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Shabat Shalom


PERASHAT MIKETZ-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



ADMINISTRADOR NOMBRADO DESDE EL CIELO

“Y ahora busque el faraón un hombre entendido y sabio… ”(Bereshit 41,33)

Iosef Hatzadik interpreta los sueños del faraón, que indican que habrá siete años de hambre después de los siete años de abundancia, y posteriormente le aconseja nombrar a un hombre que acumule la cosecha en los años de abundancia, para poder soportar los años de hambre. Y el Ramban ztz”l pregunta: si le pidieron a Iosef interpretar los sueños, ¿por qué tiene que dar consejos? Para eso está el consejero del rey…

El rab, escritor del “Brit Abraham” ztz”l, contestó en nombre del Haari Hakadosh ztz”l, de acuerdo a las palabras de la Guemara (Berajot 54a): dijo rabi Iojanan, hay tres cosas que Hakadosh Baruj Hu proclama: el hambre, la abundancia y un buen conductor. El hambre, como está escrito que Hashem proclamó para el hambre (Melajim 2 8,1). La abundancia, como está escrito: proclamé sobre el granero y lo aumenté (Iejezkel 36,29). Un buen administrador, como está escrito: mira, proclamé (he elegido) a Betzalel (Shemot 31,2). Hasta aquí las palabras de la Guemara.

Y esto es lo que Iosef le dijo al faraón: “lo que Hashem va a hacer le está diciendo al faraón”, y le informa sobre el hambre, sobre la abundancia, por eso tiene que completar con la tercera cosa (porque las tres cosas van juntas) y hablarle del nombramiento de un buen administrador…

Traeremos un relato conocido, pero el relato no es lo importante sino su mensaje, lo que debemos aprender de él, cada uno de nosotros. Lo escuchamos de la boca de uno de los protagonistas, que se salvó de la espada o del fuego, rabi Hilel Rotshetein ztz”l, de Beer Sheva. Su madre, Aleha Hashalom, fue una de las cocineras de la casa de la “columna del favor” el justo rabi Ieshaiahle Krestirer ztz”l.

Como es sabido, rabi Ieshaiahle traía invitados a su casa como nadie podía hacerlo, un buen administrador con la mesa servida para todo el mundo. Y prefería él mismo ocuparse de la buena acción y no dejarla en manos de enviados, por eso se esforzaba “y él estaba parado frente a ellos y los alimentaba”. Y cuentan que antes del toque del Shofar, cuando los principales de Israel se retraían con temor y se preparaban para escuchar los sonidos del Shofar con la debida concentración, como podemos leer en el Zohar Hakadosh, él se ocupaba de extender las mesas para recibir a innumerable cantidad de invitados que vendrían a su casa a comer después de las oraciones. Y dijeron bromeando: todos los conductores de la congregación se ocupan de cosas “razin drazin”, o cosas “fundamentales” y él se ocupa de la abundancia y no de la estrechez (razon)…

Durante un año entero hubo gran escasez de papas, como sabemos, el alimento principal para los días de Pesaj. Y el problema no era su precio, sino que no había donde comprar. ¿Y qué iban a comer en Pesaj? Rabi Ieshaiahle mandó enviados al norte y al sur, al este y al oeste, buscando dónde se podría conseguir papas. Todos regresaban con las manos vacías. Uno de los enviados contó que en una ciudad había un hombre con depósitos llenos de papas, pero que no los quería abrir, esperando que los precios aumenten más.

Ordenó preparar una carreta llena de bolsas para almacenar papas, pero en lugar de papas, estarían llenas de billetes y monedas. ¿Dónde irá? ¿Iba a repartir toda esa fortuna en caridad? Atestiguaban sobre el “Divre Jaim” de Tzanz ztz”l  que cuando recibía una moneda la repartía en Tzedaka (caridad) sin siquiera pensarlo, como si nunca esa moneda le hubiera pertenecido, como si él fuera sólo un caño, una tubería por donde pasaba la moneda…
Todos pensaban que rabi Ieshaiahle había pedido un gran préstamo. Y llevó consigo dos personas para que lo ayuden…

Llegaron a la ciudad y fueron directamente a ver al comerciante, un no iehudi muy anciano. Le preguntaron a qué precio quería vender sus papas.

