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Shabat Shalom


Parashat Beshalaj -3
Por. Rab Ari Kahn



Cuando los hijos de Israel comenzaron su viaje desde Egipto, ellos seguramente habrán estado en la cima del mundo.  La pregunta, por supuesto sería "¿qué viene después?".  El objetivo no fue simplemente dejar Egipto; cuando D'os se reveló a Moshé le dijo:

"Cuando saques al pueblo de Egipto habréis de servir a D'os sobre esta montaña" (3:12).

Los judíos tenían que llegar al Sinai, donde recibirían la Torá.  Los judíos recibirían su mandato, el cual los instruiría, los inspiraría y los guiaría a través de la historia.  Desde el Sinai entrarían a la tierra prometida a Abraham, Itzjak e Iaacov, la Tierra de Israel.  Pero algo pasó en el camino a Israel, y los judíos se desviaron y se quedaron deambulando por el desierto durante 40 años.

Este desvío tuvo su origen en la parashá de esta semana.  En el primer versículo de Beshalaj se cuenta que los judíos estaban a una distancia muy corta de Israel, cerca de la tierra de los Filisteos, pero a pesar de la proximidad, siguieron un camino diferente.

"Ocurrió que cuando expulsó el Faraón al pueblo, no los condujo D'os por el camino de la tierra de los filisteos, porque era cercano, pues había dicho D'os…Para que no se arrepienta el pueblo cuando vean guerra y vuelvan a Egipto" (13:17).

En este momento la función de Moshé era liderar esta joven y frágil nación hacia el Sinai, y luego hacia Israel, pero, como nosotros sabemos, el Sinai no será alcanzado en la parashá de esta semana, y Moshé no llegó a liderar al pueblo hasta la tierra prometida.  El pueblo no estaba preparado, y podemos aventurarnos a decir que las tragedias y desilusiones de los siguientes cuarenta años son anunciados en esta parashá.  El pueblo mostró una falta de preparación, es por eso que el plan inicial sufrió un desvío.  Esta desviación, entonces, representa una de las grandes tragedias de la historia judía.  Los judíos estaban muy cerca de Israel, pero no estaban listos para entrar en ella.  El camino hacia Israel sería a través del Sinai, un viaje de 50 días, y el viaje subsecuente hacia Israel tomaría otros 40 años.  D'os quería llevarlos a Israel, pero Él sabía que ellos no estaban psicológicamente preparados para entrar en la tierra, ni estaban listos para pelear por ella.  Podemos ver esto como un arquetipo del comportamiento Divino: D'os desea que el potencial del hombre se desarrolle, pero el hombre a veces no puede o no quiere responder al llamado de D'os.  Un análisis de la parashá iluminará una filosofía educacional, las enseñanzas que transformarían a los judíos de ser esclavos del Faraón a ser socios de D'os.  Los judíos habían visto una gran muestra del poder de D'os que el mundo nunca había visto.  Sin embargo, este poder era una espada de doble filo.  Por un lado, les dio a los judíos una enseñanza increíble sobre el monoteísmo; por otro lado, marcó estándares de una relación con D'os, que, por el hombre, no podía ser mantenida.  Los milagros tuvieron que ser reemplazados por una manera diferente de apreciar, entender y conectarse con D'os.  Para que esta transformación ocurriera, una última y gloriosa plaga caería sobre los egipcios: la apertura del mar.

"Las sirvientas tuvieron una visión más grandiosa que las que tuvo Iejeskel ben Buzí" (Mejilta).

O en las palabras de Rashí:

"Vieron las sirvientas en el mar lo que no vieron los profetas" (Rashí 15:2).

Sólo quedó un problema: ¿qué harías para que haya una repetición?  Este tipo de relación sobrenatural es fantástica; D'os ataca a todos los que nos quieren hacer daño, pero no es realmente natural.  El hombre necesita independizarse de estos milagros para que su libre albedrío se ponga en funcionamiento.  Las plagas que han dominado la relación entre D'os y los judíos tuvieron que terminar.

La apertura del mar marcó el momento de partida de las plagas anteriores.

"Pero tú, eleva tu vara y extiende tu mano sobre el mar y pártelo…(14:16).  Extendió Moshé su mano hacia el mar…(14:21). Dijo D'os a Moshé: extiende tu mano sobre el mar para que vuelvan las aguas sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre sus jinetes" (14:26).

