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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Rosh HaShaná
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

 

PRIMERO ENTRE LOS PRIMEROS, NO PRIMERO ENTRE LOS ULTIMOS

Disertó el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l: está escrito en el Shuljan Aruj (Oraj Jaim 583,2): en Rosh Hashana comemos la cabeza del cordero, para que siempre seamos “la cabeza y no la cola”, en recuerdo del sacrificio de Itzjak.

En el “Jaie Adam” (kelal 139,2) está escrito que acostumbramos a comer la cabeza de un pez, expresando el deseo de ser la cabeza y no la cola. Y además, aprovechamos el pez para decir que nos reproducimos y aumentamos como los peces, sobre los cuales, así como no podemos dominarlos, tampoco podemos hacerles mal con la vista (mal ojo). Y así como nosotros no tenemos gobierno sobre ellos, que podamos nosotros estar protegidos y cubiertos ante los ojos de los demás.

Y hay una pregunta que si nosotros no la hicimos, nuestros sabios sí la hicieron. Aquí tenemos duplicado el lenguaje. Por un lado decimos que queremos ser la cabeza, y además no ser la cola. Si pedimos ser la cabeza, ¿para qué necesitamos pedir no ser la cola? De una cosa se desprende perfectamente la otra…

En verdad, si reclamamos aquí, también debemos reclamar a lo que está escrito en la Tora (Devarim 28,13) “Y Hashem te pondrá a la cabeza y no a la cola…” Y rabi Iojanan Aibishitz ztz”l lo explica de acuerdo a la orden que da la Mishna: “serás la cola de los leones y no la cabeza de los zorros” (Pirke Avot 4,15). También aquí pedimos estar a la cabeza, pero no a la cabeza entre los zorros, sino a la cabeza de los primeros, de los más fuertes, de los leones…

¿Qué pretendemos decir?

Lo voy a explicar con un relato personal, que conté muchas veces en celebraciones familiares.

Está escrito en el profeta que debemos levantarnos, medir la tierra, y a las otras naciones. Y treparán los montes, y andarán por los caminos del mundo (Jabakuk 3,6), no digas caminos “halijot” sino leyes “halajot” (Meguila 28b).

“Gritaron las naciones porque se derrumbaron los reinados” (Tehilim 46,7), la revolución del comunismo, o la elite de los nazis, provocó una guerra mundial. Dos diablos se repartieron entre ellos un país, Polonia. Muchos estudiantes de Ieshivot escaparon a Vilna, que estaba bajo la rabanut de Lita (que todavía gozaba de libertad) y muchos otros quedaron atrapados bajo el régimen ruso. Y nosotros, ¿qué tenía que ver toda esta lucha con nosotros? Nosotros seguimos estudiando, dentro de los “cuatro codos de la Halaja”. Separados de todo el mundo…

Pero eso no nos ayudó. Los malvados notaron nuestra presencia, no pudimos pasar desapercibidos aunque en ningún momento nos mezclamos ni con ellos ni con nadie. Nos persiguieron hasta atraparnos, como si fuéramos parte de los opositores a la revolución. Nos encerraron junto a los policías de los litaim y nos pusieron en los trenes rumbo a la Siberia, al frío polar. Y si el exilio no era suficiente, nos llevaron a un campamento de trabajos forzados, y apenas llegamos a las puertas del campamento fuimos informados, que el decreto sobre nosotros era sólo de veinticinco años de prisión. Sin juicio y sin acusación, sin nada...

Junto a nuestro grupo, estaba el ministro de educación litai. Un no iehudi muy instruido, que hablaba unos quince idiomas. Cuando escuchó, de sus ojos cayeron lágrimas.

Me acerqué a él y le dije en voz baja: tú deberías estar alegre. Si nos hubieran preguntado a nosotros qué hacer contigo, te habríamos mandado a un calabozo tan pequeño, en el que deberías tener que estar parado sin moverte (tzinuk).

-¿Alegrarme?, ¿de qué?, con lo que acabo de escuchar...

Le dije: tú tienes unos ochenta años, y te han decretado otros veinticinco años de vida...

Me dio la espalda, no sé por qué...

Bien, pero nosotros éramos jóvenes. La cabeza piensa rápidamente: estamos rondando los veinte años y saldremos de aquí cerca de los cincuenta. Esta esperanza también resulta oscura...

El encargado del campamento siguió con otra indicación: ¿ustedes pueden ver la puerta del campamento que dejamos atrás? Sepan que tiene un solo sentido de circulación. Ningún preso salió de aquí con vida...

¿Y ahora qué? Ya no hay nada que calcular. ¿Qué podía pedirle al Creador? “Dueño del Mundo, dame fuerza para mantenerme. Y si no, al menos merecer ser enterrado entre tumbas de Israel”. Eso era todo lo yo que podía pedir...

En ese momento entendí la explicación del versículo (Tehilim 88,12): acaso Tu Piedad la encontraremos en la tumba…, me es imposible creer, que alcanzar a tener un entierro digno de un Israel se llama favor. Esta era mi fe, lo que pedíamos los creyentes, perdidos en Siberia.

Si alguna persona venía a decirme, que subiría a la tierra de Israel y levantaría allí una Ieshiva, estando dentro de una red de casas de estudios de Tora, y mi familia contaría decenas de nietos y bisnietos, todos temerosos de Hashem, sanos y fuertes, y que cuando me invitaran a un viaje al exterior para fortalecer otras comunidades debería rehusarme debido a tantas obligaciones familiares (alegrías), Bar Mitzva y casamientos, además de Brit Mila, Pidion Haben y compromisos..., le diría que enloqueció.

Me costaba entender otro versículo (Tehilim 22,2): la salvación está lejos, de lo que alcancé... A simple vista entendemos que la intención, es que el hombre pide mucho y recibe poco. Y yo estudié, con mi experiencia personal, que la explicación es al revés: pedí un pedazo de pan para sobrevivir, y si no, al menos ser enterrado con un entierro digno de un Israel. En esa oscuridad, no tenía un horizonte para pedir algo más, ese era mi límite de observación. Finalmente, Hashem me respondió sin límites, sin fronteras, recibí algo tan grande, tan inimaginable...

Esto es lo que nosotros pedimos: Dueño del Mundo, que estemos al frente, a la cabeza, ¿a la cabeza de qué? En la cima de todo lo que se pueda alcanzar...

Pero, lamentablemente, apenas alcanzamos la cola.

¿Qué cosas conseguimos respecto a la espiritualidad? No menos que lo conseguido en lo material.

Para engrandecer la Tora, para entender sus temas más profundos, para investigar el significado de nuestras oraciones, parados delante de Hashem, para purificar nuestros corazones y alcanzar la Santidad, ¿por qué nos conformamos con estar tan limitados cuando podríamos conseguir tanto?

Por eso, Señor del Mundo, Tú lo sabes bien, y a ti te pedimos: “Estar a la cabeza, pero no a la cabeza de la cola”, que podamos ampliar nuestros horizontes (espiritualmente hablando) y alcanzar la cima.

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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