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Shabat Shalom


Parashat Toledot-5
Por. R.Aharon Shlezinger



Parashat “Toldot

"El Midrash relata..."

La sección de la Torá “Toldot”, (que significa “Genealogía”), narra primeramente la genealogía de Itzjak, mencionándose que era hijo de Abraham, y que contrajo enlace a la edad de 40 años con Rivka, la hija de Betuel el arameo, quien era oriundo de Padam Aran. Además, la joven tenía un hermano de nombre Laván. 

En ese momento, Rivka era de tan solo 3 años de vida, por lo tanto, su marido Itzjak aguardó diez años, hasta que el organismo de su esposa esté suficientemente maduro como para soportar un embarazo y le pueda dar de esta manera hijos que prosigan su camino.

Luego de transcurrido ese lapso, tampoco pudo concretarse al anhelo del ansioso matrimonio, quienes aguardaron diez años más, sin novedades al respecto. En ese momento supo Itzjak, que su mujer es estéril.

Por tal razón, tomó a su esposa, y juntos, fueron hacia el Monte Moriá, el sitio donde Itzjak había sido atado y predispuesto por su padre Abraham, para ser ofrendado como Holocausto. Aunque finalmente ello no ocurrió, al ser informado por el ángel, que a través de la decisión plena que ha tenido, el patriarca ha pasado la prueba y no hay ningún motivo para sacrificar a su hijo.

Ahora, 23 años después de aquel suceso, Itzjak ofrendó allí mismo un animal como Holocausto, y “oró por su mujer, por causa de su esterilidad. Hashem le respondió, y la mujer concibió”. (Bereshit 25: 21).

En realidad también Rivka oró en ese sitio, pero su esposo lo hizo de manera mucho más punzante, semejante a un hombre que se dispone a abrir un boquete en un lugar totalmente obstruido, por eso el Creador respondió específicamente su plegaria.

El embarazo

Lo notable de este embarazo, es que difería bastante de los de las demás mujeres, pues Rivka padecía dolores atroces, sentía como si dentro de su vientre estuvieran librando una guerra. 

Además, cada vez que pasaba por la academias de Shem y Ever, sentía golpes en sus entrañas, como si aconteciere que el niño desea salir (este era Iaakov), y cuando pasaba frente a un sitio donde practicaban idolatría, le sobrevenía idéntico malestar (este era Esav). 

Por eso, ante la terrible situación que la aquejaba, salió a preguntar a las demás mujeres que ya habían parido alguna vez: ¿También a ti te sucedió esto?.

Y la respuesta de ellas era que ninguna había atravesado un tormento tan grande. Por eso, llegó a decir: “Si tan grande es la aflicción por el embarazo, no deseo soportar en el futuro otros como este”, pues pensaba que en su vientre se gestarían las doce tribus, ya que el Creador había asegurado “doce tribus en el futuro saldrán de ti”. 

(Bereshit 25: 22): “Por eso fue a consultar a Hashem”. Para ello, se dirigió a las academias de Shem el hijo de Noaj, y Ever, nieto suyo, donde se estudiaba Torá en forma permanente y constante, y con una entrega total, siendo por lo tanto, uno de los sitios de mayor santidad.

Algo novedoso

En ese momento acontece algo magnífico, ya que el Creador habló con ella en forma directa, cosa que no había acontecido jamás con otras mujeres, excepto en el caso de Sara. Hashem le dijo: (Bereshit 25: 23): “Dos pueblos hay en tu vientre, y dos naciones de tus entrañas se separarán. Una nación sobre la otra prevalecerá, y el mayor servirá al menor”.

Ahora sabía que en su vientre portaba mellizos, y también la causa por la cual reñían. Ya que su embarazo no era igual al de todas las mujeres. En su caso, los dolores existieron solo durante los meses de gestación, en cambio, en el momento de dar a luz, no sintió molestias, el parto resultó totalmente natural e indoloro, totalmente diferente a los alumbramientos de todas las mujeres, quienes sufren dolores y contracciones muy fuertes en el momento de parir.

Además, en todos los casos de mellizos, cada uno se halla en una placenta individual, y aquí, ambos se hallaban dentro de la misma, por eso se manifestaban tan evidentemente las fricciones que protagonizaban repercutiendo notablemente en la integridad física de su madre.

Finalmente, cuando se hubo completado el tiempo de gestación, la matriz se abre, y asoma la cabeza uno de los bebés. La misma presentaba un aspecto impactante, ya que estaba cubierta de cabello, sus cejas aparecían formadas, e inclusive en su rostro se manifestaban vellos típicos de lo un adulto, a quien le crecen barba y bigotes. Sus mejillas eran rojas, y también los dientes aparecían ya desarrollados dentro de su boca. 

Luego termina de salir su cuerpo, el cual aparecía totalmente lleno de vellosidades. En su pierna, se distinguía la figura como de una serpiente. Todos los presentes se asombraron por el aspecto de este recién nacido y exclamaron “Esav” (que significa “echo”), pues cuando nació, su contextura física estaba totalmente definida y “echa”, semejante a la de un adulto en su madurez.

No acabó de salir la totalidad de su cuerpo, ya que uno de los pies aun se hallaba en el interior del vientre, y se veía la mano del otro niño entreverada con el talón de su hermano. 

Cuando el segundo hubo nacido, se escuchó una voz que descendía del cielo y llamó su nombre “Iaakov”. Hashem lo llamó así. (Iaakov proviene del término que significa “talón”).

