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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Noaj
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

 

LOS ECOLOGISTAS

“todo animal que viva ustedes podrán comer” (Bereshit 9,3)

La ignorancia se expande, se multiplica, cubre todo lo que está a la vista, y cuando hay sed de saber, todos los iehudim que cumplen con la Tora y sus preceptos, se transforman en altoparlantes que enseñan judaísmo.

Una vez me preguntaron, ¿cuál es la postura de la Tora respecto a las organizaciones ecologistas? La pregunta se refería a las agrupaciones que se hacen llamar “protectoras de la naturaleza” y del ambiente, hasta el extremo.

Hablé sobre la prohibición “no destruirás el árbol con el hacha” (Devarim 20,19), y del “sufrimiento de los animales”, que nos previene la Tora (Baba Metzia 32b), pero no, ellos son mucho más extremistas con la naturaleza. Ellos están en contra de las pruebas que los investigadores realizan con los animales para descubrir curas y vacunas contra las enfermedades, algo indispensable, absolutamente necesario porque esos descubrimientos pueden tener efectos secundarios impensados, y si no se prueba primero con animales, los daños sobre la población pueden ser terribles. Están en contra de fabricar abrigos con la piel de los animales. Desde luego que no hablamos de cazar animales para utilizar sólo su piel, pero una vez que degollamos un animal para su consumo, ¿qué nos impide ahora utilizar la piel o el cuero del animal, que no son comestibles, y darle otros usos?

¿Qué derecho tienen estas personas para prohibirle al hombre el uso de los animales para sus necesidades? Estamos obligados a utilizarlos. ¿Qué opina la Tora sobre este proceder?

Mi respuesta a la pregunta, la ideología está equivocada. ¡Sólo el iahadut puede entender esto! Para ellos, para esa forma de pensar, no pueden entender que si el hombre se alimenta solamente de los animales, ¿por qué no puede dominar todo lo que está por debajo del animal? ¿Acaso los pájaros sienten piedad por los bichos que se comen? ¿El león pide permiso para atrapar a su presa? ¿El tigre se conmueve ante el sufrimiento del ciervo? ¿Por qué hay que decir que el hombre realiza “excesos” con las demás creaciones?

Ellos no esperaban esta respuesta. Preguntaron para escuchar la postura del iahadut.

Bien, el iahadut le reclama al hombre responsabilidad sobre toda la Creación, que está a su servicio, para hacerle favores. Y en la orden, está a la vista que ésta existe para cubrir las necesidades del hombre. El hombre tiene un permiso, un derecho exclusivo, para gobernar sobre los animales: a los peces en las profundidades del mar, a las aves en los cielos y a todo animal que se mueva sobre la tierra (Bereshit 1,28). Sin este permiso, en efecto, el hombre no podría montarse sobre un caballo ni tampoco esquilar una oveja. Además, este permiso no es un código de leyes, obligaciones y derechos, sino la revelación de que el hombre es el elegido de toda la Creación, y todas las criaturas fueron creadas para que el hombre las utilice a su servicio.

Y no sólo esto, ya que hasta ahora solamente hablamos de la dominación y del permiso para hacer trabajar a los animales a nuestro servicio. Todavía no llegamos a la posibilidad de matar a un animal para comer su carne. Estamos ahora detenidos en el siguiente punto: igual que en el caso del patrón que puede hacer trabajar a sus esclavos, pero, por supuesto, no puede matarlos. El permiso sobre la “vida” de los animales, y el permiso para comer su carne, no le fue dado a Adam Harishon ni a sus descendientes. Ese permiso apareció, o se renovó recién para Noaj, en nuestra perasha: todo animal que vive será para vosotros, para comer… Y explicaron nuestros sabios: el diluvio mató a todos los animales, y todas las especies se salvaron por el mérito de Noaj y su arca. Y más, Noaj y sus hijos se encargaron de cuidar y alimentar a todas las especies durante un año, en el que ninguna especie pudo salir del arca, por las aguas del diluvio.

Imposible imaginar el trabajo de Noaj y toda la familia para procurar el bienestar tanto del elefante, como de una hormiga. La recompensa a todo este esfuerzo fue el permiso, a partir de Noaj, de tener provecho de la carne de los animales...

En conclusión: la persona que reniega, Jalila, a la Tora, está demostrando que entre él y el animal no existe ninguna diferencia... Hashem hizo al hombre como lo más elevado de la Creación, con características únicas, propias del hombre. La más resaltante, la más maravillosa, es el poder del habla, que sólo el hombre lo tiene.

Ahora, este hombre “protector del ambiente” y de la naturaleza, no escucha la Voz de la Tora, que nos permite tener provecho del animal, y se comporta como tal, con lo cual, jamás podrá tener una conducta de “hombre”, no podrá ponerse límites ni cercos. Su posición y su forma de pensar será “la ley del más fuerte”... Tal cual como en el animal, la ley de la selva...

En cambio, el que acepta las órdenes de la Tora, sabe que la Tora, por un lado, prohíbe hacer sufrir a los animales, pero, por el otro, permite degollarlos para ser consumidos. Degollarlos en nombre de la Tora, como la Tora lo indica, para nuestra alimentación.

La Tora elevó al hombre hasta hacerlo llegar a la cumbre, y lo puso en su lugar, en un lugar para que continúe con su elevación, ya que con su elevación, todo el mundo se elevará junto a él. También los animales, de los cuales el hombre tendrá provecho comiendo su carne, se elevarán con la elevación del hombre, porque cumplirán con la función para la que vinieron a este mundo, como está explicado con gran amplitud en los libros de Kabala (Jesed Abraham 4,20).

Dijeron nuestros sabios en la Guemara (Sanhedrin 59b) que desde los días de Adam Harishon la humanidad se alimentaba solamente de frutas y verduras, y recién después del diluvio tuvieron permiso para comer carne.

Pregunta rabenu Or Hajaim Hakadosh ztz”l: hace falta saber, ¿por qué al hombre no se le permitió comer carne, hasta que llegó Noaj?

Me parece, contestó, porque Noaj entregó todo de sí mismo, y encontramos tres causas: la primera, gracias a él, a Noaj, y por su intermedio, Hashem encontró correcto mantener la vida de los animales en su arca, y el hecho de que quedaron con vida gracias a Noaj, significa que le deben la vida a Noaj. Segunda: Noaj se sacrificó tanto por ellos en el arca, ocupándose de la comida y bebida de cada uno, y está escrito con el sudor de tu frente comerás... Tercera: también gracias a Noaj, y a la ofrenda que acercó para Hashem, Hakadosh Baruj Hu dio la garantía de que jamás habría otro diluvio que exterminara la vida en la tierra.

Y si los animales le deben la vida a Noaj, entonces Noaj puede comer de su carne.

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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