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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Mishpatim-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד


¿LEYES DE TRANSITO?
“Serán para Mí hombres santos” (Shemot 22,30)

 

Serán “gente santa”. Hakadosh Baruj Hu nos pide esto en nuestra perasha. Podemos ver de qué manera, nuestra sagrada Tora eleva toda la vida del hombre, resumiendo las exigencias que tiene hacia nosotros en sólo dos palabras. La Tora no nos obliga a convertirnos en Angeles puros y limpios, no nos pide que no disfrutemos de los placeres de este mundo, que nos privemos de lo que Hashem creó para tener una vida más llevadera. Menos diremos que quiere que nos transformemos en robots con un programa automático, con respuestas específicas para cada situación. Jas Veshalom diremos que no podemos tener sentimientos y ni tampoco sufrimientos...

¡No!

Serán hombres, pero “gente santa”: ¿qué significa? Más elegantes, más elevados, más educados, más buenos. Pueden comer hasta sentirse satisfechos, con tranquilidad, pero haciendo “Netilat Iadaim” antes de comer, para comer con pureza, siendo meticulosos en el Kashrut de los alimentos y en las leyes de las comidas, y de esta forma no sólo en las comidas, sino en todos los aspectos de la vida.

Contrariamente a la permisividad sin límites, que sumerge a las personas en el mar de los deseos sin ningún freno, sin restricciones, tirando todo al vacío. Todo lo contrario a la ruptura de las vallas, que provoca un abandono que como primera medida, evita revisar nuestros propios defectos, y destruye cualquier sentimiento que nos empuje a mejorar, a salvarnos en busca de buenas cualidades. Esto sólo puede causar perder nuestra dirección, sin buscar el camino correcto, sin sentir la necesidad del cambio, y desde allí, ya estamos muy cerca, lo alenu, de caer en cosas prohibidas y muy peligrosas. Hay un origen para todos los males, y para vencerlo necesitamos destruir o corregir ese origen, y no empezar por la consecuencia o por el final. Cuando vemos que en ciertos lugares aparece la droga entre la juventud, la solución no es alejar a los jóvenes de la droga, que es la última escala del camino, sino que hay que buscar qué fue lo que originó esta catástrofe y enfocar allí todos los esfuerzos para no llegar a nuevamente a esta situación tan lamentable...

La Tora se compara con una mujer buena: nosotros tenemos fuerzas en el alma, cualidades y amenazas, una maraña intrincada y tortuosa. El corazón es como un obstáculo que impide todo, dice el profeta Irmiahu, y Rashi explica: está lleno de pretextos y vueltas, cubierto de males.

Viene la Tora y trae sus preceptos y sus enseñanzas, y así ordena lo desordenado. Impulsa todas las fuerzas hacia el bien, en cada cualidad encuentra la finalidad, buscando la cualidad digna para que cada momento resulte agradable, ilumina nuestros ojos y hace que estemos parados sobre nuestros pies, en lugar de estar parados quién sabe de qué forma y sobre qué cosa: ¡hombres santos serán para Mí!

Esto es lo que dice el Midrash: tal vez van a decir que: ¿les entregué la Tora para vuestro mal? No, la Tora se las entregué solamente para vuestro bien.

Trataremos de explicar el Midrash:

Muchas veces, los semáforos, interrumpen la continuidad de determinado viaje, nos obligan a esperar, y al parecer nos molestan enormemente. Pero cuando hay un corte de energía o se descomponen, nos ponemos contentos porque ellos no nos podrán detener, pero las consecuencias son peores, los embotellamientos nos harán perder mucho más tiempo. Y las bocinas que perforan nuestros oídos, y eso si somos delicados, porque también aparecen gritos e insultos entre los conductores. Ahora entendemos cuán necesarios son los semáforos…

De la misma forma, y salvando las diferencias que son incomparables, la Tora y sus preceptos se asemejan a las leyes de tránsito. Su finalidad principal es conducir la vida del iehudi y de su comunidad por el mejor camino, por el más fluido. Los que siguen ese camino comprobarán que cumple con todas las condiciones de seguridad. No debemos ver a las leyes de la Tora como algo limitador, como vemos cualquier otro tipo de leyes que sólo saben poner obstáculos. La Tora está hecha sólo para nuestro bien, para el bien de los que se conducen con ella.

Y además tiene una bondad adicional: ¡hombres santos serán para Mí!, los preceptos no nos convierten en Angeles, sino en hombres más buenos y más alegres con nuestros logros.

Por ejemplo, nuestra perasha habla sobre el Kashrut de los alimentos, y sobre el tema, encontramos en el libro “Shuljan Gaboa” del gaon rabi Iosef Moljo ztz”l (Iore Dea 63,50) un relato con rabenu Don Itzjak Abarbanel ztz”l, ministro del tesoro del rey de España.

Una vez, el rey tuvo el deseo de comer con el ministro del tesoro. Dijo el rab: me siento honrado en poder invitar al rey a mi casa, ya que no puedo comer en su mesa, porque yo soy iehudi.

Dijo el rey: ordenaré que cocinen carne Kasher.

Contestó el rab: eso está prohibido, porque estarán cocinando con tu misma vajilla.

Dijo el rey: puedes traer la carne cocinada de tu casa.

Y el rab dijo: la carne que se aparta de nuestra vista se nos hace prohibida, es una ley porque alguien pudo haberla cambiado cuando dejamos de verla (Julin 95a).

Dijo el rey: ¡está bien! Traerás la carne de tu casa y tus sirvientes la cuidarán hasta que llegue a nuestra mesa…

Esto sí fue aceptado por el ministro.

El rey ordenó hacer una mesa redonda, que pueda girar sobre una sola pata y preparar los platos idénticos a los platos servidos por el ministro.

El sirviente iehudi trajo la porción del rab, que no quitó la vista de su plato ni por un instante.

De pronto el rey dijo: “mira por favor el pájaro que está allí, afuera”…

El rab giró la vista y el rey, con su pie y con un movimiento muy veloz, hizo rotar la mesa, y el plato del rey quedó frente al ministro. Todo mientras el rab movió sus ojos para ver al pájaro.

Volvió a mirar hacia la mesa y el rey dijo: sigamos comiendo…

El rab contestó: muchas gracias, ya comí lo suficiente…

Se extrañó el rey: apenas probaste tu plato. Con todo lo que nos preocupamos para honrarte, permitir que traigas tu comida especial desde tu casa y ahora no quieres comer…

¿Qué puedo hacer?, dijo el ministro. Aparté la vista de mi plato por unos segundos, para mirar el pájaro por el expreso pedido del rey, y ahora la carne se transformó en “carne que se ocultó de los ojos”, y tengo prohibido comerlo.

Dijo el rey: eres dichoso y qué grande es tu Tora, que te salva de comer alimentos prohibidos.

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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