Todos veían que estos mellizos difieren de todos los demás, ya que eran bien diferentes en su aspecto, cosa que no ocurre así por lo común en los demás casos.

Rivka en tanto, sabía lo que iba a acontecer con ellos, hasta el final de las generaciones, tal como se lo expresó el Creador, pero Itzjak, el padre desconocía tal cosa, por lo que pensaba, que al ser diferentes, uno completaría las carencias del otro, y no habrá riña entre ellos.

Ninguno de los dos niños fue circuncidado al octavo día, pues Iaakov nació ya circunciso, por lo que solo le fue practicada una pequeña extracción de sangre en el lugar, para cumplir con el precepto de la sangre de la circuncisión. 

En cambio Esav, al ser de color rojo, su padre pensó que aun estaba incompleto el proceso de formación de los agentes coagulantes en su sangre, siendo peligroso para la vida del niño circuncidarlo en ese momento, por ello aguardó a que su aspecto mejore. 

Solo que transcurrió un año, luego otro, y nada cambiaba en la pigmentación de su piel, por tal razón, Itzaj se percató de que así es la naturaleza de su cuerpo, pero aun así, no lo circuncidó, ya que pensó: “al ser que no fue circuncidado al octavo día como yo, se le practicará a la edad de trece años, como sucedió con mi hermano Ishamel”.

Solo que cuando hubo llegado a esa edad, Esav se rehusó terminantemente a ser circuncidado.

Por qué la pigmentación roja 

La causa de la pigmentación rojiza en su cuerpo, se debía a que, al ser que ambos se hallaban en la misma placenta, por eso Esav que se situaba adelante, absorbía toda la secreción y la sangre que fluía hacia ese sitio, por eso llegó al mundo rojo y primero. De esta forma, al nacer, se llevó con él todos los residuos de sangre y demás líquidos del parto, posibilitando de esta manera, que el nacimiento de Iaakov acontezca en un entorno limpio.

Durante los primeros años, no se notaban mayores diferencias en las conductas de los niños, ya que ambos asistían al colegio, y se comportaban como cualquier otro chico, pero cuando crecieron y hubieron alcanzado la edad de 13 años, Iaakov era asiduo asistente de las academias de estudio de Shem y Ever, mientras que Esav, ingresaba a los sitios donde practicaban culto idólatra, y se convirtió en un hombre de campo, experto en cazar.

Fallece Abraham

Resultó el día del fallecimiento de Abraham, que Iaakov preparó un guiso de lentejas, para dar de comer a su padre, tal como se estila, ya que las lentejas no tienen boca, (a diferencia de las habas y demás legumbres que poseen una especie de abertura en el medio), y los que están de duelo tampoco tienen boca para hablar, pues les está prohibido saludar, y proferir demás temas de conversación triviales. Además, las lentejas son redondas y ruedan, similar a las tristezas, que, van rodando por el mundo.

No era esta la primera vez que Iaakov cocinaba, ya que estaba habituado a ello, ya que a diario llegaba muy tarde de las academias de Shem y Ever donde estudiaba, y pese a que su padre poseía decenas de sirvientes, no quería molestarlos, por eso preparaba su cena él solo, y comía. 

En ese momento, cuando se hallaban en medio del duelo, “ingresa Esav, cansado, proveniente del campo, y pide a su hermano del guiso rojo. (Bereshit 25: 29)

En efecto, Esav se encontraba exhausto, ya que al ver a su abuelo Abraham inerte, contrariamente a la manera de proceder de la mayoría de la gente, quienes asistieron al funeral, y se lamentaban por la gran pérdida que significaba el fallecimiento del conductor y guía más querido y exitoso que había sobre la faz de la tierra, e inversamente al sentido derramamiento de lágrimas de aquellos enfermos que habían sido sanados a través de Abraham, y la demostración de las personas más honorables y distinguidas que constituían hileras y se lamentaban por lo acontecido, contrariamente a lo que toda esta gente hacía, y diferentemente al llanto derramado por Itzjak, Rivka y Iaakov, el hijo mayor al contemplar a su abuelo sin vida, salió al campo a hacer su vida. No participó del entierro de su abuelo, ni estaba presente para consolar a su padre por el dolor de la pérdida.

¿Qué fue lo que pensó Esav para actuar de esta manera?. Se dijo: Si Abraham falleció, pese a todo lo que él era, quiere decir que no hay Juez y no hay justicia, ya que era un hombre totalmente santo y entregado a la observancia de los preceptos, entonces ¿por qué pereció?. 

Tras esta reflexión, Esav renegó a la creencia en la resurrección de los muertos, y salió a dar rienda suelta a sus deseos. Y no procedió así públicamente mientras Abraham se hallaba con vida, por vergüenza, pero ahora, ya no había nada que lo detenga.

Salen a cazar

Salió al campo a cazar, como era habitual en él, y Nimrod, el rey de Babilonia, también salió a cazar al campo junto a sus acompañantes. 

Nimrod sentía envidia de Esav desde hacía mucho tiempo, y en ese día, el rey se alejó de los demás custodios, quedando solo con dos de ellos.

Esav advirtió la ocasión, y se ocultó para acosar a su “presa”. Cuando el rey pasó por ese sitio, Esav le succionó la cabeza con su espada.

Luego enfrentó a los dos guardias que estaban presentes en ese momento, y también acabó con sus vidas a filo de espada.

