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Shabat Shalom


Parashat Vaieshev-5
Por. R.Aharon Shlezinger



Parashat “Vaieshev

El Midrash relata...

Tendremos en esta oportunidad, la ocasión de contemplar, la heroica acción de los fundadores del pueblo judío en defensa de sus hermanos, posteriormente veremos acerca de lo acontecido en épocas del Segundo Templo Sagrado, cuando los griegos lo tomaron, y luego fueron derrotados por los Macabeos, hecho que se conmemora en la festividad de Jánuca, y finalmente llegaremos a abordar lo que acontece hoy en día, y sabremos cual es la diferencia entre esos primeros judíos y los que vivimos en la actualidad, mas lo que debemos hacer para lograr la victoria y ser felices.

La sección de la Torá “Envió” (“vaishlaj”) menciona que (Bereshit 34: 25): “Al tercer día, mientras (los habitantes de Shjem) se hallaban doloridos (por la circuncisión que habían practicado sobre su carne), tomaron dos de los hijos de Iaakov, Shimón y Levi, hermanos de Dina, cada uno su espada, fueron a la ciudad confiados, y mataron todo varón”. 

Pero los versículos no dan mayores detalles de esa incursión de los hijos de Iaakov en Shjem. Por eso, apelaremos a la Torá oral, para conocer pormenores de relevancia.

Consta en el antiguo libro “Sefer Haiashar”: Había allí (en Shjem), veinte varones, quienes se habían escondido, y no practicaron sobre su carne la circuncisión (cuya realización era indispensable para que los Hebreos los acepten y formen con ellos un pueblo). Estos jóvenes enfrentaron a Shimón y Levi, quienes logran eliminar a dieciocho de ellos, en tanto, los dos restantes lograron huir y salvar su pellejo. 

La búsqueda:

Shimón y Levi salieron tras ellos, pero no lograron encontrarlos, en tanto, unas trescientas mujeres se congregaron, y arrojaron a los hijos de Israel polvo y piedras. Inmediatamente Shimón desenvainó su espada, y liquidó a toda la congregación presente.

Aconteció al salir Shimón y Levi de la ciudad, que se reincorporaron los dos jóvenes que se habían escondido en el interior de la misma, y la hallaron totalmente devastada, no había allí siquiera un hombre, solo mujeres que lloraban.

Fueron entonces los jóvenes a la ciudad de Tapuaj, y contaron a los habitantes de ese lugar todo lo que hicieron los hijos de Iaakov a la ciudad de Shjem. Los ciudadanos de este poblado hicieron llegar la noticia al rey de allí, llamado Ieshub, quien envió mensajeros a Shjem para verificar la veracidad de las palabras de estos individuos, pues el mandatario no creía que dos hombres solos puedan destruir una ciudad tan grande como Shjem.

Los enviados fueron hasta el lugar, y cuando regresaron declaran que no han avistado allí ningún hombre, solo mujeres que lloran. Además agregan: “Tampoco ganado ovino y bovino hay allí, pues los hijos de Iaakov saquearon todo”.

El rey Ieshub se sorprendió mucho por este acontecimiento, pues no había sucedido una cosa similar desde los días de Nimrod (quien arrojó al patriarca Abraham a un horno de fuego), que dos hombres destruyan una ciudad entera, y no haya nadie que los pueda enfrentar.

El mandatario de Tapuaj da una arenga a todo el pueblo, y los invita a fortalecerse e ir en busca de los Hebreos, para pelear con ellos, y de ese modo, vengar la sangre de la gente caída de Shjem.

El rey toma consejo:

El rey se aconseja con todos su cuerpo de consejeros acerca de esta cuestión, y le responden: “No podrás vencer solo con las tropas locales a los Hebreos, ya que su poderío es demasiado grande, a tal punto que solo dos de ellos devastaron una ciudad completa. Si vas con el ejército de Tapuaj, todos los integrantes de ese pueblo se levantarán contra nosotros y nos exterminarán. Pero si envías llamar a todos los reyes que se encuentran en los derredores, uniendo fuerzas, entre todos podréis vencer a los hijos de Iaakov”.

El monarca oyó las palabras de sus consejeros, y envió mensajeros a todos los reyes Emorreos, cuyos reinados se hallaban en los derredores de Shjem, la ciudad devastada y Tapuaj, para que les soliciten: “Pliéguense a mi y ayúdenme a combatir a Iaakov el Hebreo y todos sus hijos, hasta exterminarlos, pues destruyeron la ciudad de Shjem, mataron a los hombres, y se llevaron todo el ganado ovino y bovino”.

Todos los reyes Emorreos escucharon las palabras de Ieshub, el rey de Tapuaj, las cuales describían todo el mal que habían hecho los hijos de Iaakov a la ciudad de Shjem. Por lo tanto se plegaron a él, los siete reyes Emorreos, con todas sus huestes, las cuales contaban en total con diez mil soldados armados con espada, que partieron para enfrentar a los hijos de Iaakov.

En tanto oyó Iaakov que se congregaron los reyes Emorreos para pelear con sus hijos y sintió mucho miedo y aflicción. Entonces alzó su voz a Shimón y Levi y les preguntó: “¿Que es esto que han hecho?. ¿Por qué me hicisteis mal al traer hacia mi a todos los hijos de Kenaan para destruirme a mi y a mi casa?. Pues yo y mi casa estábamos tranquilos, y ahora se congregaron contra mi todos los habitantes de la tierra por vuestro acto”.

Yehuda interviene

En ese momento interviene Iehuda y dice a su padre: “¿Acaso vanamente mataron mis hermanos Shimón y Levi a todos los pobladores de Shjem?. Fue por haber ultrajado Shjem a Dina, nuestra hermana, y por haber transgredido el precepto de nuestro Di-s, que ordenó a Noaj y sus descendientes, no habiendo un solo varón en su ciudad que haya reclamado a él por proceder de esa manera. Por eso fueron mis hermanos y devastaron la ciudad, y los entregó Hashem en sus manos, al haber transgredido todos los habitantes el precepto de nuestro Di-s. Y ahora: ¿Por qué temes y por qué teme tu corazón por lo de nuestros hermanos?. Nuestro Di-s, Quien entregó en sus manos a los pobladores de la ciudad de Shjem, El entregará también en nuestras manos a todos los reyes que vienen por nosotros. Tú enaltécete por sobre ellos, no temas, solo confía en Hashem, nuestro Di-s, y órale a El por nosotros para que nos salve, para que entregue el enemigo en nuestras manos”.

Llamó Iehuda a uno de los siervos de su padre y le encomendó: “Ve por favor y fíjate donde se encuentran los campamentos de las huestes que vienen hacia nosotros”.

El siervo fue, subió al monte, y visualizó a lo lejos todos los campamentos de los ejércitos de los reyes dispuestos en el campo. Regresó a Iehuda y le transmitió la noticia.

