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Shabat Shalom


Parashat Itro-3
Por. Rab Ari Kahn



Los Diez Mandamientos - Parte I

En la parashá de esta semana, el momento más grandioso de la historia del mundo ocurrió: la Revelación de D'os en el Monte Sinai.  A pesar de la magnitud del evento, la naturaleza y el contenido de la Revelación quedó de alguna manera oscura: Desde la perspectiva de D'os, ¿qué fue revelado?  Por el lado del receptor, ¿cuál fue la respuesta a este evento épico?

La Torá presenta los Aseret HaDibrot - los Diez Mandamientos - con la siguiente declaración:

"Y D'os habló todas estas cosas diciendo…" (20:1).

Rashí citando la Mejilta explica:

"Esto enseña que el Santo Bendito es Él, dijo todo mediante una sola alocución (en un solo momento), lo que una persona no puede articular.  Si este es el caso, ¿por qué dice subsecuentemente "Yo soy el D'os que los sacó…, vosotros no tendrán otro…"?  (D'os) retornó y explicó cada mandamiento independientemente" (Rashí 20:1).

De acuerdo a Rashí los Diez Mandamientos fueron revelados simultáneamente, de una manera "que una persona no puede articular", o usando el lenguaje del Midrash:

"Aquello que la boca no puede decir, ni que los oídos pueden escuchar, es lo que fue revelado".

De acuerdo a Rashí y a la Mejilta este versículo no es sólo una introducción a la Revelación, esto describe la esencia de la Revelación en sí misma!  Esta comunicación de D'os, independiente de su contenido, es cualitativamente diferente de cualquier otra.

Siendo este el caso, debemos examinar el mensaje en sí mismo antes de intentar entender su contenido.  Una pregunta obvia surge: ¿Cuál es el propósito de una Revelación que no puede ser entendida?  Si verdaderamente, D'os dijo los Diez Mandamientos de una sola vez, nadie hubiese podido entender siquiera una palabra.  ¿Por qué D'os hablaría de una manera que el hombre no puede escuchar?  ¿Qué es lo que el pueblo escuchó o experimentó cuando D'os les habló de esta manera?  Quizás el pueblo no escuchó en absoluto!  El versículo siguiente a los Diez Mandamientos dice:

"Y todo el pueblo veía los truenos y los relámpagos y el sonido del shofar y la montaña humeante. Lo vio el pueblo, se estremecieron y se mantuvieron a lo lejos.  Dijeron a Moshé: habla tú con nosotros y escucharemos; pero que no hable con nosotros D'os, no sea que vayamos a morir" (20:15 - 16).

Aquí la Torá no dice que el pueblo escuchó la Voz de D'os.  Mas bien lo opuesto: el pueblo vio los sonidos, y se asustaron de ellos.  Ellos le pidieron a Moshé que hable, para que puedan escuchar.  Moshé contestó diciendo:

"Dijo Moshé al pueblo: no teman ya que para elevarlos se ha manifestado D'os y para que esté el temor a Él en vuestra presencia, para que no pequen.  Se mantuvo el pueblo a lo lejos; pero Moshé se acercó hacia la espesa nube, donde estaba allí, D'os" (20:17 - 18).

Que el pueblo vio, en lugar de escuchar los sonidos, está confirmado más adelante en el siguiente versículo:

"Dijo D'os a Moshé: Así habrás de decir a los hijos de Israel: ustedes vieron que desde los cielos Yo he hablado con ustedes" (20:19).

O en las palabras de Rashí:

"Ellos vieron los sonidos; ellos vieron lo que generalmente se oye, aquello que era imposible de ver bajo diferentes circunstancias" (Rashí 20:15).

Otra vez el término "ver" es usado en lugar de "escuchar", y la imagen que tenemos es una imagen en la que D'os habló de manera milagrosa, en la que el pueblo pudo ver pero no escuchar.  Cuando D'os los invitó a escuchar, ellos estaban tan pasmados que retrocedieron.

