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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Ekev
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

 

¿MI BENDICION?

“comerás, te saciarás, y recitarás tu bendición” (Devarim 8,10)

Disertó el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l: en el Shuljan Aruj hay una ley sorprendente (con seguridad hay muchas, pero nos referimos sólo a la que vamos a tratar). Es una de las llamadas “Halaja Pesuka”, pero su esencia no se entiende: una persona que comió y no sabe si recitó el “Bircat Hamazon” o no, tiene que bendecir ante la duda, porque la obligación de bendecir en este caso, es de la Tora, como está escrito “y comerás, y te saciarás, y recitarás la bendición para Hashem, tu D-s” (Oraj Jaim 184,4).

El “Jatan Sofer” ztz”l, vivía sumergido en el mundo de la Tora. Discutiendo las leyes, estudiando con sus alumnos, o escribiendo sus conclusiones respecto a la ley. Después de la clase que brindaba a los estudiantes de la Ieshiva, se sentaba en su cuarto, agotado. Observa las preguntas sobre Halaja que llegan a él desde todas las latitudes del mundo iehudi, mientras su vista pasa, distraídamente, sobre la masita que le sirvió su ayudante. Sus ojos estaban pendientes, solamente, de las difíciles preguntas.

El ayudante lo miró, y sintió un gran dolor en su corazón: una masita tan sabrosa, qué pecado no saborearla y dejarla allí para que la coman los ratones, cómo no prestarle atención. Una masita como ésta, se debe comer con concentración, buscar sus sabores, disfrutar cada mordida… El rab no agradece en absoluto por la masita, es lo mismo para él comerla o no comerla, ya que para él, la Tora es dulce en su boca como la miel. Decidió hacer el bien por la masita, y comérsela con la concentración necesaria. Dicho y hecho.

El “Jatan Sofer” continuaba sentado en su lugar, concentrado en el montón de cartas. El joven tomó el plato con la masita, y se la comió en el cuarto contiguo. Volvió con el plato vacío, en el que dejó sólo unas migajas, y lo apoyó en el borde de la mesa.

El “Jatan Sofer” concluyó su trabajo, contestando sobre todos los aspectos de la Ley. Desvió sus ojos hacia el joven, y le preguntó: ¿dónde está la masita?

Se quedó helado, no sabía qué decir, pero enseguida sacó una respuesta: el rab se la comió, ¿no lo recuerda?

¡Qué sinvergüenza!

El “Jatan Sofer” le respondió: en verdad, no recuerdo si comí o no, estuve tan ocupado y sumergido en las preguntas. El joven se sintió aliviado ante la respuesta del sabio.

-Pero, de una cosa estoy seguro, de que no recité la bendición…

Y si no recité la bendición, ¡no comí!

Antes se sintió aliviado, ahora una piedra aplastaba su corazón…

Y yo pregunto: el “Jatan Sofer” no recuerda si comió, pero sabe con toda seguridad si recitó la bendición o no…

¿Por qué a nosotros nos pasa exactamente al revés? No sabemos si recitamos la bendición, pero sabemos con total seguridad, si comimos o no comimos…

A ver, de verdad…, es una flor de pregunta. Porque los ojos del “Jatan Sofer” están fijos en la bendición, en cambio, los nuestros, en la comida.

El “Jatan Sofer” mastica la comida en su boca, y su mente viaja por las palabras de Tora. Nosotros utilizamos nuestras bocas para rezar, murmuramos, y la masita es la que viaja en nuestra mente…

Entre las leyes del Bircat Hamazon, la bendición de las comidas, encontramos leyes sobre las interrupciones, ¿qué ocurre cuando por algún motivo interrumpimos en medio del Bircat Hamazon? Veremos que las leyes son tan estrictas como la interrupción de la Tefila Shemona Esre, la Amida, la oración que decimos de pie…

Y hasta podemos decir que más…

Está escrito en nombre del Maguid de Mezritch ztz”l, que debemos ser meticulosos al recitar el Bircat Hamazon más que en las oraciones. Porque la obligación de rezar fue impuesta por nuestros sabios, mientras el Bircat Hamazon está ordenado por la Tora…

Pero, es posible que no sea bueno hacer pública esta ley, debido a lo que ocurrió en este relato:

El Jafetz Jaim ztz”l, le pidió a varios estudiantes que se ocupen de la venta de sus libros en las ciudades de la tierra de Israel. Pero no debían dedicarse sólo a eso, en esas ciudades deberían disertar sobre el cuidado en la forma de hablar, el Shemirat Halashon, sobre su importancia y la gravedad al no cuidarlo…

Uno de ellos llegó a una ciudad, en la cual, a pesar de que la gente cuidaba la Tora y cumplía sus preceptos, no lo hacían con gran meticulosidad, debido a la falta de estudio. Se puso de pie y comenzó su disertación. Así dijo:

Señores, amigos: he podido comprobar que en esta ciudad se cumplen las leyes de Cashrut como en toda cocina iehudi. Baruj Hashem, no puedo decir nada al respecto. Nadie, sobre ninguna persona de esta ciudad puede caer la sospecha de la compra de carne que no sea apta para nuestro consumo, carne Kusher. Y ni hablar sobre la carne de “Dabar Ajer” (“otra cosa”, se refería a la carne de cerdo)…

-¡Jalila Vejas!, se escuchó que todos exclamaron al unísono.

Y continuó:

Todos, absolutamente todos, cumplen con la separación total, en sus cocinas, entre la carne y la leche, y son meticulosos, después de haber comido carne, esperando seis horas completas para comer alimentos lácteos.

-¡Con seguridad!, dijeron otra vez, todos al mismo tiempo.

Entonces, y ahora levantó la voz, todos ustedes deben saber: la espera de seis horas después de haber ingerido carne, es una costumbre, que nos protege para cuidar mejor la ley. La prohibición de tomar leche después de haber comido pollo, es una prohibición de nuestros sabios. La persona que, lo alenu, come carne de cerdo, está pecando “una vez” por cada “Cazait” (aproximadamente treinta gramos) que come, ¿y cuántos “Cazait” podría llegar a comer?

En cambio, por una sola palabra de Lashon Hara, maledicencia, estamos atravesando una valla de diecisiete pecados que están escritos en la Tora, y además, está escrito que el Lashon Hara es más grave que los “tres pecados” conocidos como terribles: la idolatría, las relaciones prohibidas y el derramamiento de sangre (Arjin 15b).

¡Silencio absoluto! Todos se quedaron congelados, mudos.

Veo que en verdad es una novedad para ustedes, algo que no sabían…

Ahora veremos por qué dijimos que no es bueno anunciar que las leyes del Bircat Hamazon lo hacen más estricto que la Tefila. Prestemos atención a las consecuencias de esta disertación:

Cuando todos salieron del recinto, se escuchaban distintas opiniones, y veremos que algunos, en lugar de ser más estrictos en lo que tenían descuidado, pueden llegar a pensar que son demasiado estrictos en cosas que no son de importancia:

Si el cuidado del Cashrut es menos importante que el Lashon Hara, tal vez, en verdad, somos exagerados en el cuidado de nuestras cocinas…

Y si interrumpir en el Bircat Hamazon es más grave que interrumpir en la Tefila, entonces es posible que estuviera permitido contestar el teléfono en medio de nuestras oraciones, o mientras rezamos ir hojeando los titulares de los diarios…

No permitamos que jamás pasen por nuestras cabezas pensamientos como estos. Vemos que es preferible que algunas cosas no se sepan…

 

Traducido del libro Vehigadta.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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