En ese momento Iehuda dijo a todos sus hermanos: “Fortalézcanse y sean hombres de guerra, pues Hashem nuestro Di-s está con nosotros. ¡No teman, y ciña cada varón sus armas!”

Cada uno, ya sea grande, ya sea pequeño, ciñó sus armas, tanto los diez hijos de Iaakov, como así todos sus siervos, y también los de Itzjak, quienes llegaron desde Jevrón armados.

En total eran los hijos de Iaakov y sus siervos ciento doce hombres, y también Iaakov fue con ellos.

Por su parte, enviaron a decir a Itzajk, su abuelo, quien se hallaba en Jebrón, que ore por ellos.

Al recibir el mensaje, Itzjak elevó su plegaria al Creador: “Hashem, Di-s: Tú aseguraste a mi padre: ‘Aumentaré tu simiente...’”.

Además, mientras se desplazaban para el combate, también Iaakov oró.

En ese momento, todos los reyes Emorreos se detuvieron en el campo para aconsejarse y decidir que hacer, pues aun temían por lo que habían escuchado, que dos hombres solos destruyeron toda la ciudad de Shjem.

Hashem siembra pánico:

Puso Hashem pánico y temor en los corazones de los consejeros de los reyes, y se conturbaron enormemente.

Por eso dijeron: “¿Acaso sois tontos?. Si no tenéis conocimiento de cómo combatir contra los Hebreos ¿Qué necesidad hay de morir todos el día de hoy?. Di-s deseó a ellos, El salvó a Abraham de Nimrod, inclusive cuando este lo arrojó al fuego. Además él derrotó a los cinco reyes de Eilam cuando tocaron a su sobrino Lot, porque Hashem deseó a ellos, y ellos desearon a Hashem, pues por amor de su Di-s, Abraham tomó a su hijo único para ofrendarlo como Holocausto, y Hashem le garantizó que salvará a su simiente de toda aflicción. Recuerden lo que hizo Hashem al Faraón y Abimelej cuando tomaron la mujer de Abraham. Y lo que Hizo cuando vino Esav con sus cuatrocientos hombres para matar a Iaakov”.

Las palabras de los consejeros fueron aceptadas por los reyes, quienes ordenaron a sus tropas el regreso, y volvieron cada uno a su tierra sin siquiera una escaramuza.

En tanto, los hijos de Iaakov estuvieron montando guardia en el monte Shión hasta la noche, y vieron que no vienen los reyes a su encuentro, por eso, regresaron a su sitio.

La Torá narra a continuación el nacimiento de Biniamín, el doceavo hijo de Iaakov, y el fallecimiento en el momento del parto, de su madre Rajel. Posteriormente, se menciona también el deceso del patriarca Itzjak. 

En tanto, la sección siguiente, intitulada “Residió”, declara en su inicio: (Bereshit 37: 1): “Residió Iaakov en la tierra de las peregrinaciones de su padre, en la tierra de Kenaan”. 

Pero esta residencia sin mayores perturbaciones, no fue algo tan simple de lograr, ya que los Emorreos al comprobar que los hijos de Iaakov regresaron a la ciudad que habían destruido, o sea Shjem, para hacer pastar allí sus animales, decidieron tomar venganza de los Hebreos.

Pues, cuando (Bereshit 35: 27): “vino Iaakov hacia Itzjak su padre a (la ciudad de) Mambré en Kiriat Arba (Jebrón)”, en ese momento Iaakov tenía 105 años de edad, y hacía 9 años que residía junto a sus hijos en la tierra de Kenaan, tras su venida de Padam Aram, cuando viajaron Iaakov y sus hijos a Jebrón, y llegaron hasta la tierra de Shjem, pues hallaron allí buen pasto para su ganado.

En ese entonces...

Por entonces, Shjem había sido reconstruida, y vivían allí como 300 hombres y mujeres. Iaakov residió en el campo que había adquirido a Jamor, el padre de Shjem cuando venían de Padam Aram, antes de devastar Shimón y Levi la ciudad.

Escucharon todos los reyes que habitaban en los derredores, que regresaron los hijos de Iaakov a Shjem, entonces se reunieron nuevamente para pelear contra Iaakov y sus hijos.

Envió Ieshuv, el rey de Tapuaj por todos los reyes que residían en sus alrededores, Eilón, el rey de Gaash, Iheuri, rey de Sula, Piratón, rey de Jaser, Susi, rey de Sartón, Laván, rey de Beit Jorón y Sajir, rey de Majanima. Les mandó decir: “Vengan hasta a mi, y ayúdenme a destruir a Iaakov el Hebreo, sus hijos, y todos los que están con él”.

Tras escuchar el mensaje, se reunieron y conformaron un poderoso ejército tan numeroso como la arena del mar, y acamparon todos frente a Tapuaj, y se dividieron en siete regimientos conformando siete campamentos.

Enviaron luego un pergamino a Iaakov y sus hijos diciendo: “Salgan a nuestro encuentro y tomaremos venganza por lo de Shjem”.

Los hijos de Iaakov recibieron el mensaje y se llenaron de ira, por lo que se apresuraron diez de ellos, junto a 112 siervos armados para la guerra y salieron a enfrentar a los reyes.

En tanto oró Iaakov por sus hijos a Hashem y dijo: “Salva Hashem merced a Tu gran piedad a mis hijos de manos del enemigo, pues en Tu mano hay fuerza y poder para salvar a pocos de manos de muchos, y así no perecerán mis hijos y siervos en manos de Kenaan. Solo que si Te parece bien tomar las almas de mis hijos y siervos, tómalas por favor a través de tus ángeles, y que no perezcan en manos de los reyes Emorreos”.

Fue cuando hubo acabado Iaakov de orar a Hashem, que se produjo un gran temblor en la tierra, y el sol se oscureció. Por tal razón sintieron pavor todos los reyes que se disponían a enfrentar a los Hebreos, y se hizo presa de ellos un pánico atroz, pues hizo oír Hashem una tremenda voz de carros y caballos y un poderoso regimiento que provenía de los hijos de Iaakov.

En ese momento sintieron mucho miedo los reyes ante los Hebreos, y el pánico penetró hasta el interior de sus entrañas, por lo que pensaron en regresar sin combatir, como lo habían hecho la primera vez. 

Pero no tornaron, ya que dijeron: “Es humillante para nosotros regresar por causa de los Hebreos dos veces”.

En tanto los hijos de Iaakov se aproximaron a los reyes y vieron que son una multitud, como la arena que hay en la orilla del mar. Entonces invocaron los hijos de Israel a Hashem, y ciñeron sus armas, tras lo cual avanzaron para batallar.

Fue Iehuda hijo de Iaakov con diez siervos en primer lugar al encuentro de los reyes, e Ieshuv rey de Tapuaj, también salió en primer lugar montando su fuerte y poderoso corcel, junto a todo su ejército al encuentro de Iehuda.

