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Shabat Shalom


La Nueva Hoja -PERASHAT VAISHLAJ-19
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

DICHOSO EN ESTE MUNDO

“Viví con Lavan…” (Bereshit 32,5)

Así es el camino de la Tora, comerás pan con sal y tomarás agua con medida, te acostarás sobre la tierra, tendrás una vida sacrificada y te ocuparás de estudiar Tora. Si haces de esa forma, dichoso serás en este mundo y tendrás lo mejor para el mundo venidero (Pirke Avot 6).

Nos aclara el Saba Minovardok ztz”l en su libro “Madregat Haadam” que todo el sacrificio al que se refiere la Mishna está en una escala de “aunque así sea”, que no tiene por qué ser así la vida de la Tora sino que si existiera la necesidad de tener que vivir así para poder ocuparse de la Tora, hasta allí tendríamos que llegar... O también podría darse el caso en el que queremos vivir mejor, y para eso deberíamos sacrificar parte del cumplimiento de la Tora, la Mishna nos dice que mejor “pan con sal” a apartarse del cumplimiento en lo más mínimo.

Y este comportamiento lo vimos en Iaacov Avinu. Rashi nos muestra como Iaacov atestigua sobre sí: viví con Lavan, cumplí con los 613 preceptos de la Tora y no aprendí de sus malas acciones. Aunque Lavan era una persona tan malvada que tenía la fuerza para influenciar hasta sobre Iaacov, con sus engaños, como sabemos, que había logrado que toda la gente de Jaran sea como él, o sea que Iaacov estaba rodeado de gente malvada y en un ambiente donde hostil en cuanto a la espiritualidad, todo eso no alteró en absoluto la conducta de Iaacov Avinu. Veinte años vivió Iaacov en ese ambiente agresivo, y cuidó y cumplió con los seiscientos trece preceptos de la Tora, y el pensamiento de Lavan y las costumbres del entorno no pudieron torcer su fuerza ni en la medida del grosor de un cabello.

Como un pequeño ejemplo de la fuerza de Iaacov, nos cuenta el Saba Minovardok, sobre joven estudioso de Tora, que fue nombrado como rabino de la ciudad de Hamburgo. Ni bien llega a la ciudad se le presenta una señora de la ciudad, y le dice que quiere hacer un juicio con una de las personas más adineradas del lugar, además de ser también una de las personas más honorables. El rabino le pregunta a la señora si podía esperar al día siguiente, ya que acababa de llegar..., pero la señora le enumeró una y otra causa mostrando la urgencia de la situación, el “Din Tora” debía efectuarse hoy mismo. El rabino llamó a su secretario y le dijo: ve a la casa de fulano y dile que debe venir ahora mismo a mi despacho, para el juicio en el que se deberá presentar con esta señora.

El secretario pareció convertirse en una estatua por el miedo que sintió cuando escuchó el nombre de uno de los hombres más poderosos de la ciudad. Quedó paralizado, sin poder moverse. Por su cabeza pasaba el cálculo de cómo podía atreverse a hablarle, y más, llamarlo a un juicio con una mujer que mostraba ser de no muy buenas costumbres...

Pero el rabino no lo dejó pensar mucho y lo apuró para que cumpla con su pedido, y así salió el secretario a la calle con temblores en todo el cuerpo, sin saber a dónde ir. A medida que se acercaba al destino el miedo iba creciendo. Llegó a la puerta de la casa y no podía entrar. Empezaba a entrar y volvía para atrás, así una y otra vez, entraba al patio y esperaba un poco, a ver si el hombre salía sin que él tenga el atrevimiento de llamarlo, y otra vez salía a la calle. Otra vez entró al patio y esta vez sí, el dueño de casa salió al patio y ve a una persona parada en su patio. Le pregunta qué es lo que hace ahí, en su patio, y el secretario entre temblores comienza a tartamudear hasta que logra decir lo que el rabino le pidió. El hombre le contesta sin titubeos: ve y dile al rabino que iré en otra oportunidad...

