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Shabat Shalom


No. 356-Tzav-Zajor-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד  

CUANDO EL HONOR ESTA EN JUEGO

Ordenarás a Aharon y a sus hijos, diciendo, ésta es la ley del sacrificio… (Vaikra 6,2)

Encontramos en el Midrash Tanjuma: dijo Hakadosh Baruj Hu, toda persona que se “eleva” a sí misma (que se enorgullece) termina en el fuego, como está escrito sobre el sacrificio de la “Ola”, ésta es la Ola que se quemará…

Y dijeron los jajamim en el tratado de Berajot (hoja 6b): a toda persona que reza siempre en el mismo lugar del Beit Hakneset, el D-s de Abraham irá en su ayuda…, y cuando esta persona muera, después de los ciento veinte años, dirán sobre él: era una persona humilde y piadosa, uno de los alumnos de Abraham Avinu.

Y nuestros sabios explican, pero primero preguntan: ¿por qué el hecho de fijar el lugar en que rezamos tiene relación con la humildad?

Es algo natural en las personas, que cuando ven que alguien permanece en el mismo lugar durante un largo tiempo, entienden que se vuelve propenso a ser “atacado”, agredido o insultado, hasta que a la fuerza busca por sí mismo un nuevo lugar…

Pero cuando ese alguien se fortalece y consigue mantenerse en el mismo lugar, en especial para nuestro caso, en el mismo lugar en que siempre hace sus rezos, nos hace ver que es un hombre piadoso y humilde, porque no hizo caso a las agresiones, no le importó la disminución en su honor, se mantiene con su “bajo perfil”, y es un digno representante de los alumnos de Abraham Avinu.

El secretario de un Colel de Ierushalaim, le pidió a su ayudante que le informe a la señora Rosenfeld, una de las vecinas del barrio, que debía acercarse a las oficinas para recibir una suma de dinero y firmar el recibo.

El ayudante, que estaba con mucho trabajo, cambió un poco el mensaje, y confundió el nombre Rosenfeld por Zonenfeld, y transformó a la señora en el rab. Por eso, en lugar de invitar a las oficinas a la señora Rosenfeld, fue hasta la casa de rabi Jaim Zonenfeld, el rab de Ierushalaim, y le informó que el secretario reclamaba su presencia en las oficinas del Colel.

El rab acudió allí de inmediato. Cuando el rab golpeó la puerta de la secretaría, el secretario se sorprendió y le preguntó: ¿si el rab me necesita por algún motivo, por qué no me mandó a llamar?

El rab contestó con simpleza: tu ayudante me dijo que vos me estabas buscando.

Ahora el secretario vio la equivocación y pretendió llamar a su ayudante para reprocharlo, pero el rab le pidió que no le dijera nada, ya que es algo que le puede pasar a cualquiera...

Y el rab se despidió del secretario con mucha amabilidad, y se retiró de la oficina, pero no se dirigió a su casa, sino que fue hacia el otro extremo del barrio, golpeó la puerta de la casa de la señora Rosenfeld y le dijo: el secretario del Colel le solicita que vaya a su oficina, porque tiene un dinero que es para usted!

Contó rabi Eliahu Lapian que cuando estudiaba en el Colel de Kelem, estudiaban allí algunos muchachos, que ya en su juventud, había mucha gente estaba segura de que se contarían entre los “grandes” del pueblo de Israel.

Y más tarde todos comprobaron la forma en que se encaminaron en sus estudios, y entre ellos estaban rabi Iorujam Leivovich, quien fue con el tiempo el Mashguiaj de la Ieshivat Mir, y rabi Naftali Trop, que fue Rosh Ieshiva en la Ieshiva de Radin, junto al Maran Hajafetz Jaim...

Una de las normas en el Colel establecía que si alguno de los estudiantes quería salir del salón de estudios, debía dirigirse a un encargado y pedirle permiso para salir.

También estaba obligado a informarle sobre el motivo de su salida. Este encargado era un estudiante del Colel que iba rotando semana a semana.

Rabi Eliahu contaba, que en la semana en la que le tocó a él ser el encargado, sintió una gran vergüenza cuando se le acercó rabi Naftali Trop para pedirle permiso para salir, ya que rabi Eliahu era el alumno más joven del Colel, mientras que rabi Naftali era uno de los más grandes, en edad y en sabiduría.