Ieshuv era un guerrero muy valiente y su armadura de hierro y cobre estaba diseñada de manera tal, que cubría su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, además lanzaba flechas con ambas manos, hacia delante y hacia atrás, y no herraba sus disparos, siempre acertaba en el blanco.

Así fue que se aproximó a Iehuda, y lanzó en su dirección varias flechas, pero Hashem Hizo que las mismas giren, haciendo impacto en sus propios hombres y no toquen al hijo de Iaakov.

Pese a ello, prosiguió acercándose Ieshuv, hasta quedar a una distancia de unos treinta codos (aproximadamente 15 metros). En ese momento alzó Iehuda una gran piedra del suelo, y corrió con ella hacia Ieshuv. Golpeó con la roca sobre la integridad de su enemigo, pero este colocó su escudo delante, aunque al recibir el impacto de la piedra, cayó de su caballo, y en esa acción, el escudo de Ieshuv se perdió de sus manos, y cayó a una distancia de 15 codos de él.

Los reyes que vieron de lejos la vigorosidad de Iehuda, se plegaron al regimiento de Ieshuv para atemorizarlo, entonces el Hebreo desenvainó su espada, y abatió con ella a 42 hombres, por lo que huyó todo el regimiento de Ieshuv.

En tanto Ieshuv aun se hallaba caído en tierra, cuando contempló como todo su ejército huía despavorido, se apresuró a ponerse de pie, e hizo frente a Iehuda él solo. En la batalla, lanzó un golpe a la cabeza de Iehuda con su bayoneta, pero el hijo de Iaakov protegió su testa con su escudo, resultando el mismo partido en dos, por la fuerza del impacto.

Tras este embate, tomó Iehuda su espada, y asestó con la misma un golpe a Ieshuv en sus tobillos, luego le cortó sus pies, y su oponente cayó.

De inmediato asió la bayoneta de Ieshuv, y con la misma le succionó la cabeza, que arrojó al lado de sus pies.

Al apreciar los hijos de Iaakov todo lo que hizo Iehuda a Ieshuv, corrieron todos a los regimientos de los reyes, y abatieron de ellos quince mil hombres. Los restantes huyeron para salvar su alma.

Reyes testarudos

Sin embargo, los reyes se mantuvieron firmes junto a sus ministros, y no huyeron.

En tanto Iehuda aun se hallaba frente al cuerpo de Ieshuv, a quien sustrajo su armadura, y los elementos de hierro y cobre que tenía sobre él, cuando nueve de los ministros de Ieshuv vinieron hacia él para enfrentarlo.

Iehuda se apresuró a levantar una piedra, con la cual golpeó sobre la cabeza de uno de ellos, partiéndosela, por lo que su cuerpo también cayó de su caballo a tierra.

Aconteció cuando vieron los restantes la vigorosidad de Iehuda, que huyeron despavoridamente.

No obstante, Iehuda con sus siervos fueron tras ellos, les dieron alcance y los liquidaron por completo.

Levi, en tanto vio a Eilón, el rey de Gaash, quien se dirige junto a catorce de sus ministros para acabar con él. Entonces se aproximó junto a doce de sus siervos para enfrentarlo. En la contienda, Levi y sus hombres los mataron a filo de espada, sin dejar uno solo con vida.

Por su parte, Iehori, rey de Shilo, se acercó en dirección a Iaakov, por lo que el patriarca disparó con su arco, y acabó con él.

Sucedió tras el deceso de Iehori, que los cuarenta reyes restantes huyeron junto a sus ministros de su posición, acuartelándose finalmente en la ciudad de Jaser.

Pero los hijos de Iaakov fueron tras ellos, y acabaron con unos cuatro mil guerreros.

Mientras tanto, Iaakov tensó su arco, y disparó una flecha al cuerpo de Piratán, el rey de Jaser, quien cayó inerte al suelo. También eliminó a Susi, rey de Sartón, Laván, rey de Beit Jorón, y a Sajir, rey de Majanaim.

Batallaron luego los hijos de Iaakov con los ejércitos de los reyes, y derribaron en esta oportunidad, unos cuatrocientos combatientes.

Lamentablemente sufrieron bajas

En tanto, el ejército de Iaakov sufrió en esta guerra tres bajas.

Con respecto a todos los hombres restantes que aun se hallaban en la zona de combate, corrieron y derribaron el portón de la muralla de la ciudad Jaser, y se refugiaron y escondieron dentro de la misma, ya que era ella muy grande.

Velozmente los hijos de Iaakov se desplazan hacia ese lugar, y salen en ese momento cuatro imponentes combatientes, quienes se apostaron en el portón de entrada de la ciudad, y no los dejaron pasar. 

Pero Naftali corrió hacia ellos, y golpeó a dos de los cuatro hombres con su espada, y les cortó la cabeza de un saque. En tanto, los dos restantes huyeron. Sin embargo los persiguió hasta alcanzarlos, y también los abatió.

Los hijos de Iaakov penetraron en la ciudad, y se toparon con una segunda muralla. Buscaron el portón de acceso, pero no pudieron hallarlo. No obstante, Iehuda de un brinco, subió a la cima, y tras él, lo hicieron sus hermanos Shimón y Levi. Los tres descendieron por el otro lado, e ingresaron a la ciudad.

Shimón y Levi aniquilaron a filo de espada, a todos los que se ocultaban en la ciudad, y también a todos los residentes de la misma, mas sus mujeres y niños. El clamor de la ciudad ascendió al cielo.

Entonces saltaron Dan y Naftalí hacia la cima de la muralla, para saber acerca del clamor escuchado, pues temieron por sus hermanos. Al verlos, Shimón y Levi les señalaron la dirección del portón de la ciudad. Llamaron a todos sus hermanos, e ingresaron todos los hijos de Iaakov para tomar todo el botín de la ciudad de Jaser, y se retiraron de ese lugar en ese mismo día.

Al día siguiente, los hijos de Iaakov fueron a Sartón, pues escucharon que los hombres que habían quedado en ese lugar, se habían preparado para atacarlos.

Esta ciudad estaba muy bien protegida, y su muralla era altísima, resguardada asimismo por una fosa en todos sus derredores, la cual tenía una profundidad de cincuenta codos (unos 25 metros), y un ancho de cuarenta codos (unos 20 metros). Asimismo, todos los pobladores de ese sitio eran recios.

Cuando los habitantes del lugar vieron a los hijos de Iaakov, sintieron gran temor, y no pudieron salir a enfrentarlos, pues oyeron sobre su fortaleza, y lo que hicieron a la ciudad de Jaser, por lo que replegaron el puente que conduce hacia donde vivía la población.

