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Shabat Shalom


PERASHAT VAIGASH-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



¡ESPEJITO, ESPEJITO!
¿QUIEN ES EL MAS BONITO?

“Y Iehuda se acercó a él y dijo: por favor señor mío”
(Bereshit 44,18)

Uno de los integrantes de la comunidad de Yerva, un iehudi anciano, temeroso de Hashem y apartado del mal, se destacaba por su simplicidad. De vez en cuando, se encontraba con el gaon, rabi Calfon Moshe Hacohen ztz”l y tan sencillo era, pero le hacía preguntas muy extrañas, tanto que cualquiera que las escuchara se reiría de ellas. Sin embargo rabi Calfon siempre le contestaba con cariño y con una sonrisa en sus labios. Jamás lo rechazaba o se enojaba con él.

En una de esas oportunidades, se presentó frente a rabi Calfon con una queja en su boca: ¡Rabi! Quiero llamar a un Din Tora (un juicio según las leyes de la Tora) a… la luna…

El rab, que conocía al hombre y también conocía sus ocurrencias, no se burló y puso un freno en su boca para no decirle nada.
Y el hombre explicó su problema: no importa dónde vaya, la luna sigue mis pasos, me persigue, me está quitando privacidad…
Y en lugar de hacerlo callar, para que no le haga perder más tiempo, el rab siguió el consejo del rey David: “con el hombre sincero, procederás con sinceridad” (Tehilim 18,26).

“Escuché tu queja”, dijo el rab, “ahora tengo que escuchar la voz de la luna. Vuelve a tu casa. En la noche, cuando aparezca la luna, escucharé su posición, mañana volverás para escuchar lo que me ha dicho, y entonces podremos juzgar de acuerdo a lo que vieron los ojos del juez”.

El hombre fue a su casa y volvió al día siguiente. El rab le dijo, “ven a ver qué grandes son las palabras de nuestros sabios, que prohibieron escuchar, en un juicio, a una sola de las partes en litigio. ¿Sabes que también la luna tiene una queja contra ti? Ella te acusa diciendo que fuiste tú quien comenzó a provocarla…”

“¿Yo?”, preguntó el hombre, extrañado. “¿De dónde ha inventado eso? Ella es la que me persigue por todos lados. Yo voy a determinado sitio, y ella viene conmigo, detrás. Me detengo, y se detiene. Me desvío hacia un lado, y ella se desvía hacia el mismo lado…”

“¿Y cuál es su queja?”, prosiguió el rab, “la queja de la luna, es una queja justa, que jamás ella comenzó a seguirte hasta que tú no empezaste a observarla…”

“Por eso, de hoy en adelante”, aconsejó el rab, “te abstendrás de observar a la luna, cuando tú dejes de mirarla, también ella terminará con su persecución y ya no entrará en tus límites personales y privados…”

El hombre procedió según la orden del rab, y desde entonces ya no se escucharon quejas en su boca…

Cuando Iehuda pudo comprobar que por los caminos convencionales no podría cambiar su relación con el gobernador de Egipto, nos dice el Or Hajaim Hakadosh, que decidió utilizar el camino de la psicología.

¿Cómo pudo hacer esto? Iehuda utilizó la regla propuesta por el rey Shlomo, que explicó gráficamente: “como en el agua se reflejan los rostros, así entre los hombres se reflejan los corazones” (Mishle 27,19). Exactamente la misma táctica, con todos sus detalles, es lo que hizo Iehuda en su entrevista con Iosef. En su corazón creó un cambio frente a ese gobernador que quería “subirse” encima de él y de sus hermanos. Quiso sentir cierta simpatía hacia él, y de acuerdo a la regla “en el agua se reflejan… así… los corazones”, provocó un cambio obligatorio en el gobernador egipcio, que comenzó a sentir lo mismo hacia Iehuda. Ahora podía levantarse, enfrentarlo y pedir por la vida de Biniamin.

