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Shabat Shalom


PERASHAT TERUMA-18
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



EL DIAMANTE Y EL LINO

“Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos”

(Shemot 25,3)

En nuestra perasha el pueblo de Israel recibe la orden de traer las ofrendas para la construcción del Mishkan (Tabernáculo del desierto): “y esta es la ofrenda que tomaréis de ellos, oro, plata y cobre… lino (pishtan) y pelo de cabra (tzemer, lana)… piedras de ónix y piedras para los engarces, para el Efod (parte de la pechera del Cohen Gadol, el Sumo Sacerdote) y para el Pectoral”.

Y escribió rabenu “Or Hajaim” Hakadosh ztz”l: el motivo, es que no hay una preparación completa para el Mishkan, si falta uno de sus componentes. Y con esto no tenemos la intención de decir que cada hombre de Israel tiene la obligación de traer de todas las especies, sino que podía decirse, como una norma general de la ofrenda, que en todo Israel estaban todas las especies. O, también se podía decir que todos eran recibidos con sus ofrendas, tanto el que traía de las trece especies como quien traía sólo lino y cueros.

Cuando pensamos en estas palabras, encontramos en ellas un mensaje para las próximas generaciones. Existen, en nuestro pueblo, los “grandes” de la Tora, en sabiduría y en temor a Hashem, justos y santos. Ellos, con su Servicio, con su santidad, pueden ser comparados al oro y la plata, sus preceptos pueden brillar como el zafiro, sus acciones tienen la pureza de los diamantes, y todo es producto de la profundización en la concentración…

Y también existen otros, nosotros, con nuestros preceptos cumplidos con simpleza, sin el fuego, sin tanta intención, sin rayos, sin ruidos, como la ofrenda del lino, la lana y los cueros…

Pero así fue la forma en que Hashem Itbaraj estableció a su pueblo: este pueblo se compara con un viñedo: encontramos racimos de uvas y también ramas sueltas, hojas y zarcillos (Julin 92a). También fuimos comparados a las cuatro especies que tomamos en Sucot, hay un “etrog” (el fruto hermoso), y hay “aravot” (las hojas del sauce)…

Y sabemos, que todos los preceptos son recibidos con voluntad. Que sean recibidos los que traen todas las especies y que no sean despreciados los que sólo traen lino y cueros…

Y esto es una orden para cada uno…

Que jamás vayamos a despreciar, Jalila, a aquellos iehudim que no tienen los conocimientos que nosotros (sólo gracias al Favor de Hashem) pudimos adquirir. Que no despreciemos a la persona que cumple los preceptos sencillamente, mientras nosotros los cumplimos (¿?) con todos los detalles y belleza posibles.

Veamos lo que está escrito en el “Sefer Jasidim” (18):

Había un Cohen (un iehudi descendiente de Aharon Hacohen) que cuando se paraba en el “Este” para bendecir al pueblo (Bircat Cohanim, la bendición de los sacerdotes) decía “veishmedeja” (y los vas a exterminar) en lugar de “veishmereja” (y los vas a cuidar).

Allí se encontraba un hombre sabio, que al escucharlo lo sacó de allí. No permitiría que ese hombre ignorante se pare frente a toda la congregación para bendecir, pronunciando de esa forma…

Y desde el Cielo le mostraron a este sabio (tal vez en sueños), que si no regresaba a ese hombre a su posición, él sería el castigado por avergonzarlo…

De todas formas, entendemos que la persona que tiene la posibilidad de traer oro y plata, no se libera de su obligación ofrendando cosas de menor valor. Cada uno de nosotros necesita poner su cuota de esfuerzo de acuerdo a las posibilidades que Hakadosh Baruj Hu nos ha dado, sea en dinero, en esfuerzo o en inteligencia, y no se nos permite conformarnos con lo mínimo. La prueba es conocida, sabemos cómo fue recibida la ofrenda de Kain, que trajo para ofrendar a Hashem verduras en estado de descomposición… (Rashi, Bereshit 4,3).

Es necesario intentar cumplir los preceptos de la mejor forma. Con más intención, con emoción, con integridad y tratando de ser detallistas en sus leyes. Pero por otra parte, está prohibido despreciar al que tiene la mano “corta” (que no tiene los medios suficientes), o le faltan sentimientos o conocimientos… Porque también sobre ellos está escrito: tanto el que aumenta, tanto el que disminuye, lo importante es que sus intenciones y su corazón apunten al Cielo…

Rabenu Maharam Jaaguiz ztz”l escribió en su libro “Mishnat Jajamim” un suceso que se desarrolló en los tiempos del Ari Hakadosh ztz”l.

Un rab fue al Beit Hakneset en la víspera del Shabat Teshuva (el Shabat entre Rosh Hashana y Iom Kipur) con la intención de preparar las palabras con las que debía disertar al día siguiente. Mientras tanto, llegó al lugar un iehudi muy sencillo, vacío e ignorante, que sacó de entre sus pertenencias una botella de vino y dos panes, que colocó dentro del Aron Hakodesh, entre los Sefer Tora.

El rab le preguntó: ¿qué es eso?

Y el hombre dijo: toda la semana junto una moneda y otra moneda para acercar una ofrenda para Hashem, porque escuché en la lectura de la porción semanal que le acercaban a Hashem panes y vino… Pensé que yo también podía hacer lo mismo…

Y Baruj Hashem, pude comprobar que mis ofrendas fueron aceptadas, porque cada semana, en la víspera de Shabat yo traigo mi ofrenda, y con la finalización del Shabat abro el Aron Hakodesh y veo que mis ofrendas ya no están. Señal de que fueron recibidas con Voluntad, y que Hashem disfruta del aroma agradable de mis ofrendas…

El rab lo amonestó: ¡tonterías! Seguramente el encargado del Beit Hakneset vio lo que tú estás haciendo, y es él quien toma los panes y el vino… Esta no es la forma de Servir a Hashem, sino con el estudio, con la oración y con el cumplimiento de los preceptos…

El hombre escuchó el reproche bajando su cabeza, y con mucho sufrimiento debido a su pensamiento y a su equivocación, porque al parecer no era bueno Servir a Hashem de esa forma tan simple.

En ese preciso instante, el Ari Hakadosh mandó una persona para que le informen al rab que debía preparar su testamento urgentemente, porque se le había decretado la muerte..., debido a que avergonzó al pobre que quería Servir a Hashem con su simpleza, privando a Hakadosh Baruj Hu de una ofrenda de “aroma agradable”, muy agradable, porque desde el día en que se destruyó el Beit Hamikdash y se anularon los sacrificios, Hashem jamás sintió un placer tan grande como con la ofrenda de este iehudi, que con simpleza de corazón y con intenciones puras acercaba su vino y sus panes. Porque todos los corazones buscan a Hashem (Divre Haiamim 1 28,9).

Traducido del libro Maian Hashavua.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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