (Devarim 6,6) En nuestra perasha, hay un precepto de “hacer”, que a la vez es una orden. “Y amarás a Hashem, Tu D-s”, y nuestros sabios comentaron: “que el Nombre del Cielo sea querido, valorado, apreciado, gracias a tus acciones”.

¿Qué quisieron decir con esto nuestros sabios?

Y vamos a tratar de contestar a través de otra pregunta: ¿Qué sucede cuando una persona hace todo lo que nos ordena la Tora?

Esta persona podrá llamarse “Ben Tora”, o hijo de la Tora, porque se conduce cuidando nuestra sagrada Tora y sus preceptos, porque siente temor ante La Palabra de Hashem.

Y también, tal vez, sólo tal vez en menor medida, todo el que se cubra la cabeza con una “Kipa”, se ve por el resto de la gente como una persona observante de la Tora, y es observado tanto como un “Ben Tora”… Porque si yo visto la “Kipa” significa que Existe Alguien sobre mí, Alguien por quien siento temor y respeto…

Todos los que muestran vivir según la Tora, sin excepción, tienen que ser vistos, para toda la gente, como personas que se comportan de una manera ejemplar, que agrada a la vista…

Tiene que ser digno de imitarse, ser como el símbolo de la amabilidad, la cortesía y la educación, santificando el Nombre del Cielo para toda persona que lo vea.

Y esto es una obligación. Debe poner un cerco a sus palabras, con moderación para evitar el desenfreno, estar parado con paciencia cuando espera su turno, cuidar la limpieza de su vestimenta, en su casa y también fuera de su casa.

Es imposible describir la recompensa que recibiremos por santificar el Nombre de Hashem, como tampoco hay palabras para describir lo terrible que es profanarlo.

Pero en el Sifri, hicieron una explicación diferente, que nos agrega algo importante: “y amarás a Hashem, Tu D-s”, amando a todas las creaciones, como Abraham, tu padre. Como está escrito: “y las almas que hizo en Jaran” (Bereshit 12,5).

¿Qué significa “que hizo”?

¿Acaso podemos pensar que cualquier creación del mundo puede crear un mosquito y colocarle dentro de su cuerpito un alma? Sin duda, la respuesta es negativa, nadie puede “crear”. Entonces, ¿qué nos quiere enseñar “y las almas que hizo en Jaran”?

Nos enseña que Abraham Avinu convirtió a toda esa gente al iahadut, los colocó bajo las “alas” de la Divinidad.

Abraham Avinu convirtió a personas de otros pueblos. De todos los pueblos, porque hasta entonces, él y su esposa, Sara Imenu, eran los únicos iehudim de toda la tierra.

Nuestra misión, sin embargo, es mucho más difícil. No tenemos que intentar convertir a los no iehudim. Desde luego, que un no iehudi que quiere acercarse sinceramente a nuestra forma de vida y se compromete a ser un buen iehudi, será aceptado. Pero ese no es nuestro trabajo, es el trabajo del Beit Din que se ocupa de esos asuntos.

Nosotros debemos “trabajar” con nuestros queridos hermanos, que por una causa u otra, se desviaron de la fuente de vida. Vientos extraños apartaron sus almas de nuestras raíces, vientos que pueden dar vuelta la vida de tantas personas. Esos vientos avanzan lentamente, y están en manos de personas que, lamentablemente, a veces con intención, a veces sin intención, transforman en algo extraño a nuestra herencia milenaria. La finalidad que ellos tienen, si es que existe o se puede llamar finalidad, es dañar, arrancar las raíces. Y después de que el viento cambia, o pasa, queda al descubierto el daño: desconectar a grandes cantidades de iehudim de sus tradiciones, de su herencia.

Y como está escrito (Shir Hashirim 8,7), que las aguas pueden ser muchas, pero jamás podrán apagar el amor, los ríos nunca se ahogarán…

Tampoco las aguas envenenadas de los medios de comunicación, que nos llevan a la mentira, a las calumnias, que se burlan de toda cosa de Santidad, lograrán su cometido.

Ni las cataratas de cosas despreciables, que aparecen por todos los medios, hasta en pantallas gigantes colocadas en la vía pública, que quieren transformar las almas de todas las personas que pasan cerca, no podrán, no lo permitiremos…

El fuego permanecerá encendido, y todas esas corrientes no tienen la fuerza para apagar nuestra llama milenaria.

Esta es la misión de cada iehudi en esta generación. Mantener la llama bien encendida, no permitir que esos vientos, tornados, huracanes, tsunamis, pretendan apagar nuestra cadena que durante siglos no se cortó ni se cortará.

Y es un precepto positivo, de hacer, y ninguno de nosotros puede sentirse libre de realizarlo, tanto con el cuerpo, físicamente, o con nuestro patrimonio, con nuestro dinero. Trabajar por nuestra causa, o ayudar a quienes trabajan en ella. Acercar a más y más iehudim a nuestras raíces, a nuestra fe, a ser parte de nuestro rebaño.

La Salvación está muy cerca, el Mashiaj en la puerta, a punto de entrar. Y cuando entre, cuando esté entre nosotros, nos preguntarán, a cada uno por separado:

¿Qué has hecho para acercar la Salvación? ¿Qué “trabajo” hiciste para acelerar la llegada del Mashiaj? ¿Has hecho despertar a mis hijos? ¿Te has ocupado de enseñar y explicar la Tora? ¿Te has preocupado en fortalecer a los que estaban debilitados en su fe?

Estas son sólo algunas de las preguntas. Y como el Mashiaj puede llegar en cualquier momento, ¿qué estamos esperando para poner manos a la obra?

En este gran momento, en estas horas previas a la Salvación, estamos obligados a tomar parte de este inmenso “despertar” a nivel mundial. Inclinar los corazones de nuestros hermanos que por un motivo u otro se dispersaron, hacerlos sentir el aroma de la Santidad, que conozcan lo que es vivir como iehudim, y darles los elementos para que ellos mismos desesperen por estar a nuestro lado. Como dijimos, inclinar los corazones hacia nuestro Padre, que está en el Cielo, que está en la tierra, que llena el mundo con Su Honor, pero para buscarlo, debemos apuntar al Cielo.

El que puede dar una clase de Tora, que lo haga, hablar con otras personas, explicarles… Y quien no se sienta preparado, o tal vez no tiene tiempo disponible, que colabore con los que se ocupan y se esfuerzan por llevar el agua, la Tora, a todos los sedientos… Puede convertirse en uno de los que apoyan o sostienen la Tora, y así también tendrá parte entre los que estudian y transmiten la Tora. Acercar a los alejados, para traer la Salvación…

Esto es lo que está escrito: “y amarás a Hashem, Tu D-s, amando a todas las creaciones”. ¿Y cómo continúa el versículo? “Con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu patrimonio”, o sea, con todo tu dinero.

Puede ser con nuestro cuerpo, o con nuestro dinero.

Ninguna persona puede librarse de una finalidad tan suprema, tan importante en nuestra generación, como lo es hacer conocer La Palabra de Hashem, difundir la Tora, la Luz de la fe.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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