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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - PERASHAT BO-20
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



NOSOTROS Y LA LANGOSTA

“he aquí, mañana traeré langostas a tus fronteras” (Shemot 10,4)

Si te niegas a enviar a Mi Pueblo”, dijo Moshe Rabenu al faraón, la Palabra de Hashem es: “he aquí, mañana traeré la langosta a tus fronteras. Y cubrirá la superficie de la tierra, y nadie podrá ver la tierra”. Explicó Rashi: la persona que mire no verá la tierra, y la Tora lo dice en forma breve.

Pero, el Alshij Hakadosh ztz”l escribió, que no es un lenguaje breve, y en verdad se está refiriendo a la langosta, tal como lo dice el versículo, sin buscar una explicación. Y explicó sus palabras: normalmente, cuando la langosta se posa sobre un arbusto, también cuando son muchas las langostas, y parece como si fuera una alfombra gruesa – de todas formas, la langosta ve la tierra que tiene bajo su cuerpo. Pero las langostas que estaban en Egipto, eran tantas, hasta que la cola de una de ellas estaba bajo la cabeza de la otra, tantas y tan juntas hasta que ellas mismas no podían ver el arbusto que estaba debajo, y sobre ellas se posaban muchas más, y ninguna podía ver lo que tenía debajo…

Y vemos, que nuestros rabinos, de bendita memoria, se extendieron en sus explicaciones, porque las plagas de Egipto fueron señales, y fueron muy precisas frente a la maldad de los egipcios, exactamente “ojo por ojo”, y la enseñanza que nos deja cada una de las plagas, es infinita. Hasta que dijeron en la Hagada de Pesaj, que los egipcios tuvieron que soportar hasta cuarenta y cincuenta plagas, o sea que cada plaga, era un conjunto de plagas, y esto nos trae varios mensajes…

Y tomemos, como ejemplo, esta plaga, en la explicación del Alshij Hakadosh.

Nuestra sociedad es una sociedad muy competitiva. Todos corren detrás de sus objetivos, se endeudan, y los billetes, cheques y pagarés, van y vienen. Buscan su próximo objetivo: una casa más lujosa, un automóvil nuevo, y otras cosas sofisticadas que el “medio” nos vende. Está bien, no vamos a impedir que una familia viva en una casa más amplia y agradable, ni tampoco objetar el cambio del viejo automóvil para tener uno más moderno y en mejor estado. La langosta desea un arbusto verde, mientras nosotros deseamos y corremos detrás de cosas sobrantes, digamos…

Pero, la cuestión no es el deseo de un automóvil o una casa. Sino, solamente, ¿por qué el otro tiene y yo no?, ¿por qué el vecino compró?, ¿por qué mi amigo me mira desde “arriba”?... Y entonces, ay…, como la langosta de Egipto, el hombre no ve el arbusto, sino que cada uno de nosotros ve la cola de su compañero. Y esta “alfombra gruesa” de langostas -  es tan peligrosa, es una plaga que está escrita en la Tora…

Sobre los sentimientos, frente a nuestros semejantes, veamos estos relatos:

Rabenu, el Maran, legislador de la generación, el gaon, rabi Moishe Fainshtein ztz”l, estaba internado en el hospital, con su hijo a su lado, para atenderlo y animarlo. Llegó una enfermera y dijo: “teléfono para el rabino Fainshtein”.

Puede ser interesante pensar, quién se preocuparía por llamar al hospital, una hora antes del comienzo del Shabat Kodesh. El hijo recibió la llamada, y preguntó: “¿se trata de una cuestión de vida o muerte?”

-No, Jalila Vejas, contestó la voz de una mujer, pero tengo una pregunta que hacerle al rabino. Llamé a su casa, y me dijeron que estaba en el hospital.

-Es cierto, y entienda, por favor, que no está aquí para cambiar un poco de aire. Está muy débil, y le cuesta mucho hablar. Llame, por favor, después de la salida del Shabat, tal vez se sienta mejor…

-No, gritó la mujer, la pregunta es muy urgente, y no puedo esperar hasta la salida del Shabat.

-Hágame a mí la pregunta, y espere en línea. Trataré de preguntarle al rabino.

Se escuchó un suspiro profundo: pregúntele al rabino cuál es la hora del encendido de las velas en honor al Shabat.

El hijo no podía creer lo que había escuchado: ¿por esta pregunta es necesario molestar al rabino?, ¿por esto es capaz de llamar al hospital?

La señora se sintió herida ante esta reacción: ¿acaso usted cree que es la primera vez que yo le hago esta pregunta al rabino? Desde que quedé viuda y mi esposo ya no puede informarme cuándo es el tiempo de encender las velas, en cada víspera de Shabat yo llamo al rabino y él me contesta con gusto y me bendice, diciéndome “Shabat Shalom”…

Una mujer llegó a la casa de Rabenu, y pidió entrar. Le dijeron que en esos momentos se desarrollaba una reunión que trataba sobre asuntos determinados de la congregación, y que debía esperar hasta que finalice. Había personas que habían llegado antes que ella, y esperaban, cada una con su pregunta. Todos esperaban pacientemente, salvo esta mujer.

Tal vez su problema era muy urgente, tal vez se trataba de un asunto de vida o muerte, pensó el alumno que estaba parado frente a la puerta cerrada. Sería conveniente saber sobre el tema: “¿qué es lo que necesita del rabino?”

Los ojos de la mujer brillaron. Sacó una carta de su bolso. Esta carta llegó de mi hermana, desde Rusia. Ella la escribió en idioma ruso, porque así lo exige la censura. Y yo solamente entiendo el inglés y el idish. Por eso vine, para que el rabino me traduzca la carta…

El alumno dijo con asombro: ¿para esto usted molesta al rabino?, ¿acaso el rabino no tiene nada que hacer, además de traducir cartas del ruso al idish?

Y la mujer contestó: ¿acaso esta es la primera vez que yo estoy aquí? Hace más de veinte años que el rabino traduce las cartas de mi hermana…

Contaba el hijo de Rabenu, el gaon, rabi  Reuben Fainshtein, Rosh Ieshiva Staten Island, que una vez llegó un contingente de la Ieshivat “Tiferet Ierushalaim” para aconsejarse con Rabenu sobre temas urgentes de la Ieshiva. Entraron al cuarto de Rabenu, y cuando todavía había muchas dudas sobre los diversos asuntos, entró una mujer, y empezó a volcar sus angustias. Al instante todos vieron que se trataba de una mujer que tenía cierto problema mental, y se imaginaba que los espíritus y los duendes la perseguían. Se extendió en los detalles, y Rabenu la escuchaba con atención. Todos se pusieron nerviosos, y rabi Reuben le dijo al Rosh Ieshiva que Rabenu estaba pensando en sus problemas. Pero Rabenu, al parecer no estaba de acuerdo, y dijo en idish: “mírenla, está sufriendo. ¿Alguien está dispuesto a escucharla?”

Y así, los tuvo a todos esperando una hora y media…

Sin embargo, Rabenu no mostró ninguna señal de molestia, y la mujer continuó con sus historias a pesar de que estaba ya cayendo la noche – y se acercaba el momento en que se aparecen los duendes… Por eso se apuró a terminar, y a Rabenu hasta le sobró tiempo…

Traducido del libro Vehaish Moshe, Vaiagued Moshe.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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