Los Hebreos buscaron el camino que lleva al interior de la ciudad, pero no lo hallaron. En tanto, los pobladores de ese lugar subieron a la muralla, e injuriaron y maldijeron a los hijos de Iaakov.

Ellos escucharon los insultos, y enfurecieron en gran manera. Por tal razón, saltaron todos la fosa, y franquearon los cuarenta codos de ancho, merced a su tremenda vigorosidad, y quedaron debajo de la muralla de la ciudad, a la cual contornearon buscando un acceso, pero todos los portones eran de hierro, y estaban cerrados.

Ante tal situación, se dispusieron a derribar los portones, pero los pobladores les arrojaban desde la cima de la muralla, piedras y flechas.

La cantidad de hombres que se hallaban sobre la muralla oscilaba los cuatrocientos, y los hijos de Iaakov se consternaron porque no les permitían abrir las puertas de la ciudad.

Entonces, Iehuda de un brinco llegó a lo mas alto de la muralla, accediendo por el extremo este. Tras suyo ascendieron Gad por el sur, y Shimón y Levi por el norte. En tanto Dan y Reubén treparon por el oeste.

Ante semejante demostración de poder, todos los que se hallaban sobre la muralla huyeron, descendieron a la ciudad y se ocultaron.

En ese momento, Isajar y Naftali que habían quedado abajo, aprovechando que ya no había oposición, derribaron los portones de la ciudad. Entonces entraron todos, con sus siervos, y guerrearon con los hombres de Sartón, y los golpearon a filo de espada. Aunque doscientos lograron huir de la ciudad, y se refugiaron en una torre.

Iehuda fue tras ellos, destrozó el interior de la torre, y los aniquiló a todos. Luego los hijos de Iaakov subieron hasta la cima de la misma, y divisaron a lo lejos, una enorme torre, de un tamaño colosal. 

Inmediatamente, con toda su gente se desplazaron hacia el lugar, y la hallaron repleta de hombres, mujeres, niños. Trescientos individuos abatieron allí los hijos de Israel, asestándoles un duro golpe, y los restantes huyeron. 

Shimón y Levi fueron tras ellos, pero imprevistamente salen a su encuentro, del lugar donde se ocultaron los fugitivos, doce hombres muy fuertes. Estos individuos mantuvieron una ardua batalla con Shimón y Levi.

En la contienda, los guerreros lograron dañar sus escudos a Shimón y Levi, y uno de ellos, lanzó un golpe atroz con su espada a la cabeza de Levi, por lo que este coloca su mano, abaratando de esta manera el violento impacto, pero poco faltó para que se la succione. 

De todos modos, pudo sujetar la espada del guerrero, se la quitó, y con la misma le rebanó la cabeza. 

De inmediato salen los once restantes a enfrentarlos, y Shimón y Levi no podían con ellos porque eran muy fuertes.

Los hijos de Iaakov temieron, porque no podían con ellos, por lo que Shimón lanzó un tremendo grito que fue reconocido por Iehuda, quien se hallaba lejos del lugar de combate. Al instante corrieron Iehuda y Naftali hacia donde se escuchó el grito de Shimón portando sus escudos.

Naftali vio que fueron dañados los escudos de Shimón y Levi, por eso tomó dos de sus siervos y se los entregó a sus hermanos.

Shimón, Levi y Iheuda se trenzaron en una cruenta batalla con los once guerreros, hasta que declinó el día, y no podían con ellos.

En tanto, le fue llevado el mensaje de esta situación a Iaakov, quien enfurece, y ora a Hashem, tras lo cual parte él junto a Naftali su hijo, para enfrentarlos.

Iaakov llegó al lugar, tensó su arco, y se aproximó a ellos. Disparó, y logró abatir a tres. En tanto, los ocho restantes, huyeron despavoridos. Solo que en su escape, se topan con Dan y Asher, quienes venían a su encuentro, y cayeron imprevistamente sobre ellos, acabando con dos.

Iehuda y sus hermanos fueron por los seis restantes, y lograron matar a todos. Luego volvieron la totalidad de los hijos de Iaakov, y mataron a todos los habitantes de la ciudad Sartón, y tomaron todo el botín, las ovejas y vacas. Solo a las mujeres y niños abandonaron allí.

Fue cuando salían de ese lugar, tras haber transitado doscientos codos fuera de la ciudad, que se topan con los habitantes de Tapuaj que salen a su encuentro para pelear con ellos, y para rescatar el botín que tomaron de las ciudades de Jaser y Sartón.

Los hijos de Iaakov los golpearon, y ellos huyeron, por lo que los persiguieron hasta la ciudad de Arvelaiv, donde resultaron todos abatidos por los Hebreos.

Entonces fueron los hijos de Iaakov a Tapuaj para tomar de allí el botín de la ciudad, cuando oyen que salieron los hombres de Arvel tras ellos, para recuperar el botín de sus hermanos.

Dejaron los hijos de Iaakov diez hombres en Tapuaj para hacerse del botín, y salieron en ese momento, al encuentro de ellos, la gente de Arbelaiv, y de la gente de Arvel salieron ellos, y también sus mujeres para pelear con los hijos de Iaakov, pues también las mujeres eran expertas guerreras. En total formaban un batallón de 400 varones y mujeres.

Los hijos de Iaakov salieron a su encuentro y se abalanzaron sobre ellos produciendo fuertes voces y gritos.

La gente de Arbel oyó los gritos, tan potentes y similares a los de leones, que temieron mucho, y regresaron sobre sus talones, tras lo cual emprenden rápidamente la huida hacia la ciudad.

Los hijos de Iaakov los persiguieron e ingresaron al interior de la ciudad. Allí los enfrentaron los hombres de Arbel y las mujeres disparaban sus catapultas en dirección a los Hebreos. La batalla fue muy dura, y los hijos de Iaakov estuvieron próximos a perder su vida en esta contienda. pero clamaron a Hashem, y cuando la tarde caía, se fortificaron, y abatieron a filo de espada a toda la gente de Arbel: hombres, damas y niños.

Entonces hicieron a Arbel y Tapuaj, lo mismo que a Jaser y Sartón. Luego se retiraron de allí.

Aconteció al día quinto, que los hombres de Gaash se reunieron para enfrentar a los hijos de Iaakov. Esta ciudad era la más fuerte del imperio Emorreo, y para ingresar a su interior había que atravesar tres murallas. Además, la cantidad de habitantes que poseía era inmensa.

Los portones estaban cerrados

Por tal razón, los hijos de Iaakov fueron allí, y hallaron los portones de la ciudad cerrados, quinientos hombres apostados sobre la muralla exterior y una cantidad enorme de pobladores que los comenzaron a acosar desde el exterior de la ciudad. 

Sucedió cuando se dispusieron los Hebreos a abrir el portón de entrada, que aquellos que se hallaban fuera de la ciudad acechándolos, se acercaron al lugar. 

