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Shabat Shalom


PERASHAT TOLDOT-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



VIENE FACIL – SE VA FACIL

“Y luchaban los hijos en su vientre” (Bereshit 25,22)

Trae el Midrash (Bereshit Raba): en el momento en que Rivka pasaba al lado de un Beit Hakneset (casa de oración) o un Beit Hamidrash (casa de estudio), Iaacov se sacudía, pretendiendo salir… y cuando pasaba cerca de un lugar donde practicaban la idolatría, Esav corría y se sacudía pretendiendo salir.

Se entiende perfectamente la voluntad de Esav, de salir hacia un lugar donde se profesa la idolatría. Pero la voluntad de Iaacov no se comprende, ¿por qué quiere salir cuando la madre pasaba cerca de un Beit Hamidrash? Sabemos que dentro del vientre de la madre un Angel está sentado junto a Iaacov y le enseña toda la Tora (Nida 30b). ¿Hay algo mejor que este estudio?, ¿para qué quiere salir?

Todos nuestros sabios, grandes comentaristas de la Tora, están de acuerdo que no puede compararse un estudio realizado en un ambiente de tranquilidad con otro estudio que se logró mediante un gran esfuerzo. El estudio que fue producto del sacrificio, queda grabado para siempre, como dijo el rey Shlomo (Kohelet 2,9): también mi sabiduría está parada frente a mí. Y explicaron nuestros sabios: la Tora que estudié con mi naríz (con mi esfuerzo) estará parada allí (Ialkut Shemoni Kohelet 988). En cambio, el estudio que llega con facilidad, se irá con facilidad. Y esta es una regla básica para todas las adquisiciones espirituales: el esfuerzo y la constancia, “plantan”, echan raíces, para que cada avance se convierta en una verdadera adquisición y se mantenga. Sin el esfuerzo, los logros serán algo superficial, que terminarán “volando” con el viento…

Y es algo real, como ya dijimos, conocido por todos, que el feto, en el vientre de la madre, tiene un Angel sentado junto a él que le enseña toda la Tora, pero cuando el bebé nace y sale al mundo se olvida todo lo estudiado en la pancita de la madre, y con la misma velocidad que estudió toda la Tora, con esa misma velocidad olvida todo lo estudiado. Por esto, cuando Rivka pasaba junto a un Beit Hamidrash, Iaacov quería salir. Para Iaacov era preferible estudiar la Tora con su esfuerzo, antes que recibirla preparada (preparada para aprenderla y para olvidarla tan rápidamente como la aprendió).

El gaon, rabi Jaim Mivoloshin ztz”l, en la introducción del Biur Hagra, contaba que muchas veces, al amanecer, se presentaban en la puerta de la casa del Gaon de Vilna varios disertadores que llegaban desde el Cielo con la intención de transmitirle al Gaon una cantidad de secretos de la Tora. El Gaon de Vilna ni siquiera les prestó atención ni quiso escucharlos, aunque venían del Cielo, porque no quería recibir enseñanzas de Tora sin su propio esfuerzo.

Un relato agradable, para reafirmar estos conceptos, trajo el gaon, rabi Menajem Seliman Maani ztz”l, rebe de Hebron, y están escritos en su libro “Mimeni Parij” (124):

Un honorable millonario tenía un único hijo, muy capaz y amable. Con todo, tenía una cualidad que no era de las mejores, era muy perezoso. Todo el día lo pasaba sentado o acostado, y los días transcurrían vacíos…

El millonario estaba preocupado por el futuro de su hijo, y tenía mucho miedo pensando cuál sería su fin. Cuando vino la madre y le dijo que había llegado el momento en que el hijo de ambos debía casarse y había que buscarle una esposa, el padre le dijo con firmeza: la Tora nos enseña la forma en que debemos conducirnos, el hombre plantará un viñedo y después se casará con una mujer (Sota 44a). Nos quiere decir que primero el hombre deberá esforzarse para asegurar su sustento, y hasta que no lo consiga no tomará una esposa, metafóricamente hablando, no tiene que poner las ruedas del molino sobre su cuello…

-Si yo veo que recibes dinero por el trabajo que haces, el padre le ofreció un gran negocio a su hijo, recibirás de mi parte el dinero que hayas ganado multiplicado por diez.