El Or Hajaim Hakadosh nos revela un sistema espectacular que puede cambiar toda la relación con nuestros semejantes. De acuerdo a sus palabras, la llave para invertir las relaciones con nuestros compañeros está en la mano de cada uno. Un hombre puede “crear” un ambiente especial con la persona que tiene enfrente, solamente creando la atmósfera en su propio interior. La manera en que nos comportamos con nuestro compañero invita a una respuesta similar. Intentemos, por ejemplo, contestar en voz baja a la persona que nos grita, y podremos comprobar, que tenemos una gran posibilidad de conseguir una respuesta silenciosa y más agradable. Lo maravilloso, es que podemos provocar un cambio en el corazón de nuestro compañero, también sin la necesidad de hablar directamente con él en forma abierta, hasta el punto que es posible, inclusive, cambiar su relación con la gente, solamente con la ayuda del pensamiento.

Rabenu Iosef Jaim ztz”l, en su libro “Niflaim Maaseja” trae un ejemplo al respecto:
Un día, mientras estaba ocupado en el ordenamiento de los montones de paja de su campo, el hombre recibió una carta de su tío. En el texto, lo invitaba a visitarlo a la gran ciudad. El hombre de campo se llenó de emoción y expectativas frente a esta invitación. Jamás había estado en la gran ciudad. Le contó la novedad a sus amigos, que lo escuchaban con un poco de envidia. Terminó sus trabajos pendientes, alistó su caballo y su carreta, se separó de su familia y amigos, y salió al camino…

Todo sucio debido a la tierra de los caminos, llegó a la casa de su tío. “Acércate a la pileta y lávate los pies y las manos”, le dijo su tío.
El hombre se acercó a la pileta, pero al cabo de unos minutos volvió: “perdón querido tío, pero se terminó el agua de la pileta”.

Al tío le cayó en gracia la respuesta de su sobrino, fue hacia la pileta, abrió la canilla frente a los extrañados ojos, y el agua comenzó a fluir…

También la comida no resultó un trabajo sencillo. El sobrino no estaba acostumbrado a comer con cuchara y tenedor, y llevar cada bocado del plato a la boca resultaba ser algo muy especial…

Después de la comida, el tío le sugirió un pequeño descanso en el cuarto que estaba preparado especialmente para él. Entró a su cuarto, cerró la puerta, y de pronto, ve frente a él una figura humana. Su primera reacción fue de enojo hacia su tío, que lo hizo entrar a una habitación compartida con un hombre despreciable. Pero en un segundo pensamiento, se le ocurrió demostrar a ese intruso que él era el sobrino predilecto del dueño de casa…

Se paró frente a él y le sacó la lengua. Para su sorpresa, el muy sinvergüenza también le sacó la lengua. Se enojó y le mostró el puño, como para amenazarlo con un puñetazo. Pero el otro no se quedaba atrás, y también levantó su puño. Lo enfrentó con furia y su compañero de cuarto hizo lo mismo…
“¡Basta!”, gritó. Y cuando el tío escuchó el grito enfurecido, corrió al cuarto.

Para su sorpresa, encontró a su sobrino “encendido”, amenazando con sus puños. “¿Qué pasó?”, preguntó el tío.
“¿Por qué me pusiste en un cuarto con una persona tan despreciable y sinvergüenza?”

Ahora el tío entendió y sonrió: “seguramente tú comenzaste la pelea, ¿cierto? Prueba ser amable, discúlpate, y veremos qué sucede…”

El tío vio que su sobrino aceptó la crítica y le dijo: “Sonríe, y conseguirás hacerlo cambiar”.

El sobrino esbozó una leve sonrisa, y empezó a apreciar el cambio. El hombre que tenía enfrente también sonrió. Fue aumentando el tono de las sonrisas. Se disculpó y quiso tenderle la mano. Se fue acercando, los dos se acercaban… Hasta que se golpeó con el espejo…

Un hombre está parado frente a otro y se pregunta por qué su rostro no sonríe, pregunta por su rostro adusto, por su amargura. Vale la pena probar con el método del más inteligente de todos los hombres, el rey Shlomo: ¡hagamos nosotros el cambio! Y con seguridad, el éxito será mayor que el esperado…


Traducido del libro Otzaroteinu

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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