Entonces rodearon los hombres de Gaash a los hijos de Israel, quienes se encontraron en medio de una guerra a dos frentes, por un lado los hombres desde el interior de la muralla, y los que se hallaban arriba, y por detrás, los mencionados guerreros que se hallaban en las afueras y avanzaron hasta encerrar a los Hebreos.

Iehuda se consternó, porque la batalla era durísima, y lanzó un tremendo y amargo alarido, provocando el pavor de toda la gente de Gaash, cayendo inclusive varios de los soldados que se hallaban apostados en la cima de la muralla.

Entonces se volvieron los hijos de Iaakov a los que los acechaban desde las afueras de la ciudad, y les asestaron un duro golpe, matando a todos los que se hallaban en esas posiciones.

Tras esta nueva victoria, se acercan nuevamente para abrir el portón y pelear, pero no pudieron hacerlo porque los hombres apostados en la muralla les arrojaban multitud de flechas y piedras, por lo que fue necesario un rápido repliegue.

Tras este hecho, los pobladores de Gaash injuriaron mucho a los Hebreos y les decían ¿Acaso podrán con este lugar?. ¡Seguro que no!. 

Además les decían: “En este sitio perecerán todos ustedes, y tomaremos venganza por todas las ciudades que destruyeron”.

Luego prosiguieron insultándolos mucho y maldiciendo por sus dioses. Posteriormente, arrojaron nuevamente flechas y piedras desde la muralla.

Esto causó que Iehuda y sus hermanos se enfaden sobremanera con la gente de Gaash, y sientan deseos de destruir sus dioses.

Entonces corrió Iehuda desde lejos, con todas sus fuerzas y su espada desenvainada en su mano, saltó desde el suelo, y llegó hasta la cima de la muralla. Pero como causa del esfuerzo, cayó su espada de su mano. Iehuda gritó fuertemente, y esto provocó el horror y espanto en los que estaban allí arriba, cayendo varios de ellos al vacío, perdiendo sus vidas.

Aunque algunos osaron pelear con Iehuda al ver que no tiene la espada en sus manos. Para ello procedieron a rodearlo, y hablaban de arrojarlo de la muralla hacia donde se hallaban los Hebreos. En eso clamó Iehuda a sus hermanos desde allí arriba. 

En respuesta, Iaakov y sus hijos tensaron sus arcos, y arrojaron flechas, matando a tres de los guerreros que se hallaban rodeando a Iehuda.

Luego de eso, gritó nuevamente Iehuda, provocando que los hombres se aterroricen, arrojen sus espadas y huyan de espanto. Iehuda tomó las espadas, y mató a veinte individuos. En tanto Iaakov y sus hijos tensaron sus arcos, y abatieron otros diez soldados que se hallaban sobre la muralla.

Aunque unos ochenta hombres de los que estaban abajo, subieron y con sus espadas desenvainadas corrieron en dirección de Iehuda, pero no pudieron aproximarse a él, por temor a su fuerza y valor.

Sin embargo, uno de ellos, muy vigoroso, de nombre Arod, se acercó, y lanzó con su espada un golpe a la cabeza de Iehuda. Este valiéndose de sus excelentes reflejos, coloca rápidamente su escudo para protegerse, por lo que el mismo recibe la descarga, pero ante el tremendo impacto, el escudo se quiebra en dos. Solo que en el momento de lanzar su golpe, el guerrero a su vez sentía temor de Iehuda, por lo que resbaló y cayó entre los hijos de Iaakov, al pie de la muralla, y pereció allí.

En tanto a Iehuda le dolía la cabeza por el golpe del guerrero, por lo que gritó a causa del malestar, y Dan escuchó la voz de su hermano. Entonces también él de un salto alcanzó la cima de la muralla.

Aconteció cuando trepó Dan hasta allí, que huyeron todos los hombres que se encontraban en ese sitio, y ascendieron a la segunda muralla, desde la cual arrojaban flechas y piedras a Dan y Iehuda, y por muy poco ambos pudieron salvar su pellejo.

Entonces saltan Dan y Iehuda desde donde estaban a la segunda muralla, desde donde los bombardeaban con flechas y piedras, y cuando llegaron allí, los hombres fueron carcomidos por un tremendo pánico. Por eso clamaron todos y descendieron quedando en medio de las dos murallas.

En tanto Iaakov y sus hijos oyeron el clamor de la gente de la ciudad, y temieron en gran manera por Dan y Iehuda, pues no eran avistados por ellos, al hallarse en la segunda muralla.

Ascendió Naftali de un brinco, a la primer muralla, para saber que es esa voz que se escuchó salir de la ciudad. Y a su vez, Isajar y Zebulún se acercaron para destruir los portones de entrada a la ciudad. 

Luego, Naftali saltó de la primera muralla a la segunda, para auxiliar a sus hermanos, y temieron los pobladores de Gassh porque subió Naftali, el tercero que se suma, en ayuda de sus hermanos. Por eso huyeron, y descendieron al interior de la ciudad. En tanto Iaakov y sus hijos ingresaron a la ciudad, ya que Isajar y zebulún lograron quebrar los portones.

A su vez, Iehuda, Dan y Naftali descendieron de la muralla al interior de la ciudad, y se reunieron con los otros hijos de Iaakov, dando muerte a unos veinte mil hombres y mujeres, formándose un arroyo de sangre, que llegaba hasta la cuenca de Beit Jorón.

Vieron sangre:

Vieron los habitantes de Beit Jorón la sangre que sale de Gaash, y corrieron como setenta hombres por la orilla del arroyo que se había formado, hasta la ciudad de Gaash. Escucharon el clamor de la gente de allí, y dijeron que esto también es obra de los Hebreos, pues aun guerreaban en todas las ciudades del imperio Emorreo.

En tanto, los hijos de Iaakov atacaron nuevamente a los pobladores de Gaash hasta la puesta del sol y liquidaron de ellos como veinticinco mil hombres.

Los varones de Beit Jorón corrieron a la ciudad, y reclutaron a todos los individuos de Beit Jorón, con sus armas, para ir a combatir a los hijos de Iaakov.

Y los Hebreos, cuando hubieron acabado su tarea en Gaash, despojaron a los cadáveres, y se toparon con tres hombres muy fuertes, sin espada en sus manos, y uno de ellos atrapó a Zebulún, pues lo vio joven, pequeño y de baja estatura, y lo derribó a tierra. Entonces corrió Iaakov hacia él, con su espada desenvainada, y lo cortó debajo de sus axilas, partiéndolo en dos, razón por la cual su cuerpo inerte cayó sobre su hijo Zebulún.

En eso, el segundo se arroja repentinamente, y pretende tirar al suelo a Iaakov. Pero el patriarca gritó a él, por lo que corrieron Shimón y Levi, le aplicaron un golpe de espada a las piernas, y lo derribaron.

