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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Shoftim
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

¡ NO A LOS SUFRIMIENTOS ¡

“Prepara para ti el camino” (Devarim 19,3)

Es conocido el relato, imaginario, desde luego, de Elkana. Elkana era un agricultor iehudi que vivía en Ramat Hagolan. Tenía grandes extensiones de campos y viñedos, plantaciones, y mucho ganado vacuno. Mucho trabajo, y desgastante, durante todo el año. Solamente separaba sus ojos de sus campos en los días de las festividades, que eran sus vacaciones anuales. Dejaba todo, y no tenía alternativa, porque era un hombre que cumplía con la Tora y sus preceptos.

Pero, había un precepto que descuidaba, no lo cumplía. El precepto de subir a Ierushalaim en las fiestas. El Beit Hamikdash (el Gran Templo) no entraba en sus cálculos, todos sus vecinos corrían a la Gran Casa Sagrada. Y cuando volvían le contaban sobre la grandeza del encuentro, la espiritualidad que adquirían, que los acompañaría durante todo el año. La Santidad que se sentía en el aire, la elevación, junto a los millones de iehudim que estaban allí presentes. Los milagros continuos y el Servicio Sagrado.

Pero Elkana se veía a sí mismo libre de cumplir ese precepto. ¿Qué podía hacer? La festividad de Pesaj coincidía con la cosecha de cereales, Shavuot con la cosecha del trigo, y Sucot con la recolección. No podía desperdiciar el trabajo de todo el año, la Tora se preocupa por el dinero de Israel y Hakadosh Baruj Hu no tendrá quejas con sus creaciones…

Para subir a Ierushalaim necesitaba desconectarse de sus campos durante las tres semanas anteriores a las fiestas, y volver a su tierra dos semanas después de la culminación. Eso no era para él…

Así era Elkana, y así su visión.

Pero pasaron los años y los hijos crecieron. Elkana envejeció y sus hijos tomaron las “riendas” del trabajo de su padre, trabajaron los campos y cuidaron el ganado. Ahora Elkana no tenía excusas.

Elkana pensó: esta vez subiré a Ierushalaim para ver el Gran Templo, contemplar las grandes maravillas.

Alistó su burro y llevó en sus manos gran cantidad de monedas, para comprar los sacrificios. Descendió del Golan, ¿y ahora hacia dónde?

Vio unos niños en el cruce de caminos y les preguntó: ¡niños, niños!, ¿cuál es el camino a Ierushalaim?

Los niños se burlaron, a toda voz: ¿un anciano iehudi no conoce el camino a Ierushalaim?, ¿en toda su vida no subió a Ierushalaim, o tal vez la vejez le trajo el olvido? Entre sonrisas le indicaron cómo llegar y así siguió hasta el próximo cruce de caminos. Allí volvió a esperar a que pase algún viajero y otra vez las burlas…

¡Cuánta desesperación, cuánta vergüenza!, hasta que finalmente llegó a la ciudad Sagrada, y pudo apreciar el esplendor del Beit Hamikdash.

El relato es conocido.

¿Pero?

En cada cruce de caminos Elkana encontraba indicaciones que lo desorientaban. Y para aumentar su curiosidad, en ninguna parte estaba indicado el camino para llegar a Ierushalaim, sino que en todas las intersecciones había carteles señalando cómo llegar a las ciudades de refugio (donde escapaban los que habían asesinado sin intención)… el versículo resulta explícito “prepara para ti el camino”, y explica Rashi: “Miklat”, “Miklat” (ciudad de refugio), era la única indicación en los cruces de caminos.

¿Por qué?

¿Por qué no hay carteles que señalen “Ierushalaim, Ierushalaim”? ¿Por qué todos los carteles nos muestran cómo llegar sólo a la ciudad de refugio?

La respuesta es muy profunda: si no hay indicaciones para llegar a Ierushalaim, ¿cuál será el problema? Los viajantes preguntarán, averiguarán…, por el contrario, la mayoría de los viajantes suben hacia Ierushalaim, la cima de todo el mundo, el camino por donde todos viajan. No hay forma de perderse…

Por este mismo motivo encontramos escrito: “Miklat”, “Miklat”. Para que el hombre que escapa no tenga que detenerse a preguntar, para que nadie sepa que existen asesinos y pecadores…

Esto tiene que asustarnos, una realidad tan dura, cuando pensamos qué es lo que ocupa y llena todas las noticias, o cuáles son los titulares más “gorditos” y “negros” en los periódicos. ¿Las cosas buenas, o las cosas malas y terribles?

¿Qué buscamos? ¿En qué mundo vivimos o queremos vivir?

Lo increíble resulta ser que así nosotros nos vemos, y al parecer esto es lo que queremos…

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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