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Shabat Shalom


Parashat Lej Leja-5
Por. R.Aharon Shlezinger



Parashat “Lej Leja

El patriarca Abraham.

1La sección de la Torá “Noaj” en su culminación, narra el nacimiento de Abram, hijo de Teraj quién se convertiría en la primera persona en el mundo que reconoce a Di’s por medios propios. Luego, la sección siguiente, llamada “Ve para ti”, lo tendrá como principal protagonista, relatándose en ella varios pasajes de su vida. Por lo tanto, debido a la trascendental importancia que tendría en el mundo, veremos acerca de sus comienzos.

En aquella época, el trono del reinado pertenecía a Nimrod, quién ejercía un amplio dominio sobre gran parte de la población. El citado monarca, en una de sus tantas guerras que realizó con el fin de conquistar el mundo, reclutó a Teraj y lo nombró comandante de sus ejércitos, debido a su gran fortaleza y destreza para el combate. Y este sirvió al mandatario con total entrega y fidelidad, a tal extremo, que arriesgaba su vida en la batalla y batía al enemigo en forma terminante, hasta que logró el total subyugamiento de los oponentes, que quedaron sometidos definitivamente al reinado de Nimrod.

Y no solo su fortaleza y aptitudes para el combate entregó Teraj al rey, sino también su corazón. Lo tenía como a su dios, adorándolo y prosternándose frente a él y sus estatuillas. Además, perseguía ferozmente a quién no aceptaba y adoraba a Nimrod como dios.

El mandatario estaba feliz de tener un fiel como lo era el comandante de sus ejércitos, y decidió nominarlo por sobre todos sus ministros, además decidió entregarle una fortuna para que disfrute de una posición económica digna, acorde a sus merecimientos. Teraj se alegró enormemente con su grandeza y riqueza que le fueron otorgadas.

Al disponer de un gran tesoro, decidió implantar una novedad en el mundo. Tomó una parte de cobre, plata y oro de sus depósitos, y ordenó acuñar monedas a su nombre. Cuando comenzaron a circular tuvieron mucho éxito, y lograron notable popularidad entre la mayoría de las familias que habitaban la tierra. Ya que hasta el momento no había dinero, solo existía el sistema de intercambio o trueque. Alguien tenía vino, lo trocaba con su vecino por pan. El otro poseía especies aromáticas, las cambiaba por azúcar. Y así funcionaba el comercio hasta la aparición de este nuevo sistema que revolucionó la economía de la época.

Además, cabe destacar que Teraj abandonó por completo la fe de sus padres y abuelos, ya que provenía de una simiente notable, como Noaj, Arpajshad, Shelaj, Ever y Peleg. Se alejó de ellos y se plegó a Nimrod y sus creencias idólatras. Motivo adicional para que este le gratifique su actitud entregándole poder y riqueza.

No obstante, el miedo de Nimrod era constante, pues sabía que el reinado pertenecía a la simiente de Shem hijo de Noaj, quienes habían sido destronados por la fuerza. Por lo que era muy factible que algún día se levante algunos de sus verdaderos herederos y atente contra su vida, recuperando el cetro perdido.

En tanto, Teraj no pensaba que esto iba a suceder y contrajo enlace con Amtalai bat Karnabú. Convivió con ella varios años, sin que le nacieran hijos, por lo que estaba bastante deprimido. Las primaveras pasaban y cada día la angustia era mayor, pues no hay tristeza mayor a la que causa la ausencia de niños en el hogar.

Cierto día, los astrólogos informan al rey haber visto en las estrellas, que nacerá un varón quién se levantará contra el reinado, dando por tierra con la creencia masiva de la población en Nimrod como su dios. Y este que vendrá al mundo terminará alzándose con la victoria, destronando al actual monarca. Mencionan también que este nacimiento será en breve, aunque desconocen el lugar donde se producirá. Esta noticia provocó que el primer mandatario entre en una situación de pánico.

El rey organizó una reunión urgente, a la cual fueron convocados todos sus consejeros, para plantear delante de ellos el problema que se avecina. La velada se llevó a cabo, y tras debatir sobre el asunto, llegaron a la conclusión que es conveniente construir un gran edificio, donde traerían a toda mujer embarazada que se localice en el reinado. Allí las madres aguardarían hasta el momento del parto, y en caso de nacerles una nena, la misma sería enviada a su hogar con grandes honores junto a la madre, entregándoseles además diversos presentes. Mientras que si la mujer preñada daba a luz un varón, el mismo debía ser sacrificado. Como saldo de este operativo, perdieron la vida setenta mil almas.

Por entonces, Teraj oscilaba los setenta años de edad, y su esposa Amtalai había quedado embarazada por primera vez. Sin embargo, en vez de gozar de una alegría plena, ambos cónyuges se vieron envueltos en un gran temor, del cual eran presa permanente, ante la posibilidad latente de que el niño que la mujer llevaba en su vientre sea de sexo masculino y lo pierdan por el decreto en vigencia.