En tanto, los demás servidores de Nimbrod que habían quedado un tanto alejados, alcanzaron a escuchar los gritos desesperados de los dos que estaban con el monarca por entonces, y reconocieron las voces, por eso, a toda prisa salieron hacia el lugar para ver que ocurre.

Esav se percató de ello, por lo que tomó la vestimenta especial de Nimrod, y salió a toda prisa hacia su casa. 

Es por esta razón, que “llegaba del campo muy cansado”, tal como lo declara el versículo en Bereshit 25: 29.

Resumiendo

En resumen, en ese día cometió cinco transgresiones: ultrajó a una joven ya comprometida, asesinó personas, renegó sobre la creencia de la resurrección de los difuntos, renegó sobre la creencia en el Todopoderoso, y vendió su primogenitura.

Así, pidió a su hermano: (Bereshit 25: 30): “Dame para devorar de esa comida roja, del rojo ese, porque estoy cansado”. (Le pidió las lentejas que había preparado para dar a su padre que se hallaba de duelo).

Iaakov en tanto le respondió (Bereshit 25: 31): “Véndeme la primogenitura”

Esav respondió: “Yo voy a morir, ¿para qué quiero la primogenitura?”

Iaakov le dijo: “¡Júramelo!, y le juró. (Esav) Vendió su primogenitura a Iaakov”.

Luego “Iaakov dio a Esav pan y guiso de lentejas; comió, bebió y se retiró”. Y el versículo concluye manifestando: “Despreció Esav la primogenitura”.

Luego de este suceso, cada uno de los jóvenes, que por entonces poseían 15 años de vida, siguieron cada cual su camino. Iaakov pasaba el día estudiando en las academias de Shem y Ever, mientras que Esav, era hombre de campo que no amaba ningún tipo de contención o límite, cometía en cambio, todo tipo de iniquidades, tal como le venía en gana.

Epoca de hambre

Hubo una época de mucha hambre en la tierra, e Itzjak pensó descender a Egipto con toda la familia, tal como lo hizo su padre cuando se vio envuelto en una situación similar, pero Hashem le dijo que no salga de la tierra de Israel (en ese entonces aun se llamaba Kennan), porque no es digno de alguien que fue ofrendado como Holocausto salir de la Tierra Santa. El Creador le encomendó que se quede en las tierras de los filisteos, precisamente en Guerar.

Luego, Itzak tuvo problemas en esas tierras con los siervos del rey Abimelej, ya que le tomaron envida por su éxito, pues su ganado lanar y vacar había alcanzado un enorme número de animales. Además, obstruyeron y llenaron de tierra los pozos que había cavado Abraham, y como ahora Itzjak y su gente los habían abierto nuevamente, reñían con ellos. Esta causa implicó que decida mudarse a Beer Sheva.

Allí el Creador se revela a Itzjak y le anuncia que lo bendecirá y aumentará su simiente por causa de Abraham, Su siervo, y le dijo que no tema porque Estará con él para cuidarlo.

Itzjak en ese sitio construyó un altar, e invocó el nombre de Hashem.

Luego, Abimelej llega hasta el lugar, junto a su capitán de ejército Pijol, y le solicita un pacto de que no le hará ningún mal así como él no le hizo mal cuando habitó en su tierra.

Itzjak acepta, y celebran el pacto, que marcaría la continuidad del ya establecido entre el rey y Abraham, tiempo atrás.

Los días pasan, y (Bereshit 27: 1): “aconteció cuando ya hubo envejecido Itzjak, que sus ojos dejaron de ver, llamó entonces a Esav, su hijo mayor. 

Le dijo: ¡hijo mío!”, y Esav respondió: “Aquí estoy”.

Itzjak le comunica: “He envejecido, y no se el día de mi muerte. Por eso, afila ahora tus armas, (9para que el degüello salga bien de acuerdo a la ley, y no coma yo alimentos mal degollados que están prohibidos), tu espada y tu arco, sal al campo y caza 9para mi de los animales que andan sueltos, y no tienen dueño. Entonces me prepararás manjares, como los que amo, los traerás a mi, y comeré, para que te bendiga mi alma antes de fallecer”.

(Bereshit 27: 5): “Rivka en tanto, escuchó las palabras de Itzjak”. Por eso, comenzó a tramar un plan para evitar que ello ocurra, ya que ella había nacido y crecido en casa de su padre Betuel, junto a su hermano Laván, y por allí, era algo común y corriente engañar, mentir y aprovecharse de los demás. 

Por eso, Rivka sabía muy bien que las personas no siempre reflejan exteriormente lo mismo que piensan, y no siempre hacen lo que dicen, por tal razón, conocía cual es el verdadero comportamiento e intenciones de su hijo Esav. 

En cambio Itzjak, había crecido en casa de Abraham y Sara, en un ambiente donde la mentira y el engaño no existían, solo ayudar y beneficiar al prójimo. Pues si bien es cierto que en un principio Ishmael vivía con ellos, cuando le nació a Sara su hijo, lo hizo expulsar, así que Itzjak en toda su vida no conoció acerca de la mentira y el engaño, por tal motivo creía que era cierto todo lo que Esav su hijo le decía.

Un ejemplo

Por ejemplo, en ocasiones preguntaba a su padre: ¿Cómo se extrae el diezmo de la sal?.