Rabi Eliahu le contaba esto a sus alumnos, para que no piensen que no está a la altura de su honor pedir permiso para salir. Si un “grande” como rabi Naftali podía hacerlo, seguro que cada uno de nosotros también debe hacer así.

En el libro “Otzar Hajaim” encontramos en nombre de rabi Pinjas Mikuritz: todos los pecados que una persona puede hacer requieren una acción: o el movimiento de las manos, o de las piernas, o mover los labios para decir algo no bueno, o girar los ojos para mirar algo que no se debe mirar.

En cambio hay un pecado muy grande, el falso orgullo, que no requiere ninguna acción. Una persona puede estar cómodamente recostada en su cama, y sin hacer ninguna acción, solamente deberá pensar: ¡qué grande soy!

Había un Talmid Jajam muy piadoso y temeroso de Hashem, que acostumbraba a rezar pidiendo que Hashem le dé el mérito de tener “Ruaj Hakodesh”, traduciendo literalmente podríamos decir un espíritu de santidad, aunque el sentido de la frase es “profecía”, el poder de “recibir” y escuchar los mensajes de Hakadosh Baruj Hu.

Esta actitud del Talmid Jajam llegó a los oídos de rabi Pinjas Mikuritz que dijo que solamente la gran medida de orgullo que tenía este estudiante le provocó pensar que estaba preparado y era digno de tener “Ruaj Hakodesh”.

Pero son conocidas las palabras de nuestros jajamim que dicen que los rezos siempre “hacen la mitad del trabajo”, con lo que podemos decir que puede ser que tanto orgullo le traiga a este Talmid Jajam algo de Ruaj, pero seguramente no será Kodesh.

En la ciudad de Brudi había un muchacho muy orgulloso, que cuando llegó a la edad apropiada para casarse, le presentaron varias chicas para casarse, y él, debido a su terrible orgullo, rechazaba todas las propuestas, siempre con argumentos similares: ésta no es una novia digna para mi altura..., no es lo suficientemente honorable para mí..., la familia de la novia no es de mi clase...

El rab de la ciudad lo reprochaba continuamente y le decía: de todas las grandes y maravillosas cualidades que tenés, hay una muy importante que te falta, ¿cuál es?, debes ser más humilde. Si estudiás y trabajás muy fuerte sobre esta falencia para ser un muchacho humilde, tu valor puede elevarse casi sin límites...

Las palabras del rab “pegaron” fuerte sobre el muchacho, que se propuso trabajar duro para ser humilde y bajar su perfil.

Cuando se supo en la ciudad que este estudiante estaba trabajando para mejorar sus cualidades, y aparentemente había cambios en su conducta, uno de los casamenteros de la ciudad se apresuró para intentar comprometerlo con una muy buena muchacha, con la esperanza de que si ahora el muchacho había adquirido la cualidad de la humildad, seguramente aceptaría la proposición.

Pero algo falló en los cálculos, porque la cosa no resultó como se esperaba. Cuando el hombre terminó de presentar a la muchacha, el joven, con gran arrogancia exclamó:

¡¿Cómo podés ser tan tonto?! De tus palabras aprendemos un “Kal Vajomer”, si cuando yo no era humilde esta muchacha no concordaba con mi honor, ahora, después de que agregué a todas mis grandes virtudes la cualidad de la humildad, seguro que tampoco será digna para mi honor!!!

Cuando estos acontecimientos llegaron a los oídos del rab de la ciudad, dijo: ahora entiendo las palabras de Shlomo Hamelej en el Mishle: el orgullo derriba al hombre, o sea, el orgullo puede traer a una persona a una situación como ésta, tirarlo tan abajo, y convertirlo en una persona tan orgullosa creyendo además que tiene la virtud de ser humilde.

El libro “Likutei Batar Litukei” nos explica un poco más: “esta es la ley del sacrificio de la Ola”...

La regla general en el orgullo es exactamente así. El hombre piensa que lo que hace está bien, no bien sino que es algo perfecto, y se mantiene en su postura contra todo y contra todos. Que nadie le diga que se equivoca, porque no lo va a escuchar.

¿Por qué? Porque el hombre que se conduce sin sentido piensa que anda por el camino correcto, su razonamiento le indica que él está bien y que todo el que lo reprocha se equivoca, todo el mundo está en su contra, ¿cómo es posible algo así?, simplemente porque él no sabe que no sabe...

 

Traducido del Esh Dat (5760) del rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita.

Leiluy Nishmat Harav Hagaon Daniel Ben Sara זצ”ל




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