El hombre aspiró profundamente con su pipa y desparramó una nube de humo. “No están a la venta”, declaró con indiferencia.
-Tú estás esperando que el precio se “duplique”, dijo el rab con entendimiento, pues entonces, duplica ahora el precio y te lo pagaré.

Otra nube de humo: “no están a la venta”.
-Se terminarán pudriendo en tus depósitos, dijo el rab. Vendrá la producción de la nueva temporada, fresca, y en abundancia. Es una lástima. Fija el precio, y recibirás el dinero…

-No estoy necesitado de dinero, afirmó. ¿Acaso ustedes no lo ven? Soy un hombre anciano, ¿qué haría con tanto dinero?
-No lo entiendo, si no necesitas dinero entonces entrégalas gratuitamente. Los iehudim necesitan papas para los días de Pesaj. Sin las papas, pasarán hambre, Jalila. Ancianos y niños, mujeres y enfermos…

-“No están a la venta”, el hombre selló sus palabras.
-¿Qué es lo que tú quieres a cambio? ¿Deseas algo, pídelo?
El hombre sacó la pipa de la boca, que estaba mordisqueando. Finalmente se hizo escuchar: yo quiero todo el mundo venidero del rabi…

Los que estaban presentes quedaron perplejos. ¿De dónde tuvo semejante ocurrencia? Pero más perplejos quedaron ante la respuesta del rab.

-¡No hay problema!
-Yo soy comerciante, haremos una comprobante de venta como lo exige la ley, dijo el no iehudi.

-¡Ningún problema!, repitió el rab y dijo: en el momento haremos un pacto firmado y sellado. El hombre entregó todos sus depósitos en manos del rab y recibió a cambio todo su mundo venidero. Hubo cuatro firmantes, los dos hombres que acompañaban al rab y dos de los sirvientes del comerciante, además de los dos interesados.

El rab le dijo a los dos acompañantes: yo les ordeno no contar a nadie lo sucedido aquí. Y ahora, saquen dinero de las bolsas que trajimos para alquilar carretas, y llevar todas las papas a nuestra ciudad.

Una caravana de carretas llegó a la ciudad, y en la ciudad reinaba la alegría. Decenas de personas comieron en la mesa del rab, y el resto de las familias recibió las papas en abundancia, sin pagar un centavo. Después de la fiesta, los hombres encargados de guardar el secreto, no pudieron resistir los embates de los curiosos y revelaron el secreto, por supuesto, “en secreto”, y ellos también “en secreto” lo contaron a otros, hasta que toda la ciudad de Krestir se convirtió en un chusmerío…

Se juntaron varios y se preguntaron: ¿es posible? ¿Vender el Olam Haba, todo el Olam Haba por… papas?

El rab se enojó y proclamó: todo el Olam Haba de Ieshaiahle no vale nada, si un iehudi en Krestir no tiene papas para comer en Pesaj…
Y también es conocido el relato que contaron frente al “Divre Jaim” Mitzanz ztz”l, que un hombre justo vio que estaban juzgando a un iehudi. Lo avergonzó y así pudo alivianar su condena. Le preguntaron, ¿acaso no sabes que si avergüenzas a una persona en público pierdes tu Olam Haba? (Baba Metzia 59a). Y contestó: estoy dispuesto a sacrificar todo el Olam Haba para ayudar a un iehudi…

-¿Acaso esto es digno?
Y contestó: si él está dispuesto a sacrificar su Olam Haze para ayudar a un iehudi, también puede sacrificar su Olam Haba…
Y rabi Ieshaiahle estaba dispuesto, no sólo decirlo sino en los hechos, los dos mundos, para los iehudim…

¿Y nosotros qué?


Traducido del libro Mikorban Latora.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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