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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - PERASHAT VAIGASH-18
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

LOS CEDROS Y LAS CARRETAS

“y vio las carretas que envió Iosef para llevarlo, y revivió el espíritu de su padre Iaacov” (Bereshit 45,27)

Iaacov se asombra, siente temor, no cree la veracidad de la noticia que acaba de escuchar. Pero al ver las carretas, se tranquiliza, su espíritu “regresa”. ¿Qué había de especial en las carretas?

El Maran Hajida ztz”l trae una explicación maravillosa, y cuando profundizamos en ella la advertencia se multiplica. Y así escribió: cuando Iosef se separa de Iaacov, su padre, ve que el padre está plantando árboles de cedro. Le pregunta: padre, ¿para qué es esto? Y Iaacov Avinu le contesta: tienes que saber, que los hijos de tus hijos, en el futuro, construirán el Mishkan (Tabernáculo) para Hashem, en el desierto, utilizando las maderas de estos árboles, y las transportarán con carretas.

Por este motivo, Iosef le envía a Iaacov las carretas, para darle una señal, mostrándole las seis carretas en las que llevarán las maderas del Mishkan en el desierto…

Y cuando Iaacov ve las carretas, “revive el espíritu de Iaacov”. Se alegra, y enseguida: “y viajó Iaacov a Beer Sheva”, para cortar esos troncos de cedro (Bereshit Raba 94), y llevarlos a Egipto en las carretas.

Pero todavía necesitamos entender el mensaje que encierran las carretas, aunque ya escribieron los comentaristas, que aquí se indica que el Mishkan se levantó con los cedros que plantó Iaacov Avinu, Alav Hashalom. Para indicarnos, que hay un Tabernáculo exclusivo para la Divinidad levantado por los hijos de Israel, y cada hombre debe erigir en su corazón un Tabernáculo para la Divinidad, y en cada casa de Israel también se levantará, con cada familia que se forme, construyendo un Mishkan para la Divinidad (Sota 17a).

La “materia prima” nos proporciona un mensaje eterno que será parte de la herencia de los hijos de Iaacov Avinu, la herencia de nuestros santos patriarcas. Todavía podemos decir que “la Tora nos fue ordenada por Moshe”, y nosotros tenemos la obligación de estudiarla y elevarnos en ella. Pero esa elevación no se logra sobre una tierra árida, no podemos “plantar” nuestra vida eterna allí, sino sobre la “herencia de la congregación de Iaacov”, sobre la herencia de nuestros padres, que son la base de nuestro mundo…

Surge la pregunta: si nuestra herencia es un punto fundamental, y Iaacov Avinu preparó la materia prima, plantó los “cedros”, ¿cuál es nuestra función? ¿Qué es lo que nosotros debemos transportar en las carretas?

Nuestra misión consiste en tomar la grandeza del sabio, extraerla de la generación pasada, y traspasarla (nosotros) a la próxima generación, en las mismas carretas que se llevaban en el desierto las maderas del Mishkan, traerlas a la tierra prometida e instalar aquí un Mishkan permanente para la Divinidad…

Y cuando Iaacov ve que Iosef sabe cuál es su función, que él envía las carretas para traer a Iaacov, su espíritu revive…

En la perasha leemos sobre la revelación de Iosef a sus hermanos, la reunificación de la familia, borrando las heridas del pasado. Y Iosef le envía carretas a su padre, y explica Rashi: el mensaje de Iosef para indicarle a su padre el asunto del que se ocupaban cuando se separaron: la perasha de la “Agla Arufa” (Agla, el becerro que se escribe, en hebreo, igual que la palabra carreta). Sólo entonces revive el espíritu de Iaacov, sólo en ese momento decide descender a Egipto y encontrarse con Iosef. Sólo cuando puede comprobar que Iosef no olvidó lo que estudiaron juntos, que todavía está en Iosef la “herencia” que transmitió Iaacov, que sigue “atado” a la Tora y a sus enseñanzas. Sólo ahora puede decir: Iosef está vivo, vamos a verlo…

Porque si hubiera olvidado, si se hubiera desconectado de la herencia de su padre, de la Tora y sus preceptos, Iaacov habría dicho: que se quede allí, que siga siendo virrey y también rey, que disfrute de su posición y nosotros nos quedaremos aquí, aunque tengamos que soportar el hambre… ¿qué hay entre nosotros y él?...

Y cuando Iaacov desciende a Egipto, “envía a Iehuda delante”, para levantar una casa de estudios, de donde “saldrá” la Tora y donde se resolverán las leyes. Recién allí Iaacov puede descender, es la única forma de moverse de un lugar a otro, que en su destino esté preparado el lugar para estudiar Tora…

“Estudiamos, dijo rabi Shimon Bar Iojai, veamos cuán querido es el pueblo de Israel para Hakadosh Baruj Hu, que en cada lugar donde fue desterrado, la Divinidad estuvo con él”. Y veamos cuán querida es la Divinidad para Israel, que en todo lugar donde fue desterrado, se adelantó levantando una casa de estudios y una Ieshiva, un lugar para estudiar Tora: “desde los días de nuestros padres no se interrumpió la Ieshiva en ellos. Estuvieron en Egipto, y llevaron la Ieshiva con ellos” (Ioma 28b). Y así fue en todo lugar donde fuimos desterrados, nuestros sabios, los emoraim y los gueonim en Babel, el Rif en Marruecos y el “Aruj” en Roma, el Rambam en Egipto y el Ramban en España, rabenu Guershom en Italia y los Balei Tosafot en Francia, Inglaterra y Ashkenaz. Y hasta las últimas generaciones, en todas partes, el Maaritz en Teiman y el Ben Ish Jai en Bagdad, los sabios de Yerva y Tunez y los “grandes” en Aram Tzova.

Y sin esto, no podemos ir a ninguna parte y establecernos con bendición.

Nos hicimos merecedores de nuestra propia tierra, independiente, que se ha convertido en una de las más ordenadas entre las naciones. Tenemos tecnología de punta, nos preocupamos por tener parques públicos, servicios sociales, médicos, hospitales, etc. Todo lo que el cuerpo necesita, aunque no precisamente el alma.

Lamentablemente muchas ciudades se planificaron sin dar lugar a un Beit Hakneset, sin Mikve, y las casas se construyen sin la posibilidad de colocar una Suca. Somos, como dijimos, un país de punta, y esas cosas no aparecen entre los parámetros que lo califican…

Pero Iaacov Avinu, cuando baja a Egipto, con sólo setenta almas, envía delante a Iehuda, para establecer una casa de estudio.

Iaacov Avinu entiende la orden, sabe qué es lo primero: poner atención en el alma. Hace falta una casa de estudio, una casa de leyes, para saber cómo conducirnos.

Esto es por y para siempre. Primero el Beit Hakneset, el pequeño Beit Hamikdash. Y si no está primero que todo, que esté junto a todo, o al menos, al final. Pero no podemos borrarlo del mapa. Y Baruj Hashem muchas ciudades tienen mucho lugar para las casas de estudio y las casas de oración… Para que podamos decir que la tierra de Israel es el país de los Iehudim…

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom

 




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