Y bien sabido es que la sal está exenta del diezmo, pero Itzjak al no conocer lo que su hijo verdaderamente pretendía lograr a través de este tipo de interrogantes aparentemente inocentes y que reflejan una meticulosidad digna de ser alabada en la observancia de los preceptos, cuando su real intención era “cazarlo con la boca”, por eso, tras este tipo de preguntas, proclamaba: “¡Que observante que es mi hijo!. ¡Cómo se cuida en el cumplimiento de los preceptos hasta en los detalles más mínimos!”.

Por tal razón Rivka sabía la verdadera intención de Esav e Itzjak no. Ella, estaba al tanto de las atrocidades que su hijo mayor cometía, y además de sus adulterios y salvajismos, pues como dijimos, al haberse criado en un ambiente donde abundan este tipo de conductas, aprendió a reconocerlas en los demás. 

Rivka sabía que en lo único que tenía fe plena Esav era en la bendición que su padre dijo le daría, pues respecto a todo lo demás, no penetraba en sus oídos, no estaba dispuesto a escuchar acerca de arrepentimiento e inicio de una nueva vida, acorde a la de su padre y a lo solicitado por el Craedor. Todo lo que deseaba era llevarse la bendición de su padre, la herencia, y nada más. No tenía el más remoto deseo de abandonar el sendero del robo y el asesinato.

Además, Rivka sabía que el primogénito es quien realiza las ofrendas en el altar, y le corresponde el sacerdocio. Entonces, si Esav cuenta con el poder, puede causar un caos irreversible, ¿qué otra cosa puede acontecer si se le da el mando a un malvado total?.

Por tal razón, decidió actuar, llamó a su hijo Itzjak y le dijo: “He escuchado que tu padre le dijo a Esav tu hermano: ‘caza 9para mi de los animales que andan sueltos, y no tienen dueño. Entonces me prepararás manjares, como los que amo, los traerás a mi, y comeré, para que te bendiga, frente a mi, Hashem antes de fallecer’. 

Agregó las palabras ‘frente a mi, Hashem’, las cuales no fueron dichas por Itzjak, pero ella interpretó que esa era la auténtica intención de su marido. Y esta adición fue para que Iaakov no cuestione y diga: ‘si la intención de mi padre era bendecir a Esav, ¿qué provecho puedo llegar a obtener al recibir la bendición de mi padre, cuando su real intención orienta hacia Esav?’.”. 

Por eso ella adicionó esta explicación suya, para que su hijo Iaakov comprenda que la bendición es de Hashem a través de la boca de tzjak.

A que se parece

Esto se asemeja al caso de cierto individuo que deseaba sembrar cebada, y por error plantó trigo. ¡Trigo le crecerá y no cebada!. 

Del mismo modo, Itzjak deseaba bendecir a su hijo que continúe en el sendero de sus antepasados, creyendo en Di´s y observando Sus preceptos, y quien reunía esas condiciones era Iaakov y no Esav. Pero Itzjak estaba obstruido por el engaño proporcionado por su hijo mayor, quien le hacía creer que era un meticuloso observante de los preceptos.

Por lo tanto: ¿Cuál es la única manera de neutralizar al que engaña, y penetrar en aquel que resultó presa de él?. A través de su misma medicina.

No olvidemos que Esav, provenía del mismo origen que la serpiente antigua que engañó a Java, y la tentó a comer del árbol de la sabiduría. 

Así que Rivka se dispone a actuar para que su hijo malvado no tome el poder que otorga el sacerdocio, lo cual causaría un caos general. Por lo tanto encomienda a Iaakov: (Bereshit 27: 8): “Y ahora hijo mío, escucha mi voz, lo que yo te ordeno: ve por favor al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos, entonces haré de ellos manjares para tu padre, tal como ama. Los llevarás a tu padre y comerá, para que te bendiga antes de su muerte”.

En ese momento Iaakov pretendiendo hacer desistir de la idea a su madre, le sugiere: (Bereshit 27: 12): “Esav mi hermano es un varón velludo, y yo soy lampiño, quizá mi padre me palpa, y voy a aparecer frente a sus ojos como que me burlo de él, entonces provocaré sobre mi una maldición, y no una bendición”.

En verdad, estaba dispuesto a hacer la voluntad de su madre no importándole que por ello recaiga sobre él una maldición, pero por otro lado, sentía una enorme y total reverencia por su padre, por tal razón pretendía que su progenitora desista del plan tramado.

Rivka, con una sorprendente brillantez le respondió: no te preocupes hijo, si tu padre se entera, sabrá que lo hiciste por expresa orden mía, “y la maldición recaerá sobre mi, y no sobre ti” (Bereshit 27: 13). 

Fíjate en el primer hombre, Adam, cuando pecó, ¿acaso no fue su madre (la tierra) quien fue maldecida?. (Se refiere a Bereshit 3: 17, cuando Hashem “Dijo a Adam: porque escuchaste la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te ordené cuando te dije que no comieres de él, por eso será maldita la tierra por tu causa, con sufrimiento comerás de ella todos los días de tu vida”).

De todos modos, su hijo Iaakov, por la tremenda reverencia que sentía por su padre, aun no iba a cumplir la orden de su madre, hasta que ella le dice (Bereshit 27: 14): “¡Ve!”.

El fue, pero luego de llegar a donde se hallaban los animales, se detuvo.

Al ver que no se movía, Rivka le ordena (Bereshit 27: 14): “¡Tómalos!” .

Corrió y fue en busca de dos buenos chivos, pero no los traía, por eso su progenitora le dice (Bereshit 27: 14): “Tráelos”.