Hasta aquí, nuestro entendimiento es que D'os habló de una manera inequívoca.  La Revelación fue completamente sobrenatural.  Nadie podría dudar de que los sonidos que vieron emanaron de D'os.  Sin embargo, el pueblo no sabía lo que D'os había dicho, porque ellos no pudieron escuchar, sólo vieron.  Es por eso que D'os comenzó a repetir los Mandamientos de una manera que el pueblo podía oír.  Fue en ese momento que el pueblo fracasó en aprovechar el momento y perdió la oportunidad histórica.  En lugar de continuar su viaje junto a D'os, ellos requirieron un intermediario:

"Y todo el pueblo veía los truenos y los relámpagos y el sonido del shofar y la montaña humeante. Lo vio el pueblo, se estremecieron y se mantuvieron a lo lejos.  Dijeron a Moshé: habla tú con nosotros y escucharemos; pero que no hable con nosotros D'os, no sea que vayamos a morir" (20:15 - 16).

Nuestros Sabios enseñan que los primeros dos Mandamientos fueron repetidos por D'os antes de que el pueblo haga el pedido a Moshé:

"Yo soy…" y "Ustedes no tendrán otro D'os…" escuchamos de la boca del Todopoderoso (Rashí 19:19 basado en Makot 24a).

Esta cita parece indicar que la Torá, que Moshé recibió en el Sinai, fue más que simplemente los Diez Mandamientos.  Rashí explica:

"Todas las 613 mitzvot están resumidas en los Diez Mandamientos" (Rashí 24:12).

Esta enseñanza complica el tema aún más, porque si todas nuestras mitzvot están resumidas en los Aseret HaDibrot, la naturaleza de su Revelación es verdaderamente asombrosa: ¿D'os comunicó todos los 613 Mandamientos en el Sinai, a pesar del hecho de que el pueblo no podía escuchar ni siquiera una palabra?  Que la comunicación en el Sinai consistía de, o iba a consistir de todas las 613 mitzvot, es un tema que está bien desarrollado y representado en los pensamientos midrashistas, kabalistas y jasídicos.  Si la Torá que Moshé recibió en el Sinai contenía los 613 mandamientos y esto es lo que nosotros queremos decir al decir "Torá de Sinai", entonces quizás esto también puede explicar la naturaleza de la Revelación por sí misma.  Porque si todas las 613 mitzvot  están incluidas en los Aseret HaDibrot, entonces cuando D'os dijo los 10 simultáneamente, Él realmente comunicó todas las 613 mitzvot de una sola vez!  Si este es el caso, podemos entender por qué el pueblo no pudo escuchar.  Jaz"al explican que Moshé recibió la totalidad de la Torá en el Sinai - todo, desde los 10 Mandamientos hasta las preguntas hechas por los grandes estudiosos.

"Y dijo Rabí Levi Bar Jamá en nombre de Rabí Shimón ben Lakish: ¿Cuál es el significado del versículo: 'Y te daré las Tablas de piedra, y la  Torá y la mitzvá que he escrito para enseñarles'?  'Las Tablas': son los Diez Mandamientos; 'la Torá': son las escrituras; 'la mitzvá': es la Mishná; 'que he escrito': son los Profetas y los ketuvim (hagiógrafos); 'para enseñarles': es la Guemará.  Esto nos enseña que todas estas cosas fueron dadas a Moshé en el Sinai" (Berajot 5a).

Esto fue ciertamente más información de lo que el pueblo pudo asimilar de una sola vez, en términos de cantidad y sustancia.

En ese caso, volvamos a nuestra pregunta previa: ¿Cuál fue el propósito de una Revelación de Torá que el pueblo no podía escuchar?  Consideremos las diferencias fundamentales entre ver y escuchar: Una persona puede ver una increíble cantidad de material de una sola vez, pero sólo puede escuchar y comprender un sonido a la vez.  La naturaleza de la Revelación en el Sinai debe ser vista en este contexto: El significado primordial de la Revelación fue el hecho inequívoco que el D'os impronunciable y trascendente estaba, de hecho, comunicándose con el hombre.

Para poder alcanzar esto, la naturaleza de la comunicación tenía que ser fundamentalmente diferente de cualquier otra forma conocida de comunicación.  La reversión de los sentidos, o la suspensión de los límites entre la visión y la audición las cuales componen nuestra percepción, estableció esto como una experiencia completamente sobrenatural.

El segundo aspecto de la Revelación fue la presentación de toda la Torá como un solo órgano.  Esto requirió que la visión sea empleada en lugar de una audición normal:  Sólo si el pueblo veía lo que tendría que haberse escuchado podría haber tomado toda la Torá de la manera que D'os quería presentarla.