Los días fueron transcurriendo, y al ser Teraj tan fiel al reinado, nadie sospechaba que si su hijo nace varón lo dejaría con vida. Todos estaban seguros que él con sus propias manos lo llevaría al sitio donde se cumpliría con la sentencia estipulada para el caso. Por eso, nadie custodiaba la casa del fiel comandante del ejército y líder de toda la corte de ministros.

Finalmente, llega el momento tan esperado en el mes de Tishrei. Nace un hermoso varón que ilumina toda la casa. La madre cuando supo que dio a luz un niño se llenó de pánico y dijo: “Nimrod ha exterminado setenta mil bebés sin apiadarse de ellos, tampoco de ti se apiadará!”. De todos modos, los padres del pequeño decidieron protegerlo y no llevarlo a donde debía ser sacrificado.

Simultáneamente al nacimiento del hijo de Teraj, en su mansión se produjo otro parto, correspondiente a una de las empleadas domésticas, la cual dio a luz también un bebé de sexo masculino. Tampoco a este chico llevaron a cumplir con el decreto.

En momentos de nacer el hijo de Teraj, que se convertiría en el futuro en nuestro patriarca Abraham, fue divisada una estrella en el este que devoró cuatro luceros, los cuales estaban orientados en dirección a los cuatro puntos cardinales. Tras apreciar este fenómeno, dijeron los sabios a Nimrod: “En estos momentos le ha nacido un hijo a Teraj, y en el futuro brotará y florecerá de él una nación que heredará este mundo y el venidero. Si estás de acuerdo, demos al padre mucho oro y plata en compensación y terminemos con el niño”.

De inmediato enviaron la fortuna mencionada al padre de la criatura adjuntando el siguiente recado: ”Ayer te ha nacido un varón, entrégalo a nosotros para que lo sacrifiquemos a cambio de este tesoro!”.

Sin embargo, el progenitor del bebé les encomendó un mensaje para que comuniquen al rey: “Te responderé con una parábola: - dicen a un caballo: ‘te cortaremos la cabeza a cambio de toda esta cebada’. El animal les responde: ‘tontos: si me cortan la cabeza: ¿quién comerá la cebada?’. Si ustedes quitan la vida a mi hijo: ¿quién heredará la fortuna que me quieren dar?”.

El rey responde a través de sus enviados: “De tus palabras que me has enviado, comprendo que te ha nacido un varón”.

Teraj responde: “Es verdad, pero pereció!”

El monarca insiste: “Me refiero al vivo”.

Teraj finalmente se hace presente, trayendo consigo al hijo de la sirvienta, al cual sacrifica inmediatamente. Al contemplar los siervos del rey que en un principio se rehusó a traerlo, y ahora lo hizo, consideraron que se trataba de su hijo verdadero, y pensaron que en verdad ya no está más en el mundo. Y con respecto al que le había nacido a la empleada doméstica, desconocían que estaba pronta a dar a luz, ya que a causa de la fe que tenían al comandante del ejército y jefe de la corte de ministros, no pusieron guardias ni controlaron su casa en absoluto.

De todos modos, el niño corría serio riesgo en caso que lo lleguen a descubrir, por lo que su madre decide ocultarlo en una cueva muy distante de la zona habitada y retornó a su vivienda. Pensó: “Que Hashem haga acorde a Su voluntad, pero no lo entregaré para que perezca en manos del rey”.

En la cueva, Hashem mostró a Abraham un avance del mundo venidero, y le dispuso dos surgentes, uno que emanaba aceite y el otro, sémola. Permaneció allí durante tres años, sin ver la luz del sol de día, ni la luna y las estrellas por la noche.

Cuando hubo alcanzado los tres años de vida, Abram salió de la cueva y fue entonces cuando vio por primera vez desde que tuvo uso de la razón, a los cielos y la tierra. En ese momento, a causa del esplendoroso panorama que sus ojos habían contemplado, reflexionó y pensó en sus adentros: ¿Quién creó a los cielos, la tierra y a mi?.

Tras meditar al respecto, oró todo el día al sol, pues lo vio más elevado que todos los componentes que había en el firmamento. Pero con la caída de la tarde, el gigantesco astro luminoso se ocultó por el oeste y emergió la luna por el este. Observó pues a la luna y las estrellas que la rodean, y tras un rápido análisis dedujo: “esta es quién creó a los cielos, a la tierra y a mi”. Por lo tanto, oró toda la noche a la luna, pero al amanecer se produjo su retiro por el oeste y el sol asomó por el este. Tras todo este suceso, Abram sentenció totalmente convencido: “Estos no cuentan con suficiente fuerza como para haber realizado la creación. Hay un Amo por sobre ellos, a El oraré y me prosternaré”.

Shabat Shalom.




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