Recién en ese momento se los trajo.

¿Y todo esto para qué?. Para que la acción a realizar sea solo por la orden de su madre, sin haber de por medio ningún pensamiento extraño.

En ese tiempo...

Todo este tiempo perdido por Iaakov a causa de sus reiteradas detenciones, bien podía haber posibilitado la llegada de Esav del campo con su caza, para preparar la comida a su padre y obtener las bendiciones, pero desde el Cielo querían que Iaakov las tome, por eso ángeles provocaban que las presas alcanzadas por el hijo mayor de Itzjak huyan, o escapen de él.

Aunque aun su madre no le había revelado que haría para ocultar su aspecto lampiño, le revela su plan: primeramente, le coloca la ropa magnífica con olor a campo de Esav, que había quitado en su tiempo a Nimrod cuando lo asesinó, y con ella viste a su hijo, luego de haberla ajustado justo a su medida. 

Luego, confecciona con los cueros de los cabritos unas prendas que se adapten exactamente a la medida de sus manos, y se los coloca, también hizo lo mismo con la zona del cuello para cubrir ese sector. (Bereshit 27: 16). 

Ahora Iaakov estaba protegido de “quizá mi padre me palpe”, ¿pero que sucederá si Itzjak reconoce su voz, o su modo de hablar?.

Esto Iaakov olvidó preguntar a su madre, o no quiso hacerlo, pues inicialmente, cuando dijo “quizá mi padre me palpe”, no lo hizo con la intención de formular una pregunta, sino como un medio para lograr hacer a su progenitora desistir de tal plan. 

Aunque la voz es posible modificarla, y simular la de su hermano, ¿para qué entonces consultar sobre algo cuya respuesta ya sabe?.

Por eso no preguntó, y al él no hacerlo, su madre tampoco le aconsejó nada al respecto, pues ella sabía que desde el Cielo lo van a conducir y orientar por el sendero correcto.

Rivka le dio los manjares que preparó, el pan que horneó, y lo acompañó hasta la puerta de la tienda de su padre. En ese momento le dice: “Hasta aquí llega mi misión, de ahora en más, tu Creador se hará cargo de ti”.

Reflexión de Yaakov

En ese momento, pensó Iaakov en su interior: “Las ropas son de Esav, la piel de mis manos y mi cuello, son como las de Esav, los manjares y el pan que llevo, son de mi madre, todas, absolutamente todas estas cosas las hice por expresa orden de mi progenitora. Solo un detalle ella no me ordenó: modificar mi voz, por eso no estoy obligado a hacerlo, y hablaré a mi padre con mi voz natural. De este modo, si del Cielo están de acuerdo con el plan, tampoco este detalle alterará el curso del mismo”.

Así es que se presenta, y con su voz natural le dice: (Bereshit 27: 18): “¡Padre!”.

En ese momento pensó: “Si me reconoce, le diré: ‘mi madre me envió con estos manjares, con el fin que tu alma me bendiga’, y si no me reconoce, es una señal que del Cielo desean que mi progenitor erre en el reconocimiento de mi persona”.

Itzjak responde (Bereshit 27: 18): “Heme aquí. ¿Quién eres hijo mío?”

Iaakov alega (Bereshit 27: 19): “¡Yo, Esav tu primogénito!”.

En ese momento, al apreciar que pese a hablar con su propia voz el plan aun continuaba con éxito, decidió hacer caso a su madre en el objetivo que tenía, y utilizar el mismo remedio de Esav, con su padre que estaba totalmente bajo la influencia de él. Precisamente por ello, empleó esta estrategia, y respondió como lo hizo, ya que cuando otorgó la primera parte de la respuesta, pronunció “¡Yo!”, y en su propio interior pensó: “yo soy quien en el futuro recibirá los diez mandamientos, que comienzan con la palabra Yo, pero es ‘Esav tu primogénito!’”.

Así continuó respondiendo las preguntas que su padre le formulaba, y todo salía acorde a lo planeado, hasta que Itzjak luego de palpar a su hijo manifiesta (Bereshit 27: 22): “La voz es la voz de Iaakov, y las manos son las manos de Esav”. 

En ese momento un enorme pánico se hizo presa de Iaakov, pero ya estaba jugado, así que aguardó para saber que sucede.

Iaakov no sabía, que antes de partir en busca de la caza ordenada por su padre, Esav, temió que acontezca alguna conspiración contra él, por lo que también elaboró un plan y se lo comunicó a su progenitor. Le dijo: “Padre, siento temor de que Iaakov salga a cazar como yo, se coloque cueros velludos en las manos y el cuello, y cambie su manera de hablar imitándome. Por eso has de saber, que si viene con ese aspecto, es Iaakov y no yo. Yo cuando venga voy a cambiar mi voz y hablaré como Iaakov, entonces si acontece que escuchas la voz de Iaakov y palpas las manos de Esav, has de saber que ese es Esav y no Iaakov”.

En ese momento, Iaakov, sentía un gran estremecimiento por las palabras de su padre cuando dijo “La voz es la voz de Iaakov, y las manos son las manos de Esav”, y no sabía en absoluto de este pacto con Esav, por eso aguardaba temeroso la resolución de su progenitor. Hasta que Itzjak comienza a bendecirlo otorgándole todas su bondades, y el liderazgo del mundo. En ese momento sintió alivio, y supo con certeza, que el plan de su madre fue aceptado por el Creador.