El tercer aspecto fue que D'os quería que el pueblo escuche todo los detalles.  Después de que toda la Torá fue presentada de una sola vez, D'os comenzó a enumerar los Mandamientos uno por uno.  

El primer objetivo fue claramente alcanzado, y la Revelación en el Sinai fue una experiencia tan poderosa que ha servido como la base de la fe por milenios.  El segundo objetivo también fualcanzado, y el pueblo recibió una visión completa.  Sin embargo, sin los detalles que constituyen el próximo paso, este segundo nivel no podría ser apreciado.  La diferencia entre ver la belleza del judaísmo, y escuchar los detalles, es en definitiva la diferencia entre una apreciación del judaísmo y la observancia.

Quizás podríamos decir, que si los judíos hubiesen estado dispuestos a escuchar los detalles, no hubiesen llegado a adorar al "becerro de oro".  Una vez que los detalles se derrumban, todo el sistema se hace deficiente.  Se podría decir que el pueblo se encogió, y no estuvo preparado para aceptar la Torá que D'os quería darles en el Sinai.  Esto es precisamente lo que Moshé dijo al pueblo:

"Dijo Moshé al pueblo: no teman ya que para elevarlos se ha manifestado D'os y para que esté el temor a Él en vuestra presencia, para que no pequen" (20:17).

La falta de habilidad del hombre para escuchar y recibir directamente la palabra de D'os en el Sinai llevó al pecado del becerro de oro.  El pueblo permitió que su relación sea basada en la imagen general y amorfa que ellos habían visto, mientras que realmente lo que ellos necesitaban era escuchar e internalizar los detalles.  Esta gran imagen es un mosaico fantástico, que consiste en 613 piezas entrelazadas.  Era esencial para el pueblo ver la gran imagen en función de enfocar su pensamiento en el objetivo final de la Torá.  El pueblo vio esta imagen maravillosa, pero fracasó en apreciar que ellos necesitaban aprender por ellos mismos cómo traer la Torá desde los cielos a la tierra.  En función de construir su propio edificio, de forjar su propio camino hacia D'os, ellos requerían herramientas - los detalles que D'os quería darles a ellos.  Pero, el pueblo prefirió la visión hermosa y estética por sobre los detalles necesarios para perfeccionar el mundo.

D'os dio una segunda oportunidad para traer los detalles a la tierra:

"Dijo D'os a Moshé: Asciende hacia Mí a la montaña, permanece allí y te daré las Tablas de piedra, y la  Torá y la mitzvá que he escrito para enseñarles" (24:12).

Otra vez, D'os ofreció al pueblo todos los detalles de la Torá, escritos por D'os mismo.  Cuando D'os habló a ellos en el Sinai, la información fue "comprimida" de una manera sobrenatural.  Aquí también, cuando D'os escribe, la transmisión de información es sobrenatural.  Cuando Moshé desciende, llevando las Tablas de Piedra, que fueron escritas por D'os y contenían los 613 preceptos, él ve que los judíos estaban adorando al becerro de oro y tiró las Tablas al piso.  El Ialkut Shimoní dice que las letras retornaron al cielo:

"Moshé miró a las Tablas y vio que las letras volaban por el aire (hacia el cielo).  Entonces, las piedras se hicieron pesadas y cayeron de sus manos" (Ialkut Shimoní Ki Tisá remez 393).

El Bet Haleví explica (Drashá 18) que las letras que retornaron a los cielos fueron los 613 preceptos y la Torá Oral.  Entonces, hubieron dos ocasiones en las que D'os deseó dar al hombre más que los 10 Mandamientos, pero el hombre simplemente no estaba preparado para aceptar el regalo de D'os.  Nuestro camino hacia la Torá se hizo un ruta indirecta, una ruta llena de pecado y como resultante, un distanciamiento de D'os, una ruta que no se parece en absoluto a la que D'os planeó originalmente para nosotros.

D'os desea que el hombre acepte la Torá, tanto sus numerosos detalles como su imagen magnífica que resulta de una adhesión a esos detalles.  Porque cuando el hombre tiene éxito en aceptar la Torá, él se transforma en un socio de D'os, y un hermoso y perfecto mundo resulta de esa unión.

 

 

 




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