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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Vaierá-18
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

QUE NO FERMENTE EL PRECEPTO

“y miró y corrió a su encuentro, desde la entrada de la tienda” (Bereshit 18,2)

 

Pregunta rabenu Iosef Jaim ztz”l, en su libro “Aderet Eliahu”, al parecer la palabra “Vaiar” (y miró, la segunda vez) está sobrante, ya que el versículo comienza diciendo “Y miró (Vaiar) y he aquí había tres hombres…”

Y contesta el Ben Ish Jai de acuerdo a lo que escribió rabenu Haalshij Hakadosh, que cuando Abraham ve, de repente, tres hombres frente a él, su corazón pregunta: ¿cómo es posible que solamente recién ahora se haya percatado de su presencia? Así, de pronto, si hace sólo un momento había mirado hacia todas partes y no había un alma desde aquí hasta el horizonte… A la fuerza, entiende Abraham, que existen dos posibilidades: o se trata de los corredores de carreras, o estamos hablando de Angeles del Cielo…

De acuerdo a esto, explica rabenu Iosef Jaim, y por cuanto que Abraham Avinu es un hombre de favor, sospecha que así como estos tres hombres se le aparecieron en forma repentina, en un abrir y cerrar de ojos, de la misma forma podrían desaparecer. Y una desaparición súbita lo dejaría sin la posibilidad de cumplir el precepto de recibir invitados, por eso, por el amor tan especial de Abraham Avinu para con el precepto, corre a su encuentro todo tiempo que tiene sus ojos abiertos, y no los cierra, para evitar que estos hombres dejen de estar a su alcance. Por este motivo, la Tora enfatiza sobre la mirada de Abraham, también cuando corre a buscarlos, y dice “y miró y corrió”, porque mientras corría los observaba, para no perder el precepto que se presentó en su puerta…

Uno de los grandes comerciantes y experto por su conocimiento en libros antiguos y escrituras a mano de las últimas generaciones, fue Lipa Shvaguer. En una determinada época, cuando se descubrieron grandes cantidad de textos escritos a mano por autores desconocidos en Europa, comenzó una gran investigación detrás de unos escritos desconocidos que aparecieron “desparramados” en las tierras del este de Europa, entre las ciudades y entre los pueblos.

Fue en uno de sus viajes a Tunisia. En la víspera de Shabat, llegó, Baruj Hashem, a su lugar de destino, la capital de Tunez, completamente agotado. En sus manos, dos valijas muy pesadas. Ya no le restaban fuerzas. Sus ojos buscaban algún iehudi que trabajara llevando cargas, pero en vano. Intentó hablar en hebreo pero nadie lo entendía. Sólo al cabo de largos minutos ve que un hombre que pasaba por la calle lo señala y dijo: “hebrew” (hebreo o iehudi), se acercó a él y pudo hablarle en su lengua… ¿Tal vez usted conoce algún changador iehudi?

La sorpresa de reb Lipa no tenía límites, cuando descubre que había llegado a la dirección correcta. “Ese es mi trabajo”, dijo el iehudi. Reb Lipa dio un vistazo a las vestimentas del hombre, y las preguntas surgían en su corazón. El hombre se veía demasiado limpio y ordenado. Si así son los changadores de Tunez, ¡cómo se verán los millonarios!

Pero, no tenía alternativa, si el iehudi le dijo así, debería creerle. El calor tunecino estaba en esos días en su punto máximo, y reb Lipa le pidió al iehudi que lo lleve a un hotel donde le dieran sólo un lugar para dormir. Después de mucho buscar encontraron el lugar adecuado. Cuando reb Lipa quiso pagarle al iehudi por su trabajo, se sorprendió también con su respuesta: seguramente necesitará nuevamente de mi ayuda, al final haremos todos los cálculos…

-¿Tal vez usted sabe dónde podría comer en Shabat?, preguntó reb Lipa. Y el hombre le informó que podía comer en su casa…

Todo resultaba tan extraño. Reb Lipa estaba dudando si realmente podía comer en la mesa de ese hombre, ya que no lo conocía, ¿quién sería?, ¿acaso podría confiar en el Kashrut de su casa? Le pidió al hombre, con naturalidad, sin querer despertar sospechas de intentar averiguar algo, que le muestre dónde vivía el rab de la ciudad. Argumentó que uno de los motivos de su viaje, era justamente visitarlo.

