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Shabat Shalom


La Nueva nueva hoja PERASHAT Ajarei mot- Kedoshim -17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

MEJOR, CON BUENAS COSTUMBRES

“Serán santos, porque Santo soy Yo, Hashem vuestro D-s” (Vaikra 19,2)

La perashat Kedoshim comienza con una orden muy general, “serán santos”. ¿De qué se trata esta santidad? ¿Y qué significa esta orden que asemeja la santidad a una cosa material?

Esto lo contestará el versículo siguiente “el hombre sentirá temor por su madre y por su padre, y cuidará Mis Shabatot”. La santidad echa raíces en cada uno de nosotros a través del cuidado de los preceptos, ya que de esa forma bendecimos: “Asher Kidshanu Bemitzvotav”, que nos santificó con sus preceptos.

Cada precepto agrega una columna de santidad en el edificio del hombre. Y si vamos a pensar, veremos que la Tora eligió un precepto que tiene que ver con las cualidades buenas y agradables, honrar a los padres y maestros, y otro precepto que se sólo tiene relación entre el hombre y su Creador, el cuidado del Shabat. Porque ningún hombre puede santificarse sin tener en cuenta las dos cosas como si fueran sólo una. Y las buenas cualidades en primer lugar, ya que “las buenas costumbres preceden a la Tora” (Vaikra Raba 9,3).

Este es el primer asunto con que arranca el libro de Bereshit, y en los libros que le siguen, el libro de Shemot, que tiene su centro en la entrega de la Tora y el libro de Vaikra, que nos trae los sacrificios y muchísimos preceptos más. Sabemos que el libro de Bereshit es el libro de nuestros patriarcas, los Avot Hakedoshim y sus obras. Por eso fue llamado el “Sefer Haiashar”, el libro de la rectitud, el libro de nuestros padres que fueron hombres rectos. Ellos mostraron su excelencia haciendo favores a las personas, y observando sus caminos, viendo como manejaron sus vidas aprendemos lecciones, descubrimos una cantidad innumerable de conceptos sobre la educación. Y también en cuestiones de hacer bien a las creaciones, o sobre los distintos caracteres. Todo con la concepción de que “las buenas costumbres anteceden a la Tora”. Así lo escribió rabenu Tzadok Hacohen Milublin ztz”l, en su libro “Or Zarua Latzadik” (parte 2).

Y este debe ser el camino para la educación del hombre. A la edad de trece años el niño deja de ser niño e ingresa plenamente al mundo de los preceptos, para pasar a estar obligado a todos los preceptos de la Tora, tal cual como un hombre grande. ¿Y hasta entonces? Hasta entonces se lo educa en forma escalonada (Ioma 8,4), cada precepto llegará en su tiempo, como una obligación impuesta por los sabios. Pero hay que enfatizar en las buenas costumbres y cualidades, que serán las bases fuertes en su vida, teniendo en cuenta que “las buenas costumbres anteceden a la Tora”. Lo principal en la educación, es el ejemplo que pueden dar los padres. Al respecto estudiamos que un hombre nunca debe asegurarle al hijo que le dará alguna cosa y finalmente no darla. ¡Porque así le está enseñando a mentir!

Todo esto es muy correcto, una gran verdad, para explicar las dos primeras partes del versículo que así están ordenadas: “el hombre sentirá temor por su madre y por su padre, y cuidará Mis Shabatot”. Pero, el versículo tiene una tercera parte, que es la principal: “Yo Soy Hashem, vuestro D-s”. Y vamos a explicarlo…

También está escrito más adelante: “Mis Shabatot cuidarán y temerán a Mis Santuarios, Yo Soy Hashem”. Y nuestros sabios disertaron (Iebamot 7a), no vamos a temer al Santuario sino a Quien nos advierte sobre el Santuario. Y escribió el “Meshej Jojme” (Shemot 32,19) que así termina de decir la Tora: “Yo Soy Hashem”, cuando se nos ordena temer a los Santuarios tenemos que sentir el temor de Hashem. Nuestro temor al Santuario se debe a Su Orden.

Y las santas palabras abren nuestros ojos a la comprensión del versículo: “el hombre sentirá temor por su madre y por su padre”, intenten aprender buenas cualidades, agradables y adecuadas, y con el temor a los maestros que serán el ejemplo a seguir. “Y Mis Shabatot cuidarán”, un ejemplo de los preceptos entre un hombre y su Creador. “Yo Soy Hashem”. Tanto unos preceptos como los otros se harán con temor. Porque fueron ordenados.

Un estudiante de Tora se presentó ante su maestro con el corazón destrozado. Su maestro era el gaon hakadosh, el Jidushe Harim Migur ztz”l. Está escrito “Ki Ner Mitzva, Vetora Or” (Mishle 6,23), la Tora y los preceptos propagan la luz en todas direcciones. Y él estudia Tora y cumple los preceptos, pero la oscuridad resulta ser tan profunda… No alcanza a sentir nada…

El rab le contestó: hay una Ley conocida, si tenemos una duda sobre una bendición, alivianamos (ya que la bendición fue establecida por los sabios y en caso de duda mejor no bendecir, para no caer en la posibilidad de mencionar el Nombre de Hashem en vano). Pero en cambio, si nuestros sabios estaban en duda sobre si un precepto nos santifica, si existía la mínima posibilidad de pensar que un precepto no va a santificarnos, no habrían establecido bendecir mencionando el Nombre de Hashem y haciendo referencia a Su Reino, diciendo: “que nos santificaste con tus preceptos”. Y si lo establecieron de esta forma, eso significa que los preceptos, se hagan de la forma que se hagan, nos santifican y nos elevan, ¡sin ninguna sombra de duda! (Siaj Sarfei Kodesh)

No hay dudas de que los preceptos nos santifican, pero la pregunta está sin responder todavía: ¿por qué no sentimos que nos santifican?

¡Qué agradable resulta el ejemplo que nos brinda el “Jatan Sofer ztz”l!: un frasco contiene perfume de afarsemon, un fruto que tiene un aroma embriagador, frente al cual es muy difícil no quedar atrapado. Pero todo tiempo que el frasco está cerrado, nadie puede sentir absolutamente nada. Cuando quitamos la tapa del frasco, el aroma llena todo el ambiente y todos se asombran ante una fragancia tan maravillosa. Y podemos decir, es el mismo aroma de siempre, nada ha cambiado, siempre el perfume de este fruto ha sido igual. Lo que ocurre es que después de estar oculto, cuando vuelve a surgir, provoca un placer indescriptible…

Lo mismo encontramos con el versículo “Ki Ner Mitzva, Vetora Or”. Con seguridad, los preceptos le dan luz al alma, nos santifican y nos elevan, como hemos dicho. Pero, todo tiempo que el alma está encerrada en el cuerpo, no puede sentir nada. Cuando logra salir de su encierro, o cuando el cuerpo se purifica tanto al punto de no impedir el paso de la luz, entonces el alma podrá sentir, y se llenará de luz.

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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