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Shabat Shalom


PERASHAT NOAJ-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



SI NOS DETENEMOS,CAEMOS

“… Noaj se conducía con Hashem” (Bereshit 6,9)

Las aves tienen la fuerza y las condiciones para elevarse y volar muy alto. Pero todo esto con una condición, que desplieguen sus alas y las mantengan en posición de vuelo (moviéndolas o acompañando el viento) sin interrupción. En el preciso momento en que deja de hacer el movimiento necesario o recoge sus alas, el ave caerá a tierra. Así también es el hombre, dice el gaon, rabi Israel Misalant ztz”l, todo tiempo que el hombre sigue con su trabajo espiritual sin detenerse podrá adelantar  en el Servicio a Hashem Itbaraj. Con esa fuerza podrá “volar” y alcanzar niveles espirituales muy elevados, pero, si detiene su ascenso, su avance, estará otra vez, propenso a una abrupta caída, pudiendo llegar al fondo de un pozo muy profundo.

En el libro “Od Iosef Jai” (perashat Lej Leja), nos explica Rabenu Iosef Jaim ztz”l que a los Angeles se los llama “parados”, como encontramos (Zejaria 3,7): te he dado el andar entre todos esos “parados”. Los Angeles siempre se encuentran parados sobre su lugar, no tienen avances ni retrocesos, no pueden hacerse más justos ni tampoco hacerse más malvados… Nunca se les presenta la necesidad de elegir entre hacer el bien o el mal.

Los hombres justos, en cambio, están siendo probados en forma continua, y saltan de prueba en prueba, sobreponiéndose sobre el instinto que quiere derribarlos, elevándose desde la categoría en la que estaban, subiendo un escalón, para enfrentar pruebas más fuertes, que se presentan cada vez que se elevan un poquito más.

Y así explicamos la alabanza que la Tora le hace a Noaj: “Noaj se conducía con Hashem”, la grandeza de Noaj y la realidad con la que cae en gracia a los “ojos” de Hashem consisten en su forma de verse a sí mismo, siempre “andando”, avanzando, aunque sea muy lentamente. Nunca se para en su lugar, nunca sentirá que llegó al destino. Siempre vive con la sensación de que allí, más adelante, el camino sigue, hay un recorrido muy largo para alcanzar la integridad en el Servicio al Creador…

Sin embargo, con la salida del Arca, Noaj plantó un viñedo, y tomó de su vino, se emborrachó y se durmió. Supuso que después de todos los hechos que se sucedieron en su vida, podía detener, por un momento, su estado de “siempre adelante”. Y como sabemos, las consecuencias de esta detención fueron duras y amargas.

El hombre tiene una sola forma de conducirse en la vida, siempre debe buscar elevarse, sin detenerse en la mitad del camino. En un momento de freno, puede perder todo lo que consiguió hasta allí. ¿Qué ocurre con un río o con un manantial cuando el agua deja de fluir y se acumula en un determinado lugar? Estas aguas se mezclan con aguas sucias y tanto unas como las otras se transforman en una sola masa de agua sucia. Pero todo tiempo que las aguas corran, fluyan, ninguna suciedad, ningún mal se junta con ellas. Cuando nosotros seguimos en nuestro camino de ascenso, aunque el ascenso sea muy leve, nos hacemos merecedores de todo lo bueno.

Un ejemplo muy agradable encontramos entre los relatos del gaon, Rabenu Iosef Jaim ztz”l:

Un simple campesino tuvo un sueño muy interesante. En su sueño había una escalera apoyada sobre la tierra, con una altura de cien escalones, y el rey se encontraba subiendo en el escalón número cincuenta. Le contó el sueño a su esposa y ella le aconsejó, también con simpleza: ve y cuéntale el sueño al rey, tal vez le resulte agradable y recibirás un buen regalo de su parte…

Al día siguiente, por la mañana, se dirigió al palacio del rey, golpeó uno de los portones y le dijo a los guardias que tenía un secreto para revelarle al rey de la India. Después de obtener los respectivos permisos, el hombre entró al despacho del rey y le contó lo que vio en su sueño, la noche anterior. El sueño cayó en gracia a los ojos del rey, que interpretó que su reino seguiría en constante crecimiento. Para agradecer por la gran noticia, ordenó al ministro del tesoro entregarle al campesino cincuenta monedas de oro, como el número de escalones que había subido el rey…

Lo que sucede entre los vecinos va de boca en boca, y los hechos también despertaban la curiosidad de la gente simple. En especial en una pareja muy cercana. La mujer pensó: ¿por qué nosotros no podemos recibir un regalo como ellos? Fue y le dijo al marido que él también debía ir al palacio del rey y contarle que soñó un sueño parecido. Pero esta vez no se conformarían con poco, él tendría que agrandar su sueño diciéndole al rey que lo vio en la cima de la escalera, que había llegado al escalón número cien. Se apuró para poner sus palabras en la boca del esposo. “Con seguridad el rey te dará el doble de lo que le dio a nuestro vecino, porque tú le dirás que lo has visto en el escalón más alto”. Trató de animarlo para que mañana mismo se presente ante el rey…

Al principio el hombre se negó a mentir y le hablaba a su corazón “¿qué puedo hacer si no soñé nada?, yo no soy un soñador…” La esposa le hablaba un día, y otro día… y él no quería escucharla, ¿hasta cuándo iba a seguir?

Pero la mujer insistía: tenemos delante de nosotros una gran oportunidad, la oportunidad de nuestra vida para liberarnos de esta terrible pobreza. No tienes de qué preocuparte… ¿Cómo puede saber el rey si le dices la verdad o no?...

El campesino trataba de evadir las palabras de la mujer que no cesaban, hasta que finalmente aceptó sus consejos y fue al palacio del rey. El falso soñador se presentó frente al rey y le contó con mucho sentimiento: “pude ver en mi sueño el esplendor de su reino y al rey sobre la escalera con cien escalones, que trepó hasta su cima”…

Ahora sólo esperaba el ansiado regalo…

Grande fue la decepción cuando vio el rostro enfurecido del rey, que ordenó a sus guardianes que inmediatamente saquen a ese hombre de su presencia y lo acompañen hasta las afueras del palacio. Mientras lo arrastraban, lleno de vergüenza, pidió hacerle una pregunta al rey, que aceptó.

-Un corto tiempo atrás, estuvo aquí mi vecino y contó que vio un sueño muy parecido al mío, salvo que él vio al rey que subió sólo hasta el escalón número cincuenta, y a pesar de esto el rey le regaló cincuenta monedas de oro. En cambio a mí, que vi al rey que llegó hasta la cima de la escalera, me sacan de su presencia por la fuerza…

-En el sueño de tu compañero, contestó el rey, yo estaba en el medio de la escalera, pero subiendo, y tengo todavía una meta que alcanzar. La elevación se compara con la bendición, y por la bendición corresponde un regalo.

En tu sueño, aunque tú me has puesto en la cima de la escalera y es un lugar muy honorable, lamentablemente lo único que me queda por hacer es descender. Y el descenso se compara con las cosas malas, por eso sales con las manos vacías…

Nos queda por aprender que siempre debemos sentir que estamos en el medio del camino de la elevación espiritual. Nos queda mucho por estudiar y hacer. Estar continuamente en un estado de elevación, porque si sentimos que estamos “completos”, que llegamos al borde superior de la escalera, lo único que podremos hacer es bajar…

¡Adelantar siempre, y no detenernos!

Traducido del libro Otzaroteinu.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 

 

 




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