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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva -PERASHAT BERESHIT-18
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

 

¿POR QUE COMIO EL HOMBRE?
“Y (ella) comió y también le dio a su marido, junto a ella y él comió”
(Bereshit 3,6)

Rabenu Mordejai Hacohen ztz”l, de los grandes rabinos de Aram Tzoba, en la época del Zohar, del Maran Habeit Iosef, el Haari Hakadosh y el Haalshij Hakadosh, preguntó en su libro “Sifte Cohen”: Java fue engañada por la serpiente, para hacerla pasar por la orden explícita del Creador. Supuso, que tal cual el engaño, dentro del fruto había fuerzas espirituales muy elevadas, “y serán como D-s”. Comió y pudo comprobar que eran simplemente mentiras. No se elevó en absoluto, sino todo lo contrario, fue una tragedia aplastante. Llegando directamente al abismo… El cambio terrible que se produjo en ella, seguramente no pudo ser ocultado a los ojos del hombre, creado con las “palmas” del Creador Itbaraj. Quien tenía la altura espiritual “desde la tierra hasta el Cielo” (Jaguiga 12a), conectado a las alturas, plantado en los mundos superiores, ¿por qué come detrás de ella? ¿Por qué él también pasa por la orden de Hashem? ¿Por qué se enceguece con los ojos abiertos, trayendo la muerte a las generaciones venideras? La muerte de miles de millones de personas se produjo por lo que hicieron.

El Zohar Hakadosh (primera parte 57,2) dice que todo hombre, cuando su alma sube al Cielo, le reclama por su muerte.

La Tora nos enseña (y nos ordena) a juzgar a toda persona para bien. Y a nuestro primer padre, con más razón. Esto es lo que hace el “Sifte Cohen” ztz”l: el Zohar Hakadosh (primera parte 251,2) dijo: cuando fue creado Adam Harishon, el Rey de los creados y la Corona de la Creación sintieron miedo al verlo, y caminaron detrás de él como los esclavos detrás de su patrón. Y él les dijo a ellos: yo y ustedes, (Tehilim 95,6) vamos a inclinarnos y a recibir la Bendición de Hashem, nuestro hacedor.

Y en el Midrash (Bereshit Raba 8,10) dijeron nuestros sabios que cuando Hakadosh Baruj Hu creó a Adam Harishon, se equivocaron los Angeles, pensaron que el hombre tenía parte de las Fuerzas de Hashem y quisieron hacerle un canto al hombre. Pero el hombre, Adam Harishon, que reconoció su instinto y supo también sobre su destino – que toda la Creación se dirige al Creador, para aumentar el Honor al Cielo – no permitió que lo adoren las otras creaciones ni tampoco permitió que los Angeles se equivoquen. Era como el “sabio que conoce su lugar”, y sabía sobre sus límites y sobre su posición dentro de la Creación.

Pero, el sabio, además de conocer su lugar, también “puede ver el origen”, el nacimiento de las cosas. Sabía, que si el conservaba su humildad, sirviendo al Creador, nacerían de él hijos, e hijos de hijos, muchas generaciones. Y si todo el mundo sería un gran Gan Eden (paraíso) y esto traería una abundante bendición y todo lo bueno, si vivían vidas eternas sin temor a la muerte, sus corazones podrían finalmente “inflarse” con soberbia, sus mentes se desviarían, y hasta podrían creerse a sí mismos iguales a D-s.

Y estas palabras no son para nada exageradas: si cuando el hombre es un ser que nace y que va en un camino seguro hacia la muerte, cuando todos sus órganos son tan frágiles como una hoja de sauce, cuando está expuesto a los golpes y es esclavo de las enfermedades, puede proclamar como lo hizo el faraón, que preguntaba: ¿Quién es Hashem para que yo escuche Su Voz?
¿Cómo podemos tener la mente tan cerrada?

Si fuéramos seres inmortales, protegidos contra las enfermedades, vacunados contra todo y fuertes como el roble, entonces el peligro de caer en este error puede ser mucho mayor…

Pero cuando Adam Harishon ve todo esto con “Ruaj Hakodesh”, se estremeció. Decidió, darle al Cielo el Honor que se merece, y responder a la exigencia de la mujer. Comer del fruto y traer un mal pasar y el dolor a la humanidad, el sufrimiento de la muerte…

Fue despedido del Gan Eden, y con el sudor de su nariz (es común que se diga con el sudor de la frente) comería su pan, sufriría con las enfermedades y sentiría el temor al día de la muerte. Tal vez, su corazón podría ponerse en su lugar, tal vez aprendería a creer que cuando pensaron que podían ser como Hashem, marcaron su suerte…

Se arriesgaron a causar el enojo de Hashem, a provocar que actúe la Justicia del Cielo, para evitar que sus hijos se vuelvan soberbios, lo que hubiera provocado el enojo del Creador sobre sus cabezas…

¿Acaso lo consiguieron? Con seguridad, si no fuera gracias al pecado de Adam Harishon y Java, nuestra soberbia estaría multiplicada por mil. Ahora, ¿cómo puede el hombre ser altanero? Un pedazo de carne con sangre, donde su cerebro es apenas como un manojo de nervios (conductos por donde pasa la sangre). ¿Acaso existe alguna persona que pueda comprar, a cualquier precio, una máquina que tenga un motor que fabrique proteínas?

 Estas son las palabras de la lógica, pero quién inclina el oído y el corazón. El mundo nos engaña, nos hace creer invencibles, casi súper hombres. Entonces, desde el Cielo, con una pequeña aguja, nos pinchan el globo. El faraón, que se hacía llamar D-s, termina golpeado, y más golpeado, golpe sobre golpe, hasta perderse en las profundidades del Iam Suf.

Y él no fue el único.
Jiram, también se creyó D-s, como está escrito en el profeta Iejezkel, y fue golpeado por Nebujadnetzar, que también se hizo a sí mismo como D-s (Ieshaiah 14,14) donde se hace ver más fuerte que los Angeles de los Cielos. Y después terminó convertido en una bestia del bosque, como está descripto en el libro de Daniel (4,30).
Ya en nuestros días, con nuestros ojos pudimos ver en qué terminó la “guerra de los seis días”. Con nuestros ojos vimos la suerte que corrieron las “torres gemelas”. Todos los que se creyeron superiores, todos los que crearon edificios imposibles de derrumbarse, puentes eternos, ejércitos invencibles, y hasta barcos que jamás podrían hundirse (como el Titanic), terminaron en silencio, guardando sus palabras.

Volvamos a la realidad, a lo natural para el hombre, y digamos: vamos a inclinarnos y arrodillarnos, para recibir la Bendición de Hashem, nuestro hacedor…


Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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