El secretario vuelve con la respuesta del hombre y el rabino le pregunta a la señora si está dispuesta a esperar “otra oportunidad”. La señora le pide al rabino que no la hagan esperar, su situación requiere urgencia. El rabino envía nuevamente a su secretario y le dice que le diga al hombre que la señora no puede esperar, a que él venga cuando se le ocurra, el rabino le ordena que venga hoy. Cuando el secretario escucha que tiene que volver otra vez, se renuevan sus temblores.

Era muy sabido que las personas adineradas de Hamburgo no estaban acostumbradas a soportar cosas como éstas, y en especial para un hombre tan poderoso, obligarlo a enfrentar en un juicio a una mujer con antecedentes no muy limpios.

Sin posibilidad de elegir, el secretario salió nuevamente a cumplir su misión y, como la primera vez, comenzó a tartamudear frente al honorable señor de la ciudad hasta que el hombre le preguntó: ¡¿Qué dijo el rabino?! ¡¿Qué yo tengo que ir ahora mismo porque la mujer no puede esperar?! Ahora el hombre se encendió de furia hacia el rabino y le dijo al secretario en forma desvergonzada: dile al rabino que yo soy el hombre más poderoso de Hamburgo y él todavía es aquí un visitante. Todavía no conoce a la gente del lugar. Y si yo dije que iré cuando tenga tiempo, puede estar seguro que ¡cumpliré con mi palabra!!!

Volvió el secretario y repitió todas las palabras delante del joven rabino.

Ahora el rabino saltó de su silla y le dijo al secretario que vuelva a la casa del hombre y le diga que puede ser cierto que él sea el hombre más poderoso de Hamburgo, pero, de todas formas, el que le está hablando es el rabino de la ciudad, y si yo le digo que tiene que venir hoy es porque tiene que venir justamente hoy! Probablemente yo no tenga puesto un uniforme de policía que muestre que lo puedo traer por la fuerza, pero tengo en mis manos algo que se llama “Jerem” (apartar a una persona de la congregación) y tengo la posibilidad y ¡la fuerza para usarlo!!!

Cuando el secretario escuchó esto, dejó de temblar, se desmayó... Le pidió al rabino que mandara otra persona en su lugar, él no podía hablar de forma semejante. Pero el rabino no aceptó, sea como sea debía cumplir con su pedido.

El secretario vio que era inútil discutir, pero tampoco sabía cómo hacer para cumplir su voluntad. Se armó de valor y fue por tercera vez a la casa del potentado.

Ahora era el hombre quería saber lo que el rabino mandaba a decir, pero el secretario no paraba de temblar y no salía ni una palabra de su boca. El hombre le pedía que hablara pero él estaba lleno de vergüenza y miedo, y no podía hablar. Finalmente el hombre escuchó lo que tenía que escuchar y el secretario se escapó del lugar...

No pasó mucho tiempo, menos de una hora, el hombre entra en la casa del rabino, le toma la mano y le grita: “¡Mazaltov, Mazaltov! El honorable rabino es verdaderamente merecedor de ser ¡el rabino de nuestra ciudad! Ahora podemos decirle la verdad, que no hay ningún juicio pendiente ni por parte de la respetable señora ni de mi parte. Todo fue un examen. La ciudad tenía un fuerte temor que el rabino, debido a su juventud, no podría sostener la fuerza de la ley de la Tora y estaría subyugado al poder de las personas poderosas de la ciudad, ya que tenemos entre nosotros muchas personas con el poder y el carácter que yo quise mostrar. Todo fue una prueba, con permiso del rabino y su Tora, y ahora que vimos que el rabino puede enfrentar cualquier situación que se le presente, y seguirá cumpliendo la Tora de la mejor manera, entonces lo podemos llamar “Rabenu”.

 

Traducido del libro Ialkut Lekaj Tov.

 

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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