Pero el hijo siguió con su indiferencia, sentado en su nulidad…

La madre sintió piedad por su hijo. Puso en su mano un billete y le dijo: hijo mío, sal de la casa, recorre las calles y los mercados durante todo el día, en la noche regresa y le mostrarás a tu padre el billete diciéndole que es el fruto de tu esfuerzo…

Pensó y recibió el billete. Anduvo todo el día por las calles, sin hacer nada, desde luego. Cuando se acercó la noche se presentó delante de su padre y le mostró el billete que se ganó. El padre tomó el billete y con su rostro severo, frente a los ojos de su hijo, lo rompió en pedacitos. Ante la sorpresa del hijo, el padre le dijo: ¿acaso tienes la intención de engañarme? Esto no lo has ganado con tu esfuerzo…

El hijo quedó tambaleando, y le contó a su madre. Ella le dijo: tal vez alguien le contó a tu padre que te vio caminando por el mercado sin hacer nada. Toma otro billete, y ve a la casa de algún amigo. En la noche vuelve y dile a tu padre que has ganado este billete con tu trabajo…

Escuchó la voz de su madre. En la noche volvió y le mostró al padre el dinero obtenido. El padre tomó el billete y lo arrojó al fuego de la estufa que calentaba la casa, mientras que le decía con energía: ya deja de mentir, y comienza a trabajar…

Otra vez, fue a contarle a la madre lo sucedido. Pensó unos instantes y le dijo: puede ser que al verte que tienes las ropas limpias y bien planchadas, tu padre no ha creído que hayas estado trabajando. Esta vez, ensuciaremos tus vestimentas con barro, vendrás a verme y te daré otro billete de cien shekalim que le mostrarás a tu padre.

El hijo hizo todo según las órdenes de su madre, y cuando llegó a ver a su padre, todo sucio, y le mostró el billete, el padre lo miró fijamente y estableció: ¡Tú no trabajaste por este billete! Y otra vez hizo pedazos el billete…

Muy sorprendido, fue otra vez a contarle a su madre, que levantó sus hombros y le dijo: puedo tener muchas ideas, pero tú no tienes alternativa. Ve al mercado, pero tendrás que trabajar, y al terminar traerás a tu padre el fruto de tu esfuerzo… Y veremos qué dice tu padre…

Fue al mercado y se ofreció para realizar mandados. Desde la mañana hasta bien entrada la noche fue de aquí para allá llevando y trayendo cargas, algunas muy pesadas. En la noche se presentó nuevamente frente al padre con el dinero que ganó honestamente.

Pero, también esta vez el padre no le creyó y tomó el billete para quemarlo. Sin embargo, ahora, el hijo se puso mal, y tomó el brazo del padre y le dijo: no papá, no quemes el billete…

El rostro del padre se iluminó, le devolvió el billete y le dijo: ahora yo sé que ganaste este dinero con tu esfuerzo…

-¿Cómo lo supiste?, preguntó el hijo con asombro.

Y el padre respondió: esta vez es diferente de las anteriores, esta vez pude ver que te importa el dinero, que es valioso a tus ojos, por eso supe que es el fruto de tu esfuerzo. Una cosa que se consigue con sacrificio, se valora mucho más…

Igual debe ser la relación con los logros espirituales: el hombre no recibe su Tora de regalo, sino con esfuerzo, con dedicación, para que le dé el valor que dignamente le corresponde a la Sagrada Tora. Y ya está escrito en la Guemara (Berajot 5a) que la Tora y el Olam Haba, el mundo venidero, se obtienen con sufrimientos. Porque todo lo que llega con facilidad, también se va con facilidad, pero lo que se obtiene con sacrificio, lo que es valioso para el hombre, se graba en el alma, transformándose en una verdadera adquisición, por la que siempre lucharemos para conservarla y hacerla más grande e importante…

Traducido del libro Otzaroteinu.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 

 

 




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