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Shabat Shalom


La Nueva nueva hoja PERASHAT Bamidbar-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

SIN LUGAR A LA SOBERBIA

“Y el cargo de Elazar hijo de Aharon Hacohen…” (Bamidvar 4,16)

Siempre, pero siempre, antes de Jag Hashavuot, el tiempo de la entrega de la Tora, leemos esta perasha, perashat “Bamidvar”. Y existen varios motivos para que resulte de esta forma: uno, para hacer una interrupción entre las maldiciones de la perashat “Bejukotai” y la entrega de la Tora, que es un manantial de bendiciones. Otro, porque aparece el “orden”, relacionando a las tribus de Israel, cada una según su bandera, en busca de la elevación espiritual.

Vamos a dar una respuesta de nuestra parte, relacionando este versículo con los sucesos de la entrega de la Tora. Y así iremos preparándonos para recibir la luz de Jag Hashavuot: “Y el cargo de Elazar hijo de Aharon Hacohen, aceite para el encendido, y el incienso, y la ofrenda permanente, y el aceite de la unción”.

Y explica Rashi en base al Talmud de Ierushalaim, que Elazar llevaba todos estos elementos de la siguiente forma: el aceite para el encendido en la mano derecha, el incienso en la mano izquierda, la ofrenda permanente sobre su hombro y los recipientes con el aceite de la unción en un bolsillo de su pechera. Y rabenu Haramban ztz”l nos ilumina con su aclaración, que si todo esto debía llevarlo él solo, era una carga muy pesada para una sola persona…

Elazar era el “segundo” del Cohen Gadol (del sumo sacerdote), además de ser príncipe, entre los príncipes de la tribu de Levi. Entonces, en verdad, la pregunta es, ¿por qué fue ordenado a llevar semejante carga?

Está escrito en el Midrash: Elazar era un hombre muy honorable, como dijimos, príncipe entre los príncipes. Ve todo lo que tiene que llevar con sus manos, y podría pensar que dado que era un gran hombre, lo mejor sería derivar la carga hacia otras personas, ya que no era digno cargar cosas debido a su grandeza y a su honorabilidad… Pero no, él mismo lo llevaría, para enseñarnos que no existe mostrarse altanero frente al Creador (Bamidvar Raba 4,20). Elazar nos demuestra que puede “bajarse” de su pedestal, está dispuesto a resignar a su honor para honrar a Hashem.

El Midrash nos sigue contando sobre el milagro y el baile del rey David delante del Arca del Pacto, donde se depositaban los rollos de la Tora. David Hamelej bailaba con todo su ser, con toda su fuerza, palmeaba, saltaba, elevaba brazos y piernas frente a todo el pueblo de Israel. Y daba su testimonio frente a Hakadosh Baruj Hu: “no me avergüenza siquiera ser despreciado frente a Ti, para honrarte”.

Así los “grandes” de Israel, y así debe hacer todo hombre. Y prosigue el Midrash: un hombre estaba arrepentido porque jamás había estudiado ni Tora ni Mishna. Un día, en el Beit Hakneset, cuando el oficiante llegó a la parte de la oración donde proclamamos la Santidad del Nombre de Hashem, elevó muchísimo su voz y gritó: “Kadosh, Kadosh… Hashem Tzevakot…”

Le preguntaron: ¿a qué se debe un grito tan fuerte?

Y contestó: no tuve el mérito de estudiar Tora ni Mishna y ahora, que tengo la posibilidad de santificar Su Gran Nombre, aprovecho para santificarlo con toda mi fuerza y así, traigo un poco de consuelo a mi alma.

No pasó mucho tiempo y este hombre fue nombrado ministro del ejército del emperador. Lo pusieron al frente de todas las misiones que se desarrollarían sobre la tierra de Israel. Construyó una ciudad, y fue muy respetado por los ciudadanos, se convirtió en un hombre poderoso, y esa grandeza más tarde pasó a sus hijos. De aquí aprendemos que no debemos portarnos con soberbia frente a Hashem…

Todos los que mostraron su humildad frente a la Grandeza de Hakadosh Baruj Hu, y lo sirvieron y lo honraron, se hicieron merecedores de todo, y tenemos como ejemplos a Elazar Hacohen y a Iehoshua Bin Nun.

Dichosos, los que se ocupan de ordenar el funcionamiento de un Beit Hakneset. Dichosos los que alinean los asientos, guardan los Sidurim y Jumashim, los que ajustan los relojes y abren sus puertas. Vean cuánta recompensa les espera, honor y grandeza, ¡en los dos mundos!

Todo esto es una verdad absoluta, pero hay algo más que agregar. Está escrito: “cuidarán Mis Sábados y sentirán temor en Mis Santuarios, Yo Soy Hashem”. Y sobre este versículo dijeron nuestros sabios en la Guemara (Iebamot 6a): ¿cuál es el cuidado que debemos tener en Shabat? No debemos sentir temor al Shabat sino a Quien nos previno sobre el Shabat. Y lo mismo diremos sobre el Santuario, no sentimos temor al Santuario sino a Quien habita en su interior…

Del versículo también aprendemos que darle honor al Santuario y honrar al Shabat son una misma cosa: ¡Honor al Cielo! Con lo cual, también diremos que respecto a honrar el Shabat rige la misma norma, que no hay soberbia frente al Creador, y que la recompensa es inmensa…

Y en efecto, la Guemara (Shabat 119a) nos cuenta sobre rabi Aba que en la víspera de Shabat compró carne en trece carnicerías, para preparar su Shabat con la mejor de las comidas, elegida entre las elegidas. Rabi Abau, que era multimillonario y tenía muchos sirvientes, en la víspera de Shabat se sentaba en una silla de marfil y avivaba el fuego con un fuelle, para que la comida tome una mejor cocción y así honrar más al Shabat, con su propio esfuerzo. Rab Anan se quitaba las vestimentas que mostraban su jerarquía y se ponía prendas de “trabajo” para cocinar las comidas de Shabat. Rab Safra se ocupaba personalmente del asado de la carne mientras Raba preparaba los pescados. Rab Huna se encargaba de dejar listas las velas y rab Papa fabricaba sus propias mechas para el encendido…

Y todas estas acciones determinaron el establecimiento de la ley: aunque una persona sea muy importante, aunque su jerarquía no lo haga digno para comprar alimentos en el mercado y tampoco para que se ocupe de realizar trabajos en la casa, de todas formas está obligado a realizar trabajos para honrar al Shabat, con su propio cuerpo, y esto no irá en deterioro de su honor sino todo lo contrario… éste será su honor… y todo el que aumente con su esfuerzo para honrar el Shabat será alabado. (Rambam Shabat 30,6). Y he visto muchas personas importantes, grandes en Tora, que ordenaban sus casas para honrar el Shabat (Mishna Berura 250,4).

Dichoso el que se esfuerza haciendo compras para honrar el Shabat, cocinar y hornear en honor al Shabat. Dichosos los hombres que hacen esto. Dichosas las mujeres que hacen esto.

 

 

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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