(Bereshit 27: 30): “Tras las bendiciones, se retiró Iaakov de la tienda de su padre, y enseguida ingresó Esav, quien también preparó manjares y los trajo a su padre”. 

Momento cumbre

Pidió a su progenitor: “Levántate padre, así comes de la caza de tu hijo para que me bendiga tu alma”.

Itzjak le preguntó: ¿Quién eres?. 

Y respondió: “Yo, tu hijo primogénito, Esav”.

En ese momento Itzjak sintió mucho asombro, y le preguntó: “Quién es entonces el que también cazó caza, me trajo y comí de todo antes de que vinieses y lo bendije?. ¡También bendito será!”.

En ese momento Esav lanzó un tremendo alarido, muy amargo, y pidió a su padre que también lo bendiga a él.

Pero Itzjak le respondió: “Vino tu hermano con astucia, y tomó tu bendición”.

Esav vanamente clamaba por una bendición, hasta que finalmente tras comprender la realidad, alzó su voz e irrumpió en llanto.

Su padre le comunicó: “Lejos de las grosuras de la tierra será tu morada, y del rocío del cielo. Por tu espada vivirás, y servirás a tu hermano. Y será cuando te reveles que sacudirás el yugo de sobre tu cuello”.

Odió Esav a Iaakov por la bendición con que lo bendijo su padre, y dijo Esav en su corazón: se acercarán los días de duelo por mi padre, y mataré a mi hermano Iaakov”.

Esto también fue escuchado por Rivka, quien envió a su hijo Iaakov a casa de su hermano Laván, hasta que se aplaque la ira de Esav.

En tanto Itzjak también llamó a Iaakov y le ordenó que no tome como esposa una mujer Kennanita, sino: “Levántate y ve a Padan Aram, a casa de Betuel, el padre de tu madre, y toma de allí una mujer de las hijas de Laván, el hermano de tu madre. Y el Todopoderoso te bendiga, te fructifique, te aumente, y te convierta en una congregación de pueblos. Te otorgue a ti la bendición de Abraham y a tu simiente, para heredar la tierra de tus peregrinaciones que dio Di-s a Abraham”.

(Bereshit 28: 5): “Y envió Itzjak a Iaakov, para que vaya a Padam Aram, a lo de Laván hijo de Betuel el arameo, hermano de Rivka, madre de Iaakov y Esav. 

Y vio Esav que bendijo Itzjak a Iaakov y lo envió a Padam Aram, para que tome de allí una mujer, ya que lo bendijo y le ordenó: no tomes por esposa de las hijas de Kenáan.

Escuchó Iaakov a su padre y a su madre, y fue a Padam Aram. 

En tanto, Esav apreció que son malas las hijas de Kenáan en los ojos de Itzjak su padre, y por eso fue Esav a lo de Ishmael, y tomó a Majalat, hija de Ishmael, hijo de Abraham, hermana de Nevaiot para él como esposa, además de sus mujeres (que tenía de antes)”.

El final

Este es el final de la sección de la Torá “Toldot”. Sobresale en forma notoria, la revelación de la intención, esmero y esfuerzo de sus hijos, para obedecer y hacer la voluntad de sus padres, ya que Iaakov, quien era recto y justo, no es de sorprender que actúe de esta manera, pero Esav, el malvado, pese a que todo lo que hacía durante el día eran iniquidades, había sin embargo, algo bueno en él, se desvivía por el honor de su padre, y brindarle atención. Tal como lo revela el versículo último transcripto, el cual declara que al percibir que su padre no veía con buenos ojos a las hijas de Kenáan, para hacer su voluntad, fue a lo de Ishmael a buscar allí una mujer.

El gran sabio Rabí Shimón ben Gamliel dijo que él en persona se destacaba en la atención de su padre, pues lo hizo como nadie en el mundo, y pese a ello, reconoció que Esav, lo superó.

Contó el erudito, que cuando atendía a su padre, lo hacía con ropas comunes, mientras que cuando salía a la feria, lo hacía con vestidos honorables, en cambio, cuando Esav servía a su progenitor, lo hacía con las mejores ropas.

Surge de aquí un mensaje que va dirigido a cada uno, una reflexión obligatoria que deberíamos plantearnos y luego poner en práctica. ¿Si Esav, el hombre inescrupuloso, perverso, sin deseos de estar contenido por ningún tipo de marco, y con semejante perfil desalentador, tomando como parámetro para este juzgamiento las normas de conducta dignas de una persona común y honorable, así y todo se desvivía por atender y honrar a su padre, nosotros que no tenemos esas malas cualidades que nos juegan en contra, cuánto más deberíamos esforzarnos en alcanzar a imitarlo en ese aspecto?.

Ya que además de estar explicitado claramente nuestro deber de honrar a nuestros padres en los diez mandamientos, debemos saber además, que ellos siempre anhelan el bien de sus hijos, y es por eso que desean que estudien para ser personas dignas y preparadas. 

Una historia

Había un hombre de muy buena posición económica, que tenía un único hijo. Y cuando este hubo alcanzado los dieciocho años, antes que contraiga enlace, su padre quiso enseñarle un oficio, y eligió el de joyero.

Para tal fin, contrató a un profesional, cuyos trabajos se cotizaban el triple que los de sus colegas por la belleza de sus creaciones.

Pero el hijo no quiso aprender, dado que esto requería esfuerzo y no estaba dispuesto a realizar ese sacrificio, por tal razón, dijo a su padre: “¿Acaso necesito de este trabajo, en nuestra casa hay una gran riqueza, y hay muchas personas que son sustentadas gratuitamente, por qué yo tengo que padecer esta aflicción y debo esforzarme en aprender este oficio tan duro?".