Se le ordenó a Moshé que tome su vara, la misma vara que había hecho tantos milagros, y que la levante, pero que use su brazo - no la vara!  Esto marca el final de la manera mediante la cual los milagros fueron hechos en Egipto - por medio de la vara.  Otra enseñanza importante fue que la apertura del mar tomó lugar cuando el viento sopló toda la noche.

"Extendió Moshé su mano sobre el mar y condujo D'os al mar mediante un viento del este fuerte durante toda la noche y secó al mar, y las aguas se partieron" (14:21).

El resultado no fue inmediato.  La mano reemplazó a la vara y el viento reemplazó a los "milagros instantáneos" que ocurrieron una y otra vez en Egipto.  De todas maneras, el pueblo sintió a D'os.  En la mente del pueblo, la revelación de D'os se identificó especialmente con el mar, porque allí la gloria de D'os fue totalmente vivificada.

Los judíos dejaron el mar después de esa experiencia y continuaron su marcha hacia el desierto.

"Moshé desplazó a Israel desde el mar de los Juncos, y salieron hacia el desierto de Shur.  Y anduvieron durante tres días por el desierto, mas no hallaron agua.  Llegaron hasta Mará, pero no pudieron beber agua de Mará, porque eran amargas.  Por eso llamó su nombre: Mará.  Se quejó el pueblo contra Moshé diciendo: ¿qué vamos a beber?" (15:22 - 24).

En ningún lado dice el texto que ellos estaban, de hecho, buscando agua, ni que estaban sedientos; sino que ellos no encontraban agua.  Cuando ellos llegaron a Mará encontraron agua, pero no era potable; el agua era amarga.  Qué extraño; si ellos hubieran estado realmente sedientos, aún agua amarga hubiese podido aplacar su sed.  Pero, como notamos, el texto no dice que ellos estaban sedientos.  Ellos querían el agua por una diferente razón: Ellos querían vivenciar a D'os otra vez, como lo hicieron en el mar.  De esta manera podemos entender la respuesta de D'os:

"Él clamó a D'os y le enseño D'os una rama; él la arrojó al agua y se endulzaron las aguas.  Allí le dio una ley y un estatuto y allí lo sometió a prueba" (15:25).

Mientras que la segunda parte del versículo parece estar completamente desconectada de la primera parte, una profunda y educativa filosofía está empotrada en este corto versículo.  El pueblo pensaba que lo que ellos querían era agua, mientras que el deseo real era vivenciar a D'os otra vez.  La respuesta era darles la Torá.  Ésta sería la nueva manera en que el pueblo se relacionaría con D'os y vivificaría a D'os.  Si este era el caso, ¿cuál era la naturaleza de esa rama que fue tirada al agua?  Los Sabios nos enseñan que esa rama pertenecía al "Árbol de la Vida" que está identificado con la Torá (ver Mejiltá, Bahir y la lista de fuentes citadas por el Rab Kasher, en Torá Shelemá).

El pueblo pensaba que quería agua, pero D'os sabía lo que en verdad necesitaban.  D'os transformó su queja en una experiencia educativa positiva, la cual fijó el escenario parel siguiente episodio.

Cuando el pueblo se quejó sobre la escasez de comida en el desierto, D'os les respondió dándoles el "man" - maná.  Aparentemente parece que el propósito del man era simplemente proveerlos de alimento.  Sin embargo, la Torá nos informa de un motivo más elevado.  El man caía por cinco días, y en el día sexto ellos recibían una ración doble.  En el séptimo día, en Shabat, no caía el man.  Cuando la doble ración cayó en el sexto día, el pueblo le preguntó a Moshé el significado de ese fenómeno.  La respuesta fue:

"Les dijo a ellos: Es lo que había hablado D'os: Día de descanso, shabat consagrado para D'os es mañana" (16:23).

