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Shabat Shalom


La Nueva Hoja - PERASHAT KI TETZE-19
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

LA ENSEÑANZA DETRAS DEL PRECEPTO

“el amonita y el moabita no entrarán en la congregación de Hashem” (Devarim 23,4)

La Tora es eterna, y a pesar de que los pueblos de Amon y Moab desaparecieron del mundo hace tiempo, el mensaje del precepto y su motivo, quedaron firmes para las generaciones. Y el precepto nos exige estudio: “porque no se adelantaron con pan y agua en el camino, cuando ustedes salieron de Egipto… no buscarás su paz ni su bienestar, durante todos tus días, por siempre”.

Si nosotros hubiéramos tenido que alejar a todos los pueblos que no salieron a recibirnos con pan y agua en el destierro, deberíamos alejarnos de todo el mundo… También en la salida de Egipto hubo otro pueblo, que no sólo no se adelantó a recibir a Israel con pan y agua, sino que además salió a enfrentarnos con la espada. Fueron los edomitas, y exclusivamente sobre ellos, está escrito en nuestra perasha: “no lo rechazarás, porque es tu hermano”. ¿En qué se diferencian con Amon y Moab?

Contesta al respecto el Ramban: me parece, que la Tora aleja a estos dos pueblos, Amon y Moab, porque ellos recibieron el gran favor de Abraham Avinu, que salvó a su padre y a su madre de la destrucción de Sedom, y se salvaron sólo por el mérito de Abraham. En resumen: ellos fueron desagradecidos…

Vamos a pensar: el pueblo de Israel sale de “Iad Rama” y acampa en los límites de Moab. Y los habitantes (y los gobernantes) de Moab se preocuparon, porque Israel era muy numeroso. Y dijeron (Bamidvar 22,3-4): ahora ellos comerán todo lo que nos rodea, como el toro come la vegetación del campo.

Es decir: ellos estaban seguros de que su pueblo corría peligro de ser exterminado. Y la Tora tiene una queja contra ese pueblo: no sólo que ellos tenían prohibido hacerle mal al pueblo de Israel, sino que estaban obligados a adelantarse, y recibirlos con bombos y platillos, darles fuertes señales de amistad, y por sobre todo, ofrecerles pan y agua.

¿Por qué?

Porque una vez, hace muchos años, el abuelo del pueblo de Israel le hizo un bien a su abuelo.

En verdad, el concepto “abuelo” no es exacto. Hagamos cálculos. La guerra contra Midian fue conducida por Pinjas, hijo de Elazar, hijo de Aharon Hacohen, hijo de Amram, hijo de Kehat, hijo de Levi, hijo de Iaacov, hijo de Itzjak, hijo de Abraham. Nueve generaciones transcurrieron hasta llegar a los días de Abraham Avinu y Lot, el padre de Amon y Moab.

O sea, la Tora se queja contra estos pueblos, y les recuerda, que el abuelo, del abuelo, del abuelo, del abuelo de ellos, se salvó, hace unos cuatrocientos cincuenta años, gracias al abuelo, del abuelo, del abuelo, del abuelo de este pueblo, el pueblo de Israel…

Y si ellos no recuerdan esta realidad, si no obran al respecto,  y no reconocen el bien con los hijos de Israel, ¿qué hay?...

¿Ahora no podrán apegarse a los hijos de Israel, eternamente?

¿Por qué?

Porque el iehudi, en su esencia, sabe reconocer el favor…

Es correcto, los iehudim no somos desagradecidos. Pero qué pasará cuando yo estoy obligado a reconocer la bondad que una persona me hizo, y después esta misma persona me hace un tremendo mal, me daña tanto que el daño llega al Cielo… En esta circunstancia yo me convertiré en un amargo enemigo, ¿cierto?

“No rechazarás al egipcio, porque fuiste residente en su tierra”. Explica Rashi: no lo rechazarás, en absoluto, ¡a pesar de que haya arrojado a tus hijos al río!

¿Por qué motivo?

Pero, la enseñanza más importante que recibimos con la obligación de reconocer el bien que nos hacen, la encontramos en las palabras del libro “Hajinuj”, palabras elevadas, que nos elevan: “cuando adquirimos esta cualidad en el alma, se despierta la necesidad de reconocer el bien que nos hace Hashem”, que nos trajo a la luz del mundo, que nos da el sustento cada día, que nos pone a cada uno en su función, con nuestro cuerpo completo y sano, y nos regaló un alma y el entendimiento para “crecer”. Pensemos, entonces, cuánta obligación tenemos de cuidarnos en el Servicio a Hashem, Itbaraj Shemo…

Contaba el gaon, rabi Itzjak Zilverstein Shlita, rab del barrio “Ramat Eljanan”, en Bnei Brak: una vez entré al Beit Hakneset para la oración de la noche (Arvit) y vi al gaon, rabi Ben Tzion Aba Shaul ztz”l que entraba y se asociaba a nuestro Minian (grupo de al menos diez personas que se reúnen para rezar).

Apenas entró, sacó unas monedas de su bolsillo y las depositó en la alcancía (de Tzedaka, caridad) del Beit Hakneset.

Se le acercaron, y le recordaron las palabras del “Kaf Hajaim” (Oraj Jaim 235,4), que la noche es el tiempo donde gobiernan los juicios, y no se acostumbra a depositar caridad antes de la oración.

Contestó: la acción que hice de dar, no la considero como caridad. Pero, yo estoy aquí, teniendo provecho de la iluminación, del aire acondicionado, de la limpieza, de los Sidurim, ¿cómo voy a tener provecho sin pagar?...

 

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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