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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - PERASHAT VAERA-19
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



LA PLAGA Y SU MENSAJE

“y toda el agua del río se transformó en sangre” (Shemot 7,20)

“También, a la nación en la que habrán de servir, Yo la juzgaré”, así le informa el Bore Itbaraj a Abraham Avinu, cuando le habla sobre el destierro en Egipto. Por eso, las plagas fueron llegando en orden, en un orden perfecto, una detrás de la otra. La primera, la plaga de la sangre…

¿Por qué el Creador comenzó con esta plaga? ¿Cuál es el mensaje que nos brinda?

Pero, por otra parte, y con seguridad, ellos, en su país, tenían leyes. Y desde luego, hay leyes para vivir en sociedad, como dicen desde hace unos años, en que se contemplan los “derechos humanos”, un sistema de leyes que trae al país armonía entre sus habitantes y se preocupa por su bienestar, tanto individual como colectivo. Este sistema es como una fuente de aguas vivas para el país, es lo que trae paz y bienestar a la sociedad, como el agua, que es la base de la vida…

Viene la primera plaga, y alcanza la máxima profundidad, revela todo lo oculto, hasta el mínimo detalle: que también sus aguas, ¡son sangre!

La crueldad, la maldad sin límites, estaba presente en todo el entorno de sus vidas, a la vuelta de cada esquina, oculto bajo un sistema de leyes “normal”, pero, como decimos, hecha la ley hecha la trampa… Y cuando la maldad llega a las calles, también entra en las casas, hasta llegar al interior de cada individuo…  Si no hay límites en el manejo, tampoco habrá límites en el trabajo… y podemos proveer de todo lo necesario al ejército y a la policía, pero lo hacemos mientras robamos los bancos. Cuando el mal está presente y se ha establecido, el reproche no basta…

Y sucedió:

Un hombre intenta hablar desde un teléfono público (un aparato de otras épocas). El que recuerda, estos teléfonos funcionaban con “asimonim” (aquí en Israel se trataba de una moneda especial que todos los turistas se llevaban de recuerdo, en otros países tal vez se utilizaban “cospeles” o simplemente las monedas de uso corriente), y ese día, debido a una falla técnica, el teléfono se tragó su “asimon”.

La compañía de teléfonos le debe ahora, a este hombre, una llamada. Pasaron unos días, y descubre un teléfono público que se descompuso y permitía hablar gratuitamente, sin límites. Con seguridad, eso está prohibido, significa robar. Pero fue a preguntarle al Maran “Kehilot Iaacov”, a rabi Iaacov Israel Kanievsky ztz”l, si podía hacer una sola llamada, para recobrar el “asimon” que el otro teléfono le había tragado…

El gaon abrió frente a él la Guemara (Berajot 5b), que nos trae el relato de los barriles de vino que se le convirtieron en vinagre a rab Huna. Si un ladrón te robó, no le robes para recobrar lo que te han robado. Porque sentirás el gusto del robo, estropeando tu alma. Puedes detener al ladrón, llevarlo a juicio, pero no le robarás… Hasta aquí, puede ser que esté permitido, pero acostumbra el alma a hacer cosas bajas. Por eso, debemos evitarlo. La Tora es maravillosa, un reproche con “elegancia” (mientras que otras culturas afirman que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón)

Y contaron (Hameorot Haguedolim): el reino convocó a una reunión de rabinos en Peterburg, y el Jafetz Jaim ztz”l necesitaba una hoja de papel para escribir. No tenía ninguna en su poder y los negocios ya estaban cerrados. Le dijo uno de los encargados de la reunión, rabi Zelig Fersitz: él sabía que uno de los rabinos seguramente tendría muchas hojas de papel. El rabino que hospedaba a todos, al escuchar lo que necesitaba el Jafetz Jaim, de inmediato le extendió una hoja.

El Jafetz Jaim extendió su mano con una moneda de cobre, de un centavo…

Rabi Zelig, que era el “intermediario” en la operación, sonrió al ver la moneda y no quiso recibirla. Mientras, intentaba entregarle al Jafetz Jaim su hoja de papel, pero como rabi Zelig no recibía la moneda el Jafetz Jaim no pensaba aceptar el papel…

Preguntó rabi Zelig: ¿usted no sabe que esa moneda no vale prácticamente nada?

Explicó el Jafetz Jaim: yo me he puesto un cerco, de no recibir nada gratuitamente. Porque ninguna persona sabe lo que pasa en el corazón de su compañero (Pesajim 54b), y a veces cuando entrega algo de regalo, no lo hace con todo el corazón, y entonces, habrá aquí unas “partículas” de robo…

Y es correcto, que un centavo no tiene ningún valor. Pero robando un centavo podemos crear un Angel destructor, que con su fuerza puede destruir todas las murallas de Peterburg…

Y ahora hagamos un cálculo. Si esa es la fuerza destructora creada por un solo pecado, el robo equivalente por un centavo, cuál será la fuerza, entonces, de un Angel que recomienda, al ser creado con un precepto que olvidamos o con todos los preceptos juntos, como el precepto de “Talmud Tora” (estudio de la Tora). Y más, de acuerdo al cálculo del Jafetz Jaim, que afirmó que cada palabra de un estudio de Tora es equivalente a todos los preceptos, y cuando podemos recitar unas doscientas palabras por minuto, resulta que durante una hora de estudio crearemos un ejército de doce mil Angeles.

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu Aleha Hashalom

 




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