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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Haazinu
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

Castigar con una sonrisa

“tomaré el juicio con mi mano” (Devarim (32,41)

 

Los distintos tipos de castigo están tan bien explicados en la perashat Haazinu, que hasta pueden causar una gran consternación y provocar que los latidos del corazón se sucedan más a prisa. Y así es, para eso fueron escritos, como lo expresa el Zohar Hakadosh: el padre tiene piedad por su hijo con el cinturón preparado (para golpear) en su mano, y le grita ferozmente levantando la voz, pero en realidad, los golpes son de misericordia…

Así explicaremos “tomaré el juicio con mi mano”. Y lo explica Rashi con el Midrash Hagada, que cuando un hombre lanza una flecha, no puede hacerla volver. Pero Hakadosh Baruj Hu, con Su Piedad, toma la flecha con Su Mano, también después de haberla lanzado.

¿Qué quiere decir “tomar la flecha con la mano”?

Parece ser como lo que ocurrió con el gaon hakadosh rabi Jaim Abulafia ztz”l, que subió a la tierra de Israel para elevar sus oraciones junto a las tumbas de nuestros justos sabios.

Pasó por el lugar un hombre que entendía el idioma turco, y le dijo que el conductor de esta banda de inadaptados era el hijo del Sheij Omer, el gobernador de la ciudad. El hombre pretendía calmar al ayudante del rab, pero tan golpeado y ensangrentado, se escabulló y se dirigió al palacio del gobernador, para informarle sobre las acciones de su hijo.

El aspecto del hombre era lamentable, golpeado, sangrando, causó una gran impresión en el Sheij, que juró encarcelar a su hijo y castigarlo con cien palazos. Y cuando escuchó que este hombre era el ayudante que acompañaba al rebe de Esmirna, lo envió a buscar para recibirlo con los honores que merecía…

Los sirvientes del Sheij salieron asustados a recibir al rab y traerlo junto al gobernador. La emoción del gobernador era muy grande, y así, con ese sentimiento, recibía la santidad del rab, pero el rab estaba furioso después de haber visto el maltrato que recibió su ayudante.

El gobernador le dijo al rebe de Esmirna que se encargaría personalmente del castigo de su hijo, y que ya había prometido que le daría cien palazos…

El rab conocía muy bien las palabras de Jazal, que debemos cuidarnos de un no iehudi también cuando sea muy pequeño, ya que al crecer podrá estar al frente del reino (Ierushalmi Terumot 8). En otras palabras, el hijo del Sheij, en el futuro, se convertirá en el nuevo Sheij, y debemos tener mucho cuidado con él, también ahora, cuando es pequeño, cuando todavía no tiene poder, ya que si es castigado por nuestra culpa, quién sabe la venganza que podrá tomarse después contra los iehudim. Por eso, a pesar de que se ha comportado muy mal, tiene que saber que los iehudim no quieren castigarlo.

Sabía también que el Sheij no faltaría a su juramento. Inmediatamente ordenó llamar a Daier, su hijo.

Lo trajeron, y el padre lo reprochó muy severamente. Le informó que había jurado golpearlo con cien palos. El rostro del joven se puso blanco…

El Sheij ordenó traer los cien palos, y el hijo temblaba. Ya sentía el dolor de los golpes.

Trajeron los cien palos y el rab pidió que hagan un atado con todos ellos.

Una vez que los tuvo todos justos, a su lado, el rab levantó el pesado paquete y lo apoyó con suma delicadeza sobre el hombro del joven, y le dijo al Sheij: se ha cumplido tu juramento, de aplicarle a tu hijo cien palos…

El rostro del Sheij se llenó de luz, al ver que pudo cumplir su juramento sin dañar a su único hijo, y además, sin provocarle dolor. También el hijo, Daier, reconoció la bondad y la gran sabiduría del rab, que lo salvó de la muerte, y cuando en el futuro, se convirtió en el gobernador, invitó al rebe de Esmirna a volver a la ciudad de Tiberia, para renovar el poblado iehudi y hacerlo más fuerte, como en épocas pasadas.

Este fue un hecho real, escrito en el libro “Tov Roi”, donde vemos que Hashem toma la justicia con Su Mano, apoya el paquete de flechas sobre nuestros hombros, y vemos que, aunque resulta tan pesado…, podemos preguntar: ¿Quién podrá quitarlo?... Hashem se preocupa para que no nos aplaste el peso de la carga. De pronto, sentimos eso tan pesado, que no pesa tanto, hasta parece insignificante, porque fue apoyado con delicadeza. Y con todo eso,  muy pronto Hashem lo quitará, nos sacará todas las cargas, y nos haremos merecedores de la Salvación.

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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