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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva -PERASHAT KORAJ-19
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



 

CONSTRUIR EL MUNDO

“Y tomó Koraj” (Bamidvar 17,1)

¿Qué vio Koraj para discutir con Moshe? Sintió envidia por la designación de Elitzafan Ben Uziel. Dijo Koraj: Kehat, el hijo de Levi, tuvo cuatro hijos: Amram, Itzhar, Jevron y Uziel. Amram fue el primogénito, y dos de sus hijos alcanzaron la grandeza, uno fue rey (Moshe) y el otro Cohen Gadol (sumo sacerdote, Aharon). ¿Quién es el destinatario del cargo siguiente? ¿Acaso no soy yo? Porque yo soy el hijo primogénito de Itzhar, el segundo de los hermanos. Sin embargo, le dieron el tercero de los cargos al hijo del último de los hermanos. Por eso yo discuto con ellos y anulo sus palabras.

Y sabemos, que Koraj era un “hombre grande”, con espíritu de Santidad. Y prepara un plan, con el que convence y se deja convencer a sí mismo. Sale del sistema y pierde la vida, en este mundo y en el mundo venidero. ¿Y qué encontramos detrás de todo esto? El sentimiento de envidia, nada más…

Y esto nos golpea tan profundamente, a cada uno de nosotros. Hacemos muchas cosas, imposible llevar la cuenta. Fijamos posiciones, marcamos caminos. Todo lo hacemos sin tener la información suficiente, sin ver lo que no podemos ver, sin sentir. Ya que si tuviéramos la información necesaria, ahorraríamos muchas discusiones, en la familia, en la congregación. “Y tomó Koraj, esta perasha es muy bonita para disertar”, así comienza Rashi su comentario. Pero lo importante no es el Midrash sino los hechos. Que no seamos como Koraj y su congregación, que podamos superar todos los prejuicios. Así se resolverán tantas contraposiciones, y podremos vivir en paz, haciéndonos aptos para recibir, bendición y abundancia. Y todos saldremos con ganancias…

Uno de los caminos para establecer la paz es aumentar en halagos. En especial en nuestras casas. Esta buena costumbre la recibimos de nuestro padre y maestro, el rab Toisig ztz”l. De niños, crecimos en “Batei Ungarin” (un barrio) de Ierushalaim. Quien lo conoce, son decenas de casas muy juntas, de dos pisos, alrededor de un gran patio. Allí había cientos de niños, y cuando llegaban a la edad de casarse, cada día llegaban buenas noticias, fulano se comprometió, la hija de mengano se comprometió…

Mi padre averiguaba quién era la otra parte (del compromiso), y bajaba al teléfono. Esto no era nada simple. No teníamos teléfono en la casa. En esos tiempos, la espera para conseguir un teléfono en la casa, era de ocho años. Si le contamos esto a la nueva generación nos mirarán extrañados ya que hoy, entramos a un negocio y compramos un teléfono ¡funcionando! (claro, hablamos de Israel, porque en la Argentina la espera era infinita, decían que harían un sorteo entre los inscriptos, un sorteo en el que nunca nadie ganaba…). Para llamar era necesario llegar al teléfono público, con la esperanza de que funcione y que no se trague las monedas (aquí en Israel, el famoso “asimon”, que todo turista llevaba uno colgado en el cuello como recuerdo de su viaje). Todo esto hoy lo vemos como una historia de tiempos prehistóricos. Este “asimon” era una moneda con una línea grabada y un agujero. Después de buscar el número al que queríamos llamar, introducimos el “asimon”, esperamos el tono de llamada, y con mucha paciencia comenzamos a “discar” los números. Cada llamada, todo un proceso… Una vez establecida la comunicación, mi padre preguntaba si había llegado a tal familia, se presentaba y decía: yo soy fulano, vecino de la familia de vuestros futuros consuegros. Yo a ustedes no los conozco, pero conozco bien a la familia del novio. ¡Qué familia maravillosa! Agradables, buenos con el Cielo y buenos con la gente. Y conozco al novio desde que era un niño, un joven delicado, ¡cómo eleva sus oraciones! Sólo quería que sepan que se han ganado un gran tesoro, y yo les doy mi bendición para que formen un hogar iehudi, para engrandecer y santificar el Nombre de Hashem…

¡Es imposible describir el efecto de esta conversación! Es como comprar el mundo con un “asimon”…

Durante más de treinta años, mi padre dictaba clases con regularidad, y cuando uno de sus alumnos comprometía a un hijo o a una hija, su alegría era tan grande. Los alumnos son como hijos… y otra vez, telefoneaba a la otra parte y alababa a su alumno y a su familia.