El pueblo pensaba que quería comida, pero D'os les dio lo que ellos realmente necesitaban: Shabat.  Una vez más, una respuesta educativa y positiva.  Nosotros vemos que los ex-esclavos, que se estaban desplazando hacia el monte Sinai, fueron seleccionados por D'os, preparados para la clase de experiencia espiritual que se convertiría en una parte íntegra de la vida judía.  La vara, el símbolo de los milagros de D'os, ya no se usó más.  Incluso en Mará, fue utilizada la rama, la rama siendo la forma "natural" de la vara.  El Rambán nota que la rama transformó las aguas en aguas dulces de una "manera natural" (Rambán 15:25).  Esta es la nueva agenda: una nación libre se dedicará a las enseñanzas de un D'os sobrenatural de la manera más natural.  La naturaleza puede llevar a un profundo entendimiento de D'os, y por otra parte, las enseñanzas de D'os son para este mundo, el mundo natural.  Así como está dicho en Devarim: "no está en los cielos".

El man fue una enseñanza tangible en Shabat.  El deseo por la comida es obviamente bastante real, y no puede ser ignorado, pero el propósito de la comida no fue simplemente llenarnos el estómago.  Sino que facilitó nuestra relación con D'os.  El propósito del judaísmo es tomar lo mundano y santificarlo.  El pueblo pensaba que quería comida, y D'os les dio comida de los cielos.  Pero, en realidad ¿no toda comida viene de los cielos?  Nosotros debemos tomar la comida de los cielos y procesarla en una relación con D'os.  Este es nuestro rol en la tierra.  El mejor ejemplo de esta enseñanza es Shabat, cuando D'os cesó de crear, e hizo que el séptimo día sea santo.  Esa fue la lección del man: la comida puede ser usada para el servicio a D'os, o, todo este mundo entero puede ser usado como un catalizador que nos permite relacionarnos con D'os.

Es por eso, que los judíos viajaron desde Egipto hasta el mar.  Allí ellos fueron liberados de los egipcios, y de los dioses egipcios, por los que fueron atrapados tantos años.  La próxima parada fue Mará, donde los judíos recibieron algunas enseñanzas básicas de la Torá.  A la siguiente parada los judíos vivenciaron el shabat, y una enseñanza al santificar a este mundo.  El próximo paso, sin embargo, fue una reversión.  Allí los judíos estaban sedientos, y pelearon contra Moshé.  Lo peor de todo fue que los judíos preguntaron a D'os:

"…y porque ellos probaron a D'os, diciendo: ¿Está D'os en medio de nosotros, o no?" (17:7).

El pueblo parecía haber ido en dirección equivocada, sufriendo un lapsus.  Teoréticamente, ellos ya tendrían que haber aprendido una lección en Mará, la enseñanza de la Torá como su conexión con D'os. Ahora el texto dice que ellos estaban sedientos; ellos pusieron en duda la existencia de D'os.  En ese momento, la respuesta de D'os fue diferente.  En ese momento D'os le dijo a Moshé:

"Dijo D'os a Moshé: dirígete delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel y tu vara - con la cual golpeaste el río - toma en tu mano y condúcete.  He aquí que Yo voy a estar presente ante ti, allí cerca de la roca, en Jorev.  Tú golpearás la roca y saldrán de ella aguas y beberá el pueblo.  Así hizo Moshé a ojos de los ancianos de Israel" (17:5 - 6).

La vara fue usada otra vez; el pueblo, que supuestamente tendría que haberse alejado de las plagas para ir hacia el Sinai y la Torá, dio un pasó hacia atrás, hacia Egipto.

Es por eso, que la respuesta que se usó fue tomada del repertorio de las plagas.  El alejamiento de los milagros sobrenaturales hacia el próximo paso en el desarrollo espiritual del pueblo judío había sido detenido.  D'os debía volver otra vez a las señales y símbolos sobrenaturales, repitiendo una lección ya enseñada anteriormente, pero no completamente internalizada.  Aún peor fue la naturaleza del cuestionamiento de los judíos acerca de la existencia de D'os entre ellos.  La respuesta a tal cuestionamiento fue la aparición de Amalek.  Mientras que el comienzo de la  parashá habla de que los judíos se desviaron de los alrededores de las tierras de los filisteos para evitar una guerra, el final de la parashá habla de que los judíos se encontraron luchando en una batalla diferente, cuando fueron atacados por los amalekitas.

Amalek representa la filosofía que rechaza a un D'os viviente, y atribuye todo a la coincidencia y a la casualidad.  En Devarim, cuando somos ordenados recordar a Amalek, la Torá dice:

"Recuerda lo que te hizo Amalek, en el camino cuando salieron de Egipto.  Que te había sorprendido en el camino…" (Devarim 25:17 - 18).
Rashí explica el término "había sorprendido":

"El término significa coincidencia" (Rashí 25:18).

