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Shabat Shalom


PERASHAT ITRO-18
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



OJO POR OJO

“Honra a tu padre y a tu madre para que se alarguen tus días”

(Shemot 20,12)

 

Preguntó rabenu Saadia Gaon ztz”l: ¿por qué exclusivamente en el precepto de honrar a los padres la Tora vio la necesidad de explicarnos la recompensa por su cumplimiento?, “para que se alarguen tus días” ¿Por qué aquí y no en otro precepto?

Y contesta a su pregunta con una explicación muy interesante. Una larga vida no es una recompensa común y corriente, sino algo que, con seguridad, es muy apreciable. Es una garantía que puede “romper” con una realidad que a veces es cruda, pero que conocemos como la ley de la vida. Y puede representar una perspectiva nueva hacia el futuro. La Tora nos dice que si un hombre honra a su padre y a su madre, tendrá la gran bendición llamada “alargamiento de la vida”. Los hijos crecerán en un ambiente en el que se honra a las personas mayores de la familia, y también el ahora padre, llegará a la vejez, se alargarán sus días, y los hijos lo honrarán y lo ayudarán con alegría, y llenarán sus días con todo lo bueno, con todo lo agradable. En cambio, cuando, lo alenu, una persona no cumple correctamente el precepto, cuando no honra debidamente a sus padres, lamentablemente, los hijos heredarán su comportamiento, y ellos tampoco le brindarán honores, aprendieron de su propio proceder y ahora él pagará por su conducta. Por eso, es preferible para ti que no se alarguen tus días viendo como tus hijos se comportan de la misma forma que tú te comportaste con tus padres…

Cuenta sobre esto, rabenu Iosef Jaim ztz”l (Niflaim Maaseja), un relato maravilloso:

Un hombre acaudalado tenía un padre muy anciano que vivía en la casa de este hijo. Pero no era muy sencilla la vida para este hijo, viviendo a la sombra de su padre. El padre, de edad muy avanzada, tenía problemas mentales, lo alenu, no podía gobernarse correctamente, y molestaba al hijo con infinidad de pedidos, que obstaculizaban el desarrollo normal de su día. Además de los inconvenientes, que aquí se derramaba un plato de sopa, en otro sitio el piso estaba sucio y resbaloso, más allá se rompió un adorno muy valioso, y en otro momento escucha sobre la rotura de un libro que pasó por las manos temblorosas del padre…

Un día llegó el trozo de paja que rompió el lomo del camello (así dicen en hebreo, o como decimos nosotros en español: la gota de agua que derramó el vaso). Sucedió el día que el hijo millonario recibía en la casa invitados muy importantes. Con muchos honores, los ingresó primero a la recepción, y posteriormente pasaron a la sala, donde se sentaron a conversar sobre los temas que los trajeron. Y el padre que se encontraba también en el salón, con su extraño comportamiento provocó la vergüenza del hijo frente a sus amigos. El rostro del millonario se tiñó de diversos colores, y entre sus pensamientos, decidió que sacaría a su padre de la casa. Que camine por las calles juntando limosnas junto a los demás pobres de la ciudad, ¿por qué yo tengo que soportar esta carga durante toda mi vida por su causa?...

Dicho y hecho…

Ese mismo día lo sacó de su casa, pero, estaban en lo más fuerte del invierno, y cuando cayó la noche, el frío se hizo sentir muy fuerte. Mientras tanto, el hijo, con su fortuna, descansaba cómodamente en su cuarto acondicionado a una temperatura muy agradable, recostado en su cama con un hermoso colchón de plumas naturales, cubierto con gruesas colchas, que le daban mucho calor.

El padre anciano, trataba de encontrar un lugar para su sueño, sobre un puñado de trapos de piso, en un rincón que encontró en la calle, y calentándose con harapos que lo ayudaron como el agua salada ayuda a calmar la sed. Y no sabemos de qué forma, pero finalmente consiguió pasar esa noche…

El millonario tenía un hijo pequeño, con un alma delicada y de buen corazón. Y en la mañana, cuando caminaba por las calles rumbo a la escuela, se aterrorizó al ver lo que tenía frente a sus ojos. En una esquina, estaba sentado su abuelo con ropas sucias y rotas, con todo su cuerpo temblando debido al frío, y al parecer, hacía mucho tiempo que no entraba en su boca un alimento digno. Con una piedad natural, se acercó a él, le entregó el sándwich que le había preparado su madre y también algunas monedas que encontró en su bolsillo.

Después de eso, el niño corrió a su casa, para contarle a su padre lo que vio, tal vez se preocupe por el abuelo y lo regrese a la casa. Pero, qué sorpresa se llevó el niño cuando escuchó la respuesta fría de su padre…

El padre millonario ni siquiera inclinó su oído para escuchar sobre la situación de su padre, pero solamente le indicó al hijo, que con su enorme bondad, podría ofrecerle un abrigo que estaba guardado en el altillo de la casa, en ese lugar donde se arrojan todas las cosas viejas o destruidas que quedaron en desuso. Puedes tomar ese abrigo y dárselo a tu abuelo…

El niño se apuró a subir al altillo y qué desilusión se llevó cuando vio el abrigo, tan viejo y desgarrado. Las lágrimas caían de sus ojos: ¿acaso esto es todo lo que mi padre millonario puede hacer por el abuelo tan ancianito? ¿Cómo hacer para abrir los ojos de mi tan equivocado padre? ¿Cómo hacer para ablandar su cerrado corazón? De pronto, una gran idea pasó por su cabeza. Con una mano tomó el viejo abrigo, y en la otra mano unas grandes tijeras, bajó rápidamente del altillo, y cortó el abrigo en dos partes, frente a los ojos de su papá.

-¿Qué haces?, ¿por qué cortas el abrigo en pedazos?, preguntó el padre, sin entender.

El niño miró a los ojos del padre e intentó explicarle: yo hice esto por ti, por tu honor, para que cuando llegues a los días de la ancianidad, cuando te sientas anciano y débil, y yo no pueda mantenerte dentro de mi casa, no tengas sufrimientos debido al frío y que nadie se vea en la obligación de conseguirte un abrigo. Desde ahora, yo dividí este abrigo, la mitad se la entregaré al abuelo como tú me has dicho, y la otra mitad la guardaré nuevamente en el altillo, para enviártela, en tu ancianidad, así no pasarás frío cuando camines por las calles en las heladas noches de invierno…

Durante largos minutos el padre se quedó callado en su asombro. Las palabras de su hijo golpeaban en su alma y consiguieron ablandar su corazón…

Con gran determinación salió a buscar a su padre, para devolverlo a la casa, pidiéndole perdón por haber pensado mal y obrado peor. Lo vistió con sus mejores prendas, y con todos los honores lo sentó en la cabecera de su mesa…

Traducido del libro Otzaroteinu.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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