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Shabat Shalom


PERASHAT BERESHIT-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



 

¿COMO SE GOBIERNA EL MUNDO?

“…conforme a la semejanza de Hashem lo creó…” (Bereshit 1,27)

 

El gobierno del mundo… depende del comportamiento del hombre. Lo dice la gente: “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, y aunque esto no tiene comparación con lo que representa la Conducción de Hakadosh Baruj Hu sobre el mundo, nos puede dar una vaga idea…

Uno de los trece principios establece que Hakadosh Baruj Hu no tiene cuerpo ni semejanza a un cuerpo. Por eso pregunta el gaon, rabi Eliahu Di Vidas ztz”l, en su libro “Reshit Jojma” (Shaar Hairah 4), ¿cómo es posible que el versículo diga “conforme a la semejanza de Hashem lo creó”?

Y contesta, que el Nombre “Elokim” (que utiliza el versículo) muestra el comportamiento de Hashem de acuerdo a la “Justicia”, muestra que Hashem es “estricto, que todo lo puede y que es el Dueño de todas las fuerzas”.

Sabemos, que el comportamiento del hombre aquí en la tierra influye de gran forma en la manera que Hashem se conducirá con nosotros. O sea, si el hombre se comporta con rectitud, si va por el buen camino, provocará que así sea la interrelación entre el Creador del Mundo con él y con el resto de sus creaciones. La bondad y la rectitud del hombre hacen que Hashem reparta bondad y rectitud en el mundo, por los méritos del hombre.

Como ya dijeron nuestros sabios (Kidushin 39b): un hombre cumple un precepto, inclina la balanza personal y la del mundo hacia el lado de los méritos. En cambio, cuando el hombre estropea sus acciones, provoca no sólo un mal para él, sino para todo el mundo, que será juzgado con mayor severidad, donde Hashem “ocultará Su Rostro”, como está dicho allí: pasa por una transgresión, inclina la balanza propia y la de todo el mundo hacia el mal.

Este es el asunto de “conforme a Su Semejanza”, no hablamos de formas, no hablamos de imágenes, sino de conductas. El “comportamiento” de Hakadosh Baruj Hu con sus creados, es, si se podría expresar así, una copia de la conducta del hombre, y la Influencia de Hashem y su forma de conducir se refleja mirando a través del comportamiento del hombre.

Así lo ejemplifica el gaon, rabi Peretz Maimon ztz”l, en su libro “Toldot Peretz” (Perashat Ki Tetze), con un niño que entra a un comercio a comprar un espejo. Se dirige al vendedor y le pide el mejor espejo que tenga, el más especial…

El vendedor busca y le trae el mejor espejo de su negocio… 

El niño se observa a través del espejo, y le grita al comerciante: ¿a esto usted lo llama un buen espejo?, especial, ¿qué tiene de especial? Venga, por favor, y mire de qué forma desagradable yo me reflejo en su gran espejo…

El vendedor observó el rostro del niño y entendió. “Dices la verdad”, lo confirmó, “este espejo no es el mejor de todos. Pero si quieres el mejor de los espejos, tendrás que agregar dinero a lo ya abonado, y pagar el doble…”

-Sus palabras no me asustan, contestó el niño, aquí está el dinero…

El vendedor llevó al niño a la parte trasera del negocio, lo paró frente a una canilla, y lavó su rostro lleno de suciedad. Lo inclinó y le lavó la cabeza, trajo un peine y ordenó sus cabellos. Lo condujo nuevamente al frente del negocio y lo acercó a otro espejo, de menor calidad y más económico que el primero.

El niño se vio en el espejo y su rostro se iluminó: ahora sí, este espejo es lo que debe ser. Vale exactamente el importe que me pidió por él…

Todos podemos apreciar la forma inapropiada de pensar de este niño. Piensa que tiene delante un espejo mejor, cuando el cambio sólo se produjo en su propia apariencia, ya que el espejo solamente refleja lo que tiene delante.

Esto es lo que dice el versículo “Hashem es tu sombra, sobre tu derecha” (Tehilim 121,5), como la sombra que se mueve junto a los movimientos del hombre, así Hashem decreta y establece Sus Leyes de acuerdo a nuestras acciones y a nuestra forma de conducirnos. Si nuestra figura espiritual está “lavada” y limpia de pecados, entonces, Hashem se conducirá con nosotros y con todo el mundo como todos lo deseamos…

Un joven que vivía en un Kibutz del Galil pasó por Bnei Brak (accidentalmente, quién sabe). Deambuló por sus calles hasta que llegó a la Ieshivat Poneviz. Se quedó petrificado al ver cientos de jóvenes que gritaban, discutían unos con otros, de a dos, a veces más. En fin, terminaba una discusión y comenzaba otra, pensaba que alguien debía ganar pero todo parecía continuar.

Se preguntó: ¿qué es esto? Nunca había visto algo así y jamás imaginó que podía existir algo así.

Un joven se acercó a él, pensando que podría “ganar” un alma para las futuras generaciones. Con mucha tranquilidad le preguntó si estaba preparado para estudiar, para tratar de entender lo que ocurría allí. Le ofreció una “kipa” y lo sentó frente a un “Stender”, le enseñó unas líneas de Guemara, y el joven se quedó allí. Absorbió el mundo de la Tora, y al poco tiempo se convirtió en uno más de la Ieshiva.

Pero el Kibutz no perdonaría. No lo liberarían con facilidad. No le devolverían sus documentos ni le entregarían sus bonos para los alimentos (en esos tiempos no se podía comprar comida sin los bonos, debido a la escasez).

¿Qué hacer?

Fueron a preguntarle al Raban de Israel, al Jazon Ish ztz”l, que envió a su hombre de confianza el gaon, el justo, rabi Iaacov Galinsky ztz”l, debería viajar a Haifa y sacar nuevos documentos para el joven.

-¿Puedo hacer una pregunta?, dijo el rab Galinsky al Jazon Ish, que le dio permiso a preguntar.

El abuelo del joven era de la misma ciudad en que nací, Krinik. Un hombre temeroso de Hashem, la mano derecha del rab de la ciudad. Su hijo se dejó llevar por los “nuevos vientos” y se apartó del camino. ¡Cuánto sufrimiento! Subió a la tierra de Israel y fundó el Kibutz. Allí, Hashem nos guarde, borraron Su Nombre, sin Shabat, sin Kashrut (leyes de los alimentos), sin Pesaj, sin Iom Kipur… ¿Con qué méritos este joven vuelve al camino de sus ancestros?

Dijo el Jazon Ish ztz”l: debes entender, su madre derramó muchas lágrimas, cuando encendía las velas de Shabat pedía tener “satisfacción iehudi” de su hijo.

La oración no sirvió para su hijo que se desvió del camino.

Pero la oración no se devuelve vacía, las lágrimas no son en vano, si no sirvieron para su hijo, fueron útiles para su nieto…

Así se gobierna nuestro mundo…




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