Uno de los maestros jasídicos más grandes, Rabí Tzadok Hacohen, explicó: Amalek cree que todo en el mundo es una coincidencia, que no hay "hashgajá" (Providencia) en el mundo, o en otras palabras, que la naturaleza es dios.  Los judíos se hicieron vulnerables al ataque de Amalek cuando ellos cuestionaron si D'os realmente estaba con ellos.  Los judíos necesitaron aún otra enseñanza del poder de D'os.  Durante la batalla Moshé tomó la vara de Elokim con él:

"Dijo Moshé a Iehoshúa: escoge para nosotros hombres y sal; pelea contra Amalek.  Mañana yo voy a estar erguido sobre la cima de la montaña con la vara de Elokim en mi mano.  Hizo Iehoshúa como le había dicho Moshé: luchó con Amalek.  Pero Moshé, Aharón y Jur subieron a la cima de la montaña.  Y ocurría que cuando elevaba Moshé su mano, prevalecía Israel; mas cuando bajaba su mano, prevalecía Amalek" (17:9 - 11).

La Mishná pregunta retóricamente: "¿Las manos de Moshé provocaban la victoria o la derrota?".

"y pasó que cuando Moshé elevaba sus manos Israel prevalecía, etc.  Ahora, ¿las manos de Moshé peleaban la guerra o aplastaban al enemigo?  Esto no es así.  El texto sólo significa que mientras que Israel tenía sus pensamientos elevados y sus corazones estaban dependiendo de su Padre en los cielos ellos prevalecían, pero de lo contrario ellos eran derrotados" (Rosh Hashaná 29a).

Las manos de Moshé ayudaban a los hijos de Israel a pensar en su Padre en los cielos.  De alguna manera, la batalla con Amalek fue similar a la apertura del mar, porque allí también, Moshé llevó la vara pero uso sus manos.  En ese caso la relación entre las manos de Moshé y la victoria fue aún más clara: la función de las manos de Moshé era poner al pueblo en contacto con el hecho de que hay un D'os, que Él ve todo y todo lo puede.  Amalek pudo atacar a través de la hendija de la armadura de fe de Israel.  Cuando los judíos dudaron de la presencia de D'os en su historia, su destino y sus vidas diarias, llegando a conclusiones incorrectas de la enseñanza de la naturaleza, Amalek y su filosofía de la casualidad pudo influenciar a Israel.  Las enseñanzas que D'os les había enseñado no fueron aprendidas de manera correcta y algunas necesitaron ser repetidas.

Entonces, esto fue la tragedia de la parashá Beshalaj: las enseñanzas tuvieron que ser repetidas, y las oportunidades no fueron vistas.  La batalla que se evitó con los filisteos, se hizo realidad con Amalek.  La batalla de Amalek no era parte del plan Divino.  Si los judíos hubieran internalizado las enseñanzas en Mará y hubiesen tenido éxito en mantener su relación con D'os mediante la Torá, Amalek y la filosofía que ellos representan no hubiese tenido poder.  Pero el comportamiento de los judíos en el desierto creó la necesidad de un "plan B".  Otras enseñanzas no aprendidas correctamente trajeron sobre ellos el plan C y D. Porque mientras que D'os provee de enseñanzas y pel crecimiento necesario en cada paso, es nuestra función a través de la historia aprender las enseñanzas, internalizarlas y utilizarlas.

D'os y Sus métodos son perfectos.  El hombre, en su rebeldía de tiempo inmemorable, ha rechazado la belleza del plan de D'os.  Desde el Jardín del Edén en adelante las acciones del hombre han necesitado revisiones del plan Divino; todo el tiempo son hechas revisiones, el hombre sufre el doloroso sentimiento de estar distanciado de D'os.  D'os, por Su parte, ofrece el mensaje educativo preciso que se necesita para cada paso, para asegurar un crecimiento correcto, y las herramientas necesarias para acercar la brecha entre el hombre y D'os.  Es de nuestra incumbencia darnos cuenta de estas oportunidades y aprovechar el momento, para que no haya consecuencias más distantes.  En palabras del siglo XX: En la vida, el hombre no siempre obtiene lo que quiere, pero D'os siempre nos da lo que necesitamos.

 

 

 




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