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Shabat Shalom


La Nueva Hoja - PERASHAT Ekev
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

¿POR QUE CORREMOS?

“todo precepto que Yo te ordeno hoy lo observarás para realizar” (Devarim 8,1)

¿Por qué está escrito “todo precepto”, en singular? Estamos hablando de seiscientos trece preceptos…

Pero, explica el “Sifte Cohen” ztz”l, que el hombre puede resignarse y decir: ¿quién puede cumplir todos los preceptos?, ¡son tantos! Por eso, nos dice la Tora: no pensemos para nada en los otros preceptos, pensemos ahora pura y exclusivamente en el precepto único que tenemos delante, éste lo haremos, y así se cumplirá que “un precepto nos arrastra a otro precepto”, y “la recompensa de un precepto es otro precepto”, como una gran cadena…

Entonces, cuando nosotros cumplimos un precepto, recitamos la bendición “que nos santificaste con tus preceptos”, en plural, y en cada uno de los preceptos, “que nos ordenaste”, en singular, hacer tal precepto. Y ahora la pregunta se invierte: ¿por qué recordamos todos los preceptos cuando vamos a cumplir sólo uno? Y la respuesta: para enseñarnos, que la fuerza de un solo precepto que nosotros nos proponemos cumplir, nos llevará al cumplimiento de todos los preceptos…

Esto es lo que dijeron nuestros sabios, de bendita memoria (Kidushin 39b): “a todo el que cumple un precepto, le hacen un bien, le alargan sus días, y le dan por herencia la tierra”. Porque todo se genera con la fuerza del cumplimiento de un solo precepto.

Y agregan, que así se explican las palabras del versículo (Eja 3,38): “de la Voz de las Alturas no saldrán males del bien”. No está escrito “de los bienes”, en plural, como está escrito “males”. Sino que se trata del primer bien, del hombre, que a partir del primer bien (precepto cumplido) arrastrará consigo el resto de los bienes, como dijeron (Ioma 39a): “el hombre se santifica un poco, lo santifican mucho. Se santifica a sí mismo abajo, lo santifican arriba”.

En una charla con sus alumnos, dijo “Rabenu”, el rab Ben Tzion Aba Shaul ztz”l: hay detalles que nos muestran lo que es el amor por los preceptos, como por ejemplo, quien se alegra cuando se hace merecedor del cumplimiento de un precepto. Como ese Talmid Jajam (estudiante y sabio de la Tora) que encontró algo perdido, y cuando consigue encontrar lo perdido y devolverlo a su dueño, reparte entre sus compañeros comidas y golosinas (Or Letzion - Jojma Umusar 212).

¿Quién era ese Talmid Jajam y quiénes eran sus compañeros?

Contó el gaon, rabi Ben Tzion Mutzafi: subí a la Ieshiva, y encontré una multitud en los pasillos. Me acerqué, y vi a Rabenu repartiendo golosinas entre los alumnos. Pregunté por el motivo de la alegría, y Rabenu me dijo con entusiasmo: “hoy tuve el mérito de cumplir un precepto de la Tora, y esto es digno de esta especie de comida festiva: encontré un monedero en la calle, busqué y encontré al dueño, y pude cumplir el precepto de “Shabat Abeda” (devolver un objeto perdido a su dueño), y yo ¡agradezco por esto al Creador Itbaraj!…

Está escrito (Shir Hashirim 7,6): “el rey Asur barhatim”. La palabra “rhat”, en arameo, significa corrida. Y explica Rashi: Hakadosh Baruj Hu nos sujeta con amor a sus preceptos, y cuando corremos, corremos hacia El. ¿Quién no corre hacia el Creador Itbaraj que nos sujeta con gran amor? Está en nuestras manos hacerlo, cuando corremos para cumplir con un precepto.

Y en verdad, ¿cómo se entiende? ¿Cuál es el secreto de la importancia de correr y apresurarse? Esto lo podemos aprender de la Tora de Rabenu. Está escrito (Mishle 24,30): pasé por el campo del hombre haragán, y por el viñedo del hombre sin corazón. Dijo Rabenu (Or Letzion – Jojma Umusar 155): podemos ver que la vagancia muestra la falta de corazón, sentimientos apagados, insensibilidad e indiferencia. En contraposición, el apresuramiento, muestra la calidez del sentimiento, un corazón palpitante…

La madre de Rabenu acostumbraba “movilizar” sus piernas para juntar dinero destinado a las familias necesitadas, y se ocupaba también de repartirlo. Había un hombre sabio, muy pobre, que de tan humilde y recatado no aceptaba recibir dinero de nadie. Solamente de ella lo aceptaba. Porque lo repartía con tanta dulzura, con recato, con semejante sonrisa, que aportaba una sensación agradable a quienes recibían el dinero, haciendo un verdadero favor con cada entrega.

Además, guardaba muy bien el secreto, para cuidar el honor de cada pobre. Las personas generosas se apoyaban en su proceder, porque no revelaba ni la identidad del donante, ni la identidad del receptor. Y las personas generosas sabían que su recompensa estaba asegurada, ayudando a un sabio no identificado…

Un día, la mujer sufría fuertes dolores en sus rodillas. Sin alternativa, tuvieron que inyectarla en sus piernas. Ni siquiera podía preparar las comidas para el Shabat, y la función recayó en sus hijas. Fuera, un frío terrible, con vientos y una lluvia torrencial. Golpearon a la puerta. Abrieron, y un hombre traía una cantidad de dinero para ese sabio desconocido, que solamente ella sabía de quién se trataba. Y sucedió el milagro…

La rabanit se sobrepuso a todos los dolores, se levantó y salió a pesar de la tempestad, porque el sabio necesitaba el dinero para los gastos de Shabat y solamente ella conocía su identidad…

No tenía fuerza para pararse junto a las ollas, para hornear o para cocinar. Pero para salir con la lluvia, el viento y el frío, para cumplir el precepto de hacer el favor, la fuerza apareció… ¿Acaso esta no es la unión de amor con Hakadosh Baruj Hu?

El hermano de Rabenu atestigua sobre él: ¿quién podía ver cómo corría para cumplir un precepto? Otra persona podía caminar como lo hacía siempre, pero él corría para cumplir con la Voluntad del Creador, una gran satisfacción para Hakadosh Baruj Hu…

Y está escrito explícitamente, en el “Jovot Halavavot” (Jeshvon Hanefesh 3): al cumplir un precepto entre los preceptos, los haremos con esfuerzo y diligencia. Como dijo el rey David (Tehilim 119,32): corro por el camino de tus preceptos, pues así se expande mi corazón.

Y así eran todos los movimientos de Rabenu, siempre corriendo, porque siempre estaba cumpliendo un precepto. “No recuerdo haberlo visto caminar”, atestigua un alumno. “Siempre corría, con largos pasos, subía las escaleras de a dos, corría por los pasillos. Cuando tenía que salir unos minutos, seguía con su explicación hasta que abría la puerta, y al volver, apenas cruzaba el umbral, continuaba por donde había dejado”.

Ese también fue el legado para sus alumnos (Or Letzion - Jojma Umusar 158): cuando hay que traer un libro, se debe traer rápidamente. Y cuando nos retiramos, lo hacemos como cuando estamos apurados en nuestras ocupaciones.

Siempre se lo veía como si fuera a tomar un avión para salir al exterior. No podía perder el vuelo…

Y no hay comparaciones. Porque para volar, puede haber otro avión. Pero el momento que pasó cuando pudimos cumplir un precepto, no vuelve…

Traducido del libro Iaguilu Bemalkam.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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