El rab también era conocedor de antiguos manuscritos, y entre él y reb Lipa había una cálida relación y una conexión de muchos años. Se encontraron, conversaron, y antes de despedirse reb Lipa le preguntó si podía confiar en el iehudi que lo acompañaba, para comer en su casa, en el día de Shabat. El rab le dijo que no había problemas, se trataba de un iehudi temeroso de Hashem, que cuidaba tanto los preceptos simples como los no tan simples…

El Shabat cubrió la tierra de Tunez. Cuando finalizaron los rezos de la noche, se despidieron unos de los otros con un “Shabat Shalom”, y reb Lipa caminaba junto al “changador” que lo invitó a su casa. La casa del iehudi volvió a despertar preguntas en el corazón del invitado. Estaba muy lejos a parecer la casa de un “changador”. Un salón muy amplio, cubierto de alfombras. También tenía dos cocinas, una para lácteos y la otra para los alimentos a base de carne. Le resultaba un poco extraño que un changador pudiera comprar semejante casa con su pobre salario. El signo de pregunta se agrandaba cada vez más…

La comida de Shabat en la casa del changador fue una “comida de reyes”. En la mesa estaban servidos vinos, panes y todo tipo de manjares, que cocinó la dueña de casa.

A la salida del Shabat, reb Lipa fue a la casa del rab para despedirse de él y continuar su camino. El changador lo acompañó hasta la casa del rab. Después le pidió que lo acompañe al hotel para saldar las cuentas de la carga, y de la estadía en Shabat. Además quería que le compre panes y frutas para el camino, y lo agregue a la cuenta.

El changador seguía con su misma “canción”: mañana en la mañana haremos los cálculos, incluyendo todo.

En el corazón de reb Lipa apareció una terrible sospecha. Algo aquí no andaba bien. ¿Tal vez el hombre le pediría una cantidad de dinero multiplicada sobre todos sus servicios?..

La mañana inundó todo Tunez con su luz. A la hora convenida el changador llegó al hotel, tomó las dos pesadas valijas en sus manos y acompañó a reb Lipa hasta la parada de autobuses. Llegó la hora de la verdad. Reb Lipa estaba preparado para escuchar, y pagar por todo lo que el hombre hizo por él, desde su llegada hasta su partida. Cuando le preguntó cuánto debía pagar, el iehudi sonrió, con una sonrisa muy amplia, y dijo simplemente: nada…

Reb Lipa quedó helado en su sitio. ¿Es posible?, gritó. Utilicé a un iehudi pensando que me estaba sirviendo, ¿y todo esto gratis?…

No sirvieron ni siquiera las súplicas de reb Lipa por pagarle sus servicios. El changador solamente dijo: tengo un solo pedido para con usted: si alguna vez se le presenta un iehudi necesitando hospedaje y comida, que se comporte como yo me comporté con usted.

Reb Lipa todavía no digería las palabras. Para su alegría, a lo lejos vio al rab de la ciudad. Corrió hacia él para contarle sobre el comportamiento extraño del changador…

Las carcajadas del rab se escucharon a lo lejos. No era la primera vez que ocurría esto. Señor Lipa, dijo el rab, este iehudi no es un changador, sino el millonario de la congregación. Se llama Eliahu Jasid, lamentablemente no tiene niños, y se ocupa de hacer favores con “su cuerpo y con su dinero”.

Reb Lipa estaba sorprendido y emocionado. Este Shabat sería recordado por él durante toda la vida, y se preocupó por cumplir con el pedido del millonario. Ya era un hombre generoso, pero aumentó su generosidad, y hasta el día de su fallecimiento las puertas de su casa estuvieron abiertas para los pobres, en especial y para toda otra persona.

Traducido del libro Otzaroteinu.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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