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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Nitzavim
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

LOS CAMINOS DEL IETZER

“Y si tu corazón se desvía y no escuchas, te equivocarás y posternarás a otros dioses y servirás a ellos”

(Devarim 30,17)

 

Disertó el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l: explicó rabenu Itzjak Karo ztz”l (el tío del Maran “Beit Iosef” ztz”l), que un pecado arrastra a otro pecado (Pirke Avot 4,2), y si se desvía tu corazón, y no escuchas las palabras de Tora, le estás dando lugar al Ietzer Hara para que te haga errar. Y con seguridad errarás, porque el arma que “fabriqué” contra el Ietzer Hara es la Tora (Kidushin 30b), como está escrito: si te encuentras con este ser despreciable (el Ietzer Hara), arrástralo al Beit Hamidrash, si es de piedra se hará polvo, si es de hierro explotará (Suca 52b), y tú permitiste que tu corazón se desvíe, no escuchas, y te equivocas. Y es una desviación pequeña, que finalmente te llevará a la idolatría…

Y sobre estos temas dijeron (Shabat 105b): el que desgarra sus ropas y rompe sus objetos y despilfarra sus monedas como producto de su enojo, se verá a tus ojos como profesando la idolatría, porque así es la forma de proceder del Ietzer Hara, hoy te dice que hagas tal cosa, mañana te dirá que hagas tal otra, hasta que llegue el día en que te dirá que debes profesar la idolatría.

Les voy a contar: la presión entre Alemania y Polonia iba en aumento, antes de que se desate la segunda guerra mundial. Alemania quería la ciudad de Danzig, que estaba en poder de Polonia, dentro del territorio alemán, rodeada en tres de sus cuatro orientaciones. Polonia no aceptó. Inglaterra y Francia se pusieron de su lado. Alemania puso un ultimátum. Nadie sabía qué podía ocurrir al día siguiente. Hitler acusó, como de costumbre, a los iehudim, de provocar la guerra y de agitar a los polacos. Los polacos no necesitaban aumentar su odio hacia los judíos, sin escuchar nada ya los odiaban lo suficiente.

Hay una regla fundamental: el Rosh Ieshiva, el gaon rabi Abraham Iafen ztz”l, se acercó a mí. Me dijo: si no hay pan, si no hay harina no hay Tora. Los panaderos iehudim nos garantizaron proveer de pan a la Ieshiva, pero no podíamos enviar a los jóvenes a traer el pan, porque los no iehudim estaban dispuestos, en esos momentos, a despedazar a cualquier iehudi que vieran por la calle. Tú eres pequeño, y te pueden confundir con un niño, con lo cual no te harán daño. Puedes ir hasta la panadería de los iehudim, y pedirles que llenen tu bolsa con pan, como nos garantizaron...

Salí al camino, el aire pesaba, se sentía una gran presión. Le pregunté a un no iehudi que pasaba, por qué se respiraba esa incertidumbre, y me dijo: en la plaza central hablará por los parlantes el presidente de Polonia, fue su respuesta inmediata. En cinco minutos comenzará la transmisión, todo el mundo está tenso, esperando sus palabras.

¿Acaso el presidente polaco aceptará el ultimátum de los alemanes y se disipará el peligro de guerra, o no aceptará sus exigencias y no entregará la ciudad de Danzig?

Todos estaban en la plaza, y yo también. Se comenzó a escuchar la voz del presidente: queridos conciudadanos. El canciller alemán quiere Danzig, y si no, nos amenaza con la guerra. Yo sé cuáles son los problemas y las consecuencias de una guerra. El precio que se paga es muy alto, para ambas partes…

Si yo pudiera estar seguro que Danzig es todo el pedido de los alemanes, la entregaría. Tenemos otra ciudad portuaria que podría reemplazarla. Pero yo sé que no estarán satisfechos con Danzig. Ese hombre quiere Varsovia, Danzig es sólo el comienzo. Y allí comenzaría la guerra. ¿Por qué vamos a entregar Danzig cuando finalmente tendremos que pelear por nuestra capital? Debemos comenzar ahora nuestra pelea…

Con estas palabras comenzó la guerra.

La panadería estaba cerrada, porque el dueño también estaba en la plaza escuchando al presidente. Quedarme en la calle era muy peligroso, volví a la Ieshiva con las manos vacías. ¿Las manos vacías? No exactamente…

Dije: no conseguí el pan, pero a cambio traje una charla edificante.

¿Una charla edificante? ¿Dónde la escuchaste, de quién?

En la plaza central, en transmisión directa, del presidente de Polonia.

Todos se reían, pero yo lo dije seriamente. El Ietzer Hara viene con pequeños pedidos. ¿Hoy qué nos pide? Danzig, sólo eso. Pero el sabio, pone los ojos sobre la cabeza y sabe que hoy me dice que haga una cosa, mañana otra, hasta que llegue el día en que me obligue a profesar la idolatría, o hasta que el ejército alemán intente apropiarse de Varsovia…

Tal cual como está dicho (Suca 52a): el Ietzer Hara se muestra a los malvados como un delgado cabello, y a los justos como una enorme montaña. ¿Y en realidad cómo es? Como un delgado cabello. Quiere abrir un agujero delgado como un cabello, pero el hombre sabio, pone sus ojos en su cabeza y ve lo que sucede, que ese pequeño agujero se puede agrandar hasta convertirse en un monte gigante, por eso no le permite ni siquiera abrir ese pequeño agujerito…

Podemos ahora recordar lo que está escrito en la Guemara (Nedarim 9b):

Dijo rabi Shimon Hatzadik: una vez llegó un “Nazir” desde el sur, de buen aspecto, agradable a la vista, y de los costados le caían prolijamente unas trenzas. Y sabemos, que el Nazir, cuando finaliza su promesa, debe cortarse todos los cabellos.

Le pregunté: hijo mío, ¿por qué te has comprometido a cortarte estos cabellos?

Me dijo: soy el pastor de los rebaños de mi padre, y cuando fui a llenar agua de la fuente, vi mi propio rostro, y el Ietzer Hara quiso apoderarse de mí, quiso sacarme del mundo. Le dije (a la imagen mía que se reflejaba en el espejo de agua): malvado, ¿por qué quieres ser más grande en un mundo que no te pertenece? En el futuro estarás rodeado de bichos y suciedad. Prometo que cortaré estos cabellos para entregarlos al Cielo.

Cuando escuché esto, me paré y besé su cabeza. Le dije: hijo mío, un Nazir como tú, que se multipliquen en Israel.

No entiendo...

Yo veo muchos jóvenes, muy estrictos en su estudio, que se miran en el espejo para ver si los Tefilin están bien colocados, y a ninguno de ellos le escuché decir la expresión del Nazir del sur: malvado, quieres sacarme del mundo...

Seguro que no, ¿qué es lo que están viendo? Simplemente están revisando la posición del Tefilin.

Y al Nazir, ¿qué le hizo reaccionar? ¿Los cabellos? ¿Tan grande es el problema?

Pero, el sabio ve el comienzo, y entiende que una pequeña chispa de soberbia puede convertirse en un gran incendio, si no se apaga de inmediato.

 

Traducido del libro Vehigadta.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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