Aunque merced a su gran fortaleza, se levantó el individuo, no obstante llegó hasta él Iehuda, antes de que se termine de reincorporar totalmente, golpeó con la espada su cabeza, partiéndosela, causándole la muerte.

Como consecuencia de haber visto que cayeron sus dos compañeros, el tercer hombre huyó, y los hijos de Iaakov lo persiguieron.

Fue durante el escape, que halló una espada, la alzó, y se volvió hacia los Hebreos, se dirigió a Iehuda, y le arrojó un golpe con el arma a su cabeza, sin que Iehuda tenga un escudo para defenderse.

Sin embargo, Naftali en una acción muy veloz, coloca su escudo entre la espada y la cabeza de su hermano, salvándole la vida.

Shimón y Levi corrieron tras el hombre, y lo partieron en dos a lo largo.

Los hijos de Iaakov tomaron el botín de Gaash y salieron de allí cuando ya era de noche.

Llegaron hasta la cuesta de Beit Jorón, y los pobladores de ese lugar la estaban ascendiendo y venían a su encuentro, siendo sus soldados hombres muy vigorosos y valientes.

Los Hebreos batallaron esa noche con ellos, y sintieron temor, porque no estaban habituados a pelear en la oscuridad. Pero clamaron a Hashem y Escuchó la voz de los hijos de Iaakov, trayendo sobre los pobladores de Beit Jorón una sensación de pánico atroz.

Pelearon entre ellos, uno contra el otro durante la noche, y cayeron en esa increíble contienda varios hombres de Beit Jorón.

Los hijos de Iaakov comprendieron que Hashem indujo en ese sitio, y a esas personas un espíritu de locura, y eso provocó que se enfrenten entre ellos, entonces se desplazaron todos hasta la cuenca de Beit Jorón, y pernoctaron seguros.

En tanto, toda la gente de Beit Jorón batalló durante toda la noche, enfrentándose entre hermanos y amigos, ellos gritaban amargamente, sobre la cuesta donde se hallaban, y su clamor se oyó a lo lejos.

Oyeron todas las ciudades habitadas por los Kennanitas, Jiteos, Emorreos, todos los reyes de Kenaan, y también los que se hallaban del otro lado del jordán el clamor, y dijeron: “Esta es la guerra de los Hebreos con las siete ciudades que osaron enfrentarlos”. Y temieron todos frente a los hijos de Iaakov, pues dijeron: “¡¿Quien puede frente a su poder?!”.

En tanto, en la cuesta de Beit Jorón siguieron matándose entre ellos toda la noche, hasta la mañana.

Al amanecer

Aconteció con la llegada del alba, que se levantaron todos los hijos de Iaakov, ascendieron la cuesta de Beit Jorón, y liquidaron a los que habían quedado aun con vida, hasta que todos perecieron.

Los hijos de Iaakov llevaron todos los cautivos que traían de Gaash a Beit Jorón, e ingresaron al interior de la ciudad (hasta ahora solo habían combatido en la cuesta), allí había muchísima gente, con quienes guerrearon, y atacaron hasta el mediodía. Finalmente, los Hebreos lograron en ese sitio, los mismos resultados que habían obtenido en Gaash y Tapuaj. Los hijos de Iaakov tomaron su botín de allí, y con todo lo recolectado hasta ahora, en esta salida, fueron a Shjem.

Llegaron a sus casas en Shjem el día sexto, aunque acamparon en las afueras de la ciudad, en el campo que había adquirido Iaakov a Jamor, pues dijeron: ¡Quizá tengamos una nueva batalla!. 

En tanto, los habitantes de la tierra contemplaron el inmenso botín que trajeron los hijos de Israel, y sintieron mucho temor, pues jamás había acontecido algo similar con ninguno de los reyes de antaño.

Entonces los siete reyes de Kenaan decidieron mostrar su integridad frente a los hijos de Iaakov, y también los veintiún reyes Emorreos se reunieron y fueron, solo acompañados por tres ministros cada uno, para prosternarse delante de Iaakov, y solicitarle un pacto. 

Esta inquietud de los reyes fue complacida, y se juramentaron mutuamente.

Luego se prosternaron a tierra frente a Iaakov, le entregaron presentes, y solicitaron les sean devueltos los cautivos y el botín de las siete ciudades Emorreas.

Así lo hicieron los Hebreos, y los reyes volvieron a prosternarse frente a Iaakov y sus hijos. Tras tal demostración de reverencia, mandaron enviar a ellos gran cantidad de presentes adicionales, y retornaron cada uno de los reyes a su tierra. También los hijos de Iaakov retornaron a Shjem. 

Desde ese día hubo paz entre los Hebreos y los reyes Kenaaneos, hasta el momento en que los hijos de Israel fueron a Kennan para conquistar la tierra, en la época de Moshé, cuando el pueblo salió de Egipto.

En tanto Iosef y Biniamin, aun eran pequeños, y no participaron en la guerra que los hijos de Iaakov mantuvieron con los Emorreos, en sus ciudades. 

Luego de un año, viajaron los hijos de Israel a Jebrón, para visitar a Itzajk, el padre de Iaakov, y allí se radicaron, pero su ganado, dejaron en Shjem, ya que había allí buen pasto para los animales. 

Moraleja

Se aprecia de aquí la fuerza que alcanza la unión, y la fe en Di-s, ya que es la única manera de ganar una guerra como la descripta, donde los pocos vencen a los muchos.

Y una situación similar aconteció muchos años después, en Jánuca.

"Janu", significa "descansaron" y "ca" representa él numero "25", desprendiéndose de aquí que Jánuca es el descanso que se produjo aquel 25 del mes de Kislev, cuando el enemigo fue derrotado por los heroicos judíos que enfrentaron a un rival mucho más numeroso y mejor armado permitiendo que el Sagrado Templo pueda volver a funcionar.

Así comenzó todo: inicialmente, tramaron los griegos arrastrar el corazón del pueblo de Israel a respetar y cumplir sus leyes y cultos por medio de estratagemas solamente, sin guerrear.

En principio conquistaron el corazón de aquellos que no tenían mucho poder de reflexión y les otorgó un gobernador para la nación y el Templo Sagrado (Beit- Hamikdash), nombrando asimismo distintos cargos de jefatura y ministros, también "Cohen Gadol" (Sumo Sacerdote) y administradores; jueces y alguaciles.


Estos hombres designados, se plegaron a lo dictaminado por el invasor y fueron apodados "mitiavnim" (helenistas), lo cual significa que por decisión propia aceptaron las reglas y no por decreto gubernamental.

Comenzaron por tanto a instruir a los subyugados sobre todo lo concerniente a les legislatura griega, y los instigaron a violar y profanar las Sagradas Escrituras entregadas por Moshe; la preciada Torá que el pueblo recibió en el monte Sinaí, luego de la salida de Egipto, habiendo llegado a una pureza mental notable, ahora participaban en ceremonias, bailes y homenajes a dioses paganos.

