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Vida judía


Cuida los condimentos...
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



Cuida los condimentos... no solo los que van a entrar a tu boca, sinó también los que salen de ella, con un poco de mal gusto puedes vivir, pero agregando condimento te puedes quemar.

El Rey Shelomó nos enseña:

"Muerte y vida en la mano de la lengua, y su amor comerá de su fruto" (Proverbios 18:21).

La Muerte y la vida están aquí dependiendo de la lengua. Si, de la muerte y de la vida como recordamos, y quien "ama" hablar sin duda comerá su fruto para bien o para mal.

Veamos loque nos cuentan los gigantes de la Torá al respecto

El rab hagaon Shalom Shevadron ztz”l nos cuenta lo que escuchó del rab hagaon Iaakov Kaminetzky ztz”l:

Un rab tenía que cumplir una importante misión durante tres días en una ciudad de Polonia. El Jafetz Jaim lo acompañaba en esa oportunidad. En el camino se detuvieron para comer algo en una hostería que era conocida por su cuidado estricto del Kashrut.

La esposa del dueño del lugar les preparó enseguida una de las mejores mesas y les sirvió de la mejor forma posible, al ver que habían llegado unos huéspedes muy especiales. Cuando terminaron de comer se acercó a preguntarles si la comida estuvo bien preparada. El Jafetz Jaim respondió sin dudar: “muy buena, en verdad estuvo excelente”.

La señora no se movió del lugar, esperaba la respuesta del otro rab. Y la respuesta no tardó en llegar: “realmente buena, pero podría haber estado mejor con un poco más de sal...”

La mujer dio media vuelta y fue rumbo a la cocina. El Jafetz Jaim “olió” algo no muy bueno. Se dirigió a su compañero y le dijo: “No puedo creerlo! Toda mi vida me cuidé de escuchar y hablar lashon hara, ¿por qué Hashem tiene que hacerme esto, que te acompañe para tener que escuchar hablar lashon hara? Estoy muy apenado y arrepentido de haberte acompañado hasta aquí, y ahora estoy convencido que la misión que tenemos no es del todo pura, si sería pura no habría pasado semejante cosa”.

El rab quedó paralizado ante las palabras del Jafetz Jaim, no entendía la gravedad de sus palabras, es más ni la gravedad ni la levedad, estaba seguro de no haber dicho nada malo. Tartamudeando intentó una defensa:

“¿Qué es lo que dije, hay algo grave en mis palabras? Simplemente dije que la comida estaba bien, y solamente agregué que hubiera sido mejor agregar un poco más de sal!”

No tienes la menor idea de la fuerza de las palabras y del mal que pueden causar, dijo el Jafetz Jaim envuelto en llanto, la mujer que vino a servirnos, seguro que no preparó la comida. Lo más probable es que la cocinera sea una mujer muy pobre, y además viuda, que no puede dejar de trabajar para conseguir el sustento de su familia.

Ahora, gracias a tus palabras, la señora entrará a la cocina a decirle unas cuantas cosas a esta pobre mujer, aparte de que faltaba un poquito de sal. Para defenderse, la pobre viuda tendrá que mentir, y contestará que puso la medida justa de sal y hasta probó la comida para asegurarse que esté a punto.

Entonces, la dueña de casa la tratará de mentirosa y le dirá: ¿acaso pensás que los distinguidos rabanim están mintiendo?!! Tu eres la que está mintiendo!!!

Y esto provocará el enojo de la señora que posiblemente llegue a despedir a la pobre cocinera, y ésta quedará sin trabajo.

Fíjate cuántos pecados cometiste con tan pocas palabras:

1)  Hablaste lashon hara.
2) Provocaste que la dueña de casa escuche lashon   hara.
3) Hiciste que la dueña de casa repita el lashon hara frente a la cocinera.
4) Provocaste que la cocinera necesite mentir.
5) Hiciste enojar a la dueña, y ésta hizo sufrir a una mujer viuda.
6) Provocaste peleas entre la gente.

Cuando el Jafetz Jaim terminó su reproche, sonriendo y con respeto, el rab dijo en voz baja: me parece un poco exagerada toda esta historia!

No es posible que palabras tan simples como las que dije provoquen semejante desastre!

Si pinzas así, volvió a la carga el Jafetz Jaim, levantándose de su asiento, vamos a ver lo que está pasando en la cocina!!!

Entraron y vieron a la dueña de casa hablando en un tono muy fuerte a la cocinera, y esta pobre mujer estaba parada contra la pared llena de lágrimas en sus ojos.

El rab vio que el Jafetz Jaim no exageró y sintió una tremenda lástima por la cocinera, ahora tenía que salvarla y disculparse, si existiera la forma, por haberla hecho sufrir tanto. Hasta tendría que insistirle a la pobre viuda que lo perdone, por todo lo que provocó...

Se dirigió primero a la dueña de casa diciéndole que fue un error, que la comida estaba perfecta, que disculpe a la cocinera y que se olvide de todo este asunto, y desde luego, que no se le ocurra despedirla, ya que hizo un gran trabajo. Inclusive estaba dispuesto a pagar por los problemas que causó, con la condición que no despidan a la cocinera.

La señora era muy buena, y aceptó los pedidos del rab. “No tengan ninguna duda, seguro que la cocinera continuará en su trabajo. Solamente quise enseñarle que debía ser más cuidadosa con los condimentos. Es una gran cocinera, y seguirá trabajando con nosotros”.

El relato nos enseña hasta dónde debemos ser cuidadosos con nuestras palabras. Así como unos pocos granitos de sal pueden provocar un daño tremendo, unas pocas palabras pueden causar el abandono de este mundo y el del mundo venidero. En la generación del desierto, el leproso, que adquirió la enfermedad al hablar lashon hara, debía soportar la soledad, el alejamiento, debía vivir fuera del campamento.

Alejado de todos sus conocidos, de su familia, por lo menos durante una semana, sin nadie con quien hablar, solamente con su interior, reprochándose su conducta, que lo condujo a esa triste soledad.

Una palabra de lashon hara también aleja al que la dice del Bore Olam, debido a la gravedad del pecado, pero también lo aleja de su compañero, porque quien escucha que alguien desprecia a otra persona sin motivo no hace otra cosa que alejarse.

Para salvarnos de todo esto, hay un solo remedio: estudiar las leyes del lashon hara, y fortalecernos en el amor y el cariño hacia nuestros semejantes. Toda persona que enfoque a sus semejantes con un buen ojo se acostumbrará a querer a todo el mundo, y comprará el escudo que lo proteja de hablar lashon hara. Y esto lo convertirá en una persona querida por todos, y lo más importante querida del Bore Olam, será querido “arriba” (en el Cielo) y apreciado “abajo” (en la tierra). Logrará mejorar su Olam Haze y también tendrá un gran Olam Haba.
 
Lekaj Tov.

 




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