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Shabat Shalom


PERASHAT VAIERA-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



SEDOM Y SUS VECINOS
“El clamor de Sedom y Amora creció mucho…” (Bereshit 18,20)

La gente de Sedom fue borrada del mundo. Hasta donde se sabe, fue algo repentino, sin advertencias. La generación del Diluvio fue advertida durante ciento veinte años, Noaj los reprochaba continuamente, a pesar de que no lo escuchaban y hasta se burlaban de sus reproches. En cambio, Sedom fue destruida en un instante, con una lluvia de fuego y azufre.

Y podemos decir: ellos podrían aprender de su gran vecino, de Abraham Avinu, ¡la columna del favor! Entonces, en verdad, ¿alguna vez alguien había visto semejante generosidad? Abraham Avinu degollaba una vaca para cada invitado, y así poder alimentarlo con la parte más sabrosa del animal: lengua con mostaza. Abraham Avinu corría al encuentro de sus huéspedes y se inclinaba ante ellos, los llamaba “señores” y les imploraba para que permanezcan con él, que les permita atenderlos bajo su sombra. Las acciones de Abraham eran maravillosas, por donde se las mire, en calidad, en cantidad, en sus detalles. Inclusive los emoraim (los sabios de los tiempos de la Guemara) se asombraron y se preguntaron: ¿acaso nosotros tenemos la obligación de aprender de las acciones de Abraham Avinu? (Ioma 25b) Pero la gente de Sedom, con seguridad que tenían que haber aprendido al menos algo…

Y la afirmación se refuerza con un relato.
Cierta cantidad de personas se unieron con el propósito de salir con el alba hacia Tzanz, para ver al justo, el “Divre Jaim” ztz”l. Ellos programaron rezar “vatikim” (comenzar la oración de la mañana aproximadamente treinta minutos antes de la salida del sol para hacer coincidir el comienzo de la Amida con la salida del sol) para llegar a Tzanz después de que el justo terminara sus oraciones, recibir su bendición y regresar de inmediato. Así no perderían su día de trabajo…

Un iehudi anciano escuchó lo que querían hacer y pidió sumarse a la empresa. Cuando llegaron a Tzanz, la oración estaba en su punto culminante. Se pararon en la puerta del Beit Hakneset y esperaron con tranquilidad a que terminen los rezos. El anciano observó, y vio a los iehudim en sus oraciones, y en la pared oriental estaba parado un iehudi, envuelto en su Talit, bailando, aplaudiendo, cantando en voz alta. A la vista resultaba extraño y a la vez maravilloso, y quiso mirar más de cerca. Se adelantó más, y más, hasta pararse frente a ese iehudi que tanto lo asombraba. Se quedó allí, frente a él, mirándolo. De pronto, el iehudi interrumpió sus cantos y bailes, tomó con sus manos al anciano, lo acompañó hasta la puerta del Beit Hakneset… y lo arrojó fuera…

El justo volvió a su lugar y terminó su oración con gran sentimiento, mientras que el anciano no sabía qué hacer con su vida. Cuando finalizaron las oraciones, todos se pusieron en fila para recibir la bendición del justo. El justo salió, y dio su bendición a cada uno de ellos. Cuando llegó el turno del anciano, lo tomó nuevamente con sus manos, lo acompañó hasta la puerta del patio, y lo arrojó fuera…

El justo entró a su casa, y el anciano estaba fuera, llorando de amargura. El ayudante, sintió piedad por el anciano y le dijo: trataré de recomendarlo bien con el justo…

Entró a la Santidad del rebe, y le dijo: ese anciano está parado afuera, llorando…

-¡Qué así sea para que Hashem lo perdone!, proclamó el justo, no quiero verlo…

-Está llorando muy amargamente, intentó decir el ayudante, tratando de conmover al justo.

-Así será lo mejor para él, determinó el rebe.
-El pide saber cuál es su pecado, en qué está equivocado, dijo el ayudante…
-¿De verdad?, preguntó el justo. Cuando vemos un iehudi que hace el Servicio al Creador, pensamos y creemos que es una especie de fiera extraña que escapó del jardín zoológico. El verlo no ejerce sobre nosotros ninguna influencia. Nos quedamos fríos e indiferentes, cuando deberíamos tener curiosidad, nos parece algo divertido… La persona que no siente nada al ver el Servicio a Hashem de su compañero, atestigua sobre sí misma que se apagó en su interior toda chispa de iahadut. Yo no quiero conocerlo…

-Pero si está llorando, quiere decir que algo despertó en él…, el ayudante hizo su último intento.

-Entonces, hazlo entrar y le daré mi bendición…, aceptó el justo.
Y justamente, esta es la respuesta a nuestra pregunta: si tú tienes un vecino como Abraham Avinu y sigues siendo un hombre de Sedom, es la señal de que en tu interior se apagó toda chispa que muestre en ti el corazón de un hombre, y no existe la forma de corregir este defecto… Nadie te pedirá que alcances la misma categoría de Abraham Avinu, pero que al menos, alguna de sus cosas tan buenas se te contagie…

Traducido del libro Maian Hashavua

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 

 

 




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