Sin embargo, la mayoría de los judíos no se subyugaron a esta deshonra y vejamen espiritual, por el contrario, se aferraron a la Sagrada Torá y clamaron a Hashem llorando amargamente por los hermanos que se descarriaron y cayeron en las garras del usurpador.

Vio Antiocos, el malvado rey, que los "mitiavnim" no cumplen un trabajo completo, por cuanto que no ejercen mano fuerte, y son como excomulgados en ojos de la mayoría del pueblo. Decide pues mandar sus tropas en manos de sus crueles comandantes para doblegar a los judíos. La orden era clara "subyugación o degüello".

Con su venida, asesinaron, descuartizaron, saquearon, haciéndose un nombre entre el pueblo, vejándolos con todo tipo de vejámenes, asesinados decenas de hombres, mujeres y niños que entregaron su alma por guardar la Sagrada Torá, sus leyes y preceptos.

Una pequeña porción de "los nuestros", se subyugo luego de esta aniquilación, al régimen pagano y servicio a sus inmundos ídolos.

Otra porción reducida, se fugó hacia zonas deshabitadas o escondiéndose en cuevas.

Los mitiavnim cooperaban con el enemigo persiguiendo y tratando de convencer a los que huían, para que se plieguen al régimen invasor y hasta los trataban de traer por la fuerza.

Fue entonces cuando el enemigo ingresó al patio del Beit-Hamikdash y abrieron en la muralla trece grandes boquetes del tamaño de portones. Anularon el sacrificio cotidiano que se ofrecía conocido como "Tamid". Impurificaron el aceite y hurtaron el candelabro.

Construyeron un altar y subieron sobre él un cerdo, lo degollaron y llevaron su sangre al Santuario. El pueblo judío oyó y temió en gran manera. Vieron que no hay refugio ante la guerra que se declaró, contra la espada y lanza del usurpador y el hermano revelado que se les unió.

El milagro inicial en esta guerra, fue dado a través de las mujeres de Israel. Las esposas de los fugados y escondidos, cuando les nacía un varón a alguna de ellas, lo circuncidaban al octavo día, subían a la muralla de Jerusalem con el niño en sus brazos, arrojaban la criatura, y ellas caían detrás del bebé para subir al cielo los dos juntos. Para que digan a sus maridos y todos sus hermanos que se ocultaban ante la guerra "¡Si ustedes no salen para batallar contra el invasor, no habrá para vosotros, no niños y no mujeres, y vuestro final será el exterminio total!. No en secreto guardaremos nuestra santidad sino a la vista de todos, y si es vuestra voluntad salvarnos, salgan de vuestras madrigueras y peleen contra el enemigo hasta exterminarlo y Hashem estará con vosotros!"

Fue entonces, cuando se levanto Matitiao y sus cinco hijos, los Jashmonaim, como cachorros de león y congregaron todo varón valiente apto para combatir que había en el pueblo y salieron a terminar con el enemigo de Hashem o morir en la contienda. Muchos días hicieron guerra los pocos contra los muchos, los débiles contra los fuertes, y los salvó la diestra de Hashem, exterminando al enemigo; y fue purificada la tierra de las huestes de Antíoco y todas sus abominaciones. Volvieron al Templo, purificaron el Altar y lo construyeron nuevamente, haciendo un candelabro de madera en el que encendieron candelas que iluminaron la luz de la Torá.

Alegría, fe y seguridad en Hashem hubo en toda la casa de Israel, y en todos sus asentamientos, hecho que sería recordado en todas las generaciones, durante la festividad de Jánuca.

Pero retornemos a las doce tribus de Israel, quienes fueron a vivir a Jevrón, y sus animales hacían pastar en Shjem.

Sabido es que los hijos de Iaakov eran muy unidos, y se defendían mutuamente, tal como aconteció en las distintas guerras y situaciones bélicas que les tocó afrontar. Veremos hasta que punto llegaba esta unión, y como se manifestó en Iosef y sus hermanos, pese a que a simple vista no parece que esto fuere así, ya que Iosef contaba a su padre lo que veía mal en ellos, y sus hermanos lo vendieron como esclavo. Apreciaremos en unos instantes, que todo eso fue por causa del gran afecto de uno por el otro, y la rectitud que había en ellos.

En la sección de la Torá “Residió”, se habla mucho de Iosef, a tal punto que el versículo declara: (Bereshit 37: 2): “Esta es la genealogía de Iaakov: Iosef, de edad de 17 años, pastoreaba ovejas con sus hermanos, él frecuentaba los hijos de Biláh y los hijos de Zilpáh, mujeres de su padre”.

1Al afirmar “Esta es la genealogía de Iaakov: Iosef” el Pentateuco demuestra considerar a Iosef como si él solo tuviera el mismo peso que todos sus hermanos juntos, pues luego de anunciar que hablará sobre la genealogía de Iaakov, el versículo nombra solo a Iosef, y en verdad, poseía todos los atributos que ellos tenían, pues respecto a la primogenitura, que en principio pertenecía a Reubén, cuando este causó disturbios con la cama de Biláh, la sierva de Rajel, que había fallecido, en ese momento, (Dibrei Haiamim 1: 5): “la primogenitura le fue dada a Iosef”.

Respecto al reinado que era de Iehuda, consta (Bereshit 42: 6): “Iosef era el mandatario de la tierra”. En tanto frente a la profecía que pertenecía a Levi, hallamos: (Bereshit 41: 13): “Fue acorde a como lo reveló a nosotros que aconteció”. Y si bien Isajar poseía sabiduría, de Iosef se dijo: (Bereshit 41: 39): “No hay entendido y sabio como tú”.

2Iosef sabía esto, por eso pensó: “Yo soy equivalente a todos, y sabido es que sobre la descendencia de mi padre hay un decreto que aun se debe cumplir (Bereshit 15: 13): ‘Dijo (Hashem) a Abram: has de saber, que peregrina será tu simiente en una tierra que no es la de ellos, los esclavizarán, y los oprimirán, cuatrocientos años’. Dado que yo solo soy como todas las tribus juntas, me haré odiar por ellos, y que venga sobre mi, todo lo que fue decretado sobre la casa de mi progenitor: exilio, esclavitud, opresión y cautiverio. Entonces, atravesaré esas situaciones y ellos se podrán salvar. 

Esto es lo que Yosef hacía:

A partir de ese momento, comenzó a frecuentar a los hijos de las siervas, y para atraer su atención, se arreglaba los ojos, caminaba en puntas de pie alzando sus talones, y se engalanaba el cabello. En tanto, se esforzaba en ocultar su amor hacia sus hermanos, e iba con acusaciones de actos que ellos cometían a su padre.