Su padre le dijo: “Hijo mío, es mi deseo que aprendas este trabajo".

El muchacho se negó nuevamente, viéndose su progenitor forzado a sobornarlo con dinero, ofreciéndole por cada día que cumpla con el requisito de asistir a clase, la suma de cinco monedas de oro con el fin que se siente y estudie. 

Este profesional contratado, conocía muy bien su trabajo, y debía esforzarse en transmitirle todos los conceptos sobre la materia al joven, cosa que pudo lograr, y tras un año de estudio logró su cometido.

Durante los días que duró el curso, el progenitor del chico daba a su hijo la suma de cinco monedas de oro por día y al maestro abonaba dos monedas de oro, y el joven pensaba en su corazón ¡Qué tonto es mi padre, despilfarra el dinero por este oficio en forma vana, porque sencillamente no hay ninguna necesidad de él!.

Tiempo más tarde el padre realizó la boda de su hijo, y posteriormente, al cabo de unos años, fallece.

Pasado el tiempo del luto, el muchacho ingresa al tesoro de su padre y abre la bodega en la que estaban guardados varios cofres llenos de sacos repletos de oro. Los quitó de allí y los llevó a su habitación, y su mujer estaba con él.

Pasó el tiempo, y al cabo de algunos años, el muchacho pierde su fortuna, y también las propiedades fueron vendidas quedando solo con su mujer e hijos carentes de todo.

Fue entonces cuando recordó a su padre que le enseñó el trabajo de joyero, y que los elementos para tal profesión estaban guardados en una habitación.

Abrió el joven la puerta de ese cuarto y extrajo los elementos con gran alegría, pues con ellos se sustentaría ahora en forma digna, y cuando sacó las herramientas, bendijo a su padre y dijo: “Sea su descanso con honor y su alma viva por la eternidad". Y también en esta ocasión su mujer estaba con él y escuchó sus palabras.

Luego se sentó y comenzó a ocuparse en su labor, y cada vez que golpeaba con el martillo sobre el yunque, solía decir refiriéndose a su padre: “Sea su descanso con honor y su alma viva por la eternidad en el Jardín del Eden (que es el paraíso)".

La mujer escuchaba todo, y un día le dijo: “Hay algo que me sorprende en gran manera, ¿Por qué en el momento en el que ingresaste al tesoro de tu padre que te dejó por herencia, y tomaste toda la fortuna que te dejó, no escuché que bendijeras a tu progenitor, y ahora que tomaste las herramientas que requieren esfuerzo y sudor del cuarto donde estaban guardadas, bendijiste a tu padre y cada momento que te ocupas en la labor con esfuerzo, bendices a tu padre?¿A qué se debe?".

Responde a su esposa: “Cuando era aun un muchacho, vino mi padre a enseñarme este oficio, y para eso contrató a un famoso profesional.

Yo me rehusé y él se vio obligado a derrochar mucho dinero para sobornarme hasta que aprendí.

Y cada día pensaba en mi corazón, que era una tontería de su parte, pues ¿Para qué necesito de tal profesión?.

Y ahora la rueda giró, y todo aquel dinero que dejó se perdió, y no me quedó ninguna forma de lograr sustento, solamente este oficio que me enseñó mi padre por la fuerza.

He aquí, que ahora se que mi progenitor era sabio, y me hizo un gran bien enseñándome esta profesión, pues es este un capital que se mantendrá por siempre para que pueda a través de él lograr todo lo necesario para nuestra manutención, y si no fuera por él, todos hubiéramos perecido de hambre, es por eso que yo lo recuerdo para elogio y lo bendigo y honro cada día, en compensación por todo lo que lo desprecié en mi corazón en momentos en que estudié el oficio pensando que es una tontería, Dio’s libre. 

Este es uno de los tantos casos donde el hijo comprueba tras el paso de los años, cuando ya sus padres no están en el mundo para poder agradecerles, el bien que ellos le hicieron, pese a no percatarse de ello en su momento, por ejemplo, cada vez que la madre, o el padre insistían al hijo para que vaya a estudiar.

Es por eso que debemos aprender de la conducta de los hijos de Itzjak, y honrar y servir a nuestros padres con dignidad, de esta manera, estaremos cumpliendo con uno de los diez mandamientos de la Torá, y a su vez, abriendo el camino para que nuestros propios hijos se comporten de igual manera con nosotros, porque quien es cruel con sus padres, seguramente sufrirá ese mismo efecto propinado por los hijos que le nazcan, u aflicciones similares.

Había un individuo cuyo padre era anciano, y no reparaba en traerlo a su casa para darle de comer y ocuparse de sus ropas y demás necesidades, por tal razón, este hombre anciano y desprotegido vivía con los pobres de la ciudad.

Aconteció un día muy frío, en el que la temperatura había descendido considerablemente, que el señor mayor se encontraba sentado junto a los otros pobres de la ciudad en un banco, en una de las calles, y pasa por el lugar el hijo de su hijo, es decir, el nieto del anciano.

Le suplicó a su nieto que tenga consideración y se apiade de él, y le sugirió que observe el terrible frío que hace y su abuelo carece de todo abrigo ante la crudeza del clima en ese momento. "Por eso te pido que digas a tu padre que me envíe un abrigo para cubrirme".