Y casi siempre, el día siguiente a la llamada, un consuegro llamaba al otro y le decía: dime, ¿quién es el rab Toisig?, ¿de dónde lo conoces? Ayer me llamó, ¡cuántos halagos!

¡Cuánto favor hay aquí! Es sabido que los consuegros, por más que averiguan, nunca llegan a conocerse. Y aquí, en unos minutos, el rab Toisig hacía una descripción completa de la familia. Siempre existen sospechas, ¿quién sabe? Pero si escuchan de un hombre que conoce, que atestigua y alaba, ¡cuánta tranquilidad y cuánta alegría!

Un alumno del pasado se comprometió en buena hora. Llamé a sus padres para alegrarme con su alegría. Escuché el nombre de la familia de la novia y los llamé también. Me presenté y les dije: ¡Al parecer vuestras oraciones fueron escuchadas, para hacerse merecedores de semejante tesoro!…

Preguntó el padre: ¿la novia también puede escuchar?

Le dije: seguro, ¿por qué no?

Encendieron el altavoz del teléfono y comencé con las alabanzas. En verdad, un excelente joven, con cualidades muy elevadas. No tengo dudas, construirán un hogar muy hermoso, a partir de dos familias muy honorables.

Escuché “Amen”, y entendí que todos escuchaban con atención y buenos deseos.

Pasó un tiempo, y Baruj Hashem, las nuevas alegrías hacían olvidar a las primeras. A la una y media de la madrugada, escucho que golpean a la puerta. ¿Quién puede golpear a estas horas? Pero si golpean, debe ser importante. Abrí, y el que conocí como un joven, ahora casado, estaba parado allí. No hace falta ser sabio para entender que no trae buenas noticias. Lo hice entrar, sentar, me senté a su lado, pregunté… Y entre lágrimas se abrió: “el rabino tiene que salvarme”…

La casa estaba destruida y se escapó en medio del caos: ¿Qué puedo hacer? ¿En qué puedo ayudarlos?

Me dijo, solamente usted puede ayudarnos, así dijo ella…

Ella dijo que hace tiempo que quería romper, incluso antes del casamiento quería disolver el compromiso. Pero con la llamada del rabino, con tantas alabanzas, remarcando las buenas cualidades. Y gracias a esto, tenían la esperanza, y ahora quiere que el rabino intervenga para encarrilarnos…

Fijamos la cita para el día siguiente, por la tarde. Viajé, escuché a los dos. Y pude ver, es simplemente una pareja joven, almas buenas, pero con una serie de errores. Paso a paso, directiva tras directiva, plantamos… y hubo esperanzas de una buena cosecha. Los acompañamos unos meses hasta que pudieron conducirse por el Camino del Rey, gracias a Hashem Itbaraj.

Pasó un año, y no escuché nada…

Un Shabat Kodesh, perashat Jukat, pleno verano, con el sol quemando como cada Tamuz, estaba sentado en la mesa de Shabat y golpean a la puerta. Uno de los niños corre a abrir y me dice: “hay un papá, una mamá y un bebé”. Me levanté a recibirlos y era, justamente, esta pareja, con el bebé que nació días atrás. Después del nacimiento pasaron unos días en la casa de los padres, en Bnei Brak, y se sintieron obligados a venir a presentarnos al bebé y a decirnos “gracias”…

Hoy, Baruj Hashem, son una familia feliz y bendecida, colmados con la Bendición de Hashem, y todo gracias a una llamada telefónica.

Traducido del libro Mekorvan Latora.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 

 




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