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Shabat Shalom


La Nueva nueva hoja -Pesaj-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

JAG HAPESAJ

LA SANTIDAD DE LAS COMIDAS

“cuidarán la festividad de las Matzot, siete días comerán Matzot como yo les ordené en su tiempo, en el mes de la primavera, porque en ese tiempo los saqué de Egipto”

 

Quien come leudado en Pesaj, lo alenu, es castigado más duramente que por la ingestión de carne de cerdo, Hashem nos salve. “Porque a todo el que coma leudado se arrancará su alma del pueblo de Israel, desde el día primero hasta el día séptimo”

Nosotros no nos ocupamos de las cosas ocultas, pero aquí hay una “dieta” espiritual, un tema de limpieza y pureza, que solamente el Bore Olam sabe para qué es necesaria y qué influencia de bendición proporciona al alma del hombre. En el Zohar Hakadosh podemos encontrar muchas cosas que señalan esta consideración.

El Gaon Hakadosh, el “Abnei Nezer” ztz”l, mostró en las palabras de la Guemara, que antes de subir al monte Sinai a recibir la Tora, Moshe Rabenu esperó durante seis días, oculto al abrigo de una nube, para vaciar o limpiar de comida y bebida sus intestinos. Vemos que durante seis días, todavía se pueden encontrar restos de comidas y bebidas anteriores, y para borrar todo rastro son necesarios siete días, estos son los siete días de Pesaj, ya que cuando la festividad termina, sólo tenemos en nuestros cuerpos la comida del precepto de Pesaj, “Majla Daasvata”, comida de curación

¡Cuánto nosotros tenemos que ser meticulosos, de no permitir el ingreso en nuestras bocas, durante todos los días de Pesaj un alimento del que tengamos alguna duda, que no sea para embellecer la fiesta con su limpieza y pureza!

¡Cuánto tenemos que ser meticulosos en la aptitud de los alimentos, con una estricta supervisión, para que la comida (material) logre su objetivo (espiritual) en estos días tan especiales!

Al final de la segunda guerra mundial gobernaba en la ciudad de Yerva un comando del ejército. Los alemanes sitiaron la isla. El gobernador de Francia envió barcos con cantidad de alimentos y otras cosas para cubrir las necesidades básicas de los habitantes de la isla.

El gran problema: no se podía conseguir harina para el amasado de las Matzot, la festividad de Pesaj estaba próxima y estaba prohibido comerciar harina sin permisos especiales.

El gaon, rabi Moshe Calfon ztz”l se dirigió al rab del ejército, rabi Itzjak Levi Rabinovich, y le pidió que intercediera con su gran influencia sobre el gobernador, para que permita que los iehudim puedan comprar harina de los agricultores para las necesidades de la festividad.

El gobernador odiaba a los iehudim (para variar), y se negaba a cualquier pedido semejante que tenga su origen en los corazones de los habitantes. Hervía con su odio, y hasta se atrevía a acusar a los iehudim por lo que estaba ocurriendo en la guerra. Pero, cuando el pedido venía de la boca del rab del ejército, no podía negarse…

Aceptó el pedido y le dijo al rab Levi que el rab de la ciudad se presente ante él para recibir de sus manos el permiso de comerciar con harina.

Cuando el rab Calfon se presentó frente al gobernador, éste saltó de su sillón y llenó su boca de odio, insultando y hablando cosas indebidas: ¿Por qué se dirigieron a personas ajenas al gobierno y a la ciudad? ¿Por qué mezclan a gente extraña en asuntos internos? ¿Por qué siempre ensucian el nombre de nuestro gobierno? ¿Por qué no se dirigieron a mí en forma directa?

El rab no podía contestar, sabía que cada una de las preguntas no tenía respuesta, o si la tenía, haría enojar más al gobernador. Esperó que se calme un poco la furia, y recibió de las manos del gobernador el permiso tan ansiado.

Tomó el permiso sin decir palabra, y de inmediato fue a comprar harina para su congregación, la repartió entre los encargados de cuidar la harina para el amasado de las Matzot, y se alegró porque a pesar de haber sido avergonzado había logrado su objetivo, para el bien de toda la comunidad.

Pasaron unos días y el gobernador fue llamado a presentarse en otra ciudad. Cuando iba en camino en su automóvil, subió sobre una “mina” y su vehículo estalló en pedazos. El rab del ejército estaba pasando unos días de vacaciones. Cuando volvió a Yerva después de Pesaj, preguntó cómo terminó la discusión de la harina de trigo. Le contaron de qué forma se resolvió todo y afirmó: “esto es lo que dijeron nuestros sabios respecto a las discusiones, cuidarnos de las brasas encendidas para no quemarnos”.

Y fue para nuestros padres y para nosotros.

Y fue, ¿Qué significa? El gaon y justo rabi Moshe Rubinstein ztz”l, Mashguiaj de la Ieshivat Lomza, escribió, en su libro “Ahavat Meisharim”, en nombre del Saba Mikelem ztz”l, que se refiere a la salida de Egipto. Porque nos deja una enseñanza y nos dirige, abriendo nuestros ojos y preparando nuestro camino. En toda situación de la vida y en cada “cruce de caminos” debemos pensar, analizar y podremos extraer de la salida de Egipto consejos y esperanzas, fe y confianza. La salida de Egipto nos sirve como brújula para todos los sucesos de la vida, particulares, familiares y comunitarios, durante todas las generaciones.

Y sobre el tema, un relato.

El gaon hamekubal, rabi Abraham Jaim Ades ztz”l, era de los grandes rabinos de Aram Tzoba. Una vez le pidieron que se dirija a una ciudad cercana. Para eso, tuvo que alquilar un burro e integrarse a una caravana, para estar protegido ante los peligros del camino. Un árabe alquilaba burros y organizaba las caravanas, pero, rabi Abraham prefirió alquilar su burro de un iehudi, como está escrito: “y vivirá tu hermano contigo”.

Le informó al árabe que ya tenía un burro y le pedía que lo incluya en una de sus caravanas, pagando el dinero que sea necesario. Cuando salieron de la ciudad, el conductor de la caravana, también árabe, le dijo a rabi Abraham con desprecio: no nos alquilaste el burro, se lo alquilaste a ese iehudi, pronto conocerás la fuerza de nuestros brazos y te arrepentirás de lo que hiciste…

Rabi Abraham no se quedó callado: parece que ustedes no saben que nosotros tenemos un D-s que todo lo puede. Estoy seguro que has escuchado qué le hizo al faraón en Egipto. Yo no tengo miedo de tus amenazas, estoy seguro que Hashem va a salvarme de tus manos y que te golpeará como golpeó al faraón y a su ejército.

El árabe se burló de las palabras del rab y dijo: en poco tiempo estaremos en el medio del desierto y veremos quién podrá salvarte de mis manos…

La caravana llegó al corazón del desierto y se escuchó un grito muy fuerte, como el de una persona a la que están ahorcando. La mula que arrastraba la carreta del conductor de la caravana, enloqueció, el árabe salió despedido y fue a caer sobe una piedra filosa golpeando su columna. La mitad de su cuerpo quedó paralizado, lo pusieron en una bolsa y lo subieron a un lado de la montura de la mula. El otro costado de la montura, para equilibrar la carga de la mula, lo llenaron de piedras y así siguieron su camino…

Todos los presenten rendían grandes honores a rabi Abraham, el sabio iehudi que estaba acompañado por su D-s, que defendió su vergüenza. Bendito el hombre que santifica Su Nombre en público.

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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