El niño fue y le contó a su padre lo acontecido con su abuelo.

Y el padre le sugirió que suba a la azotea "y hallarás allí una prenda de vestir que está colgada en el perchero. Tómala y llévasela a tu abuelo".

El niño subió a la azotea y halló la prenda, la cual era antiquísima y estaba totalmente destrozada. Esta actitud de su progenitor hizo que se encrespara mucho, entonces tomó una tijera y cortó la prenda a lo largo en dos trozos iguales, y haciendo esto se demoró en la azotea, motivo por el que su padre lo llamó a través de un grito para saber por que se demora y que es lo que hace allí, y luego que invocó su nombre varias veces, recién entonces descendió el pequeño de la azotea, y en su mano traía la mitad de la prenda. Su padre le preguntó: "¿Por qué cortaste la prenda en pedazos, y que harás con la mitad restante?".

Le contestó: "Lo guardaré para cuando envejezcas, entonces te arrojaré de esta casa, y forzosamente te sentarás con los pobres, y en los días de baja temperatura, cuando me pidas una prenda para protegerte del frío, te enviaré esta mitad que quedará aquí, ya que las obras de los padres son las mismas que harán sus hijos, y así como te conduces con tu padre me conduciré contigo".

El padre se avergonzó y consternó en gran manera, y supo el terrible pecado que cometió con el honor de su padre, por lo que temió que le suceda lo mismo, por eso fue y pidió perdón a su padre y lo trajo a su casa. 

Por tal razón, es menester ser muy cuidadoso en e cumplimiento de este tan preciado precepto que la Torá nos encomendó, el de honrar a nuestros padres, y debemos tomar el ejemplo de los grandes sabios del Talmud, quienes se esforzaban en cumplir con esta ordenanza de la mejor manera posible, tal como consta en el Talmud, en el tratado de Kidushim 31.

Esto es lo que contestó Rab Hula cuando le preguntaron hasta donde hay que esforzarse para cumplir este precepto: "Salgan y vean lo que hizo un gentil en la ciudad de Ashkelon.

Su nombre es Dama ben Netina, y una vez, los sabios necesitaban adquirir cierta mercadería, por la que pagaban 600.000 monedas de oro. Solo que la llave del depósito donde se hallaba la mercancía solicitada estaba bajo la almohada en la que estaba apoyada la cabeza de su padre que se encontraba descansando en esos momentos. Y pese a la fortuna que podía ganar con esa transacción, no lo molestó dejarla ir, con tal de no molestar y despertar a su padre". 

Dijo Rab Iehuda en nombre de Shmúel suministró información adicional sobre el caso, pues dijo: una vez le preguntaron a Rabí Eliezer acerca de este precepto y él respondió: "Salgan y vean lo que hizo un gentil en la ciudad de Ashkelon.

Su nombre es Dama ben Netina, y una vez, los sabios necesitaban adquirir piedras preciosas para el "efod" (es el nombre de una de las prendas que utilizaba el principal oficiante en el Sagrado Templo, es decir el Cohen Gadol) y ofrecían una paga a quién las proveyera de 600.000 monedas de oro, aunque Rab Cahana sostiene que la suma ofertada fue de 800.000 monedas de oro. Solo que la llave del depósito donde se hallaba la mercancía solicitada estaba bajo la almohada donde estaba apoyada la cabeza de su padre que se encontraba descansando en esos momentos. Y pese a la fortuna que podía ganar con esa transacción, no lo molestó dejarla ir, con tal de no molestar y despertar a su padre". 

Al año siguiente, Hashem le dio su paga, ya que le nació una vaca totalmente roja. Ingresaron los sabios para comprársela y les dijo: "Yo se que si les pido todo el dinero del mundo, ustedes me lo dan, pero no pretendo más que lo que perdí por honrar a mi padre". 

Dijo sobre esto Rabí Janina: "Así Hashem le hizo a uno que no estaba obligado a cumplir este precepto (ya que los gentiles no tienen la obligación de cumplir los 613 preceptos, solo 7), cuanto más a quién está obligado a cumplirlo y lo cumple, ya que sostiene Rabí Janina que es más grande aquel que fue ordenado a realizar la acción y la hace, más que aquel que no fue ordenado a realizarla y la hace". 

Se ve de aquí, hasta que punto es menester esforzarse en honrar a los padre padres y Hashem con seguridad, tiene pagos muy preciados para retribuir a quien cumple con este precepto, que es parte de los diez mandamientso, o sea, una de las bases de la Torá.

Shabat Shalom.

Fuentes utilizadas:

1 - Midrash Rabá 60 – Sefer Haparshiot
2 - Midrash Rabá 63:6 – Midrash Tanjuma “Vaieji” 15
3 - Midrash Rabá 63:7
4 - Midrash Rabá 63:8
5 - Midrash Rabá 63:9
6 – Talmud: Babá Batrá 16b
7 – Sefer Haiashar – Ialkut Sipurim Toldot 24: 11
8 – Bereshit 26: 1
9 – Rashi - Bereshit 26: 1
10 – Rashi Bereshit 25: 27
11 – Sefer Haparshiot Toldot
12 – Sefer Haparshiot Toldot – Zohar
13 – Midrash Rabá Toldot 65: 18
14– Midrash Rabá Debarim 1: 16
15 – Midrash Rabá Toldot 65: 15
16 – Tanjuma Toldot
17 – Rab Iosef Jai – sefer Ben Ioiadá 




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