Por ejemplo, decía a Iaakov: “Tus hijos comen partes de animales vivos”, y aunque él había visto a sus hermanos hacer eso, no era una acusación válida, pues Iosef no sabía que los miembros que cortaban, y aun se movían, pertenecían a crías de animales, cuya madre había sido degollada como marca la ley, y a través de ese degüelle, queda permitida la cría que tiene en su vientre, la cual es como un miembro más del animal mayor.

Por eso, luego recibió Iosef un castigo, por cada una de esas cosas ya que no era cierto lo que decía que hacían, aunque él creía que si lo era. 

De todos modos, es importante saber a cuales de sus hermanos acusaba frente a su padre. 

Si pretendemos que lo hacía con los hijos de Lea, lo más lógico era que los hijos de las siervas lo defiendan, ya que él mostraba todo su afecto frente a ellos, y defendía su honor, pues pensaba que sus hermanos los menospreciaban en ese aspecto, y lo contaba a su padre. 

Y si dijésemos que los hijos de las siervas no lo defendieron cuando fue vendido, por temor, esa no es una causa justificable, pues eran cuatro: Dan, Naftali, Gad y Asher, y también Reubén estaba con ellos, más el propio Iosef, son seis, siendo mayoría, no tenían por que temer. Además, los versículos revelan que todos los hermanos concordaron en venderlo como esclavo, cuando lo hicieron, excepto Reubén, el mayor, y Biniamín, el más pequeño. Por lo tanto, las habladurías que llevaba a su padre, no eran solo de Lea, sino también de los hijos de las siervas, por eso todos lo odiaban, ya que creían que la predilección de su padre por él, era a causa de las blasfemias que le contaba. 

Así lograba su objetivo:

De esta manera, Iosef lograba su objetivo, y en ningún momento mostraba su amor que sentía por sus hermanos, siempre actuaba en forma de reproche o mostrando querer obtener simpatía a través de actos dignos de un chiquilín, tales como los antes citados. Y no quiso hacer esto antes, porque aun Lea, la segunda esposa de su padre vivía, pero ahora que también ella había perecido, decidió exponerse a atravesar las penurias que debían sobrevenir sobre todos sus hermanos e hijos, para que ellos puedan salvarse.

Queda claro que Iosef era un muchacho ejemplar, digno de imitar, pero aun resta saber el motivo por el cual los hermanos procedieron de esta manera con él, pues recordemos que ellos son los fundamentos de las doce tribus de Israel, y por lo tanto, es absurdo suponer que se comportaron maliciosamente con su hermano menor arrojándolo a un pozo, y luego vendiéndolo como esclavo. 

Lo que aconteció, fue que los hermanos de Iosef apreciaban que este iba y contaba todo lo que veía mal en ellos a su padre, entonces pensaron: “nosotros somos una familia unida, y precisamente la unión es el elemento que nos permitió superar todas las situaciones adversas que se nos presentaron hasta aquí, y este joven al llevar a nuestro progenitor habladurías, provoca que nuestro padre nos ame menos, o sea, está generando una separación entre nosotros, cosa que atenta contra la unión de la familia, y la clave de nuestro poder”, por tal razón lo odiaron, e hicieron con él lo que los versículos narran, pues pensaron: “al causar una separación entre nosotros, está dañando su propia esencia, y si es verdad que aun su raíz que lo une al tronco de Iaakov perdura en él, entonces, Hashem también de Egipto lo salvará, y sabremos si aun se lo considera descendiente de Iaakov, o ha ya perdido ese status”. Por eso lo vendieron como esclavo.

Por un lado Iosef ocultaba lo que verdaderamente sentía para lograr que la familia siga unida, y no sufra en carne propia el decreto pendiente que recaería sobre la simiente de Iaakov, donde serían afligidos durante 400 años, con esclavitud, etc. En tanto sus hermanos, deseaban deshacerse de él porque creían que a través de su accionar causaba la ruptura de la unión familiar. Todos deseaban lo mejor para todos y su objetivo principal era mantener la unicidad que poseían.

Pues si pensáremos que otra era la intención de Iosef, en ese caso deberíamos responder por que causa cuando era de edad de seis años, cubrió a su madre Rajel, frente a Esav, cuando vino con sus 400 hombres, con el fin de que no vea a su progenitora que era bella. Se entiende que su estructura física era considerable, pues si a tan corta edad, su cuerpo cubría al de su madre, ahora que ya tenía 17 años, ¿Por qué razón no enfrentó a sus hermanos, y solo lloraba y suplicaba delante de ellos?. Y si bien es cierto que eran muchos, para vencerlos, al menos podría haber intentado lesionar a alguno de ellos, y de ese modo, su padre le preguntaría la causa de esa herida, y de esta manera Iaakov podría indagar y llegar a la conclusión real de lo acontecido. ¿Por qué razón no se defendió, entregándose en cambio como un manso corderito, permitiendo que le quiten sus ropas, lo arrojen al pozo y luego lo vendan como esclavo?.

Además, por qué no intentó decir a sus adquisidores: ¿Cuánto han pagado por mi, 20 monedas, y ahora, cuánto quieren ganar por mi, otras 30 monedas, pues llévenme a casa de mi padre, Iaakov, y les dará a cambio diez veces esa cifra?. ¿Por qué no hizo nada de esto?.

Cuándo lo trasladaron de Shjem que se halla al norte, a Egipto que está en el sur, necesariamente pasaron por Jebrón, ¿por qué no solicitó permiso para desviarse hasta su casa, que quedaba allí, teniendo en cuenta que cuándo pasaron por Beit Lejem le dejaron visitar la tumba de su madre Rajel?.

Un año entero estuvo en casa de Potifar el egipcio, quien entregó todos sus bienes en manos de Iosef para que se encargue de administrarlos. ¿No podía enviar un mensajero para avisar a su padre, y así Iaakov viniere con todo el dinero que haga falta para rescatarlo?.

Nada intentó hacer Iosef para liberarse, inclusive cuando lo nombraron virrey de Egipto, y ejerció como tal durante 9 años, en todo ese tiempo no envió ningún mensajero para avisar a su padre. Queda perfectamente claro que Iosef no deseaba tal cosa, porque quería cargar él solo, en todo lo posible, con lo que debería recaer sobre la descendencia de su padre, y lo estaba logrando.

Por eso, cuando se dio a conocer a sus hermanos, cuando hubo hambre en la tierra, les hizo atravesar algunas aflicciones en primer orden, antes de revelarse, para que se les compute como reprenda por haberlo vendido, y no reciban sobre ellos, castigos adicionales, ya que Hashem otorga a cada uno de acuerdo a sus actos, y por tal razón, correspondía que los hermanos que lo vendieron paguen por lo hecho, por eso los afligió Iosef antes de darse a conocer que es su hermano, para que esos sinsabores se le calculen como deuda saldada por las aflicciones que le prop




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